Semanario de Prensa Libre • No. 136 • 11 de Febrero de 2007

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D mundo

Ciudades costeras
Más de la mitad de la población del mundo vive cerca del agua.

Por Ingrid Roldán Martínez

Para quien llega de visita, las ciudades porteñas tienen un poderoso atractivo. Desde casi cualquier ventana, la vista se dirige a ese horizonte que parece interminable, y el Sol sale al encuentro de la gente en las calles, los invita a usar ropa liviana y dejar que el tiempo transcurra. Por esto y mucho más son tan famosas Río de Janeiro, San Francisco, Miami, Sidney, Montevideo, Viña del Mar y Tokio, por mencionar algunas.

Pero para los habitantes de estas urbes no todo es color de rosa, pues enfrentan varios desafíos, entre ellos, las inundaciones (a consecuencia del calentamiento climático), el aumento de población, degradación de ecosistemas y el manejo de desechos sólidos.

El 15 de noviembre de 2006, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, en un discurso pronunciado ante la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático, llamó a éste una amenaza mundial. Dijo: “Ciudades costeras como Lagos o Ciudad del Cabo podrían verse inundadas como resultado de la fusión del casquete polar y los glaciares”.

Venecia debe lidiar todos los años con el fenómeno denominado “agua alta”, que inunda parte de su centro histórico.

Según un informe del Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, conocido como Hábitat, más de la tercera parte de la población del planeta vive a menos de 100 kilómetros del mar. En América Latina, esta cifra alcanza el 60 por ciento. La mayoría de las grandes ciudades de la región (60 de las 77) se encuentran en la costa.

En Europa, específicamente Venecia constantemente tiene que lidiar con el agua. Las mareas provocan el fenómeno denominado “agua alta”, que inunda parte de su centro histórico. En octubre del año pasado, el nivel creció 112 centímetros. En la famosa plaza de San Marcos, los turistas caminaban descalzos y con los pantalones arremangados. Pero ésta no ha sido la peor de sus catástrofes a consecuencia del agua. El 4 de noviembre de 1966 el nivel llegó a 194 centímetros.

Sydney es uno de los puertos más importantes del Pacífico sur. Juega también un papel determinante como centro financiero y comercial de Australia. El programa de Naciones Unidas Ciudades de hoy, ciudades del mañana describe que a pesar de los numerosos obstáculos físicos, como tierras en laderas, la propensión a las inundaciones, estancamiento de aguas y la protección de zonas costeras, Sydney es el hogar de más del 20 por ciento de la población en esa nación.

El Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo también le ha prestado atención al aumento de la población en estas localidades. En un ensayo titulado Ciudades costeras: una nueva agenda, Peter Timmerman, del Instituto de Estudios Ambientales, de la Universidad de Toronto, hace referencia a la convergencia de dos ecosistemas intensos en tales complejos urbanos. Por un lado, el natural de la zona, y por el otro, la dinámica propia de las urbes consideradas como motores de grandes posibilidades en el desarrollo económico. “Las ciudades costeras están bajo crecientes tensiones naturales, pero son a su vez poderosas máquinas de crecimiento económico”, dice.

El texto alerta sobre varios puntos críticos, uno de éstos es que las metrópolis y las megaciudades en todo el mundo están degradando y simplificando rápidamente sus ecosistemas costeros. En regiones como Hong Kong y Tokio, los “espejos portuarios” están siendo reducidos debido a la contaminación, el dragado y los sedimentos.

Los desperdicios o sobrantes de las actividades humanas afectan el ecosistema.

Según un estudio del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente, es práctica común de algunas ciudades de este tipo descargan sus aguas residuales, sin tratamiento, al cuerpo de agua más cercano, pero descuidan las consecuencias ambientales y los efectos sobre la salud. “En la mayoría de urbes a orillas del mar de América Latina y el Caribe, las descargas de aguas residuales crudas ocurren en o muy cerca de playas de recreo”, afirma el informe. La situación económica en la que viven no les permite adoptar las técnicas de control de calidad del agua que utilizan países desarrollados, por lo oneroso de su implementación.

Tales residuos pueden provenir de la actividad urbana, industrial, marítima o portuaria, y puede incidir en la contaminación del vital líquido y, por qué no, también en del paisaje.

Pero otra de las amenazas que afrontan es el aumento en el nivel del mar, que constituye un riesgo creciente de inundaciones, la “salinización” de las reservas de agua dulce invadidas por agua de mar y la erosión de las playas.

En Sudamérica se han efectuado varios encuentros con el propósito de buscar soluciones a cuestiones comunes que les aquejan y la búsqueda de nuevos modelos para la gestión y regeneración del medio ambiente urbano. Forman parte de este conjunto Buenos Aires, Montevideo, Porto Alegre, Río de Janeiro y Mar del Plata.
Otros ejemplos alentadores son ciudades como Colombo, en Sri Lanka; Trípoli, en Líbano y Calcuta, en India, que han desarrollado una “agenda verde”.

A pesar de los problemas que pueden enfrentar, las localidades costeñas son la puerta por la que miles de personas se adentran en un mundo de posibilidades.


   

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