Semanario de Prensa Libre • No. 138 • 25 de Febrero de 2007

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D música

Los hijos del cóndor
Desde los años setenta, en los escenarios, calles y plazas del país, exponentes de la música andina hacen sonar sus instrumentos

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

El rostro de Ubaldo Tzunux, un quiché que abandonó su hogar cuando tenía 11 años, resulta tan conocido para muchos capitalinos, como los temas de música andina que interpreta. Su popularidad se debe a que a diario, con su zampoña, kena y charango, se encarama en los autobuses del servicio urbano para ganarse la vida.

Tzunux, quien tiene 28 años y es originario de Santa María Chiquimula, Totonicapán, es un músico que se formó en la calle. Antes de aprender a tocar instrumentos sudamericanos intentó ser comerciante de llaveros, especies, verduras y maletines en la provincia; pero nunca se sintió satisfecho. Cuando tenía 16 años, emigró a la capital y empezó a lustrar calzado en la zona 10, y los domingos en el parque central. Fue en este lugar donde se sintió atraído por la música, después de escuchar un concierto del grupo Guachaná.

Ubaldo Tzunux interpreta su música en autobuses y ha integrado varios grupos.

A partir de ese suceso se convirtió en un artista autodidacta. Compró una zampoña, y cuando no tenía clientes, practicaba con la canción Carnavalito. Pocos meses después, un amigo lo motivó a que se subiera a las camionetas a tocar su música. Con el tiempo se fue perfeccionando, hasta el punto de llegar a formar parte de Guachaná y otros grupos. Actualmente, hace presentaciones particulares y da a conocer su música los fines de semana en una radioemisora.

Desde los Andes

Desde hace unas tres décadas, el mundo del espectáculo guatemalteco vio incursionar un nuevo tipo de música, el cual se caracterizaba por los instrumentos que se utilizaban, el vestuario de sus intérpretes y su ritmo. Esta nueva tonalidad provenía de los pueblos indígenas que vivían en las faldas de la cordillera de los Andes en Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina y Colombia. Por razones tanto políticas como estéticas, este tipo de música se popularizó rápidamente por toda América Latina y la melodía El cóndor pasa fue su estandarte.

El abogado Osmundo Villatoro, pionero nacional de este género, cuenta que a mitad de los años setenta sus estudios de posgrado en Derecho lo llevaron a México y Bolivia, donde aprendió a tocar esos instrumentos con Rodolfo Dalera (argentino) y César Espada (boliviano). Su entusiasmo lo obligó a integrarse, en 1976, al grupo Trinchera, que en ese año habían formado Ramiro Chocano, Eduardo Cortez y Antonio Ortiz, en la Universidad de San Carlos. También se unieron Jorge Molina y Renaldo Carrera, pero a los dos años cambió su nombre a Guayacán, con el cual existió hasta 1996.

A partir de esos años, varios aficionados han intentando trascender, algunos lo han logrado; pero la mayoría no ha podido por falta de apoyo. Tzunux cuenta haber vivido en carne propia esta situación, pues hace tres años, junto a otros cuatro compañeros, grabaron durante tres meses un demo, con música andina; pero éste nunca se llegó a reproducir por la falta de recursos económicos.

Metamorfosis

Su expansión
> Por razones políticas y estéticas, este tipo de música se popularizó en América Latina durante los años setenta. Más tarde, cuando algunos grupos se exiliaron debido a la represión de las dictaduras, especialmente la de Augusto Pinochet, en Chile, alcanzó gran difusión en Europa.

> En Estados Unidos, Simon & Garfunkel hicieron famosa esta clase de música con la canción El cóndor pasa (1970), basada en un arreglo que hizo Jorge Milchberg sobre un tema tradicional de origen incaico que el peruano Daniel Alomía Robles (1871-1942) había incorporado en 1913.

> Otras canciones andinas que han alcanzado fama mundial son: El carnavalito, cuyo verdadero nombre es El humahuaqueño, originario de la quebrada de Humahuaca (Argentina). La lambada fue popularizada por el grupo Kaoma, pero su nombre original es Llorando se fue y la autoría es del grupo boliviano Kjarkas. Este suceso generó una demanda por parte de los bolivianos, la cual ganaron.

En Guatemala, al igual que en muchos países, se acostumbra llamar música andina a los solistas o grupos que utilizan durante sus interpretaciones elementos propios de las culturas aimara o quechua, como quenas, tambor y zampoña. Así también el charango, que los nativos crearon cuando los españoles trajeron cuerdas y para lo cual utilizaban una concha de armadillo. Sin embargo, en el país, la música que se interpreta es diversa, ya que algunos le han hecho modificaciones que la hacen un tanto diferente a la música nativa andina.

Uno de los grupos vigentes es Fórmula Ancestral, el cual fue fundado hace 10 años por Villatoro, en el que participan, además de él, sus hijos Vladimir y Ana Sofia, y su esposa Elsi de Villatoro. El abogado dice que en sus interpretaciones el conjunto utiliza instrumentos fabricados en los pueblos andinos y que, al igual que Guayacán, constituyen un grupo “purista que trata de tomar melodías tradicionales con ritmos e instrumentos originales”.

La propuesta actual de Tzunux es un tanto diferente, ya que a la música andina le impone un ritmo más movido al cual le llama cumbia andina. “Con esto no pierde su esencia sudamericana”, dice. Durante sus presentaciones además interpreta música guatemalteca como Ferrocarril de los Altos, Luna de Xelajú y Chichicastenango, a la que también le imprime el mismo ritmo.

Wellington Hernández, integrante del grupo Artesanos del viento, considera que la música andina que se reproduce en Guatemala tiene algunas transformaciones. “Para empezar, no somos originarios de esos países, lo cual impide ponerle el mismo sentimiento”, afirma este artista que dice sentirse atraído por este ritmo debido a que los instrumentos son accesibles y fáciles de hacer, “ninguno necesita electricidad para funcionar”, expresa.

Al igual que sucede en casi todo el mundo, en Guatemala El cóndor pasa es la melodía más conocida de este género musical. Y, de la misma manera, en cualquier lado se escuchan infinidad de versiones que muestran el camino laberíntico por el cual esta “música andina” ha llegado a ser reconocida en todo el mundo.


   

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