Semanario de Prensa Libre • No. 137 • 18 de Febrero de 2007

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D frente

Jairom Salguero
"Soy feliz haciendo reír a otros"
Para Jairom, la vanidad es el principal motor para que alguien se convierta en actor. “Nos gusta que nos miren, aunque seamos feítos”, dice.

Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián

Hablar de teatro con Jairom Salguero es conversar sobre su vida, pues, como afirma: “No podría vivir sin actuar, porque esto se convirtió en un vicio”. Durante la charla que mantuvimos, no pudo dejar atrás al comediante que lleva dentro, por lo que la risa fue tan abundante como las anécdotas.

A sus 33 años ha logrado lo que más le gusta: actuar, pero, además, vivir de ello, algo difícil en este país, pues “aquí vende más Ricky Martin que lo nuestro”, expresa con un tono de voz que denota insatisfacción.

Jairom Salguero.

¿Por qué actor, cómo empezó esta aventura?

Fue una casualidad que se transformó en pasión. Yo quería ser guitarrista clásico, fui a inscribirme al Conservatorio, gané el examen de admisión (solfeo), pero había que pagar. Cuando le pedí dinero a mi papá me dijo: “Si aprendes a tocar guitarra... borracho vas a parar”. No me lo dio, pero de todos modos aprendí.

Un día caminaba frente al Teatro de la Universidad Popular (UP) y vi un letrero que decía “Clases de arte dramático gratuitas”. Pregunté, me inscribí y me quedé. Me dije: si no soy guitarrista, por lo menos seré actor. La cosa era llevarle la contraria a mi viejo. Él quería que fuera ingeniero, pero no se le dio. Aunque sí estuve en la Facultad de Ingeniería, pero sólo hice teatro.

Después me involucré en todo esto hasta que se volvió un vicio y una forma de vida. Ahora tengo una empresa de eventos, con la que hacemos teatro y también televisión en Los Ángeles.

¿Hace cuánto empezó con esa pasión?

Este año cumplo 14 de haber hecho mi primera presentación. En 1993 ingresé a la UP, pero antes ya había hecho unos tanes en el colegio, pero esos no los cuento. Mi primer papel como actor profesional fue de extra para la puesta en escena El pescado indigesto. Cuarenta personas vestían igual que yo, el mismo diseño y color de ropa. Cuando mis papás fueron a una de las presentaciones, no me vieron. Ni modo, si yo era parte del pueblo.

Después de algún tiempo, mi mamá aceptó mi profesión. Ahora le gusta escuchar los comentarios de sus amigas sobre mi participación en la televisión. Mi papá ya murió. Él nunca asimiló que fuera actor. Creo que tenía un complejo, porque mi abuelo trabajó en un circo, era equilibrista y trapecista; esa parte nunca le gustaba contarla, sólo decía que a mi abuelo le gustaba inventar máquinas allá en Zacapa.

¿Por qué eligió la comedia?

Creo que hacer reír no se le da a cualquiera. Yo empecé como actor dramático, pero en Guatemala no puedes sobrevivir en esa rama. Si uno quiere vivir del teatro, tiene que hacer comedia.

Aparte de recibir dinero por actuar, a mí me gusta hacer reír, lo disfruto. Si después de una presentación el público no sale con una sonrisa de oreja a oreja, me frustro. Desde niño me ha gustado hacer reír, sabía todos los chistes de Velorio, pero los decía sin malas palabras, porque de lo contrario me regañaban. Ahora, cuando hablamos con Rafael Hernández (Velorio) como colegas es muy especial para mí, porque lo admiré de pequeño, al igual que a Rafael Pineda con quien después actuamos juntos, o que éste haya participado en una de mis obras, no puedo sentirme sino satisfecho.

También ha hecho cine

He participado en dos largometrajes como actor de reparto, y en un minicortometraje que duró dos minutos. También le he echado la mano a colegas que han incursionado en este arte.

Para la película Lucking for Palladin, me seleccionaron por mi risa. El casting era en inglés, y yo solo sabía que pollito se dice chicken (risas). Pero el asistente de dirección de este filme, Mendel Samayoa, quería que me escogieran, y por eso me dio el libreto traducido, y hasta cómo se decía. Yo me lo aprendí de memoria, pero cuando fui a la audición, el director me dijo: “Muy bonita tu actuación, pero lo malo es tu inglés. Si no encontramos a alguien más te elegiremos”, y por suerte no hallaron a nadie más.

El acento y la pronunciación era un problema, pero al director le gustó tanto mi actuación que cambió los parlamentos, ya que consideró que en Guatemala, donde se desarrolla el filme, no toda la gente habla ese idioma, por lo que el carnicero, que soy yo, no lo hablaría. La comunicación era difícil, pero siempre me trató muy bien. Espero que al estar en las salas también le guste al público.

Ahora ya habla inglés, debido a su trabajo en Estados Unidos.

Aún lo estudio. Actualmente tengo un contrato con Telemundo, de la NBC (National Broadcasting Company, Incorporated) de Los Ángeles, el canal está proyectado para latinos, pero quieren captar más al público centroamericano.

Me llamaron porque vieron mi trabajo en Guatevisión, en el programa Viva la mañana, en donde estuve por dos años. Para el proyecto querían un comediante centroamericano, un sudamericano y un mexicano. Les envié un demo, les gustó y me contrataron para ser parte del equipo.

El programa se transmite de lunes a viernes, con una hora de duración. Está en el cuarto lugar de rating, precedido sólo por noticieros. Es muy variado, producimos entre 8 y 12 minutos, lo grabamos en Guatemala y lo enviamos. Son unos 150 sketches mensuales, es un trabajo durísimo, porque además de grabar tengo que escribirlo. Ahora estoy tras la búsqueda de guionistas, porque se van acabando las ideas. Es un segmento hecho y dirigido a control remoto. Para mí es motivo de orgullo trabajar para esa empresa, porque empezamos a exportar un producto diferente: la actuación.

En breve
> Es licenciado en Ciencias de la Comunicación.

> Ha trabajado en las cintas Donde acaban los caminos, de Mario Monteforte Toledo. En ésta personificó un hombre bonachón y de amena plática. En Lucking for Palladin, hizo de carnicero.

> El elenco de su compañía Los Comedi@ntes lo integran
Rodolfo Romeo, Marlen García y Mónica Sánchez. Aunque también cuenta con actores invitados.

> Una de sus propuestas preferidas es Los hombres son de Venus y las mujeres son de aguante.

¿Usted fue quien llevó a los huitecos al teatro?

En 1998 produje Dos huitecos perdidos en Nueva York, fue la primera obra que se presentó sobre el tema, y se convirtió en un fenómeno. Después de La Epopeya de las Indias Españolas, nunca vi tanta gente acudir al teatro como cuando estuvimos en cartelera. Estuvimos casi siete meses en escena, en el antiguo teatro Reforma. Por las localidades del lugar, calculamos que asistieron unas 32 mil personas.

La característica de estas obras es que no utilizo malas palabras. Creo que para hacer reír no hay que ser vulgar. Se puede hacer reír con puro humor.

Llevé al teatro la peculiar forma de ser de las personas de oriente. Porque allí hay una cultura poco conocida, como los contadores de cuentos. Siempre se presenta el baile del torito o los moros, que está bien, pero los guatemaltecos no somos sólo eso, tenemos mucha diversidad. Pero yo jamás me he burlado de las personas de oriente, sólo quise dar a conocer su estilo de hablar y pensar, pues tienen mucho humor y jocosidad en la punta de la lengua.

Después de esa obra se dio un boom de los huitecos en el teatro; sin embargo, algunos han exagerado al no presentar la forma de ser de estos guatemaltecos, sino les han introducido chistes gallegos.

Mi compañía se presentó en Huité. Cuando preparábamos el escenario, algunas personas, mostrando un arma, se acercaron y nos dijeron: “Ustedes vienen a burlarse de nosotros”. Aunque no niego que sentimos miedo, ofrecimos la función y no hubo ningún problema, pues a todos les gustó. Hasta se acercaron para corregir algunos detalles, por ejemplo nos indicaron que en ese lugar no hay fincas o que el apellido Orellana no es propio de la región. Mas yo escribí la obra para la colectividad tomando el lugar por sus características especiales.

He escrito cuatro obras sobre esta temática, las cuales se han vuelto rentables y por eso otros me siguieron.

¿Cuántas obras ha escrito?

Quince, de ellas 12 ya han sido montadas. Escribir un libreto no es fácil, a veces se puede hacer en un mes, pero otras lleva hasta un año. Debe investigarse. De una idea hago varias propuestas y de ahí tomo la que considero la mejor. La primera que escribí se llama No es como lo pintan. Doce años después de haberla creado me arrepiento, porque no me gusta cómo traté el tema; habla sobre como un joven puede contagiarse de sida. Una tragicomedia. Tienesólo un personaje cómico.

Después, cuando estuve en el grupo de teatro de Ingeniería, hice USA go home, una protesta de jóvenes por la intervención a nuestro país.

Luego vino La historia me da risa, para la cual tomé parte del libreto de la obra anterior. Ésta narra la historia de Guatemala, desde la Conquista hasta la firma de la paz. Son 500 años de historia en hora y media de espectáculo. La escribí para que los escolares la vieran, por eso es muy didáctica, porque la historia es enseñada de forma aburrida, aquí, en cambio, se divierten. Ocho actores, utilizan unos 30 tipos diferentes de vestuario.

¿Y las críticas?

Han dicho que Huité es la cuna del teatro guatemalteco actual. Quizá desvirtúe el teatro con estas obras, pero hoy muchos comen de él, porque es el más visto, por eso es el más criticado. Aseguran que ese no es teatro, a lo que yo respondo que entonces es espectáculo. Que no educa. Creo que el teatro no es un medio para este fin, sino una vía para el entretenimiento familiar.

Lo que sí me molesta es que le digan “teatro del ja ja ja”, porque lo considero despectivo, lo que hacemos es comedia. Pese a las críticas, yo seguiré en esto.


   

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