Francisco García
"Disfruto cada segundo de mi vida"
Pese a la vida presurosa de hoy, Francisco García —Pancho,
como le gusta que lo llamen— recomienda tomarse el tiempo para
contemplar los objetos y aprender siempre de las personas
Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián
Estudió Ciencias Políticas, pero su profesión “u oficio” como él
le llama, ha sido la publicidad. Mas en su biografía se agrega una etapa
de escritor. “He leído tanto que tuve la necesidad de escribir”,
dice.
Pero para este hombre de 48 años las palabras “ya lo sé ” no
existen, pues cada día aprende algo nuevo de las personas o de las situaciones,
como enfrentar el Parkinson que le fue diagnosticado hace un año.
Hablemos de su libro
Se llama Todo lo que sé de publicidad y mercadeo me lo enseñó mi
abuelita. En realidad, tengo 30 años de estar escribiéndolo, que
es el tiempo que llevo trabajando en publicidad. Es una guía práctica
para quien quiera saber de esto.

“No creo en la tolerancia
sino
en el respeto, porque la primera se agota, mas la
segunda
tiende a crecer”
Francisco García |
Lo llamé así porque todo lo que uno aprende en este negocio es
sentido común, está reflejado en la sabiduría popular, en
los dichos, como aquel de “ojos que no ven, corazón que no siente”,
que puede aplicase a la percepción de la realidad que enseña
la publicidad y el mercadeo. Lo que la gente percibe es lo que realmente cuenta
cuando se decide por un producto. O aquel “no te puedes comer la dona y quedarte con el hoyo”, con él
te explican que cuando hay enfoque, hay sacrificio. Si decido ser una marca de
zapatos deportivos ya no voy a ser una marca de zapatos elegantes. No se puede
ser todo.
Cada día se aprende algo, estoy en contra de los que dicen no hay que
reinventar el agua azucarada, todos los días debe hacerse, quien lo hizo
se volvió millonario —el creador de Coca Cola—. También
en la medida en que uno mantiene la capacidad de asombro, la curiosidad de aprender
y querer saber de los demás, en esa medida se mantiene joven.
De eso se trata el libro, del hambre del saber. Sueño terminarlo este
año y presentarlo el 1 de febrero de 2008, cuando Wachalal cumpla 15 años.
Hace 30 años empezó en
esto. ¿Quiso ser publicista desde pequeño o fue un
azar? Desde que aprendí a leer, lo hice a los cuatro años
cuando mi tía abuela me enseñó, empecé a
leer. Mi papá, con el ejemplo, nos inculcó ese hábito.
Cuando lees mucho te da una necesidad imperiosa de escribir y expresarte.
Quizás serán las mismas cosas que otro ha dicho,
pero desde el punto de vista propio. Yo escribía poesía
y cuentos cortos. Y con un grupo de amigos hacíamos ‘grabanovelas’,
pues nunca salieron al aire, nos divertíamos mucho grabando
cualquier tipo de tontería.
A los 17 años me quedé solo en Guatemala con mis
hermanos mayores. Mis papás tuvieron que irse, creyeron
que sería por tres meses, pero se convirtió en nunca
volver. A esa edad busqué cómo sobrevivir. Conseguí una
beca en la Universidad (Rafael Landívar), para estudiar
Ciencias Políticas.
Empecé a trabajar de vendedor de mostrador en la relojería
Tic Tac. Un día salió un anuncio, en el periódico,
para redactor publicitario de una agencia local. Pensé que
podía escribir y solicité el trabajo, obviamente,
no me lo dieron, pues había gente con más experiencia.
Pero al director creativo lo volví a encontrar días
más tarde y me llamó para ocupar el puesto. Al llegar
me di cuenta de que había gente muy talentosa, pero con
poca formación, mucho empirismo. Me propuse que estudiaría
y leí muchos libros, así aprendí.
Trabajé en varias empresas publicitarias hasta que con un
grupo de amigos decidimos crear Wachalal. Para mí, esto
es un oficio más que una profesión, porque mientras
más se hace más se aprende.
Y siempre se aprende
He buscado aprender de cada una de las situaciones: buenas o malas.
Soy consciente de que la victoria es más peligrosa que la
derrota. Porque la primera embriaga y nunca se pregunta por qué gané;
las interrogantes surgen en la crisis. Si analizáramos todas
las situaciones, aprenderíamos muchas lecciones.
El año pasado, a los 47 años de edad, me diagnosticaron
Parkinson temprano, fue otra lección en mi vida: aprender
a entender cómo vivir con una enfermedad incurable. Me dio
20 ó 25 años antes, por eso se le llama temprano.
Me dijeron que era lo mismo que tiene Michael J. Fox, como si saber
que si lo tiene él lo hiciera menos difícil.
He aprendido a vivir plenamente. No puedo dedicarme a morir, tengo
que vivir, construir y hacer cosas nuevas.
¿Qué lo ha ayudado a superar los obstáculos
que la vida le ha puesto?
La fe en que los problemas son una oportunidad. Es cierto cuando
a uno le dicen que cada problema encierra la perla de la oportunidad.
Me ha ayudado tener ejemplos grandes como mi papá. Además
de sentido del humor; he aprendido que uno debe reírse de
uno mismo antes de cualquier otra cosa. Saber que el cosmos nunca
actúa en contra de uno.
La actitud cuenta mucho. Por ejemplo, al llover alguien dirá “qué lindo,
las plantas crecerán más”, pero para otro será una
desgracia, porque no lo deja hacer otra cosa. Finalmente, la lluvia
es la lluvia. Creo que lo que define lo bueno y lo malo no es la
vida sino la actitud que uno tiene hacia ella, cómo enfrentar
las circunstancias.
Cada cosa hay que saborearla al máximo. Un amigo me dijo
que no debía estar deprimido, le contesté que me
dejara gozar mi depresión. Vivir cada segundo como si fuera
el último, como lo dice una de mis películas favoritas,
La sociedad de los poetas muertos.
Otro aspecto importantes es aprender de los demás; son un
libro abierto que continuamente nos enseñan, desde los bebés
hasta los ancianos. Recuerdo que mi papá me aconsejó que
si quería conocer la calidad humana de alguien debía
mirar cómo trata a sus subalternos más que a sus superiores.
Algo más
> De padre español y madre guatemalteca.
Tiene cuatro hermanos y seis hijos; la más pequeña
nacerá en pocos días. La llamará Eva.
Por ser la última, llevará el nombre
de la primer mujer.
> Estudió Ciencias Políticas porque
era la que se adecuaba a su horario de trabajo, pero,
en realidad, deseaba estudiar sociología o antropología.
> Ha sido
catedrático universitario desde
los 22 años de edad. Dice que el contacto
con los estudiantes lo hace mantenerse joven.
> El nombre
Wachalal, así se llama la agencia
de publicidad que fundó, significa “amigos” en
kaqchikel, lo que en el mundo indígena
se considera de la familia. “Creo que las
palabras tienen alma y hay que usarlas con mucho
respeto y precaución”,
indica.
> Su
lectura favorita: toda. Desde cuentos, cómics,
novelas, ciencia ficción. “Para descubrir
un buen libro debes estar abierto a lo que te pongan
enfrente”, dice. |
¿Qué opina de la
publicidad y la política?
La publicidad me encanta, es mi pasión. La política me gusta. Mi
papá, quien fue mi gran maestro, decía: si no te metes en política,
la política se mete contigo. Por eso, cuando he podido y he creído
en la gente con la que he trabajado he aprovechado las oportunidades, ha sido
gratificante y agotador, pero siempre es una lección.
Lo que debe saberse en publicidad política es que un buen producto soporta
una mala publicidad, pero un mal producto no soporta una buena publicidad. Creo
que la mejor publicidad de un político es respetar su forma de ser y no
pretender cambiarlo, no se puede hacer al candidato ideal porque éste
no existe, lo que hay son personas aptas para responder a necesidades coyunturales.
¿Con cuántos
candidatos ha trabajado?
No muchos. Me he dedicado más a la publicidad comercial y quiero continuar
así.
Trabajé una campaña para diputados hace mucho tiempo. Un comercial
para Jorge Carpio Nicolle. Y con Óscar Berger, cuando se lanzó para
la alcaldía metropolitana. También con él para las primarias
del Partido de Avanzada Nacional (PAN), y con la de la Gran Alianza Nacional
(GANA), después, en la segunda vuelta. He tenido oportunidad de trabajar fuera de Guatemala en algunos
procesos políticos
y de dar charlas de Marketing político en Ecuador. ¿Hará campaña política este año?
No me he decidido.
Este año redescubrí mi derecho a la vida. El Parkinson me había
afectado de tal manera que yo me estaba dedicando a morir. Gracias a Dios me
di cuenta a tiempo de que uno tiene que dedicarse a vivir hasta el último
día. He retomado las riendas de la agencia, mi puesto de director general.
Estoy más ocupado en desarrollar la marca Wachalal que mi aventura política,
lo cual no niego que lo pueda aceptar porque me gusta, pero hasta el momento,
no.
¿Religioso?
Sí, pero en el sentido de estar en una reunión con Dios. Me cuesta
aceptar estructuras rígidas y dogmáticas que el hombre ha hecho,
conceptos que no permiten cuestionarme. Yo me cuestiono todo. Si me dicen cuál
es mi responsabilidad en Wachalal, es crear inestabilidad, porque todo el mundo
busca estabilidad y crea una zona de confort, yo saco a la gente de ahí para
que se sienta incómoda y pueda crear cosas interesantes.
Religioso de iglesia no soy.
¿Escribirá más libros?
Sí, pero no tendrán nada que ver con publicidad. Uno será sobre
el héroe más grande que he tenido en mi vida: mi papá. Cómo
desde el microcosmos de hijo miré a un ser iluminado. Fue capaz de enseñarnos
en la prosperidad y en la adversidad. No sé si va a ser un relato biográfico
o autobiográfico o un libro de ficción, pero va a tener como esencia
a mi padre.
Después quiero publicar uno de poesía, aunque creo que lo leerán
sólo a quienes se los regale, o tal vez ni ellos.
Estoy ilusionado por escribir, pero me cuesta por el Parkinson,
antes iba más
rápido, ahora dicto y corregir después, porque no es lo mismo hablar
que escribir.
Seguiré adelante, porque creo
que Dios me lo ha dado todo y siempre disfrutaré cada
momento.
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