Las pilas, parte del hogar
Éstas constituyen un elemento
esencial en muchos viviendas guatemaltecas.
Texto
Ingrid
Roldán Martínez
Foto Carlos Sebastián
Desde la antigüedad las pilas forman parte importante en muchas viviendas.
En épocas pasadas, aún a principios del siglo XX, se construían
grandes depósitos de agua con varios lavaderos cerca de la cocina o en
lugares públicos, como todavía las hay en la provincia del país.
Con el tiempo, las casas se fueron construyendo en espacios más pequeños
y, en consecuencia, las pilas redujeron también su tamaño hasta
como las que se conocen en la actualidad, de uno y dos lavaderos.
Todavía se fabrican artesanalmente. El proceso es bastante sencillo. La
forma se basa en un molde de concreto que es llenado de cemento; se deja secar
y al siguiente día se hacen los acabados y limpian las asperezas. Las
pintan de vistosos colores como el rojo, amarillo, azul, verde y el algunos casos
morado. Según Rigoberto Culajay, de la fábrica La Bendición,
esos son los tonos que prefiere la gente.
En el proceso utilizan hierro, arena de río, arena blanca, y cemento.
Ellos producen ocho pilas diarias, su mercado es en el área de San José y
Santa Catarina Pinula y Fraijanes. En este sector se desarrollan en la actualidad
muchos proyectos habitacionales que requieren del producto.
Tienen un periodo
de vida de cinco o seis años, al igual que los moldes. Cada uno de éstos
está formado por 27 piezas que lleva una sólida estructura de hierro
dentro y una mezcla de cemento, arena de río, grasa y aceite para carro.
El encargado de hacerlo se llama Carlos Sol.
Además, de las tradicionales pilas de cemento, la marca Talishte fabrica
de plástico, que son más livianas y fáciles de transportar,
resistentes al impacto y a la luz solar. Una de dos lavaderos pesa 65 libras,
y las de uno, 59. El tiempo y la gente dirá cual de las dos opciones se
queda en casa.
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