Trabajo cien por ciento natural
El ingenio combinado con la naturaleza son los ingredientes principales en la
elaboración de estos tejidos.
Texto Julieta Sandoval
Foto
Jorge Castillo
En San Juan La Laguna, Sololá,
hay un grupo de mujeres que le impregna color a sus tejidos de
una forma muy especial. Corteza de árboles, frutos,
hojas o tallos, proporcionan los tintes que ofrece la asociación Lema,
que en tz’utujil significa “tinte de árbol”.
Un naranja tenue es extraído de la corteza del coco, pero si el diseño
requiere una tonalidad más fuerte se combina con achiote. La intensidad
del color también puede variar de acuerdo al tiempo de cocción
que se le dé a la planta y al algodón. Aunque un verde sea más
intenso que otro, los dos pigmentos provienen del pericón. Recuperar la tradición
Hace seis años, un grupo de mujeres de San Juan La Laguna decidió adquirir
ingresos económicos a través del trabajo que hace a perfección:
tejer.
Pero para marcar la diferencia y de esta manera llamar la atención de
los clientes, combinan su trabajo con el rescate de las tradiciones ancestrales,
las cuales con el correr del tiempo han sido olvidadas. “Las ancianas contaban
que lavaban el traje con flores o semillas, para que no perdiera el color”,
narra Rosalinda Tay, presidenta de Lema.
Proceso
> 1. El primer paso es teñir
los hilos. En ollas son colocados algodón natural
y hojas; ramas o cortezas, que hervirán por
30 minutos. Las tonalidades dependen de la cantidad
de agua y planta utilizada. Después las hebras
son escurridas por 24 horas.
> 2. El
hilo es lavado para retirar el exceso de tinte. La acción
se repite hasta que el agua no esté manchada.
Así las tejedoras se aseguran de que sus piezas
al ser lavadas no se decolorarán.
> 3. Cada
hilo es enrollado en bolas para facilitar el trabajo
de combinado y elaboración del textil.
> 4. Después
son colocados en la urdimbre, en donde la tejedora decide
qué combinaciones hará y la cantidad que
utilizará para cada pieza.
> 5. En
el telar de cintura las mujeres elaboran los artículos
que venderán. Ellas trabajan al menos seis horas
diarias.
> 6. El
producto final: bolsas, centros de mesas, cojines, chalinas
o individuales.
Para más información consulte la página: lemaasociacion@hotmail.com |
En el siglo pasado las mujeres utilizaban la cochinilla —insecto hemíptero,
originario de México, del tamaño de una chinche, con el cuerpo
arrugado, cabeza cónica, antenas cortas y trompa filiforme. Se emplea
para dar color rojo oscuro a la seda, la lana y otras cosas. También se
le conoce como grana— como tinte. Éste produce color al ser molido
y hervido. Ofrece una amplia escala de tonos; desde el violeta, pasando por
anaranjado, rojo, hasta un casi negro.
Entre los planes de las tejedoras de Lema está retomar el uso de esta
técnica para su trabajo, por lo que proyectan sembrar nopales en los alrededores
de San Juan La Laguna, y así contribuir a la propagación de este
singular insecto. Colateral
Pero las asociadas a Lema —20 socias y 45 integrantes indirectas—,
además de construirse un mejor futuro, también contribuyen con
el cuidado del ambiente del municipio, pues con la siembra de las plantas utilizadas
para los tintes, reforestan los campos. Los árboles y arbustos son sembrados
primero en viveros, al alcanzar cierto tamaño son plantados entre los
cafetales, uno de los cultivos más fuertes en la región.
Creatividad
Los diseños de bolsas, centros de mesas, chalinas o cojines son elaborados
de acuerdo a la inventiva de cada tejedora, que antes de llevar los hilos al
telar de cintura, prepara las combinaciones en la urdimbre. Cada una no elabora
más de seis productos iguales, por lo que su trabajo puede considerarse
exclusivo.
Sin duda, las tejedoras de San Juan La Laguna demuestran que con
ingenio y organización
pueden lograr cosas diferentes y especiales. |