Semanario de Prensa Libre • No. 135 • 4 de Febrero de 2007

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D jardinería
   > D portafolio
   > D imagen
   > D fondo
   > D historia
   > D mundo
   > D cultura
   > D farándula
   > D viaje
   > Punto final

 


Punto final

El Salvador tiene
su propio debate sobre Irak

Por Marc Lacey

Desde su casa sobre una colina en el oeste de El Salvador, Herminia Ramos sollozaba y sollozaba el otro día, mientras recordaba a su hijo caído.

De algunas formas Ramos es como las miles de otras madres salvadoreñas que perdieron hijos en la guerra civil de este país, a lo largo de 12 años, que terminó en 1992. Sin embargo, la pena de Ramos está más fresca que las demás, a consecuencia de un conflicto más reciente.

El Salvador es el único país en América Latina que tiene tropas en Irak, un punto de orgullo para el presidente Antonio Saca, quien es un firme partidario de la administración Bush; pero extremadamente impopular entre la población de su propio país, desgastada por la guerra.

“Nuestro ejército debería estar en casa”, expresó Ramos, de 48 años de edad, sumamente enojada y en contra de una guerra de la cual, explica, ella no sabía nada hasta que oficiales pulcramente vestidos se presentaron a su casa en 2004 para informarle que su hijo Natividad se había convertido en la primera baja salvadoreña de la guerra en Irak.

Estados Unidos ha debatido por años las razones para ir a la guerra en Irak y respecto de si se justifica o no la invasión y la presencia continua de tropas allá. ¿Había razones para creer que había armas de destrucción masiva ahí? ¿Era el despotismo de Saddam Hussein motivo suficiente para derrocarlo? ¿Acaso existían nexos entre Irak y la red Al-Qaeda?
El Salvador, involucrado en la guerra desde agosto de 2003 —actualmente tiene a 380 efectivos militares en Irak— sostiene su propia discusión. Ramos, para empezar, no puede encontrar justificación alguna. Esas otras madres pueden argumentar que sus hijos cayeron en la lucha por su país, sea por el movimiento de guerrilleros marxistas o el Gobierno respaldado por Estados Unidos. Pero Natividad Ramos, de 20 años de edad, murió en Nayaf, en un enfrentamiento con seguidores armados del clérigo chií Muqtada al-Sadr.

“Logré pasar la guerra sin perder a ningún familiar”, citó, al referirse a la guerra civil de El Salvador, misma que cobró 75 mil vidas, según cálculos. “Y ahora, mi hijo fue enviado a pelear la guerra de alguien más”, lamentó.

Oficialmente, el gobierno de Saca aduce que el destacamento de lo que se conoce como el Batallón Cuscatlán es una forma de agradecerle al mundo por su ayuda para detener la guerra civil aquí, hace 15 años. Funcionarios salvadoreños aseguran que su país es una parte activa de la Organización de Naciones Unidas y creen en el esfuerzo mundial del organismo para reconstruir Irak.

Hacen énfasis en la dimensión humanitaria del trabajo de sus soldados allá, como la construcción de caminos, clínicas de salud y escuelas, al tiempo que reconocen los peligros que han dado como resultado la muerte de cinco soldados y que aproximadamente 24 más terminaran heridos. Asimismo, notan con orgullo que el Ejército de El Salvador, vinculado en otra época a escuadrones paramilitares de la muerte, ya efectuó una purga de sus malos elementos y ahora es una de las instituciones más respetadas en el país.

Esos argumentos no han bastado para influir sobre detractores locales. Un sondeo de opinión, publicado en un diario, estimó que la oposición a la participación del país centroamericano en Irak ascendía a 81 por ciento. En 2004, manifestantes encapuchados tomaron brevemente la principal Catedral del país y exigieron un retiro inmediato de tropas. En su mayor parte, los salvadoreños han estado preocupados por inquietudes locales, como sus pesares económicos y la inseguridad que ocasiona tensiones en su propio país.

Pero cada vez que se envía un nuevo contingente, la Legislatura se divide entre líneas partidistas, con el Gobierno que tiende a la derecha política, así como sus aliados, que dan su respaldo al plan, en tanto la oposición de izquierda vota en contra.

“Es la guerra de los gringos”, señaló una de las detractoras, Olga Serrano, quien es la secretaria ejecutiva de un grupo de veteranos heridos en la guerra de los 80. “¿Qué estamos haciendo por allá?”.

Tras bambalinas, funcionarios gubernamentales promueven el plan de otra manera. Destacan todos los beneficios que, creen, están recibiendo de Washington a raíz de su ayuda, incluso al tiempo que la administración Bush insiste en que no le haciendo ningún favor especial a El Salvador por su presencia de tropas.

“Nosotros estamos participando en esto para ayudarles a los iraquíes, pero también lo estamos haciendo por nuestro propio pueblo”, citó Carlos Rolando Herrarte Rivas, legislador del Partido Demócrata Cristiano que fue a Irak en diciembre como parte de una delegación gubernamental enviada a visitar a los militares. “El presidente no puede decir eso, pero es por eso que lo estamos haciendo”, manifestó. Herrarte, coronel retirado, asegura que la administración Bush había tratando bien a los inmigrantes salvadoreños, pese a un fuerte sentir antiinmigrante en Estados Unidos.

Destacó la decisión que la administración Bush tomó en enero de 2005, cuando otorgó una extensión de un año al estatus temporal protegido de aproximadamente 250 mil compatriotas que viven en la unión americana. Dicho estatus les da una extensión para no ser deportados, debido a desastres naturales o conmoción política en su país natal.

Asimismo, Herrarte puso de relieve los US$461 millones en fondos para el combate de la pobreza que se le otorgaron a El Salvador en el otoño pasado a través de la Millenium Challenge Corp., dependencia estadounidense de ayuda exterior, como un beneficio derivado del esfuerzo bélico.

“Cuando voy a mi pueblo, la gente grita”, contó, al referirse a su vociferante base popular que se opone a la guerra. "Ellos quieren saber por qué estamos ahí. Dicen, Sáquenlos. Entonces, yo empiezo a explicar cómo esta acción está ayudando a nuestra gente en Estados Unidos".

Afirmar que El Salvador y Estados Unidos están unidos por la cadera es poco. Casi un tercio de los salvadoreños nacidos aquí viven en Estados Unidos, incluidos parientes de Saca, del ministro de la Defensa Otto Alejandro Romero Orellana, así como de muchos otros legisladores. Esos salvadoreños en el extranjero envían remesas a casa que, aproximadamente, ascienden a US$2 mil 500 millones al año, lo cual representa aproximadamente 17 por ciento del Producto Interno Bruto del país.

El ex presidente Francisco Guillermo Flores Pérez, de quien se consideraba que tenía una relación particularmente estrecha con la Casa Blanca, envió las primeras tropas a Irak en 2003. El tema salió a colación en la campaña presidencial del año siguiente cuando Saca, empresario pro estadounidense, derrotó a Schafik Handal, ex guerrillero comunista.

Handal había prometido el retiro inmediato de los 380 soldados salvadoreños que están en Irak. Saca adujo que una victoria por parte de Handal generaba el riesgo de cortar el flujo del dinero proveniente de migrantes salvadoreños que están en Estados Unidos. De manera similar, hacen énfasis en que tanto hondureños como nicaragüenses tienen el mismo estatus preferido de inmigración que los salvadoreños. Honduras y Nicaragua también recibieron asignaciones de la Millenium, aunque menores a las de El Salvador, notan algunos detractores.

Oficiales salvadoreños no están hablando acerca de un aumento de tropas para sofocar a la insurgencia iraquí. Sin embargo, cuando se les pregunta cuánto tiempo planea involucrarse su país en la guerra, adoptan el lenguaje de Bush: el tiempo que haga falta.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com