Ciudades costeras
Más de la mitad de la población del mundo vive cerca del agua.
Por Ingrid Roldán Martínez
Para quien llega de visita, las ciudades porteñas tienen un poderoso atractivo.
Desde casi cualquier ventana, la vista se dirige a ese horizonte que parece interminable,
y el Sol sale al encuentro de la gente en las calles, los invita a usar ropa
liviana y dejar que el tiempo transcurra. Por esto y mucho más son tan
famosas Río de Janeiro, San Francisco, Miami, Sidney, Montevideo, Viña
del Mar y Tokio, por mencionar algunas.
Pero para los habitantes de estas urbes
no todo es color de rosa, pues enfrentan varios desafíos, entre ellos,
las inundaciones (a consecuencia del calentamiento climático), el aumento
de población, degradación de ecosistemas y el manejo de desechos
sólidos. El 15 de noviembre de 2006, el entonces secretario general de Naciones
Unidas, Kofi Annan, en un discurso pronunciado ante la Conferencia
Mundial sobre Cambio Climático, llamó a éste una amenaza mundial. Dijo: “Ciudades
costeras como Lagos o Ciudad del Cabo podrían verse inundadas como resultado
de la fusión del casquete polar y los glaciares”.

Venecia debe lidiar todos
los años con el fenómeno denominado “agua
alta”, que inunda parte de su centro histórico. |
Según un informe del Centro de las Naciones Unidas para
los Asentamientos Humanos, conocido como Hábitat, más
de la tercera parte de la población del planeta vive a menos
de 100 kilómetros del mar. En América Latina, esta
cifra alcanza el 60 por ciento. La mayoría de las grandes
ciudades de la región (60 de las 77) se encuentran en la
costa.
En Europa, específicamente Venecia constantemente tiene
que lidiar con el agua. Las mareas provocan el fenómeno
denominado “agua alta”, que inunda parte de su centro
histórico. En octubre del año pasado, el nivel creció 112
centímetros. En la famosa plaza de San Marcos, los turistas
caminaban descalzos y con los pantalones arremangados. Pero ésta
no ha sido la peor de sus catástrofes a consecuencia del
agua. El 4 de noviembre de 1966 el nivel llegó a 194 centímetros.
Sydney es uno de los puertos más importantes del Pacífico sur.
Juega también un papel determinante como centro financiero y comercial
de Australia. El programa de Naciones Unidas Ciudades de hoy, ciudades del mañana
describe que a pesar de los numerosos obstáculos físicos, como
tierras en laderas, la propensión a las inundaciones, estancamiento de
aguas y la protección de zonas costeras, Sydney es el hogar de más
del 20 por ciento de la población en esa nación.
El Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo también
le ha prestado atención al aumento de la población en estas localidades.
En un ensayo titulado Ciudades costeras: una nueva agenda, Peter Timmerman, del
Instituto de Estudios Ambientales, de la Universidad de Toronto, hace referencia
a la convergencia de dos ecosistemas intensos en tales complejos urbanos. Por
un lado, el natural de la zona, y por el otro, la dinámica propia de las
urbes consideradas como motores de grandes posibilidades en el desarrollo económico. “Las
ciudades costeras están bajo crecientes tensiones naturales, pero son
a su vez poderosas máquinas de crecimiento económico”, dice.
El texto alerta sobre varios puntos críticos, uno de éstos es que
las metrópolis y las megaciudades en todo el mundo están degradando
y simplificando rápidamente sus ecosistemas costeros. En regiones como
Hong Kong y Tokio, los “espejos portuarios” están siendo reducidos
debido a la contaminación, el dragado y los sedimentos.
Los desperdicios o sobrantes de las actividades humanas afectan
el ecosistema. Según un estudio del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria
y Ciencias del Ambiente, es práctica común de algunas ciudades
de este tipo descargan sus aguas residuales, sin tratamiento, al cuerpo de agua
más cercano, pero descuidan las consecuencias ambientales y los efectos
sobre la salud. “En la mayoría de urbes a orillas del mar de América
Latina y el Caribe, las descargas de aguas residuales crudas ocurren en o muy
cerca de playas de recreo”, afirma el informe. La situación económica
en la que viven no les permite adoptar las técnicas de control de calidad
del agua que utilizan países desarrollados, por lo oneroso de su implementación.
Tales residuos pueden provenir de la actividad
urbana, industrial, marítima
o portuaria, y puede incidir en la contaminación del vital líquido
y, por qué no, también en del paisaje. Pero otra de las amenazas que afrontan es el aumento en el nivel
del mar, que constituye un riesgo creciente de inundaciones,
la “salinización” de
las reservas de agua dulce invadidas por agua de mar y la erosión de las
playas.
En Sudamérica se han efectuado varios encuentros con el propósito
de buscar soluciones a cuestiones comunes que les aquejan y la búsqueda
de nuevos modelos para la gestión y regeneración del medio ambiente
urbano. Forman parte de este conjunto Buenos Aires, Montevideo, Porto Alegre,
Río de Janeiro y Mar del Plata.
Otros ejemplos alentadores son ciudades como Colombo, en Sri Lanka; Trípoli,
en Líbano y Calcuta, en India, que han desarrollado una “agenda
verde”.
A pesar de los problemas que pueden enfrentar, las localidades
costeñas
son la puerta por la que miles de personas se adentran en un mundo de posibilidades. |