La magia de la magia
Lo que algunos consideran una práctica diabólica, es solamente
un arte escénico como muchos otros.
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Daniel Herrera
¿Cómo lo haría? ¿Será cierto?
o ¡Qué bien le salió!, son algunas de las expresiones
que salen de la boca de las personas después de presenciar
un acto de magia.
Durante varios minutos, el asombro hace presa
de los espectadores, que ven cómo las cosas ordinarias se
convierten en extraordinarias y lo imposible se hace posible. Es
la magia de la magia, o como prefieren decir algunas personas que
se dedican a esto: es la magia del ilusionismo.

Jean proviene de una familia
italiana que toda la vida se dedicó al circo, tanto
en Europa como en América. |
Esta diversión siempre ha ocupado un espacio dentro del mundo del espectáculo
nacional, no solamente por lo que se observa en los escenarios locales, sino
por los grandes montajes que presentan ilusionistas internacionales por la
televisión. ¿Quién no ha visto o escuchado las grandes
proezas de David Copperfield?, quien hace un tiempo dejó asombrado al
mundo cuando “desapareció” la Estatua de la Libertad de
Nueva York.
El gran truco
En el pensamiento de las personas permanece la intriga de la veracidad
de lo que sucede ante sus ojos. La explicación popular a estos sucesos es
diversa. Algunos consideran que los magos son seres que poseen o han desarrollado
poderes sobrenaturales que les permiten aparecer o desaparecer lo que se les
antoja. Otros están seguros de que estos misteriosos personajes no tienen
nada de extraordinario y que sólo son dueños de un gran banco
de trucos, como en el caso de Copperfield, a quien sólo le bastó hacer
girar a la audiencia, que estaba sobre una plataforma, sin que se dieran cuenta,
para hacer ver que la estatua había desaparecido.
Contrario al sentido diabólico que algunos le otorgan, la magia o prestidigitación,
como también se le llama, es un arte escénico que persigue por
distintos medios crear la ilusión de que algo imposible está ocurriendo.
Regularmente, consiste en mostrar apariciones, desapariciones, transformaciones,
uniones, lecturas de la mente y diversos fenómenos que rompen las leyes
de la física y la lógica, desafiando la explicación racional.
Todo esto tiene una justificación muy sencilla, con la cual coinciden
algunos de los, aproximadamente, 25 ilusionistas nacionales. El mago Steven
dice que ninguno de sus colegas es propietario de poderes sobrenaturales, sino
de habilidades para efectuar cosas extraordinarias mediante trucos y juegos
de manos. “Ésta es nuestra arma principal”, expresa.
César, quien tiene 28 años de carrera, explica que este quehacer
es simplemente un arte escénico que busca crear fantasías visuales
utilizando, entre otros, principios técnicos, luces, dobles fondos,
telones, hilos, espejos e imanes. “Lo que no se puede revelar es el secreto
de cómo lo utilizan, porque se perdería el valor”, afirma.
Este prestidigitador considera que la magia se ha cumplido cuando el espectador
disfruta y se pregunta ¿pero, cómo lo hizo? Si el rostro de éste
refleja duda, se ha logrado el objetivo de la ilusión, porque una fantasía
genera asombro y gozo, indica. La magia de cerca
El ilusionismo existe desde hace cientos de años, y, como sucede en
la mayoría de profesiones, el tiempo ha permitido crear distintos conceptos
o especialidades, de acuerdo a varios parámetros. Algunos parten de
la distancia con el público, el número de espectadores, locación
de la presentación y cantidad de participantes en el acto.
Autoformación
La formación de los ilusionistas chapines es autodidacta, pues
para hacer sus espectáculos compran videos, CDs, libros especializados
y asisten a seminarios.
> A través de este material aprenden los principios que se utilizan
en el arte escénico y que son, básicamente,
los citados a continuación.
> Producción: aparecer algo de la nada.
> Desaparición: desvanecer
un objeto o a una persona.
> Transformación: cambiar
una cosa o una de sus características
(color, tamaño, posición).
> Restauración: restituir
algo roto o dañado.
> Teletransportación: trasladar
un objeto de un lugar a otro.
> Levitación: suspender algo en el aire que simule ausencia de gravedad.
> Penetración: atravesar
un objeto con otro. |
El de moda en Guatemala es el Close Up (magia de
cerca). El grupo que la presencia está integrado por, aproximadamente, una docena de personas, aunque
en algunos países se utilizan pantallas gigantes para representarlo
ante un teatro entero. Para realizar estos actos se emplean naipes, monedas,
pañuelos, cigarros, hules, saleros, botellas y otros objetos que lleva
el público o que existen en el lugar. Los promotores de la técnica en el país son Jean y Steven, quienes
desde hace un año se han dado a la tarea de recrear a los comensales
de algunos restaurantes y a los asistentes de discotecas y pasos peatonales.
Los concurrentes han quedado sorprendidos cuando alguno de ellos atraviesa
una carta de naipe o una moneda por medio de un vidrio. “Es una manipulación
extrema”, dice el primero de los citados.
En la retina de muchos están latentes los grandes espectáculos
de lo que se considera el ilusionismo en su máxima expresión
y que, de acuerdo a la clasificación, se le llama magia de escena. Ésta
tiene lugar sobre un escenario, casi siempre un teatro. David Cooperfield,
Criss Angel, Juan Tamariz, Jeff McBride, Lance Burton, René Lavand y
David Blaine, son algunos de sus representantes a nivel mundial. Estas grandes demostraciones no han escapado a la habilidad de
los prestidigitadores guatemaltecos que han logrado emular a
los famosos del mundo. Algunas escenas internacionales, como
partir el cuerpo de una mujer o atravesarlo con una espada dentro
de un baúl son parte del espectáculo que se puede observar
en el Gran Teatro Francés de Xetulul, del Instituto de Recreación
de los Trabajadores.
Magia de igual calidad están
trabajando Jean, Steven y Marcel durante presentaciones que han
efectuado en eventos montados por empresas privadas. Una de éstas
tuvo lugar durante el aniversario de un centro comercial ubicado
en la carretera a El Salvador, donde los asistentes vieron con
asombro cómo el prestidigitador que había sido sometido
a la guillotina, reapareció, segundos después, “vivito
y coleando”,
detrás del público. “El truco no se dice, porque se pierde
la ilusión”, expresa Jean.
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