Devoradora de hydrilla
La dieta preferida del Amur Blanco es la extraterrestre. Por eso, esta especie se usa para controlar la invasión vegetal en los lagos. Sin embargo, es una solución que ha de aplicarse con precaución.
Por Gema Gil
Foto Carlos Sebastián
“Este es un método eficaz para controlar la Hydrilla verticillata en el Lago Izabal”, dice el acuicultor Juan del Carmen frente al estanque donde cría una carpa herbívora conocida como Amur Blanco. En las 27 lagunas artificiales de la antigua finca cafetalera Xejuyú, en Chimaltenango, se cultivan 17 variedades de pescado, entre ellas, langostinos, almejas gigantes de Tailandia o mojarras blancas de Amatitlán, sin embargo la carpa o Ctenopharyngodon idella parece ser la niña de sus ojos.

En su etapa adulta llega a pesar 40
libras, pero hasta que alcanza unas 27, come diariamente una cantidad
equivalente a su peso. |
“Cuando hicimos los estanques artificiales, comencé a tener problemas con las hierbas que crecían en el fondo. Al principio trataba de controlarlo mediante extracción manual, pero en una visita a la Universidad de Texas, me enteré de la existencia de este tipo de pez”, cuenta del Carmen.
La carpa herbívora, originaria del río Amur, frontera natural entre Rusia y China, es una comedora voraz. En su etapa adulta pesa 40 libras, pero hasta que alcanza unas 27, come diariamente una cantidad equivalente al peso que va adquiriendo.
Como se alimenta de diversas algas y plantas, y su dieta favorita es la hydrilla —popularmente conocida como la extraterrestre—, su inserción en cuerpos de agua dulce se ha venido utilizado como una forma de control de esa planta.
Los problemas de la solución
En 1963 Estados Unidos comenzó a estudiar el uso de Amur Blanco para plantar cara a la invasión de la extraterrestre en Florida. La hydrilla había llegado al continente americano poco tiempo antes, como planta decorativa para los acuarios, pero pronto se convirtió en un problema nacional.
En los años 1990, la planta acuática ya estaba extendida por todo el sur del país y, según el Departamento de Ecología del Estado de Washington, había llegado hasta su territorio. Dado que, en los 10 años anteriores, Florida había desembolsado USA$56 millones para luchar contra su expansión, las noticias no eran demasiado halagüeñas.
Desde entonces, combatir la invasión de esta alfombra verde ha pasado por tres opciones: la utilización de herbicidas, con el riesgo de toxicidad que esto puede implicar; la extracción mecánica, lo que supone una tarea costosa y continuada; y la introducción de carpas herbívoras, una opción que tampoco está exenta de ciertos riesgos.
El Amur Blanco se reproduce tan fácilmente que su inserción en un lago conlleva el riesgo de que la solución termine por convertirse en plaga. Para evitarlo, es necesario asegurarse de que las carpas no sean capaces de reproducirse, algo que se logra mediante la obtención de ejemplares triploides, o lo que es lo mismo, la manipulación genética.
“Todos los animales somos diploides. Tenemos dos juegos de cromosomas, uno que aporta la madre y otro el padre. Los individuos triploides tienen un juego extra de cromosomas, esto les impide alcanzar su madurez sexual porque no desarrollan gónadas”, explica Leonel Carrillo, experto en acuicultura del Centro de Estudios del Mar (CEMA) de la Universidad de San Carlos. El proceso para crear los triploides pasa por someter el óvulo fecundado a un shock de presión y temperatura.
“No es un proceso especialmente complicado, aunque hace falta preparar un laboratorio. El problema es que cabe la posibilidad de que algún individuo desarrolle las glándulas sexuales, por lo que la siembra tendría que ser un proceso muy controlado. En biología nada se puede afirmar al cien por ciento”, añade Carrillo. Una opinión que comparte el director del CEMA, Pedro Julio García, quien, no obstante, se muestra más entusiasmado con la implementación de un proyecto de inserción de carpa herbívora en Izabal: “Los ejemplares deben ser probados para asegurarnos que no se pueden reproducir y habría que hacer un estudio de impacto ambiental, porque no sería conveniente que se comieran algunas macro algas que son alimento y refugio para los alevines de otras especies como la mojarra, pero nada es absoluto. La carpa también podría ser depredada por el róbalo o la barracuda o capturada por los pescadores de la zona”.
Una perspectiva nada descabellada. Valga como ejemplo la experiencia mexicana. Durante la década de los años 80, la extraterrestre se convirtió en un problema en los canales agrícolas del norte de México y Río Grande, y se introdujo este tipo de pez con resultados satisfactorios. Sin embargo, luego de unos años, la invasión vegetal volvió a aumentar: los pescadores locales habían acabado con la población de carpas.
“Los vecinos del Lago de Izabal prefieren los pescados de carne gris”, puntualiza el director del CEMA, organismo que justamente está desarrollando en la zona un programa para la recuperación de la mojarra, una de las especies preferidas por los vecinos. Pero, no hay que desdeñar la posibilidad de que la actividad pesquera perjudicara un hipotético proyecto: la triploidía facilita el crecimiento y el engorde en una especie que de por si es grande, y su blanca carne es sumamente sabrosa, tanto que en algunos países la llaman salmón siberiano. “Si se sembrara habría que hacer monitoreos y una campaña de información”, continúa García, “en todo caso, no deberíamos cerrarnos a debatir el tema. El principio de precaución es saludable, pero lo que hay que verificar es si funciona a nivel científico y en otros países se está utilizando”.
El ornamento que se convirtió en invasión
La Hydrilla verticillata es una planta acuática originaria de Asia, África y Australia. Se estima que llegó a América en calidad de planta ornamental; sin embargo, pronto se convirtió en un problema. Crece anclada al suelo, aunque puede sobrevivir flotando y, como especie invasiva se expande rápidamente. Basta con un fragmento de la raíz o el tallo para que se reproduzca en un cuerpo lacustre y se convierta en una alfombra que desplaza a otras especies, obstaculiza los canales y dificulta el transporte acuático.
En 1998, el paso del huracán Mitch, llevó hasta el lago Izabal la hydrilla contenida en unos estanques de acuicultura. “Este evento también llevó una gran cantidad de aguas servidas y, al aumentar el exceso de nutrientes, la planta se reprodujo rapidísimo”, explica Margaret Dix, catedrática de la Universidad del Valle e integrante de la comisión que fue creada para combatir la extraterrestre.
“En aquel momento, yo era partidaria de no adoptar medidas drásticas y el tiempo ha demostrado que estábamos en lo correcto. Este año, la presencia de hydrilla estaba controlada con la extracción mecánica. Los pescadores artesanales dicen que incluso les ha beneficiado su presencia. Los que aún no están contentos son quienes tienen casas en las orillas o los que se dedican a la pesca de arrastre”, continúa Dix, quien estima que el verdadero problema está en la gran cantidad de desechos que llegan al lago (la extraterrestre se nutre de ellos con mayor eficacia que otras especies).
“No creo que sea buena idea introducir carpa herbívora, porque se puede alimentar de otro tipo de plantas. La situación está controlada. Aunque si llega otro huracán, podemos volver a tener un problema”. |