Los hijos del cóndor
Desde los años setenta, en los escenarios, calles y plazas del país,
exponentes de la música andina hacen sonar sus instrumentos
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
El rostro de Ubaldo Tzunux, un quiché que abandonó su hogar cuando
tenía 11 años, resulta tan conocido para muchos capitalinos, como
los temas de música andina que interpreta. Su popularidad se debe a que
a diario, con su zampoña, kena y charango, se encarama en los autobuses
del servicio urbano para ganarse la vida.
Tzunux, quien tiene 28 años y es originario de Santa María Chiquimula,
Totonicapán, es un músico que se formó en la calle. Antes
de aprender a tocar instrumentos sudamericanos intentó ser comerciante
de llaveros, especies, verduras y maletines en la provincia; pero nunca se sintió satisfecho.
Cuando tenía 16 años, emigró a la capital y empezó a
lustrar calzado en la zona 10, y los domingos en el parque central. Fue en este
lugar donde se sintió atraído por la música, después
de escuchar un concierto del grupo Guachaná.

Ubaldo Tzunux interpreta
su música en autobuses y ha integrado varios grupos. |
A partir de ese suceso se convirtió en un artista autodidacta. Compró una
zampoña, y cuando no tenía clientes, practicaba con la canción
Carnavalito. Pocos meses después, un amigo lo motivó a que se subiera
a las camionetas a tocar su música. Con el tiempo se fue perfeccionando,
hasta el punto de llegar a formar parte de Guachaná y otros grupos. Actualmente,
hace presentaciones particulares y da a conocer su música los fines de
semana en una radioemisora.
Desde los Andes
Desde hace unas tres décadas, el mundo del espectáculo guatemalteco
vio incursionar un nuevo tipo de música, el cual se caracterizaba por
los instrumentos que se utilizaban, el vestuario de sus intérpretes y
su ritmo. Esta nueva tonalidad provenía de los pueblos indígenas
que vivían en las faldas de la cordillera de los Andes en Perú,
Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina y Colombia. Por razones tanto políticas
como estéticas, este tipo de música se popularizó rápidamente
por toda América Latina y la melodía El cóndor pasa fue
su estandarte.
El abogado Osmundo Villatoro, pionero nacional de este género, cuenta
que a mitad de los años setenta sus estudios de posgrado en Derecho lo
llevaron a México y Bolivia, donde aprendió a tocar esos instrumentos
con Rodolfo Dalera (argentino) y César Espada (boliviano). Su entusiasmo
lo obligó a integrarse, en 1976, al grupo Trinchera, que en ese año
habían formado Ramiro Chocano, Eduardo Cortez y Antonio Ortiz, en la Universidad
de San Carlos. También se unieron Jorge Molina y Renaldo Carrera, pero
a los dos años cambió su nombre a Guayacán, con el cual
existió hasta 1996.
A partir de esos años, varios aficionados han intentando trascender, algunos
lo han logrado; pero la mayoría no ha podido por falta de apoyo. Tzunux
cuenta haber vivido en carne propia esta situación, pues hace tres años,
junto a otros cuatro compañeros, grabaron durante tres meses un demo,
con música andina; pero éste nunca se llegó a reproducir
por la falta de recursos económicos. Metamorfosis
Su expansión
> Por razones políticas y
estéticas, este tipo de música se popularizó en
América Latina durante los años setenta.
Más tarde, cuando algunos grupos se exiliaron
debido a la represión de las dictaduras, especialmente
la de Augusto Pinochet, en Chile, alcanzó gran
difusión en Europa.
> En Estados
Unidos, Simon & Garfunkel hicieron famosa
esta clase de música con la canción El
cóndor pasa (1970), basada en un arreglo que
hizo Jorge Milchberg sobre un tema tradicional de origen
incaico que el peruano Daniel Alomía Robles
(1871-1942) había incorporado en 1913.
> Otras
canciones andinas que han alcanzado fama mundial
son: El carnavalito, cuyo verdadero nombre es El humahuaqueño,
originario de la quebrada de Humahuaca (Argentina).
La lambada fue popularizada por el grupo Kaoma, pero
su nombre original es Llorando se fue y la autoría
es del grupo boliviano Kjarkas. Este suceso generó una
demanda por parte de los bolivianos, la cual ganaron. |
En Guatemala, al igual que en muchos países, se acostumbra llamar música
andina a los solistas o grupos que utilizan durante sus interpretaciones elementos
propios de las culturas aimara o quechua, como quenas, tambor y zampoña.
Así también el charango, que los nativos crearon cuando los españoles
trajeron cuerdas y para lo cual utilizaban una concha de armadillo. Sin embargo,
en el país, la música que se interpreta es diversa, ya que algunos
le han hecho modificaciones que la hacen un tanto diferente a la música
nativa andina. Uno de los grupos vigentes es Fórmula Ancestral, el cual fue fundado hace
10 años por Villatoro, en el que participan, además de él,
sus hijos Vladimir y Ana Sofia, y su esposa Elsi de Villatoro. El abogado dice
que en sus interpretaciones el conjunto utiliza instrumentos fabricados en los
pueblos andinos y que, al igual que Guayacán, constituyen un grupo “purista
que trata de tomar melodías tradicionales con ritmos e instrumentos originales”.
La propuesta actual de Tzunux es un tanto diferente, ya que a la
música
andina le impone un ritmo más movido al cual le llama cumbia andina. “Con
esto no pierde su esencia sudamericana”, dice. Durante sus presentaciones
además interpreta música guatemalteca como Ferrocarril de los Altos,
Luna de Xelajú y Chichicastenango, a la que también le imprime
el mismo ritmo.
Wellington Hernández, integrante del grupo Artesanos del viento, considera
que la música andina que se reproduce en Guatemala tiene algunas transformaciones. “Para
empezar, no somos originarios de esos países, lo cual impide ponerle el
mismo sentimiento”, afirma este artista que dice sentirse atraído
por este ritmo debido a que los instrumentos son accesibles y fáciles
de hacer, “ninguno necesita electricidad para funcionar”, expresa.
Al igual que sucede en casi todo el
mundo, en Guatemala El cóndor pasa
es la melodía más conocida de este género musical. Y, de
la misma manera, en cualquier lado se escuchan infinidad de versiones que muestran
el camino laberíntico por el cual esta “música andina” ha
llegado a ser reconocida en todo el mundo.
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