Semanario de Prensa Libre • No. 133 • 21 de Enero de 2007

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Punto final

La política y sus tiempos

Por Sergio Muñoz Bata

En el discurso que el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, pronunció durante la toma de posesión para el segundo período, y apoyado en un par de muletas, anunció su intención de implantar un ambicioso plan de seguro de salud.

Todavía no se han dado a conocer los detalles del plan, pero de convertirse en realidad tendría carácter obligatorio; cubriría a los aproximadamente seis y medio millones de personas que actualmente carecen de seguro; subvencionaría a los más pobres, y beneficiaría a unos 750 mil niños, muchos de los cuales son hijos de trabajadores indocumentados. Tan sólo en el condado de Los Ángeles 25 por ciento de la población carece de seguro médico.

El debate que ha involucrado a ciudadanos, empleadores, autoridades gubernamentales, gobierno, médicos, hospitales, fabricantes de medicinas y compañías aseguradoras, gira en torno a cuestiones como el control de costos y la responsabilidad financiera compartida entre el sector público y el privado.

La recepción al anuncio del gobernador ha sido más favorable que negativa. La legislatura estatal, dominada por los demócratas, la ha visto con beneplácito y todo parece indicar que el plan contaría con el apoyo del poderoso líder de la Asamblea, Fabián Núñez. La conversión de Schwarzenegger en un político pospartididista durante el último año de su gestión ha sido fructífera para el Estado y para los demócratas como Núñez, pues juntos han logrado enormes triunfos en la educación, en el aumento al salario mínimo, en programas para el mejoramiento del medio ambiente y ambos acometen ahora el generoso y necesario plan para el cuidado de la salud.

Irónicamente, los miembros del partido republicano, al que el gobernador está afiliado, hasta ahora se han mostrado reacios a apoyarlo. Al igual que la Cámara de Comercio estatal que por cuestión de principio se opone a cualquier medida que obligue a los patrones de empresas pequeñas a ofrecer seguro médico a sus empleados. Y por supuesto, ni los republicanos ni la Cámara están de acuerdo con que el Gobierno intervenga en el mercado imponiendo controles a los costos.

Hasta ahora, según las encuestas, seis de cada 10 votantes apoyan al gobernador. Pero el problema real, como suele suceder con este tipo de asuntos, es de dónde saldrá el dinero para llevarlo a la práctica. El antecedente de que ya tres estados de la unión, Massachussets, Maine y Vermont, han aprobado planes similares alienta a quienes apoyan a Schwarzenegger, al tiempo que demuestra una vez más que cada vez que el gobierno federal se sustrae de los problemas, son los gobiernos estatales los que tienen que salir al quite. A veces para bien y a veces para mal.

También resulta inevitable constatar de qué manera los tiempos y los protagonistas dictan la política. Hace apenas un poco más de una década que Hillary Clinton tuvo el valor de intentar enfrentar el enorme problema del cuidado de la salud en el país, sólo para ser masacrada por sus enemigos políticos.

Hoy, la historia le ha dado la razón a Hillary. Pero los 50 millones de personas que tienen que sobrevivir sin contar con un seguro de salud esperan que la solución venga a cuentagotas, estado por estado, y casi como si fuera un acto de caridad.

Mientras pensaba sobre la política y sus tiempos, me llamó la atención la virulencia del ataque del Partido Popular español contra el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero por haber intentado llegar a un acuerdo de paz con el grupo terrorista ETA y haber tenido un revés hace apenas unas semanas con el atentado en el aeropuerto de Barajas.

Me repugna el radicalismo de quienes piensan que la única solución al problema es la aniquilación del enemigo. También me perturba el infame oportunismo político de quienes se atreven a destruir iniciativas constructivas, después de haber sido incapaces de resolver el problema del terrorismo por la vía de la legítima violencia de Estado.

El problema de ETA ni surgió con Rodríguez Zapatero ni, por desgracia, parece ser que terminará durante su mandato. Lo más probable es que una vez agotadas las acciones policíacas, militares y judiciales, en algún momento, aunque ahora parezca lejano, habrá que negociar la paz con esos mismos que ahora han faltado a su palabra.

Lo que me gustaría es que también al líder español la historia lo reivindique. Y como en la política todo tiene sus tiempos, espero que de igual manera que Hillary
Clinton ahora, le muestre a su mezquina oposición quién tenía la razón.


   

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