Semanario de Prensa Libre • No. 133 • 21 de Enero de 2007

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D farándula

Cinco rostros lindos del cine nacional
Además de sus dotes para la actuación, estos actores y actrices levantan pasiones

Por Viviana Ruiz

Dos directores, Mendel Samayoa (Donde acaban los caminos y Suite Dalila) y Elías Jiménez (La casa de enfrente y Vip, la otra casa), cada quien con su visión del séptimo arte, enumeran a los actores y actrices made in Guatemala a los cuales las revistas del corazón de Hollywood llamarían latin lovers.

Magia

Para Samayoa, quien también dirigió el primer largometraje internacional filmado en el país, Looking for Palladin, la belleza de un actor o actriz no radica en tener una cara bonita, sino en su naturalidad y capacidad para desdoblarse; dejar de ser él o ella y convertirse en el personaje elegido.

De izquierda a derecha:
Giácomo Bounafina, Cecia Godoy, Pablo Olyslager, Daneri Gudiel, Mariam Arenas.

De esa cuenta nombres como Giácomo Buonafina, Joan Solo, Cecia Godoy, María Mercedes Arce, Jorge Ramírez, Mónica Sarmientos, Roberto Díaz Gomar, Tita Mendoza, Jairon Salguero, Flora Méndez, Cecilia Santamarina, Rodolfo Espinoza, Herbert Meneses, Alfredo Porras, María Teresa Martínez, Javier Pacheco, Yolanda Coronado, Daneri Gudiel, Luis Pineda y Salomón Gómez, entre otros, son quienes a su criterio tienen esa seducción, encanto y fascinación frente a una cámara que el espectador agradece con sus elogios.

Lindas caras, grandes actores

Para Elías Jiménez, sin embargo, un artista además de dotes histriónicas, también debe poseer cierta gracia, elegancia y estética. Para él los nombres que entran en esta categoría son Giácomo Buonafina, Juan Pablo Olyslager, Danery Gudiel, Mariam Arenas y Cecia Godoy.

“Sí es importante el físico, pero muchas veces resulta que una cara bonita no fotografía bien ante una cámara, y algunas no tan favorecidas, la enamoran”, dice el productor de Las cruces... poblado próximo.

Las coincidencias

Aunque para ambos creadores el concepto de latin lovers no es, con sus variantes, lo principal, reconocen que Arenas, Godoy, Buonafina, Gudiel y Olyslager son en la actualidad los rostros más bellos del cine nacional. Claro, su potencial jamás lo han puesto en tela de juicio.

Giácomo Paolo Buonafina Aguilar

Es quizá uno de los actores más reconocidos por los amantes del cine guatemalteco, pues ha intervenido en varias propuestas: Donde acaban los caminos (2002), de Mario Monteforte Toledo, Los entremeses cervantinos (2003), bajo la dirección del mexicano Óscar Ulises Cansino y Las cruces... poblado próximo (2004), una propuesta de Casa Comal de Rafael Rosal. Sin embargo, ya había sobresalido en el arte de las tablas.

Obras como Clitemnestra ha muerto (Afredo Porras Smith, 1993), Reto, La gran noche del mundo y La herencia de Alvarado, de Luiz Tuchán, le otorgaron, sin duda, una experiencia actoral que ha sabido explotar.

Buonafina tiene el alma suficiente para el drama, la vena para provocar risas, y la apariencia para emocionar a las mujeres. Pero lo mejor de este galán de 1.80 metros de estatura y ojos verdes aún no se ha visto. Como en sus años de juventud, tiene 40, Buonafina se desempeñó como productor musical; ahora posee la versatilidad de actuar y encargarse del sonido de algunas cintas o documentales. Es precisamente sobre este último punto que trabajará en los próximos meses.

Giácomo colaboró en un documental del médico venezolano Jacinto Convit, quien descubrió la cura contra la lepra, titulado El secreto de los volcanes, que tenía como objetivo demostrar los resultados de la investigación de este especialista sobre el paliativo para la Leishmaniasis (una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura del jején o flebótomo).

Hoy, con este mismo equipo, se internará en la selva del Amazonas para documentar el trabajo que efectuará con la tribu nómada hotis (una de las más primitivas razas indígenas).

Pero tampoco abandonará su carrera como galán. “Sin duda, detrás de cámaras me entretengo más; pero al frente, el ego se eleva y te tratan demasiado bien”, explica.
“En otro proyecto, posiblemente interpretaré al doctor Combi en una propuesta fílmica que los venezolanos quieren hacer durante este año”, comenta.

Cecia Godoy

Cuando cursaba el bachillerato aún no tenía claro cuál sería su destino. Antes de graduarse, y más por casualidad que por convicción, formó parte del elenco de una obra de teatro del productor Ángelo Medina. Tras los ensayos y probar cómo se observa el mundo arriba de un escenario, todo fue más claro: la actuación era para ella.

Su belleza es indiscutible, pero su simpatía y sinceridad lo son aún más. “De pequeña nunca me interesó el teatro. Soy actriz empírica, pero he cursado algunos talleres y he aprendido mucho. Ahora soy madre, y aunque a veces creo no tener la paciencia requerida, trabajo para compartir mi tiempo con mi hija, esposo y la actuación. Es difícil, pero yo no podría hacer otra cosa que actuar”, confiesa esta guapa mujer de 25 años de edad.

Le llaman China y su primera película fue Lo que soñó Sebastián. Aunque tuvo un papel pequeño, interpretó a una chica de un bar, fue suficiente para que los directores se fijaran en ella.

Más tarde colaboró en varios documentales, pero el espaldarazo llegó con La casa de enfrente. En ésta personificó a Samanta, una prostituta. Volvió a repetir el papel en la segunda parte de ésta, Vip, la otra casa, y lo más probable es que en el cierre de la trilogía sea ella la protagonista. “No sé si estoy autorizada a contar esto, pero tengo fe en que así sea”, expresa abriendo con emoción sus ojos castaños.

En la actualidad trabaja en la obra de teatro Drácula, que permanecerá en cartelera hasta finales de marzo.

Juan Pablo Olyslager

“Yo no me considero guapo, eso lo quiero dejar bien claro. Odio los estereotipos. Por lo general, las personas piensan que si un actor es atractivo no es bueno histriónicamente hablando”, comenta Olyslager (Juan Ramos en La casa de enfrente).

Se autodefine como una persona de buenos sentimientos, hiperactivo, muy trabajador y con mucha sensibilidad. Le gustaría trabajar en proyectos que tuvieran mucho más aporte para la comunidad y dejar, por lo menos algún tiempo, los roles de villano e interpretar personajes más complicados, como un ser con deficiencia mental, por ejemplo.

Antes de protagonizar películas, Olyslager se desempeñó como modelo para anuncios publicitarios. “Siempre pensé que para esa profesión tenía que saber actuar, y por eso empecé a estudiar teatro; pero me gustó mucho más esto que posar”, detalla.

En una de las puestas en escena en la que formó parte recuerda con especial agrado, Alibabá y los cuarenta ladrones, por la experiencia que adquirió.

Sus proyectos a corto plazo están dirigidos hacia el séptimo arte. Le encantaría, confiesa, trabajar bajo la dirección de Luis Argueta o Mario Rosales, dos creadores guatemaltecos que residen en Nueva York o Juan Carlos Cremata, de Cuba.

Daneri Gudiel

Cabello y ojos negros, mirada penetrante, fuerte, enigmática; alto y esbelto. Su figura trae a la memoria la de otro actor, la de Benicio del Toro; así es Daneri Gudiel, el chico malo de las películas guatemaltecas.

Este actor de teatro universitario es requerido por lo que refleja su rostro y porte; pero en realidad tras esa imagen habita un hombre sencillo, relajado, un tanto sarcástico, irónico y alegre, pero por sobre todo, comprometido con su carrera.

“Para mí un actor no debe salirse de su cuerpo, sino utilizar los defectos o virtudes que tiene para darle vida a un personaje. Es vivir la vida de alguien más”, explica.
Aquí está tu son Chabela es el nombre de la primera obra en la que actuó de forma profesional, en 1998, bajo la dirección de Herbert Meneses.

Con el director Sergio Valdez Pedroni participó en 2000 en el documental Discurso contra el olvido, sobre la vida de Turcios Lima, en el que personificó a este guerrillero.
También trabajó en las cintas La casa de enfrente, Vip, la otra casa y Las cruces... poblado próximo.

Morir en escena ha sido hasta el momento lo más difícil que le ha tocado actuar, añade.

Advertencia dual, una propuesta de Mendel Samayoa que no ha sido editada, es otro de los filmes en los que ha trabajado. “En éste hago el papel de Daneri Gudiel”, detalla.

Mariam Arenas

Tiene 30 años y aunque se graduó de secretaria, su pasión siempre ha sido la actuación. Sus primeros pasos por este mundo los caminó en el teatro. En su primer papel representó a María Magdalena, en el año 2000. Luego participó en la obra Alucinando y como la lluvia de mayo, le llegaron 15 propuestas más.

En el cine ha actuado en tres películas: Lo que soñó Sebastián, del director Rey Rosa, y las cintas de Casa Comal La casa de enfrente y Las cruces... poblado próximo.
No tiene problemas, como ella misma lo confiesa, de meterse en la piel de personajes dramáticos o cómicos, pues desea aprender todo lo que pueda para convertirse en directora del séptimo arte.

Un día perfecto para esta actriz, de cabellos largos y esbelto cuerpo, es levantarse temprano, estudiar sus guiones y visitar varias “pacas” para adquirir vestuario. En cuanto a su vida personal, asegura que no tiene secretos, porque vive por y para el cine.


   

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