Amor sin fecha de caducidad
La pasión no se acaba nunca. Ni
siquiera la menopausia y la andropausia son obstáculos insuperables
para disfrutar de la vida en pareja.
Por Gemma Gil Flores
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Carlos Sebastían
En el hogar de Ancianos de San Vicente de Paul,
zona 5, el tópico de que el amor no tiene edad es parte
de la memoria y el presente de la institución. Aquí no
faltan personajes como don Lázaro, el cantineador oficial,
o Margarita, que enviudó a los 17 años y todavía
no olvida a su pareja, o Ángel y la otra Margarita, quienes
se casaron en la residencia y después se divorciaron, porque “ella
era demasiado fogosa”, o Pierre el francés, que aún
llora de desamor y se niega a revelar la identidad de la dama que
lo provocó, para no desprestigiar su nombre, o Roberto,
quien también se casó con Clementina en el Hogar,
y cuando ella murió se tuvo que ir, pues no soportaba la
tristeza de continuar solo en aquel espacio. Sus edades son lo
de menos. Su capacidad de ilusionarse y su afán de seducción
continúan intactos.
“Hay casos en los que no sólo
ves amor sino pasión
como la de adolescentes. A veces, los cuidadores sorprenden a algún
señor que al anochecer trata de escabullirse hacia donde
duermen las señoras”, cuenta Raquel Velásquez,
la trabajadora social del centro. Ella misma está acostumbrada
a recibir los requiebros de caballeros como don Fausto de León,
quien, cada día cuando se acerca el momento de su partida,
le canta Te vas ángel mío. Hoy la hora no ha llegado
aún, pero para demostrarnos sus afamadas cualidades vocales
se presta a entonar un bolero. Al finalizar la pieza entorna los
ojos y desgrana con un hilo de voz “me mata, me enloquece,
hasta la vida diera por vencer el miedo de besarla a usted”.
Después nos cuenta con su sonrisa pícara “lo
de enamorarse no se termina. Tengo 76 y a mí me siguen gustando
las mujeres”. No nos cabe la menor duda.

Don Fausto de León,
76 años, confiesa que siempre ha cantado para conquistar
y, “lo sigo haciendo”, señala. A pesar
de su edad, no se resiste a emocionar a la joven trabajadora
social con sus melodías. |
Quien tuvo, retuvo El caso de don Fausto no es el de un viejo verde, sino el de
alguien cuya pasión continúa viva. No muy lejos de él,
María Cecilia Clayton también está dispuesta
a recordar sus apasionados 79 años. Sólo lleva ocho
días en el Hogar, pero don Carlos Alonso ya le ha prestado
una novela romántica. Ella niega categóricamente
que entre ambos pueda darse algo más que amistad, pero María
Cecilia es aún una mujer hermosa, y el aire que la envuelve
huele a perfume suave.
“Tras 20 años de matrimonio, me divorcié para
casarme con mi novio de juventud. Nuestros hijos dificultaron la
convivencia y acabamos separándonos. Sin embargo, nunca perdimos
la relación, ni siquiera después de que él volviera
a casarse con una mujer más joven. Hasta hace poco aún
venía a traerme una rosa”, cuenta.
¿Y ahora no le gusta don Carlos?, le preguntamos. “Me
interesa intelectualmente, pero me da pena que digan que por
ser amable ando coqueteando”, contesta entre risas. La conversación
sigue recorriendo estampas de su vida, pero cuando nos disponemos
a abandonar su cuarto nos guiña un ojo y nos sugiere
con aparente desinterés: “¿pero por qué no
le pregunta a don Carlos?”.
Dicho y hecho. Con silueta de dandy, traje cruzado azul marino,
buen porte y bastón, el aludido de 91 años se nos
presenta con una sonrisa irresistible: “De joven uno se viste
bien para agradar… de viejo para no desagradar”. Se
confiesa romántico empedernido, aunque la edad lo ha “retraído”.
En su impecable hoja de servicios galantes no falta ni una boliviana
espía de la CIA con la que vivió una temporada en
Estados Unidos, y su concepto de cómo tratar a una mujer
no tiene fecha de caducidad. “Durante 10 años cada
día le dije un piropo diferente a una de las secretarías
de la empresa donde trabajaba. Un día me olvidé y
a la tarde siguiente ella me reclamó el de esa jornada y
el de la anterior”, rememora con deleite.
La última aventura de don Carlos le llegó cuando
tenía 58 años. “Ella era una señorita
vieja que no había tenido novio, así que pensé que
antes de que se la encontrara un bandido, yo mejor la cuidaba”,
explica. Nunca pudieron casarse, pero la relación duró más
de 10 años, hasta que ella murió súbitamente
de un ataque al corazón y él prometió no volverse
a enamorar. La vida de don Carlos, como la de doña Cecilia
o la de don Fausto, es un buen ejemplo de que la pasión
no se acaba nunca, aunque para llegar a esa sabiduría
todos ellos tuvieron que pasar por la crisis de los 50.
La crisis del medio siglo
Lejos del Hogar de San Vicente de Paul, la escritora y feminista
Ana María Rodas, de 69 años, también está dispuestas
a reflexionar sobre el amor de madurez. “La pasión
es para toda la vida, si no se tiene a los 50 o a los 60 es que
no se tuvo a los 15. Es el motor del ser humano”, afirma
con la seguridad que la caracteriza. Sin embargo, ella sabe bien
que el paso del tiempo y los cambios biológicos plantean
retos a la vida en pareja, especialmente cuando llegan los cambios
hormonales. “A partir de los 50, muchas mujeres piensan que
están feas, que son viejas. Ya no pueden tener hijos, así que
no se sienten completas. Entonces es fácil caer en el abandono,
en no arreglarse, en deprimirse”, continúa Rodas,
quien sólo tenía 42 años cuando tuvo que enfrentarse
a una menopausia quirúrgica.
El cese de la menstruación y la andropausia (disminución
en la producción de testosterona, hormona sexual masculina)
son dos de los procesos más duros por los que pasa una pareja
en su madurez. Sobre todo por las inseguridades que genera. El
cambio hormonal incide en aspectos externos como la fortaleza del
cabello, la tersura de la piel e incluso en el metabolismo. De
acuerdo con la Sociedad Española para el Estudio de la Menopausia,
si para una mujer de 20 años la grasa representa el 26 por
ciento de su masa corporal, a los 50, la proporción sube
al 42 por ciento.
No es todo, a esa edad “muchas mujeres presentan molestias, como resequedad
vaginal, disminución de la libido, dolor durante las relaciones sexuales,
incontinencia urinaria y aumento de infecciones vaginales”, explica Judith
Ochoa, presidenta de la Asociación Guatemalteca para el Climaterio y la
Menopausia. La doctora, que lamenta la actitud de muchos especialistas renuentes
a recibir asesoría respecto de este proceso femenino, advierte que “los
síntomas pueden provocar un distanciamiento con la pareja”. No obstante,
ni se trata de una certeza matemática, ni cuando ocurre es una situación
irresoluble.
Al consultorio de la psicóloga Eugenia Toralla es frecuente que lleguen
parejas tratando de superar la zozobra provocada por los cambios hormonales.
Desde su experiencia, gran parte del problema se deriva de la falta de información. “Hay
quien piensa que después de los 50 se termina la vida, pero lo que acaba
es la menstruación, la crianza de los hijos o la vida laboral. La gente
tiene que saber que la pasión adulta puede ser mejor y más profunda,
porque va acompañada de conocimiento y experiencia”, analiza.
Lo primero que Toralla pide a sus
pacientes es que cuestionen las creencias sociales, como por ejemplo
la referida a que un hombre siempre va a buscar a una mujer más
joven. “No tiene porqué pasar y si ocurre no siempre
es por el proceso que están viviendo ellas, sino por el que están
pasando ellos”.
Ellos también sufren
La andropausia se diferencia de la
menopausia en que no se trata de un corte radical, ni marca un
antes y un después. El hombre mantiene capacidad
reproductiva hasta superados los 80, pero pierde prestancia, y en muchas
ocasiones no tanto por el descenso hormonal sino por el deterioro
en la salud que plantea el paso de los años (sobrepeso,
hipertensión, diabetes, etc).
“Hacia los 50 es normal que los hombres tengan una fuerte crisis de ansiedad.
El hombre piensa ya se me acabó el tiempo y no he gozado lo suficiente,
esto a veces conduce a la búsqueda de parejas más jóvenes”,
explica el psiquiatra Héctor Aquino.
Es más, incluso en los casos en los que actividad sexual no es la preocupación
primordial, el varón teme perder su masculinidad. A este respecto Aquino
recuerda la ocasión en la que atendió a un hombre célibe. “Era
un sacerdote que no tenía, ni quería tener ninguna relación
amorosa, pero le preocupaba la pérdida de algunas funciones de su cuerpo
porque lo consideraba un síntoma de que su salud podía no estar
bien”, explica. En su dilatada experiencia, este psiquiatra ha aprendido
a no sorprenderse. Recuerda con cariño al paciente de 82 años que,
apunto de contraer segundas nupcias con una mujer en sus sesentas, quería
chequear que todo estaba en condiciones (no era cuestión de no estar a
la altura de las circunstancias en la noche de bodas) o a la señora de
78 que tras 50 años de viudedad le vino a pedir consejo sobre cómo
comenzar una nueva relación íntima.
“He visto gente de la tercera edad emocionarse por una canción o
una flor como adolescentes... y también pelearse igual... ¿Sabes? —reflexiona
en voz alta— La pasión siempre está presente, porque no hay
que confundirla con la energía. Algo puede ser muy emocionante, pero apacible.
Es cierto que, con el paso del tiempo, el compromiso y la intimidad ganan peso
y que las relaciones son menos frecuentes, pero cada vez es una remembranza de
la historia de amor vivida”.
En esencia el ser humano es fiel a si mismo. Y el amor es la más humana
de las pasiones.
La revolución
de las hormonas
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística,
este año hay en Guatemala 430 mil mujeres en edad menopáusica
(45 a 54 años). Teniendo en cuenta que la esperanza de vida
femenina es de 74 años, a ese grupo poblacional aún
le queda por delante una media de 24 años. Demasiado tiempo
para pensar que su vida ha terminado, por eso Lionel Ardón,
médico especializado en psicología clínica,
prefiere lanzar este mensaje: “La menopausia es como la nochebuena,
un momento especial que te hace pensar y tomar conciencia de lo
que hay alrededor, pero al día siguiente la vida continúa”.
Y eso bien lo saben algunas culturas del país.
“En las poblaciones mayas más tradicionales la mujer después
de la menopausia pasa a ser sabia. No se siente vieja y acabada, al contrario
gana respeto y adquiere la facultad de poder dar consejos”, explica Felipe
Pol, naturópata de la Asociación Médicos Descalzos de Quiché.
No obstante, ni siquiera en el área rural, donde el proceso se vive de
forma más natural y sin miedo a la transformación de la belleza,
los conceptos están muy claros. A la clínica de Pol, llegan muchas
mujeres de 55 pensando que se han quedado embarazadas. “Sabemos por las
ancianas que antes había más conocimientos, y que ahora por la
influencia religiosa hablar de fisiología es pecaminoso”, continúa
Pol.
Terapia de reemplazo hormonal
Lo que iguala a las mayas con sus compatriotas de los núcleos urbanos
son los malestares (insomnio, bochornos, cansancio, sueño, pérdida
de cabello, irritabilidad, resequedad vaginal y de piel) y los problemas de salud
(osteoporosis y riesgo cardiovascular). Un conjunto de síntomas ante los
que el ginecólogo debe decidir la conveniencia de aplicar la terapia de
reemplazo hormonal. Un terapia enfocada a suplir el descenso de estrógenos
que producen los ovarios ya que se trata de las hormonas que durante la etapa
fértil protegen los huesos y el corazón.
“En mi experiencia, la guatemalteca es renuente al uso de ese tratamiento,
porque lo asocian con el cáncer de mama, pero los estudios demuestran
que el riesgo aumenta levemente en dos de cada mil mujeres que hayan tomado hormonas
durante más de cinco años”, aclara el ginecólogo Rodolfo
González Toledo. “Además, la raza blanca es más proclive
a desarrollar cáncer de mama, así que nuestra población
no es de alto riesgo”, continúa el especialista.
Las últimas estadísticas disponibles del Instituto de Cancerología
muestran que en 2005 murieron 109 por este tipo de tumor. En muchos casos, el
verdadero problema fue lo tarde que las pacientes acudieron a consulta. De ahí que
González Toledo defienda el uso del tratamiento hormonal siempre que sea
de forma controlada e individualizada. Opinión que comparte Judith Ochoa,
presienta de la Asociación de Climaterio y Menopausia, para quien la idea
de que este tipo de terapia causa cáncer es un mito tremendamente dañino.
¿Y cuáles son las grandes ventajas
del uso de hormonas? Toledo lo resume de esta manera: “Existe
medicación para tratar la osteoporosis
y el colesterol, pero la terapia también soluciona el resto de síntomas
como la depresión, el insomnio, los bochornos. Si puedo tener a
una mujer controlada para que no le aparezca un cáncer y además
tenerla activa y emocionalmente saludable ¿por qué voy a
tenerla deprimida?”. |