La política y sus tiempos
Por Sergio Muñoz Bata
En el discurso que el gobernador de California,
Arnold Schwarzenegger, pronunció durante la toma de posesión para
el segundo período, y apoyado en un par de muletas, anunció su
intención de implantar un ambicioso plan de seguro de salud. Todavía no se han dado a conocer los detalles del plan, pero de convertirse
en realidad tendría carácter obligatorio; cubriría a los
aproximadamente seis y medio millones de personas que actualmente carecen de
seguro; subvencionaría a los más pobres, y beneficiaría
a unos 750 mil niños, muchos de los cuales son hijos de trabajadores indocumentados.
Tan sólo en el condado de Los Ángeles 25 por ciento de la población
carece de seguro médico.
El debate que ha involucrado a ciudadanos, empleadores,
autoridades gubernamentales, gobierno, médicos, hospitales,
fabricantes de medicinas y compañías
aseguradoras, gira en torno a cuestiones como el control de costos y la responsabilidad
financiera compartida entre el sector público y el privado. La recepción al anuncio del gobernador ha sido más favorable que
negativa. La legislatura estatal, dominada por los demócratas, la ha visto
con beneplácito y todo parece indicar que el plan contaría con
el apoyo del poderoso líder de la Asamblea, Fabián Núñez.
La conversión de Schwarzenegger en un político pospartididista
durante el último año de su gestión ha sido fructífera
para el Estado y para los demócratas como Núñez, pues juntos
han logrado enormes triunfos en la educación, en el aumento al salario
mínimo, en programas para el mejoramiento del medio ambiente y ambos acometen
ahora el generoso y necesario plan para el cuidado de la salud.
Irónicamente, los miembros del partido republicano, al que el gobernador
está afiliado, hasta ahora se han mostrado reacios a apoyarlo. Al igual
que la Cámara de Comercio estatal que por cuestión de principio
se opone a cualquier medida que obligue a los patrones de empresas pequeñas
a ofrecer seguro médico a sus empleados. Y por supuesto, ni los republicanos
ni la Cámara están de acuerdo con que el Gobierno intervenga en
el mercado imponiendo controles a los costos.
Hasta ahora, según las encuestas, seis de cada 10 votantes apoyan al gobernador.
Pero el problema real, como suele suceder con este tipo de asuntos, es de dónde
saldrá el dinero para llevarlo a la práctica. El antecedente de
que ya tres estados de la unión, Massachussets, Maine y Vermont, han aprobado
planes similares alienta a quienes apoyan a Schwarzenegger, al tiempo que demuestra
una vez más que cada vez que el gobierno federal se sustrae de los problemas,
son los gobiernos estatales los que tienen que salir al quite. A veces para bien
y a veces para mal.
También resulta inevitable constatar de qué manera los tiempos
y los protagonistas dictan la política. Hace apenas un poco más
de una década que Hillary Clinton tuvo el valor de intentar enfrentar
el enorme problema del cuidado de la salud en el país, sólo para
ser masacrada por sus enemigos políticos.
Hoy, la historia le ha dado la razón a Hillary. Pero los 50 millones de
personas que tienen que sobrevivir sin contar con un seguro de salud esperan
que la solución venga a cuentagotas, estado por estado, y casi como si
fuera un acto de caridad.
Mientras pensaba sobre la política y sus tiempos, me llamó la atención
la virulencia del ataque del Partido Popular español contra el presidente
del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero por haber
intentado llegar a un acuerdo de paz con el grupo terrorista ETA y haber tenido
un revés hace apenas unas semanas con el atentado en el aeropuerto de
Barajas. Me repugna el radicalismo de quienes piensan que la única solución
al problema es la aniquilación del enemigo. También me perturba
el infame oportunismo político de quienes se atreven a destruir iniciativas
constructivas, después de haber sido incapaces de resolver el problema
del terrorismo por la vía de la legítima violencia de Estado.
El problema de ETA ni surgió con Rodríguez Zapatero ni, por desgracia,
parece ser que terminará durante su mandato. Lo más probable es
que una vez agotadas las acciones policíacas, militares y judiciales,
en algún momento, aunque ahora parezca lejano, habrá que negociar
la paz con esos mismos que ahora han faltado a su palabra.
Lo que me gustaría es que también al líder español
la historia lo reivindique. Y como en la política todo tiene sus tiempos,
espero que de igual manera que Hillary
Clinton ahora, le muestre a su mezquina oposición quién tenía
la razón. |