El Salvador tiene
su propio debate sobre Irak
Por Marc Lacey
Desde su casa sobre una colina en el oeste de El Salvador, Herminia
Ramos sollozaba y sollozaba el otro día, mientras recordaba a su hijo caído. De algunas formas Ramos es como las miles de otras madres salvadoreñas
que perdieron hijos en la guerra civil de este país, a lo largo de 12
años, que terminó en 1992. Sin embargo, la pena de Ramos está más
fresca que las demás, a consecuencia de un conflicto más reciente. El Salvador es el único país en América Latina que tiene
tropas en Irak, un punto de orgullo para el presidente Antonio Saca, quien es
un firme partidario de la administración Bush; pero extremadamente impopular
entre la población de su propio país, desgastada por la guerra.
“Nuestro ejército debería estar en casa”, expresó Ramos,
de 48 años de edad, sumamente enojada y en contra de una guerra de la
cual, explica, ella no sabía nada hasta que oficiales pulcramente vestidos
se presentaron a su casa en 2004 para informarle que su hijo Natividad se había
convertido en la primera baja salvadoreña de la guerra en Irak.
Estados Unidos ha debatido por años las razones para ir a la guerra en
Irak y respecto de si se justifica o no la invasión y la presencia continua
de tropas allá. ¿Había razones para creer que había
armas de destrucción masiva ahí? ¿Era el despotismo de Saddam
Hussein motivo suficiente para derrocarlo? ¿Acaso existían nexos
entre Irak y la red Al-Qaeda?
El Salvador, involucrado en la guerra desde agosto de 2003 —actualmente
tiene a 380 efectivos militares en Irak— sostiene su propia discusión.
Ramos, para empezar, no puede encontrar justificación alguna. Esas otras
madres pueden argumentar que sus hijos cayeron en la lucha por su país,
sea por el movimiento de guerrilleros marxistas o el Gobierno respaldado por
Estados Unidos. Pero Natividad Ramos, de 20 años de edad, murió en
Nayaf, en un enfrentamiento con seguidores armados del clérigo chií Muqtada
al-Sadr.
“Logré pasar la guerra sin perder a ningún familiar”,
citó, al referirse a la guerra civil de El Salvador, misma que cobró 75
mil vidas, según cálculos. “Y ahora, mi hijo fue enviado
a pelear la guerra de alguien más”, lamentó.
Oficialmente, el gobierno de Saca aduce que el destacamento de
lo que se conoce como el Batallón Cuscatlán es una forma de agradecerle al mundo
por su ayuda para detener la guerra civil aquí, hace 15 años. Funcionarios
salvadoreños aseguran que su país es una parte activa de la Organización
de Naciones Unidas y creen en el esfuerzo mundial del organismo para reconstruir
Irak.
Hacen énfasis en la dimensión humanitaria del trabajo de sus soldados
allá, como la construcción de caminos, clínicas de salud
y escuelas, al tiempo que reconocen los peligros que han dado como resultado
la muerte de cinco soldados y que aproximadamente 24 más terminaran heridos.
Asimismo, notan con orgullo que el Ejército de El Salvador, vinculado
en otra época a escuadrones paramilitares de la muerte, ya efectuó una
purga de sus malos elementos y ahora es una de las instituciones más respetadas
en el país.
Esos argumentos no han bastado para influir sobre detractores locales.
Un sondeo de opinión, publicado en un diario, estimó que la oposición
a la participación del país centroamericano en Irak ascendía
a 81 por ciento. En 2004, manifestantes encapuchados tomaron brevemente la principal
Catedral del país y exigieron un retiro inmediato de tropas. En su mayor
parte, los salvadoreños han estado preocupados por inquietudes locales,
como sus pesares económicos y la inseguridad que ocasiona tensiones en
su propio país.
Pero cada vez que se envía un nuevo contingente, la Legislatura se divide
entre líneas partidistas, con el Gobierno que tiende a la derecha política,
así como sus aliados, que dan su respaldo al plan, en tanto la oposición
de izquierda vota en contra.
“Es la guerra de los gringos”, señaló una de las detractoras,
Olga Serrano, quien es la secretaria ejecutiva de un grupo de veteranos heridos
en la guerra de los 80. “¿Qué estamos haciendo por allá?”.
Tras bambalinas, funcionarios gubernamentales promueven el plan
de otra manera. Destacan todos los beneficios que, creen, están recibiendo de Washington
a raíz de su ayuda, incluso al tiempo que la administración Bush
insiste en que no le haciendo ningún favor especial a El Salvador por
su presencia de tropas.
“Nosotros estamos participando en esto para ayudarles a los iraquíes,
pero también lo estamos haciendo por nuestro propio pueblo”, citó Carlos
Rolando Herrarte Rivas, legislador del Partido Demócrata Cristiano que
fue a Irak en diciembre como parte de una delegación gubernamental enviada
a visitar a los militares. “El presidente no puede decir eso, pero es por
eso que lo estamos haciendo”, manifestó. Herrarte, coronel retirado,
asegura que la administración Bush había tratando bien a los inmigrantes
salvadoreños, pese a un fuerte sentir antiinmigrante en Estados Unidos.
Destacó la decisión que la administración
Bush tomó en
enero de 2005, cuando otorgó una extensión de un año
al estatus temporal protegido de aproximadamente 250 mil compatriotas
que viven en la unión americana. Dicho estatus les da una extensión
para no ser deportados, debido a desastres naturales o conmoción
política
en su país natal.
Asimismo, Herrarte puso de relieve los US$461 millones en fondos
para el combate de la pobreza que se le otorgaron a El Salvador
en el otoño pasado a través
de la Millenium Challenge Corp., dependencia estadounidense de ayuda exterior,
como un beneficio derivado del esfuerzo bélico.
“Cuando voy a mi pueblo, la gente grita”, contó, al referirse
a su vociferante base popular que se opone a la guerra. "Ellos quieren saber
por qué estamos ahí. Dicen, Sáquenlos. Entonces, yo empiezo
a explicar cómo esta acción está ayudando a nuestra gente
en Estados Unidos".
Afirmar que El Salvador y Estados Unidos están unidos por la cadera es
poco. Casi un tercio de los salvadoreños nacidos aquí viven en
Estados Unidos, incluidos parientes de Saca, del ministro de la Defensa Otto
Alejandro Romero Orellana, así como de muchos otros legisladores. Esos
salvadoreños en el extranjero envían remesas a casa que, aproximadamente,
ascienden a US$2 mil 500 millones al año, lo cual representa aproximadamente
17 por ciento del Producto Interno Bruto del país.
El ex presidente Francisco Guillermo Flores Pérez, de quien se consideraba
que tenía una relación particularmente estrecha con la Casa Blanca,
envió las primeras tropas a Irak en 2003. El tema salió a colación
en la campaña presidencial del año siguiente cuando Saca, empresario
pro estadounidense, derrotó a Schafik Handal, ex guerrillero comunista.
Handal había prometido el retiro inmediato de los 380 soldados salvadoreños
que están en Irak. Saca adujo que una victoria por parte de Handal generaba
el riesgo de cortar el flujo del dinero proveniente de migrantes salvadoreños
que están en Estados Unidos. De manera similar, hacen énfasis en
que tanto hondureños como nicaragüenses tienen el mismo estatus preferido
de inmigración que los salvadoreños. Honduras y Nicaragua también
recibieron asignaciones de la Millenium, aunque menores a las de El Salvador,
notan algunos detractores.
Oficiales salvadoreños no están hablando acerca de un aumento de
tropas para sofocar a la insurgencia iraquí. Sin embargo, cuando se les
pregunta cuánto tiempo planea involucrarse su país en la guerra,
adoptan el lenguaje de Bush: el tiempo que haga falta. |