El dueño de Marleny
Si los guatemaltecos nos respetáramos viviríamos en un
mejor país
Desde hace 35 años, mi vida transcurre entre
la orilla del río María Linda y la playa del Puerto
de Iztapa. Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que
he atravesado este río para trasladar familias o grupos
de amigos al atracadero. De lo que estoy seguro es que han sido
miles y que algunos se sienten tan seguros dentro de mi lancha
que cuando regresan me vuelven a buscar, ¡hasta me llaman
por mi nombre!
Durante todos estos años he tenido varias
embarcaciones, debido a que poco a poco se destruyen. Recuerdo
que la primera que tuve fue una de remos y, en ese tiempo, cobraba
Q1 o Q2 por trasladar a las personas. El precio parece barato (ahora
cobro Q50 ida y vuelta), pero en ese tiempo esa cantidad alcanzaba
para que mi familia comiera.
Después tuve otra parecida, y a finales de la década
de 1980 compré (usada) una de motor. La que ahora tengo
es la cuarta nave de mi vida, y aunque no tiene el nombre escrito,
como lo hace la mayoría de lancheros, desde hace cinco años
la bauticé como Marleny, que es el nombre de una de mis
hijas.
En este pueblo (Iztapa, Escuintla) habemos como 12 lancheros que
vivimos de esto, pero no todos venimos a diario, porque, a veces,
tenemos otras cosas qué hacer. Creo que lo más bonito
de este trabajo es que todos nos llevamos muy bien, incluso cuando
hay pocos clientes, porque no nos peleamos por hacer el viaje,
ya que estamos organizados por turnos, los cuales respetamos.
Mucha gente prefiere venir aquí, aunque hay otras playas
cercanas, porque en el lugar no encuentra ladrones ni mareros,
porque no lo permitimos. Si vemos a algún sospechoso inmediatamente
damos parte a las autoridades y “santos en paz”. No
es justo que estos haraganes le quiten a otros lo que les ha costado
ganar. Las personas deben tener únicamente lo que han ganando
con el sudor de su frente.
Uno siempre debe hacer el bien. Nosotros, por ejemplo, siempre
tenemos problemas con las inundaciones durante la época lluviosa, y cuando sucede lo que
hacemos es ayudar a nuestros vecinos a poner a salvo sus cosas, antes de que
el agua llegue más alto. Si todos nos ayudáramos y respetáramos,
Guatemala sería otro país. Roberto Luna,
lanchero de Iztapa
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
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