Semanario de Prensa Libre • No. 138 • 25 de Febrero de 2007

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Punto final

Malos pensamientos

Por Sergio Muñoz Bata

Por más esfuerzos que uno haga para darles el beneficio de la duda, la presentación de pruebas hecha por el Departamento de Defensa y los servicios de inteligencia estadounidenses sobre la involucración de Irán en el conflicto iraquí, genera malos pensamientos y reactiva un profundo desasosiego en la memoria.

Este domingo, en Bagdad, tres oficiales estadounidenses cuyos nombres y puestos permanecieron anónimos, mostraron restos de granadas de mortero y fragmentos de una bomba iraní que dijeron es capaz de penetrar el blindaje de un carro de combate Abrams; acusaron a Teherán de suministrar a la insurgencia iraquí los explosivos que causaron la muerte de 170 soldados estadounidenses, aduciendo que “Irán es el único país de la región que produce este tipo de artefactos”; y conjeturaron, sin ofrecer evidencias, que la transferencia de este tipo de armas, que benefician principalmente al grupo de Al Sáder, uno de los grandes aliados políticos del primer ministro chií, Nuri al Maliki, sólo es posible si cuenta con la aprobación del “líder supremo”, es decir del ayatolá Alí Jamenéi.

La duda en la veracidad de los informes de inteligencia estadounidenses no es caprichosa. Al anonimato de los acusadores súmele la ausencia de una sola prueba contundente de que el gobierno iraní dirige el suministro de armas y ponga su atención en el momento escogido para revelar incidentes que se han venido sucediendo desde 2004.

La incómoda sensación del Deja Vu se vuelve inevitable porque otra vez, tal y como sucedió en la víspera de la invasión a Irak, el mismo grupo que falseó los mapas donde se escondían las armas de destrucción masiva y la inteligencia que demostraba los inexistentes vínculos entre Al Qaeda y Sadam Husein, parece estar empeñado ahora en fabricar la evidencia que justifique una nueva aventura bélica en Irán o, por lo menos para justificar el aumento y la prolongación de la presencia militar estadounidense en Irak.

Pero no es tan sólo la memoria del engaño anterior lo que da sustento a la sospecha de una nueva trama. No se puede soslayar que la presentación de pruebas en Bagdad tiene lugar en un momento en el que se exacerba el tono de la retórica estadounidense contra el régimen iraní y cuando una segunda flota de portaaviones estadounidenses se desplaza a las aguas del golfo Pérsico, para posicionarse al sur de Irán.

Frente a estas realidades, el ominoso escenario que Zbigniew Brezezinski, quien fuera asesor de Seguridad Nacional en la administración del presidente Jimmy Carter, plantea en su próximo libro, Second Chance: Three Presidents and the Crisis of American Superpower, empieza a materializarse.

Según Brezezinski, “si Estados Unidos continúa empantanado en un prolongado y sangriento enfrentamiento en Irak, el destino final de esta carrera al precipicio muy probablemente podría ser un choque frontal con Irán y una buena parte del mundo islámico”.

¿Cuándo empezaría la gestación de la conflagración? En el momento en el que dejaran de cumplirse las metas que la administración de Bush ha fijado para estabilizar a Irak. ¿Cómo se justificaría el enfrentamiento con Irán? Adjudicándole la culpa del fracaso en Irak atribuyéndole responsabilidad directa sobre algún acto terrorista en Irak o en cualquier parte del mundo, y culminando con una acción militar estadounidense de carácter “defensivo” contra Irán pero que tendría repercusiones en Afganistán, Pakistán y, por supuesto, en Irak.

“La guerra en Irak”, escribió Brezezinski, “es una calamidad moral y estratégica de dimensión histórica, emprendida bajo supuestos falsos y que socava la legitimidad global de Estados Unidos. Las muertes colaterales de civiles y los abusos cometidos son una afrenta a la reputación moral del país que, conducido por una combinación de impulsos maniqueos y arrogancia imperial, ha intensificado la inestabilidad regional. Ningún país comparte los delirios que con tanta pasión expresa la administración de Bush. Y el resultado, entristece decirlo, ha sido un creciente aislamiento político y una progresiva animadversión popular contra Estados Unidos”.

La fecha fijada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a Irán para que suspenda la mayoría de sus programas nucleares se vence a finales del mes en curso. Les corresponde a las autoridades iraníes demostrar su voluntad para negociar un arreglo pacífico al asunto y no caer en provocaciones que tendrían consecuencias funestas para el pueblo iraní y para la región.

En este mismo sentido, ahora le corresponde al Congreso estadounidense manifestar, sin las ambigüedades que lo han caracterizado, no sólo su oposición a cualquier nueva aventura militar de la administración de Bush, sino anunciar el retiro de las tropas estadounidenses de Irak en un plazo razonable.


   

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