Semanario de Prensa Libre • No. 137 • 18 de Febrero de 2007

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Punto final

Creciente despertar ante
el calentamiento global

Por William K. Stevens

En la década en la que fui el principal reportero para el cambio climático en The New York Times, casi cada ventisca u onda fría que golpeaba el noreste generaba la misma conversación en el trabajo. Alguien en la Redacción me veía y decía algo como: “Es el fin del calentamiento global”. Con frecuencia, aunque no siempre, esto iba acompañado de bromas y expresiones maliciosas, y, dependiendo de mi humor, la persona obtenía una respuesta chistosa, irascible o explicativa.

Aún llega a suceder tal intercambio, pero ahora parece extraño. Estaría rebasado a la luz de un cambio potencialmente histórico en el mar que al parecer ya sucedió en el estado de Nueva York, así como del tema del calentamiento global desde que me retiré de The New York Times en el año 2000.

En aquel entonces, escribí ese único día, que si los científicos de la corriente dominante tenían razón sobre lo que estaba pasando con el clima en la Tierra, se volvería tan obvio el hecho de que la actividad humana es responsable del aumento continuo en el promedio de la temperatura global que no sería plausible ninguna otra explicación. Es posible que ese día haya llegado.

Asimismo, se dijo en los años noventa que aun cuando la evidencia disponible de un serio impacto humano en el clima de la Tierra pudiera ser lo suficientemente preponderante para llenar los requisitos de una prueba legal de responsabilidad en una demanda civil, no era el caso para una más estricta “más allá de la duda razonable” de culpabilidad en un caso penal. Ahora pareciera que el cuerpo de evidencias que cada vez se fortalece más respecto de la conexión humana con el calentamiento global al menos se está aproximando al estándar más elevado, y quizá ya haya cumplido con él.

El segundo elemento del cambio en los mares, si tal es el caso, consiste en una conciencia, un interés y una preocupación, demostrablemente aumentados, entre los estadounidenses en lo tocante al calentamiento global. El despertar se ha vigorizado en gran medida por los reportes dramáticos sobre el derretimiento del Ártico, así como por el temor —generado por el horror espectacular del huracán Katrina— de que un océano más caliente está provocando que sean más intensos los huracanes.

Los políticos están interviniendo en el tema como nunca antes, en especial con la llegada de un Congreso liderado por los demócratas. Pareciera probable, aunque no es seguro, que quienquiera que sea elegido presidente en 2008 tratará el asunto con seriedad y actuará en consecuencia, y de esa forma hará que Estados Unidos esté de acuerdo con la mayor parte del resto del mundo. Apenas hace algunas semanas, el senador John McCain, de Arizona, un aspirante a la Presidencia y coautor de una iniciativa de ley que manda acciones más firmes, comentó que “ya había terminado” la discusión sobre el calentamiento global. Antaño, tales palabras en boca de un republicano conservador habrían sido inimaginables, aun si se tratara de alguien un poco inconformista.

He estado observando con avidez desde afuera conforme se ha ido acumulando la evidencia cada vez más contundente del cambio climático, y no menos el descubrimiento alarmante de que la capa de hielo en Groenlandia se está derritiendo con mayor rapidez de lo que se había pensado. Las implicaciones son enormes, aunque la velocidad futura con la que el derretimiento pueda elevar catastróficamente los niveles del mar es algo incierto, como lo son muchos aspectos de lo que podría esperarse del futuro climático aún vagamente discernido. En su primer informe importante desde el año 2001, el grupo de científicos del clima con mayor autoridad en el mundo emitió su declaración más fuerte hasta ahora sobre la relación entre el calentamiento global y la actividad humana. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático dijo que la posibilidad es de 90 a 99 por ciento de que las emisiones de los gases invernadero que atrapan el calor, como el dióxido de carbono, que salen de los tubos de escape y chimeneas, son la causa predominante del calentamiento que se ha observado durante los últimos 50 años. En el lenguaje del panel, este nivel de certidumbre está etiquetado como “muy probable”.

En 1990, en su primer informe, el panel encontró evidencia de calentamiento global, pero dijo que su causa perfectamente podría ser natural tanto como humana. En un informe de 1995, que marcó un hito, el panel alteró su opinión al decir que “el balance de la evidencia indica una influencia humana perceptible en el clima mundial”. En 2001, estableció la probabilidad de que la actividad humana haya causado la mayor parte del calentamiento durante el medio siglo anterior en entre 66 y 90 por ciento, una valoración “probable”. Y ahora ha proporcionado un sello de certeza numérica aún más alta y más concluyente, que también es una medida del riesgo para la humanidad que representa el calentamiento global.

Los científicos sí cometen errores, y en última instancia la ciencia evoluciona y cambia en forma continua. Esta es la razón por la cual las conclusiones del pánel, sintetizadas a partir de un vasto cuerpo de estudios científicos, se expresan generalmente en términos de probabilidades y en ocasiones con márgenes considerables de error.

El pánel expuso la semana pasada que ahora se podría considerar el hecho del calentamiento global en sí mismo como algo “inequívoco”, y certificó que 11 de los últimos 12 años están entre los 12 más calientes de los registros en el ámbito mundial. (El hecho del calentamiento es una cosa que ya no niegan quienes van contra la corriente.)

Sin embargo, quizás el aspecto más impactante del informe de 2007 sea la pura cantidad y variedad de formas observadas directamente en las que el calentamiento global ya está teniendo un impacto “probable” o “muy probable” en la Tierra. En las zonas templadas ha disminuido la frecuencia de los días y noches frías, así como las heladas, mientras que ha aumentado la de los días y noches calientes y las ondas de calor. Las sequías en algunas partes del mundo se han vuelto más prolongadas y más intensas. Las precipitaciones han disminuido en los subtrópicos y la mayor parte de los trópicos, pero han aumentado en otras partes de los hemisferios norte y sur.

Recuérdese esto en el futuro, cuando los medios informativos reporten fuertes precipitaciones de un solo día y en ocasiones catastróficas, de cuatro, seis, ocho pulgadas, como ha sucedido muchas veces en Estados Unidos en los últimos años. Cada ejemplo es información fáctica derivada de la investigación de una tendencia cada vez mayor a aguaceros extremos y las inundaciones resultantes.

Se considera que todas estas tendencias tienen entre 90 y 99 por ciento de probabilidades de continuar. Algunos expertos creen que no importa lo que los humanos hagan para tratar de contener las emisiones de gases invernadero, una duplicación es inevitable para el año 2100. Desde este punto de vista, la tarea urgente que hay por delante es evitar que sigan subiendo aún más.


   

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