A propósito
Vida de leyendas
Por Viviana Ruiz
Editora Revista D
Casi todos los guatemaltecos nos hemos reído con un chiste protagonizado por el Tío Chema... Algunos hemos sido llamados “chebos” cuando comentemos algún error, y el dicho “más viejo que Tatalapo” es tan usual como la maña de pedir prestado... Pero lo que pocos sabemos es que detrás de estos chascarrillos y frases hubo personajes de carne y hueso que, gracias a la tradición oral, perviven en la memoria colectiva de nosotros los chapines.
De esta cuenta, Serapio Cruz, Eusebio Ibarra o José María Orellana, por mencionar algunos nombres, dejaron de ser terrenales para convertirse en leyendas. Así lo describe la periodista Julieta Sandoval en el reportaje Dfondo de esta semana. “Éstos son parte del anecdotario tradicional”, dice el historiador Celso Lara. Existieron y tuvieron una vida. “Ellos se han perpetuado, porque se fundamentan en los consejos y las moralejas que dejan”, comenta.
Tiburcio Estrada, Roberto Isaac Barillas y Antonio Solares, según el historiador Horacio Cabezas, son otras de las figuras importantes de nuestro folclor. A esta lista hay que sumar a Juan Chapín y Pie de Lana, asegura Lara.
Como muchas cosas en la vida, ese tipo de narraciones tuvo su época de esplendor, sobre todo cuando en los hogares no se tenía tantos distractores como en la actualidad; si acaso, se contaba con algún radiotransmisor en aquellos hogares donde a las familias, para pasar buenos momentos, les bastaba reunirse a escuchar historias. “Quizá ahora, por la globalización y la tecnología, han perdido fuerza, pero eso no significa que desaparezcan de la tradición”, subraya Lara. Ellos seguirán ahí, siempre se les recordará, aunque hayan vivido hace décadas. |