Pendiente del reloj
Se encarga de que el tiempo en Catedral se mida minuciosamente
Hace ocho años empecé a darle mantenimiento
al reloj de Catedral. Antes, quien hacía esta labor era
don Alberto Vásquez, quien ya murió. Él me
enseñó el oficio. Lo conocí cuando tenía
una joyería en el Portal del Comercio. Don Alberto me explicó cómo
cuidar el mecanismo de esa máquina, porque decía
que el día que faltara (falleciera), yo me iba a quedar
a cargo, y así fue.
Me contó que cuando fue el terremoto, en 1976, las manecillas se quedaron
estancadas a las 3 de la mañana, cuando fue el temblor más fuerte.
Las barillas que las accionan se quebraron y tuvieron que repararlas, mandar
a hacer de nuevo los tubos y parales. Como él no podía solo, vinieron
sus hijos a ayudarlo.
Antes de trabajar con él, cuando tenía 18 años, laboraba
en la relojería La Hora Suiza, en la 5a. calle y 9a. avenida, zona 1.
Con el tiempo me especialicé en reparar relojes mecánicos, electrónicos
y de pared. También algunos antiguos.
El de Catedral fue traído en 1934 de Alemania. Se mantiene lubricado con
aceite 40, el mismo que se usa para los carros. Vengo dos o tres veces por semana
si es necesario, de lo contrario sólo una vez.
La máquina del centro es la que maneja los tres relojes; el del frente
y los laterales. Un cable acciona los martillos que hacen sonar las campanas
cada 15 minutos.
Hoy el reloj tiene tres minutos atrasados, tengo que ajustarlo
para que marque la hora puntual. Un vez se retrasó media hora, porque se reventaron los
cables que dan a las campanas, el mecanismo se detuvo. Por las mañanas trabajo en la ferretería El Globo, reparo relojes,
navajas y linternas. Desde ese lugar escucho si da las 12 campanadas al mediodía,
si no las escucho, vengo a supervisar. Antes de que me encargara de darle mantenimiento, sólo había tenido
esta responsabilidad un señor alemán que vino a instalarlo y se
quedó a vivir aquí, don Alberto y ahora yo. Rodolfo Morataya López
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
Envíela a revistad@prensalibre.com.gt o por correo a 13
calle 9-31 zona 1, 9o. piso.
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