Semanario de Prensa Libre • No. 137 • 18 de Febrero de 2007

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D mundo

Seres macabros
La historia de muchos de ellos creció hasta llegar a ser leyenda y sus vidas se convirtieron en libros, películas, canciones e historias contadas a media voz. No en vano fueron los verdaderos protagonistas de guiones sumamente crueles.

Por Ingrid Roldán Martínez

La leyenda de la Condesa sangrienta

Perteneciente a la aristocracia húngara, Erzsébet Bathory (1560-1614) había recibido una esmerada educación en una época en la que leer y escribir era privilegio de muy pocos.

A los 15 años fue desposada con el conde Ferenc Nádasdy, con quien tuvo cuatro hijos antes de enviudar a los 44 años y convertirse en señora feudal de uno de los ducados más importantes de Transilvania.

La leyenda cuenta que, a raíz de la muerte de su esposo, comenzó una intensa carrera de crímenes. Se dice que, obsesionada por la belleza y la eterna juventud, ordenó el asesinato de más de 600 mujeres para beber y bañarse en su sangre.

Erzsébet Bathory.

Nada habría detenido su insaciable sed de jovencitas de no ser porque la escasez de doncellas hizo que expandiera su campo de acción hacia las hijas de la pequeña nobleza. Las misteriosas desapariciones de las damas motivaron una investigación de los hechos por parte del conde Thurzó. En el transcurso de la misma, el mayordomo de Erzsébet declaró haber presenciado al menos 37 crímenes.

En 1612, la llamada Condesa sangrienta fue confinada a pasar el resto de su vida en una habitación de su castillo. Las puertas y ventanas quedaron selladas y sólo se dejó un pequeño espacio desde el cual se le proporcionaba alimentación. Sus propiedades fueron confiscadas.

La historiografía contemporánea no descarta que todas las acusaciones en su contra fueran infundadas calumnias de sus enemigos, recelosos de que una mujer les disputara el poder político.

 

Belle Gunnes, la Viuda Negra

El verdadero nombre de esta noruega emigrada a Estados Unidos a finales del siglo XIX era Brynhilde Paulsetter Sorenson. Después de llegar a “la tierra de las posibilidades” , se casó con el granjero Mads Sorenson, con el que adoptó tres niños. Este primer marido murió en extrañas circunstancias después de firmar un seguro de vida del que ella era beneficiaria. Con el dinero obtenido abrió varios negocios que sucesivamente fueron arrasados por incendios.

Su segundo esposo fue el ganadero Peter Gunnes, quien después de dejarla embarazada y firmar una nueva póliza de seguros, murió en un aparatoso accidente (recibió el impacto de una máquina para hacer salchichas). La hija mayor de Belle denunció que su madre era responsable de la aparente desgracia, pero nadie le hizo caso y la niña desapareció poco después sin dejar rastro.

A partir de ahí, Belle convirtió el asesinato en su forma de vida, hasta el punto de que para conseguir nuevos candidatos publicó el siguiente anuncio en prensa: “Viuda, rica, atractiva, joven y dueña de una granja, busca esposo”. Su exigencia para recibir a los posibles pretendientes era que éstos tuvieran como mínimo US$5 mil.

Todos los hombres que respondieron al reclamo fueron sistemáticamente asesinados tras ser despojados de su fortuna hasta que, acosada por las sospechas de la Policía, Belle fingió, en 1908, su propia muerte: Prendió fuego a su granja, y dejó encerrados dentro a sus hijos y una vecina de complexión similar a la suya, que apareció decapitada. Las investigaciones y excavaciones en las inmediaciones del siniestro revelaron que la Viuda Negra había cometido, al menos, 42 asesinatos. Nunca se supo de su paradero.

 

La cuenta pendiente de Scotland Yard

Se le considera el primer asesino en serie de la historia y aunque comparado con otros psicópatas homicidas su número de víctimas es pequeño, Jack el destripador ocupa un lugar de honor en el panteón de la perversidad.

En 1888 mató y descuartizó a cinco prostitutas en el barrio Whitechapel, en Londres. Los cadáveres aparecían con algunos de sus órganos internos extirpados, por lo que los investigadores barajaron la posibilidad de que fuera médico o, al menos, que tuviera conocimientos avanzados de anatomía.

Al asesino le gustaba jugar al gato y al ratón con sus perseguidores, y en octubre de 1888 envió una nota a George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel con la siguiente postdata: “Atrápeme cuando pueda, señor Lusk”.

Para Scotland Yard, el desconocido destripador siempre fue una espina clavada en su historial, al punto de que 118 años después de los asesinatos que sembraron el terror en Londres, la Policía británica aún no había renunciado a identificarlo: a finales del año pasado dieron a conocer un retrato robot del homicida.

 

El Doctor muerte

Se calcula que Harold Shipman liquidó al menos a 215 de sus pacientes. Sus víctimas eran preferentemente mujeres mayores a las que provocaba la muerte al inyectarles una sobredosis de morfina.

Buen padre de familia, excelente médico y esposo ejemplar, Shipman, más conocido como Doctor Muerte, gozaba del respeto y aprecio de su comunidad hasta que en 1989 Angela Woodruff, hija de una de sus pacientes, comenzó a investigar el súbito deceso de su octogenaria madre. Lo que despertó sus sospechas fue la aparición de un testamento en el que se indicaba el deseo de su progenitora de ser incinerada y dejar su herencia a Shipman. Presentada la denuncia, la investigación policial reveló las abundantes defunciones certificadas por el médicoy el sospechoso deseo común de los fallecidos de ser incinerados (lo que imposibilitaba las autopsias).

En el juicio, los abogados defensores adujeron que Shipman había vivido de forma muy traumática la defunción de su madre, quien falleció cuando él tenía 17 años después de una dolorosa agonía provocada por un cáncer de pulmón.
El Doctor muerte se suicidó en prisión en 2004.

 

Una historia de Oscar

Aileen Wuornos fue la décima mujer en ser ejecutada en Estados Unidos. ¿La acusación? el asesinato de cinco camioneros.

Wuornos tuvo una infancia marcada por los abusos y el alcoholismo. A los 13 años se introdujo en el mundo de la prostitución y acabó en un refugio para madres solteras. Fue el principio de una vida desordenada.

Después de ser capturada, admitió ser responsable de la muerte de siete hombres, aunque alegó haber cometido los crímenes en legítima defensa, ya que todos habían abusado sexualmente de ella o, cuando menos, lo habían intentado.

Fue condenada a muerte en 1992. La sentencia se cumplió 10 años después en Florida, con una inyección letal. Su historia fue llevada a la pantalla en 2003 por la actriz Charlize Theron, quien ganó un Oscar por su papel en Monster.


   

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