Semanario de Prensa Libre • No. 137 • 18 de Febrero de 2007

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D fondo

Riñones y ojos, como nuevos
La donación de órganos y tejidos son una esperanza para quienes padecen enfermedades crónicas.

Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Carlos Sebastián

La intervención quirúrgica empezó a las 8.15 horas. El donante y la receptora estaban anestesiados y listos en salas de operaciones contiguas del Hospital General San Juan de Dios. Media docena de médicos iniciaron su labor. Vestían la tradicional ropa verde totalmente aséptica, guantes y mascarillas que cubrían nariz y boca. Diferentes tipos de aparatos e instrumentos rodeaban las camillas. Compartían información y, con la certeza que da la experiencia, fueron removiendo tejidos hasta que llegaron al órgano, lo extrajeron con extremo cuidado y lo llevaron a un espacio en el cual lo prepararon para trasplantarlo en la joven paciente que padecía insuficiencia renal crónica. La existencia de ella (de 22 años de edad) dependía del gesto de amor de su hermano mayor (de 29 años), porque no se le puede llamar de otra manera; es compartir vida, darle una oportunidad para el futuro. Sobre todo cuando el milagro se produce y el riñón comienza a funcionar en su nuevo hogar.

La cirugía para extraer el riñón de una persona e implantarlo en otra puede durar de tres a cuatro horas.

Cuando a una persona no le funciona ninguno de los dos riñones, debe pasar por un duro proceso y utilizar mecanismos artificiales para que los sustituyan, antes de llegar al quirófano. La insuficiencia renal crónica no es de carácter hereditario (salvo algunos casos). Son propensos a padecerla los enfermos diabéticos, los hipertensos o quienes han tenido una infección muy fuerte.
Hay sólo dos alternativas de tratamiento: utilizar hemodiálisis o diálisis peritoneal continua ambulatoria. Para la primera, se debe acudir tres veces por semana a un centro asistencial para purificar la sangre por medio de una máquina. La segunda puede hacerse en casa, pero requiere de un espacio específico y entrenamiento para el paciente y su familia; son cuatro recambios al día.

Para Heriberto Colindres, contador público y auditor, de 63 años de edad, enterarse de que sus riñones se habían paralizado fue una dura noticia. Dos tíos suyos habían fallecido por esta causa. Su ritmo de vida cambió, ahora debía dializarse. Por suerte contó con el apoyo de la empresa donde trabaja como gerente financiero y podía asistir, sin problemas, a hacerse el tratamiento.

Empezó a investigar en Internet y todo lo conducía a una opción: el trasplante.
Los exámenes que le practicaron en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) dieron como resultado que su hijo mayor (que también lleva su nombre) era compatible con él. Tenía ante sí otra difícil decisión, porque se resistía a la idea de que fuera su primogénito quien le diera un riñón. Pero los cinco hermanos se reunieron, acordaron ayudar de esta manera a su padre y así lo hicieron. Incluso sus respectivas familias estuvieron de acuerdo. La operación se llevó a cabo el 29 de enero de este año. Padre e hijo han evolucionado favorablemente.

Colindres se considera afortunado pues contaba con más de un donador. “Es una oportunidad que tenemos los que padecemos insuficiencia renal crónica, hay una esperanza de mejorar la calidad de vida porque, al cabo del tiempo, la máquina de hemodiálisis lo va deteriorando a uno”, detalla.

Cuando empezó a asistir le preocupaba observar que mucha gente de menor edad estaba en la misma situación que él.

Cifras en crecimiento

De 25 a 30 nuevos casos se suman cada mes a las consultas tanto en el IGSS como en el Hospital General San Juan de Dios. El primero atiende a trabajadores afiliados y el segundo al resto de la población. En ambos practican por lo menos una cirugía semanal de este tipo. Sin embargo, hay cientos de personas en espera un donante.
Este proceso en instituciones privadas es más caro. Una operación de trasplante puede costar entre Q70 mil y Q200 mil.

Transplante de córnea
> La demanda de este tejido en Guatemala es muy alta. Se requieren aproximadamente 50 mensuales (casi dos por día)

> La lista espera en el Hospital Rodolfo Robles es de 500 pacientes.

> Para importar una de Estados Unidos se requiere invertir, por lo menos US$600, más impuesto de ingreso que cobra la Superintendencia de Administración Tributaria.

Según el médico Manuel Toledo, jefe de la unidad de Nefrología del Hospital General, muchos pacientes provienen de los departamentos y, de éstos, la mayor incidencia está en Santa Rosa (30 por ciento del total). No se sabe la causa debido a que el Ministerio de Salud no ha hecho los estudios necesarios. El viceministro del ramo, Víctor López, dice que han asignado estudiantes de Nefrología para que hagan sus prácticas en el Hospital Nacional de Cuilapa, pero no se ha llevado a cabo una investigación.

El Hospital General hizo el primer trasplante el 12 de octubre de 1992. Desde entonces allí han sido intervenido a 295 pacientes y se espera llegar a 300 en el mes de marzo. En la actualidad hay 230 personas en lista de espera.

El Seguro Social comenzó en 1986. Desde esa fecha han practicado 333 trasplantes exitosos; 327 de pacientes vivos y tres de cadavéricos a vivos (diagnosticados por muerte cerebral debido a traumas por accidente y otras causas), de quienes utilizaron los riñones, con la autorización de las familias, así beneficiaron a seis. La Unidad de Nefrología del IGSS que dirige el médico José Alfredo Mollinedo tiene en estudio a 35 personas más. Según él, la esperanza de vida para 50 por ciento de pacientes que reciben diálisis es de cinco años.

Para explicar qué es muerte cerebral, el médico Rudolf García-Gallont hace la analogía con una computadora que tiene teclado, monitor y CPU (unidad central de proceso, el cerebro de la máquina). Si el CPU se destruye, el resto de los componentes permanece en buen estado y puede utilizarse. De igual manera, al morir el cerebro, el resto del cuerpo continúa en buenas condiciones. “Tenemos 10 años de tener una legislación en Guatemala (el Decreto 91-96) que reconoce la muerte cerebral como sinónimo de fallecimiento real y que permite disponer de los órganos según la voluntad que haya manifestado la persona en vida o que expresen sus familiares en ese momento”, afirma.

Todos los galenos citados coinciden en la necesidad e importancia de hacer conciencia en la población sobre la esperanza de vida que representa para los pacientes hacerse un trasplante de órganos como el corazón, los pulmones, el hígado y los riñones.

Transplante de riñon
> Puede ser de donador vivo (familiar o cualquier persona compatible).

> También existe la posibilidad de que sea de alguien a quien después de hacerle exámenes y estudio por profesionales se ha determinado muerte cerebral. La familia da la autorización.

> La cirugía puede durar de tres a cuatro horas. El donante egresa del hospital después de 72 horas o una semana; el trasplantado permanece más tiempo.

Es la diferencia entre vivir muchos años o morir pronto. Esta labor la está desarrollando la Fundación Donaré por medio de mensajes en distintos medios de comunicación. El ideal es que sea de un vivo a otro, porque las posibilidades son mucho mejores. En caso contrario, una persona fallecida puede ser la alternativa.

Tejido para los ojos

Los trasplantes de córnea se empezaron a practicar en Guatemala hace unas cuatro décadas. Dos pioneros en esta especialidad fueron Wellington Amaya y Alfonso Wer.
El hijo de este último, Alfonso Wer, también oftalmólogo, trabaja en el Hospital Rodolfo Robles. Cuenta que uno de los primeros implantes de córnea que hicieron fue homólogo (de un ojo al otro del mismo paciente).

A partir de entonces se han hecho muchos intentos por organizar el banco de ojos de Guatemala.

Ópticamente, la córnea es la parte principal del ojo, y si está dañada la visión se imposibilita. Tenerla bien es la diferencia entre ver y no ver. La tolerancia del cuerpo humano a un trasplante de este tejido es muy alta. Cualquier persona es susceptible de donar una córnea porque el cuerpo lo acepta, salvo el caso de quienes han recibido varios reemplazos.

 

Para esto es necesario un banco de ojos que se abastezca gracias a la voluntad de personas que en vida expresen su voluntad de donar luego de fallecidos.

“No se hace extrayendo el ojo como todo el mundo cree, simplemente se quita la córnea (membrana transparente) y se sustituye con un lente de contacto o con otro tipo de prótesis”, explica Wer. Es como una tapadera, si no la tiene, el ojo se atrofia.

333 operaciones
> El IGSS ha hecho este número de trasplantes desde 1986. En los meses recientes hizo tres de donante cadavérico.

90 por ciento
> La práctica de este tipo de intervenciones es de 90 a 95 por ciento de efectividad y la expectativas de vida son de años.

30 pacientes
> Mensualmente se acerca este número de pacientes nuevos a nefrología del IGSS. Se suman a los mil 110 que ya reciben tratamiento.

295 operaciones
> El Hospital General San Juan de Dios ha realizado esta cantidad de intervenciones desde 1992.

El 30 por ciento
> De pacientes con insuficiencia renal proviene del departamento de Santa Rosa.

Sólo dos en once meses
> La cantidad de trasplantes de córnea disminuyó de 120 anuales a sólo dos en los últimos once meses.

Idealmente, se debería quitar el tejido entre las seis y ocho horas después del fallecimiento.

Un banco de ojos es necesario, porque muchas personas dependen de esto. Sólo en el Hospital Rodolfo Robles hay una lista de espera de unos 400 a 500 pacientes.

“Hasta el año pasado nos estuvimos supliendo de tejido de bancos estadounidenses, básicamente; nos mandaban los que no alcanzaban a usar y nosotros los aprovechábamos. Hace dos años las córneas eran regaladas”, añade. Llamaban al banco de ojos en la unión americana y daban las características del paciente. En una semana, 15 días o un mes, respondían, enviaban el tejido por medio de una línea aérea. Llegaba el profesional, se identificaba, recogía la córnea y firmaba de recibido.

“Hoy no sólo nos cobran US$500 por una córnea, más el transporte que son otros US$100 y a la SAT se le ocurrió cobrar impuestos de entrada. Además, hay que contratar a una persona que haga los trámites de aduana”, dice.

De tal cuenta, de 120 anuales que hacían en épocas anteriores, el año pasado sólo pudieron realizar dos.

La solución podría estar en el banco de ojos, que fue aprobado por medio del Acuerdo 92-96 del Ministerio de Salud. Sin embargo, el trámite continúa en esa cartera.

“Tenemos seis años de estar en esa gestión”, dice el facultativo Edgardo Laparra Segura, quien ha contado con el apoyo del Colegio Médico. “No ha empezado a funcionar porque quedan trámites pendientes, entre éstos, la aprobación del reglamento interno, requisito para que se cree el del consejo de administración. No se sabe cuánto puede tomar esta etapa”.

A principios de febrero el expediente se encontraba en la Procuraduría General de la Nación y fue enviado al Ministerio de Salud. Después, el expediente vuelve a la PGN. “Tanto en la Procuraduría como en el Ministerio el trámite ha sido extremadamente lento, muy engorroso”, afirma el profesional.

Aunque Wer también está al tanto del proceso, para él la etapa determinante será convencer a la población para que done las córneas de sus parientes fallecidos.

 

Insuficiencia renal crónica
Afección irreversible

La insuficiencia renal o falla renal es la condición en la cual los riñones paralizan su función y dejan de eliminar los desechos del organismo. Puede ser aguda o crónica. La última es terminal e irreversible.

Transplantes
en otros países
> El año pasado se llevaron a cabo, en Argentina, las olimpiadas mundiales de pacientes trasplantados.

> Brasil ocupa el primer lugar en Latinoamérica con mayor número de transplantes.
En cuanto al número de donantes de origen cadavérico, el primero lugar en América lo ocupa Uruguay, con 22 por millón de población por año.

> El primer lugar a nivel mundial lo ocupa España, con 33 donantes de origen cadavérico por millón de población por año.

> En Estados Unidos la cifra alcanza los 20. En el resto de Latinoamérica es de cinco a ocho donantes por millón de población por año.

> En Guatemala varía mucho. Según el médico García-Gallont, el porcentaje del país es 0.25 donantes por millón de población por año. Esto es debido a que no existe la suficiente divulgación acerca de la donación de órganos.

A nivel mundial, las causas más frecuentes son la diabetes, la hipertensión y enfermedades que obstruyen las vías urinarias como los cálculos, tumores o infecciones. Una inflamación severa puede cicatrizarlos. Cuando se llega a este punto no hay vuelta atrás. El riñón cicatrizado no responde a ningún tipo de estímulos.

En la mayoría de los casos, la función renal se va deteriorando lentamente a lo largo de los años. No se sienten síntomas en las etapas iniciales. Se manifiesta con anemia y altos niveles de toxinas en la sangre que se pueden detectar por medio de exámenes de laboratorio. El básico es uno parcial de orina.

Las personas en riesgo deben hacerse chequeos constantes. Los riñones no duelen, como muchos creen, salvo en caso de quienes tienen cálculos.

Cuando el paciente se siente mal, generalmente su caso está muy avanzado y es necesario comenzar pronto la diálisis o terapia para reemplazar la labor del riñón. Sólo hay tres opciones: hemodiálisis, diálisis peritoneal continua ambulatoria y el trasplante renal de un donante sano.

Según el viceministro de Salud, Víctor López, esa cartera ha asignado a la Unidad Nacional de Atención al Enfermo Renal Crónico (Unaerc), 40 millones de quetzales, que representan el 1.9 por ciento del total del presupuesto asignado al Ministerio. Esto cubre el tratamiento de hemodiálisis y diálisis peritoneal. El funcionario destaca la importancia de fortalecer la unidad de trasplantes en el Hospital San Juan de Dios, porque se reduciría el presupuesto asignado a los tratamientos.

Según el médico José Alfredo Mollinedo, director de Nefrología, el IGSS invierte Q12 mil mensuales en cada paciente que utiliza hemodiálisis (de 12 a 20 millones de quetzales cada mes). Cuando alguien ha sido trasplantado, los costos bajan a siete mil quetzales. Esta institución no ofrece el servicio de diálisis, por lo cual contrata a Unaerc y algunos hospitales privados para que atiendan a los afiliados.


   

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