Cartografía de Guatemala
El Simposio Internacional de Coleccionistas de Mapas llega con una exposición
de documentos que invitan a recorrer 400 años de historia centroamericana.
Por Gemma Gil Flores
Planos de piratas que trataron de desentrañar los recovecos de la costa,
lienzos indigenistas que plasmaron la historia de la Conquista y cartografías
que adornaron los salones de aristócratas y príncipes son algunos
de los reclamos que promete la exposición Expresiones geográficas
del Nuevo Mundo, que estará abierta al público del 5 al 30 de febrero
en la Universidad Francisco Marroquín.
La exhibición, preparada a propósito
del Simposio Internacional de Coleccionistas de Mapas, el primero
que tiene lugar en América Latina, presenta 99 mapas fechados
entre 1497 y 1904; una invitación a recorrer la historia
de Centroamérica a través de la representación
gráfica de su territorio. Así, la compilación
muestra desde una suerte de infografía que ilustra la llegada
de Jorge de Alvarado a Guatemala, hasta los planos empleados para
determinar las fronteras con Chiapas o Belice, pasando por los
utilizados por los exploradores del área maya Karl Sapper
y Alfred Maudslay.

Hermoso mapa del lago de Atitlán.
Destaca el volcán de Poniente, hoy San Pedro, y el trazo cuadriculado
dispuesto por los misioneros franciscanos en la localidad de Santiago
Atitlán. Probablemente fue elaborado por un pintor maya local
para la colección de Relaciones Geográficas solicitadas
por Felipe II, con el fin de recopilar información de sus nuevas
tierras. Pieza de 81 x 61.5 cm, procedente de la Universidad de Austin,
Texas. |
Como la cartografía es en buena medida hija de la geopolítica,
esta recopilación de mapas históricos también revela las
luchas libradas por las potencias del viejo continente en el mítico Caribe
de tesoros y filibusteros. De esta manera, en los planos ejecutados bajo encargo
de la corona española se puede apreciar lo que se conoce como “los
silencios”, es decir, las áreas presentadas sin demasiados detalles
con el fin de poner las cosas complicadas a los enemigos ingleses y franceses.
Mención aparte merecen los cartouches o emblemas con los que se decoraban
las piezas. En una época donde no existía Animal Planet, los conquistadores
miraban el nuevo mundo como un paraíso exótico, poblado por criaturas
de literatura fantástica de las que también dejaron constancia
el trabajo de dibujantes, grabadores y cartógrafos.
Europea e indigenista
Compuesta en 80 por ciento por documentos originales procedentes, entre
otros sitios, de la mapoteca de la universidad organizadora, del Archivo
General de Centroamérica, del Archivo General de Indias en Sevilla, del British Museum
de Londres y del Museo Casa del Alfeñique en Puebla, la exposición
cuenta con el atractivo añadido de ofrecer una ventana al pasado desde
una perspectiva tanto europea como indígena.
Si desde el punto de vista de los conquistadores se pone
de manifiesto las dificultades que tuvieron para comprender la naturaleza de
las tierras recién descubiertas
en una época sin fotos satelitales (por ejemplo, entre 1520
y 1550, Yucatán
era representada como una isla), desde la perspectiva indigenista
se reclama un reconocimiento con nombre propio. “Cuando quisimos
montar esta exposición,
hubo gente que nos dijo que en Guatemala no hay tradición
cartográfica,
pero es una percepción errónea. Hay ejemplos, como
el lienzo de Quauhquechollan, que evidencian que los indígenas
ya tenían las
habilidades y conocimientos para representar un área geográfica.
Se
sabe que trazaban mapas en lienzo y corteza de árbol para
delimitar sus propiedades y para determinar quién había
pagado impuestos a sus caciques”, cuenta Jens Bornholt, curador
de la muestra. Aunque ninguno de esos trabajos anteriores a la Conquista
ha llegado hasta nuestros días,
las formas de representación existentes dieron lugar a una
tradición
que según William Hepstead, editor del catálogo de
la colección,
es claramente identificable.
“Frente a los europeos, que son mapas hechos
con la técnica del grabado, los mapas locales ¡parecen
Google Earth! Eran más creativos y mágicos. Estaban
hechos con tinta y pluma, de una forma más artesanal”,
afirma. Buen ejemplo son los dos manuscritos con descripciones
geográficas atribuidos al cronista criollo Francisco
Antonio de Fuentes y Guzmán, o los mapas pertenecientes
a las Relaciones Geográficas que Felipe II ordenó hacer
para conocer la naturaleza de las tierras incorporadas a su imperio.
El lienzo de Quauhquechollan
Hasta 2002, se creía que la historia representada en
los 2.35x3.25 metros de esta tela del siglo XVI se refería a la conquista
de la actual Puebla; sin embargo, la tesis doctoral de la holandesa Florine
Asselbergs, quien estará en Guatemala para participar en el Simposio
Internacional de Coleccionistas de Mapas demostró que se trata de una
pieza que narra el camino recorrido por Jorge de Alvarado y que se concentra
en los hechos ocurridos en el área de Chimaltenango.
Su estilo pictórico y la ausencia de iglesias sugieren que fue ejecutado
en época muy temprana por auxiliares quauhquecholtecos. Este grupo de
población, procedente del centro de México, habría llegado
al país como parte del ejército de indígenas que, ansiosos
por librarse del férreo control azteca, se alió con los nuevos
invasores. “El lienzo nos proporciona una perspectiva mexicana de la Conquista española”,
explica Asselbergs, quien señala cómo los quauhquecholtecos se
dibujan con la tez más clara y mejor vestidos que los pueblos sometidos.
Esta evidente ladinización habría tenido como objetivo ensalzar
su prestigio y mostrar su voluntad de agradar a los castellanos, pues la tela
habría sido utilizada para solicitar privilegios y exenciones de tributo,
basados en su activa participación en la Conquista de Guatemala.
El lienzo original se encuentra en el Museo Casa del Alfeñique,
de Puebla (México). En la exposición, no obstante, el público
podrá contemplar
un facsímil. |