Semanario de Prensa Libre • No. 137 • 18 de Febrero de 2007

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D magia

La magia de la magia
Lo que algunos consideran una práctica diabólica, es solamente un arte escénico como muchos otros.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Daniel Herrera

¿Cómo lo haría? ¿Será cierto? o ¡Qué bien le salió!, son algunas de las expresiones que salen de la boca de las personas después de presenciar un acto de magia.

Durante varios minutos, el asombro hace presa de los espectadores, que ven cómo las cosas ordinarias se convierten en extraordinarias y lo imposible se hace posible. Es la magia de la magia, o como prefieren decir algunas personas que se dedican a esto: es la magia del ilusionismo.

Jean proviene de una familia italiana que toda la vida se dedicó al circo, tanto en Europa como en América.

Esta diversión siempre ha ocupado un espacio dentro del mundo del espectáculo nacional, no solamente por lo que se observa en los escenarios locales, sino por los grandes montajes que presentan ilusionistas internacionales por la televisión. ¿Quién no ha visto o escuchado las grandes proezas de David Copperfield?, quien hace un tiempo dejó asombrado al mundo cuando “desapareció” la Estatua de la Libertad de Nueva York.

El gran truco

En el pensamiento de las personas permanece la intriga de la veracidad de lo que sucede ante sus ojos. La explicación popular a estos sucesos es diversa. Algunos consideran que los magos son seres que poseen o han desarrollado poderes sobrenaturales que les permiten aparecer o desaparecer lo que se les antoja. Otros están seguros de que estos misteriosos personajes no tienen nada de extraordinario y que sólo son dueños de un gran banco de trucos, como en el caso de Copperfield, a quien sólo le bastó hacer girar a la audiencia, que estaba sobre una plataforma, sin que se dieran cuenta, para hacer ver que la estatua había desaparecido.

Contrario al sentido diabólico que algunos le otorgan, la magia o prestidigitación, como también se le llama, es un arte escénico que persigue por distintos medios crear la ilusión de que algo imposible está ocurriendo. Regularmente, consiste en mostrar apariciones, desapariciones, transformaciones, uniones, lecturas de la mente y diversos fenómenos que rompen las leyes de la física y la lógica, desafiando la explicación racional.

Todo esto tiene una justificación muy sencilla, con la cual coinciden algunos de los, aproximadamente, 25 ilusionistas nacionales. El mago Steven dice que ninguno de sus colegas es propietario de poderes sobrenaturales, sino de habilidades para efectuar cosas extraordinarias mediante trucos y juegos de manos. “Ésta es nuestra arma principal”, expresa.

César, quien tiene 28 años de carrera, explica que este quehacer es simplemente un arte escénico que busca crear fantasías visuales utilizando, entre otros, principios técnicos, luces, dobles fondos, telones, hilos, espejos e imanes. “Lo que no se puede revelar es el secreto de cómo lo utilizan, porque se perdería el valor”, afirma.
Este prestidigitador considera que la magia se ha cumplido cuando el espectador disfruta y se pregunta ¿pero, cómo lo hizo? Si el rostro de éste refleja duda, se ha logrado el objetivo de la ilusión, porque una fantasía genera asombro y gozo, indica.

La magia de cerca

El ilusionismo existe desde hace cientos de años, y, como sucede en la mayoría de profesiones, el tiempo ha permitido crear distintos conceptos o especialidades, de acuerdo a varios parámetros. Algunos parten de la distancia con el público, el número de espectadores, locación de la presentación y cantidad de participantes en el acto.

Autoformación
La formación de los ilusionistas chapines es autodidacta, pues para hacer sus espectáculos compran videos, CDs, libros especializados y asisten a seminarios.

> A través de este material aprenden los principios que se utilizan en el arte escénico y que son, básicamente, los citados a continuación.

> Producción: aparecer algo de la nada.

> Desaparición: desvanecer un objeto o a una persona.

> Transformación: cambiar una cosa o una de sus características (color, tamaño, posición).

> Restauración: restituir algo roto o dañado.

> Teletransportación: trasladar un objeto de un lugar a otro.

> Levitación: suspender algo en el aire que simule ausencia de gravedad.

> Penetración: atravesar un objeto con otro.

El de moda en Guatemala es el Close Up (magia de cerca). El grupo que la presencia está integrado por, aproximadamente, una docena de personas, aunque en algunos países se utilizan pantallas gigantes para representarlo ante un teatro entero. Para realizar estos actos se emplean naipes, monedas, pañuelos, cigarros, hules, saleros, botellas y otros objetos que lleva el público o que existen en el lugar.

Los promotores de la técnica en el país son Jean y Steven, quienes desde hace un año se han dado a la tarea de recrear a los comensales de algunos restaurantes y a los asistentes de discotecas y pasos peatonales. Los concurrentes han quedado sorprendidos cuando alguno de ellos atraviesa una carta de naipe o una moneda por medio de un vidrio. “Es una manipulación extrema”, dice el primero de los citados.

En la retina de muchos están latentes los grandes espectáculos de lo que se considera el ilusionismo en su máxima expresión y que, de acuerdo a la clasificación, se le llama magia de escena. Ésta tiene lugar sobre un escenario, casi siempre un teatro. David Cooperfield, Criss Angel, Juan Tamariz, Jeff McBride, Lance Burton, René Lavand y David Blaine, son algunos de sus representantes a nivel mundial.

Estas grandes demostraciones no han escapado a la habilidad de los prestidigitadores guatemaltecos que han logrado emular a los famosos del mundo. Algunas escenas internacionales, como partir el cuerpo de una mujer o atravesarlo con una espada dentro de un baúl son parte del espectáculo que se puede observar en el Gran Teatro Francés de Xetulul, del Instituto de Recreación de los Trabajadores.

Magia de igual calidad están trabajando Jean, Steven y Marcel durante presentaciones que han efectuado en eventos montados por empresas privadas. Una de éstas tuvo lugar durante el aniversario de un centro comercial ubicado en la carretera a El Salvador, donde los asistentes vieron con asombro cómo el prestidigitador que había sido sometido a la guillotina, reapareció, segundos después, “vivito y coleando”, detrás del público. “El truco no se dice, porque se pierde la ilusión”, expresa Jean.


   

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