Semanario de Prensa Libre • No. 133 • 21 de Enero de 2007

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D mundo

El polémico Vladimir Putin
Entre críticas y misterio al líder de Rusia se le atribuye la estabilidad y sostenido crecimiento económico que goza su país, poblado por unos 143 millones de personas

Por Julieta Sandoval

Poco se sabe de sus antecedentes, salvo que fue agente del KGB (Comité para la Seguridad del Estado, traducido al español), en donde estuvo hasta 1991, sin que se sepa a ciencia cierta qué misiones concretas desempeñó, hasta retirarse con el rango de teniente general. En 1970, aseguran, trabajó en Alemania como espía.

Esto ha creado un cierto halo de misterio en torno a Vladimir Vladimirovich Putin, quien además ha sido reacio a mostrarse en público y a conceder entrevistas por mucho tiempo. Sin embargo, con una pequeña dosis de defensa por la democracia, apoyo a la economía de mercado y ensalzamiento de los valores nacionalistas y militares, se ganó la confianza de buena parte de los ciudadanos al punto de conseguir la reelección en 2004 para un segundo mandato como presidente de Rusia.

Putin nace el 7 de octubre de 1952 en Leningrado, hoy San Petersburgo. Hijo único de un combatiente de la Segunda Guerra Mundial. En 1970 se matricula en Derecho, y es cuando empieza su tarea en la KGB.
Al caer el Muro de Berlín y desmoronarse la Unión Soviética, vuelve a su ciudad natal y salta a la política. Llega al Kremlin de la mano de personajes conocidos en Rusia como “oligarcas” o “jóvenes reformistas”, protagonistas del vertiginoso salto a la economía de mercado.

En 1999 gana las elecciones legislativas. Días después Boris Yeltsin presenta su dimisión como presidente de Rusia y nombra a Putin como su favorito para la sucesión. Éste asume en funciones la jefatura del Estado y las Fuerzas Armadas. En marzo de 2000, con una mayoría absoluta que no precisó de una segunda vuelta, es electo de forma legítima en las urnas como presidente del país de los zares.

Analistas internacionales dicen que fue “la familia”, con el poder real en Rusia, la que decidió impulsar al enigmático Putin al frente del mando, como solución de cambio ante el acoso por los escándalos económicos de los parientes de Yeltsin , así como el agotamiento físico de éste y su pérdida de popularidad. Sin embargo, otros consideran que se trata del resultado de una conspiración. En aparente continuidad de Yeltsin, Putin lo habría destronado, actuando como peón de la nueva oligarquía de dicha nación.

“La familia” era integrada por nueve personajes del Kremlin, en referencia al círculo cercano a Yeltsin, que incluía a la esposa del presidente y a su hija; al jefe de la administración presidencial, Alexander Voloshin; al ex periodista Valentin Yumashev, al portavoz Dmitri Yakushkin, así como a Anatoli Chubais, y a los financieros Boris Berezovsky y Roman Abramovich.

La oligarquía surgió cuando Yeltsin privatizó las petroleras rusas, que son el 70 por ciento de los ingresos del fisco, y pasaron a manos de personas muy vinculadas en los orígenes de “la familia”.

Controversial

Cuando Putin llegó al poder, con la promesa que aplastaría a los musulmanes separatistas de Chechenia —que ha cumplido con cruel eficacia—, una de sus primeras acciones fue enviar un mensaje al mundo: lanzó tres misiles intercontinentales sin carga nuclear. Esto admite una doble lectura: a nivel internacional se avisó que Rusia buscaría un papel como superpotencia. En su lectura interna, advirtió su voluntad de firmeza, apoyándose para ello en el poder militar.

Analistas políticos afirman que como presidente aún sale a relucir su entrenamiento en la KGB, ya que sus iniciativas políticas y económicas están dictadas por la necesidad de “control”. En el terreno político, siguió reforzando la llamada vertical de poder mediante la aprobación de leyes que responden al temor a una revolución. Estas normas permiten, entre otras cosas, calificar como “extremista” a cualquier líder que critique a los dirigentes del país por televisión.

Su vida política

> Vicerrector adjunto de relaciones internacionales de la Universidad de Leningrado.
> Asesor del presidente del Consejo Municipal de Leningrado, 1990. Aquí conoció a Anatoli Chubais, “padre de las privatizaciones” y responsable de la economía rusa.
> Ocupó la presidencia del Comité para las Relaciones Internacionales del Ayuntamiento de San Petersburgo (de 1991 a 1996).
> Se trasladó a Moscú donde ocupó cargos cercanos al presidente Boris Yeltsin. En pocos meses fue nombrado vicedirector del Servicio Administrativo y técnico del presidente de la Federación Rusa, cargo que ocupó durante 1996 y 1997; jefe de la Dirección General de Inspecciones del presidente y vicejefe del Gabinete de la Presidencia en 1997 y 1998. En ese mismo año ascendió a primer vicejefe de la Presidencia.
> Nombrado director del Servicio Federal de Seguridad (SFS) en 1998, la más importante de las cuatro ramas en que se dividió el KGB y heredera de las funciones de policía política. Cargo que compartió con el de secretario del Consejo de Seguridad desde 1999.
> Boris Yeltsin nombra a Putin primer ministro, en sustitución de Serguéi Stephasin (en agosto de 1999)..

En el área económica una nueva ley ha dado a Gazprom (entidad nacional que controla el gas en Rusia) el monopolio de la red de gasoductos destinados a la exportación. Las compañías extranjeras sólo podrán trabajar si se asocian a una compañía estatal. De lo contrario, pueden verse en dificultades burocráticas o ecológicas.

La Unión Europea le ha demandado, tímidamente, sobre la deplorable situación de los derechos humanos en Rusia; la brutalidad de los métodos en los que el Kremlin asienta su dominio en regiones como Chechenia, que desea la independencia, y la corrupción proveniente del botín de la propiedad estatal soviética.

También ha sido duramente criticado por sus ataques a la libertad de expresión y el pluralismo. El caso más notorio es el de la periodista Anna Politkóvkaya, autora de los libros La Rusia de Putin y El infierno de Chechenia, asesinada el 7 de octubre de 2006, día del cumpleaños de Putin. El mandatario hizo uno de sus comentarios más desafortunados al expresar que la comunicadora “perjudicó más al Estado con su muerte que con sus artículos”, y subrayó que su impacto en la vida política rusa era ínfimo.

Este caso se une a otros atropellos desde su llegada al poder. Veintiún periodistas más han sido asesinados y esto sumado al caso Chechenia, que sigue siendo un tabú para la información. Por ello la organización Reporteros sin Fronteras protestó cuando se le confirió a Putin “la Legión de Honor”, la más alta distinción que otorga Francia, y las insignias de “la Gran Cruz”, las más elevadas de la Orden, otorgada a jefes de Estado extranjeros. “Por contribuciones económicas más que razones morales”, comentó el presidente francés, Jacques Chirac, al defender la concesión.

Otra muerte embarazosa para el Kremlin fue la de Alexander Litvinenko, un espía envenenado con polonio. Al parecer, empezó a recibir amenazas por sus ideas políticas anti Putin y por investigar el asesinato de Politkóvskaya. Un caso que el mandatario ruso consideró como algo para desprestigiarlo, ya que el ex agente lo culpó y lo calificó de “brutal” y “despiadado”.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a Rusia en dos ocasiones, en febrero de 2005 y el pasado 12 de octubre, por su actuación represiva en la república del Cáucaso.

Pese a todas las críticas, Vladimir Putin tiene el apoyo del pueblo ruso, pues prometió transformar la estabilidad en prosperidad por medio de reformas económicas liberales, pero ha dicho que su máximo compromiso es la defensa de los principios democráticos y el reforzamiento de la libertad de expresión; sin embargo, el Kremlin mantiene todavía un firme control sobre los medios de comunicación, los partidos políticos y entes judiciales, y las empresas.

Con señalamientos y acusaciones Putin posee mucha energía disponible, eso significa el poder a través del petróleo y el gas, hasta el punto de olvidar cualquier actuación negativa.

Ya lo había advertido el ex subdirector de la CIA, John McLauhlin: “Mikhail Gorbachev destruyó a la Unión Soviética. Boris Yeltsin destruyó a la Unión Soviética. Putin está reinventando a Rusia”.


   

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