Semanario de Prensa Libre • No. 138 • 25 de Febrero de 2007

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D frente

Francisco García
"Disfruto cada segundo de mi vida"
Pese a la vida presurosa de hoy, Francisco García —Pancho,
como le gusta que lo llamen— recomienda tomarse el tiempo para contemplar los objetos y aprender siempre de las personas

Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián

Estudió Ciencias Políticas, pero su profesión “u oficio” como él le llama, ha sido la publicidad. Mas en su biografía se agrega una etapa de escritor. “He leído tanto que tuve la necesidad de escribir”, dice.

Pero para este hombre de 48 años las palabras “ya lo sé ” no existen, pues cada día aprende algo nuevo de las personas o de las situaciones, como enfrentar el Parkinson que le fue diagnosticado hace un año.

Hablemos de su libro

Se llama Todo lo que sé de publicidad y mercadeo me lo enseñó mi abuelita. En realidad, tengo 30 años de estar escribiéndolo, que es el tiempo que llevo trabajando en publicidad. Es una guía práctica para quien quiera saber de esto.

“No creo en la tolerancia sino
en el respeto, porque la primera se agota, mas la segunda
tiende a crecer”

Francisco García

Lo llamé así porque todo lo que uno aprende en este negocio es sentido común, está reflejado en la sabiduría popular, en los dichos, como aquel de “ojos que no ven, corazón que no siente”, que puede aplicase a la percepción de la realidad que enseña la publicidad y el mercadeo. Lo que la gente percibe es lo que realmente cuenta cuando se decide por un producto.

O aquel “no te puedes comer la dona y quedarte con el hoyo”, con él te explican que cuando hay enfoque, hay sacrificio. Si decido ser una marca de zapatos deportivos ya no voy a ser una marca de zapatos elegantes. No se puede ser todo.

Cada día se aprende algo, estoy en contra de los que dicen no hay que reinventar el agua azucarada, todos los días debe hacerse, quien lo hizo se volvió millonario —el creador de Coca Cola—. También en la medida en que uno mantiene la capacidad de asombro, la curiosidad de aprender y querer saber de los demás, en esa medida se mantiene joven.

De eso se trata el libro, del hambre del saber. Sueño terminarlo este año y presentarlo el 1 de febrero de 2008, cuando Wachalal cumpla 15 años.

Hace 30 años empezó en esto. ¿Quiso ser publicista desde pequeño o fue un azar?

Desde que aprendí a leer, lo hice a los cuatro años cuando mi tía abuela me enseñó, empecé a leer. Mi papá, con el ejemplo, nos inculcó ese hábito. Cuando lees mucho te da una necesidad imperiosa de escribir y expresarte. Quizás serán las mismas cosas que otro ha dicho, pero desde el punto de vista propio. Yo escribía poesía y cuentos cortos. Y con un grupo de amigos hacíamos ‘grabanovelas’, pues nunca salieron al aire, nos divertíamos mucho grabando cualquier tipo de tontería.

A los 17 años me quedé solo en Guatemala con mis hermanos mayores. Mis papás tuvieron que irse, creyeron que sería por tres meses, pero se convirtió en nunca volver. A esa edad busqué cómo sobrevivir. Conseguí una beca en la Universidad (Rafael Landívar), para estudiar Ciencias Políticas.

Empecé a trabajar de vendedor de mostrador en la relojería Tic Tac. Un día salió un anuncio, en el periódico, para redactor publicitario de una agencia local. Pensé que podía escribir y solicité el trabajo, obviamente, no me lo dieron, pues había gente con más experiencia. Pero al director creativo lo volví a encontrar días más tarde y me llamó para ocupar el puesto. Al llegar me di cuenta de que había gente muy talentosa, pero con poca formación, mucho empirismo. Me propuse que estudiaría y leí muchos libros, así aprendí.

Trabajé en varias empresas publicitarias hasta que con un grupo de amigos decidimos crear Wachalal. Para mí, esto es un oficio más que una profesión, porque mientras más se hace más se aprende.

Y siempre se aprende

He buscado aprender de cada una de las situaciones: buenas o malas. Soy consciente de que la victoria es más peligrosa que la derrota. Porque la primera embriaga y nunca se pregunta por qué gané; las interrogantes surgen en la crisis. Si analizáramos todas las situaciones, aprenderíamos muchas lecciones.

El año pasado, a los 47 años de edad, me diagnosticaron Parkinson temprano, fue otra lección en mi vida: aprender a entender cómo vivir con una enfermedad incurable. Me dio 20 ó 25 años antes, por eso se le llama temprano. Me dijeron que era lo mismo que tiene Michael J. Fox, como si saber que si lo tiene él lo hiciera menos difícil.
He aprendido a vivir plenamente. No puedo dedicarme a morir, tengo que vivir, construir y hacer cosas nuevas.

¿Qué lo ha ayudado a superar los obstáculos que la vida le ha puesto?

La fe en que los problemas son una oportunidad. Es cierto cuando a uno le dicen que cada problema encierra la perla de la oportunidad.

Me ha ayudado tener ejemplos grandes como mi papá. Además de sentido del humor; he aprendido que uno debe reírse de uno mismo antes de cualquier otra cosa. Saber que el cosmos nunca actúa en contra de uno.

La actitud cuenta mucho. Por ejemplo, al llover alguien dirá “qué lindo, las plantas crecerán más”, pero para otro será una desgracia, porque no lo deja hacer otra cosa. Finalmente, la lluvia es la lluvia. Creo que lo que define lo bueno y lo malo no es la vida sino la actitud que uno tiene hacia ella, cómo enfrentar las circunstancias.

Cada cosa hay que saborearla al máximo. Un amigo me dijo que no debía estar deprimido, le contesté que me dejara gozar mi depresión. Vivir cada segundo como si fuera el último, como lo dice una de mis películas favoritas, La sociedad de los poetas muertos.

Otro aspecto importantes es aprender de los demás; son un libro abierto que continuamente nos enseñan, desde los bebés hasta los ancianos. Recuerdo que mi papá me aconsejó que si quería conocer la calidad humana de alguien debía mirar cómo trata a sus subalternos más que a sus superiores.

Algo más
> De padre español y madre guatemalteca. Tiene cuatro hermanos y seis hijos; la más pequeña nacerá en pocos días. La llamará Eva. Por ser la última, llevará el nombre de la primer mujer.

> Estudió Ciencias Políticas porque era la que se adecuaba a su horario de trabajo, pero, en realidad, deseaba estudiar sociología o antropología.

> Ha sido catedrático universitario desde los 22 años de edad. Dice que el contacto con los estudiantes lo hace mantenerse joven.

> El nombre Wachalal, así se llama la agencia de publicidad que fundó, significa “amigos” en kaqchikel, lo que en el mundo indígena se considera de la familia. “Creo que las palabras tienen alma y hay que usarlas con mucho respeto y precaución”, indica.

> Su lectura favorita: toda. Desde cuentos, cómics, novelas, ciencia ficción. “Para descubrir un buen libro debes estar abierto a lo que te pongan enfrente”, dice.

¿Qué opina de la publicidad y la política?

La publicidad me encanta, es mi pasión. La política me gusta. Mi papá, quien fue mi gran maestro, decía: si no te metes en política, la política se mete contigo. Por eso, cuando he podido y he creído en la gente con la que he trabajado he aprovechado las oportunidades, ha sido gratificante y agotador, pero siempre es una lección.

Lo que debe saberse en publicidad política es que un buen producto soporta una mala publicidad, pero un mal producto no soporta una buena publicidad. Creo que la mejor publicidad de un político es respetar su forma de ser y no pretender cambiarlo, no se puede hacer al candidato ideal porque éste no existe, lo que hay son personas aptas para responder a necesidades coyunturales.

¿Con cuántos candidatos ha trabajado?

No muchos. Me he dedicado más a la publicidad comercial y quiero continuar así.

Trabajé una campaña para diputados hace mucho tiempo. Un comercial para Jorge Carpio Nicolle. Y con Óscar Berger, cuando se lanzó para la alcaldía metropolitana. También con él para las primarias del Partido de Avanzada Nacional (PAN), y con la de la Gran Alianza Nacional (GANA), después, en la segunda vuelta.

He tenido oportunidad de trabajar fuera de Guatemala en algunos procesos políticos y de dar charlas de Marketing político en Ecuador.

¿Hará campaña política este año?

No me he decidido.

Este año redescubrí mi derecho a la vida. El Parkinson me había afectado de tal manera que yo me estaba dedicando a morir. Gracias a Dios me di cuenta a tiempo de que uno tiene que dedicarse a vivir hasta el último día. He retomado las riendas de la agencia, mi puesto de director general. Estoy más ocupado en desarrollar la marca Wachalal que mi aventura política, lo cual no niego que lo pueda aceptar porque me gusta, pero hasta el momento, no.

¿Religioso?

Sí, pero en el sentido de estar en una reunión con Dios. Me cuesta aceptar estructuras rígidas y dogmáticas que el hombre ha hecho, conceptos que no permiten cuestionarme. Yo me cuestiono todo. Si me dicen cuál es mi responsabilidad en Wachalal, es crear inestabilidad, porque todo el mundo busca estabilidad y crea una zona de confort, yo saco a la gente de ahí para que se sienta incómoda y pueda crear cosas interesantes.

Religioso de iglesia no soy.

¿Escribirá más libros?

Sí, pero no tendrán nada que ver con publicidad. Uno será sobre el héroe más grande que he tenido en mi vida: mi papá. Cómo desde el microcosmos de hijo miré a un ser iluminado. Fue capaz de enseñarnos en la prosperidad y en la adversidad. No sé si va a ser un relato biográfico o autobiográfico o un libro de ficción, pero va a tener como esencia a mi padre.

Después quiero publicar uno de poesía, aunque creo que lo leerán sólo a quienes se los regale, o tal vez ni ellos.

Estoy ilusionado por escribir, pero me cuesta por el Parkinson, antes iba más rápido, ahora dicto y corregir después, porque no es lo mismo hablar que escribir.

Seguiré adelante, porque creo que Dios me lo ha dado todo y siempre disfrutaré cada momento.


   

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