A propósito
Nuevo y viejo paganismo
Por Viviana Ruiz
Editora Revista D
La necesidad del ser humano de encontrar cómo llenar sus vacíos
existenciales siempre ha provocado un reajuste en lo espiritual, al menos así justifican
su actitud los centenares de hombres y mujeres que en enero se reunieron frente
al Olimpo para invocar a dioses mitológicos y así, según
ellos, pedir por la paz mundial.
Suplicar a las deidades antiguas no es una novedad. A esta corriente
se le denomina neopaganismo. Ésta no niega frontalmente a un ser supremo. Para algunos
autores, según la investigación de Inés Benítez que
le da vida al tema D fondo de esta edición, se trata de un movimiento
inspirado en tradiciones anteriores al cristianismo. Tendría razón
Freud: Dios es una proyección del hombre y la religión neopagana,
una forma de instalarse en la vida. Sus adeptos no requieren revelaciones ni
quieren Biblia ni Iglesia... quieren paz y una vida ecológica, apunta
el reportaje.
Para el cura Sergio Checchi, estos hombres y mujeres intentan
desafiar a la Iglesia Católica. Sin embargo, para el doctor en Sociología y licenciado
en historia, Aníbal Chajón, se trata de un proceso provocado por
la falta de credibilidad en la fe cristiana. Este grupo, afirma, intenta sujetarse
a algo tangible, como a la naturaleza, por ejemplo, para sentirse seguro.
En Guatemala, estos ritos o búsqueda de deidades mitológicas aún
no cuenta con muchos seguidores y, si bien es cierto existen “santos” no
reconocidos por la Iglesia —Maximón y San Simón—, su
apego a ellos se debe más a una concepción mágico-religiosa
que a un cuestionamiento espiritual.
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