Seres macabros
La historia de muchos de ellos creció hasta llegar a ser leyenda y sus
vidas se convirtieron en libros, películas, canciones e historias contadas
a media voz. No en vano fueron los verdaderos protagonistas de guiones sumamente
crueles.
Por Ingrid Roldán Martínez
La leyenda de la Condesa sangrienta
Perteneciente a la aristocracia húngara, Erzsébet
Bathory (1560-1614) había recibido una esmerada educación
en una época en la que leer y escribir era privilegio
de muy pocos.
A los 15 años fue desposada con el conde Ferenc Nádasdy,
con quien tuvo cuatro hijos antes de enviudar a los 44 años
y convertirse en señora feudal de uno de los ducados más
importantes de Transilvania.
La leyenda cuenta que, a raíz de la muerte de su esposo,
comenzó una intensa carrera de crímenes. Se dice
que, obsesionada por la belleza y la eterna juventud, ordenó el
asesinato de más de 600 mujeres para beber y bañarse
en su sangre.

Erzsébet Bathory. |
Nada habría detenido su insaciable sed de
jovencitas de no ser porque la escasez de doncellas hizo que expandiera
su campo de acción hacia las hijas de la pequeña
nobleza. Las misteriosas desapariciones de las damas motivaron
una investigación de los hechos por parte del conde Thurzó.
En el transcurso de la misma, el mayordomo de Erzsébet declaró haber
presenciado al menos 37 crímenes. En 1612, la llamada Condesa sangrienta fue confinada a pasar
el resto de su vida en una habitación de su castillo. Las puertas
y ventanas quedaron selladas y sólo se dejó un pequeño
espacio desde el cual se le proporcionaba alimentación.
Sus propiedades fueron confiscadas.
La historiografía contemporánea
no descarta que todas las acusaciones en su contra fueran infundadas
calumnias de sus enemigos,
recelosos de que una mujer les disputara el poder político.
Belle Gunnes,
la Viuda Negra
El verdadero nombre de esta noruega emigrada a Estados Unidos
a finales del siglo XIX era Brynhilde Paulsetter Sorenson. Después
de llegar a “la tierra de las posibilidades” , se casó con
el granjero Mads Sorenson, con el que adoptó tres niños.
Este primer marido murió en extrañas circunstancias
después de firmar un seguro de vida del que ella era beneficiaria.
Con el dinero obtenido abrió varios negocios que sucesivamente
fueron arrasados por incendios.
Su segundo esposo fue el ganadero Peter Gunnes, quien después
de dejarla embarazada y firmar una nueva póliza de seguros,
murió en un aparatoso accidente (recibió el impacto
de una máquina para hacer salchichas). La hija mayor de
Belle denunció que su madre era responsable de la aparente
desgracia, pero nadie le hizo caso y la niña desapareció poco
después sin dejar rastro.
A partir de ahí, Belle convirtió el asesinato en
su forma de vida, hasta el punto de que para conseguir nuevos candidatos
publicó el siguiente anuncio en prensa: “Viuda, rica,
atractiva, joven y dueña de una granja, busca esposo”.
Su exigencia para recibir a los posibles pretendientes era que éstos
tuvieran como mínimo US$5 mil.
Todos los hombres que respondieron al reclamo fueron sistemáticamente
asesinados tras ser despojados de su fortuna hasta que, acosada
por las sospechas de la Policía, Belle fingió, en
1908, su propia muerte: Prendió fuego a su granja, y dejó encerrados
dentro a sus hijos y una vecina de complexión similar a
la suya, que apareció decapitada. Las investigaciones y
excavaciones en las inmediaciones del siniestro revelaron que la
Viuda Negra había cometido, al menos, 42 asesinatos. Nunca
se supo de su paradero.
La cuenta pendiente de Scotland Yard
Se le considera el primer asesino en serie de la historia
y aunque comparado con otros psicópatas homicidas su número
de víctimas es pequeño, Jack el destripador ocupa
un lugar de honor en el panteón de la perversidad.
En 1888 mató y descuartizó a cinco prostitutas en
el barrio Whitechapel, en Londres. Los cadáveres aparecían
con algunos de sus órganos internos extirpados, por lo que
los investigadores barajaron la posibilidad de que fuera médico
o, al menos, que tuviera conocimientos avanzados de anatomía.
Al asesino le gustaba jugar al gato y al ratón con sus perseguidores,
y en octubre de 1888 envió una nota a George Lusk, presidente
del Comité de Vigilancia de Whitechapel con la siguiente
postdata: “Atrápeme cuando pueda, señor Lusk”.
Para Scotland Yard, el desconocido destripador siempre fue una
espina clavada en su historial, al punto de que 118 años
después de los asesinatos que sembraron el terror en Londres,
la Policía británica aún no había renunciado
a identificarlo: a finales del año pasado dieron a conocer
un retrato robot del homicida.
El Doctor muerte
Se calcula que Harold Shipman liquidó al menos a 215
de sus pacientes. Sus víctimas eran preferentemente mujeres
mayores a las que provocaba la muerte al inyectarles una sobredosis
de morfina.
Buen padre de familia, excelente médico y esposo ejemplar,
Shipman, más conocido como Doctor Muerte, gozaba del respeto
y aprecio de su comunidad hasta que en 1989 Angela Woodruff, hija
de una de sus pacientes, comenzó a investigar el súbito
deceso de su octogenaria madre. Lo que despertó sus sospechas
fue la aparición de un testamento en el que se indicaba
el deseo de su progenitora de ser incinerada y dejar su herencia
a Shipman. Presentada la denuncia, la investigación policial
reveló las abundantes defunciones certificadas por el médicoy
el sospechoso deseo común de los fallecidos de ser incinerados
(lo que imposibilitaba las autopsias).
En el juicio, los abogados defensores adujeron que Shipman había
vivido de forma muy traumática la defunción de su
madre, quien falleció cuando él tenía 17 años
después de una dolorosa agonía provocada por un cáncer
de pulmón.
El Doctor muerte se suicidó en prisión en 2004.
Una historia de Oscar
Aileen Wuornos fue la décima mujer en ser ejecutada
en Estados Unidos. ¿La acusación? el asesinato de
cinco camioneros.
Wuornos tuvo una infancia marcada por los abusos y el alcoholismo.
A los 13 años se introdujo en el mundo de la prostitución
y acabó en un refugio para madres solteras. Fue el principio
de una vida desordenada.
Después de ser capturada, admitió ser responsable de la muerte
de siete hombres, aunque alegó haber cometido los crímenes en legítima
defensa, ya que todos habían abusado sexualmente de ella o, cuando menos,
lo habían intentado.
Fue condenada a muerte en 1992. La sentencia se cumplió 10 años
después en Florida, con una inyección letal. Su historia fue llevada
a la pantalla en 2003 por la actriz Charlize Theron, quien ganó un Oscar
por su papel en Monster.
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