Para reparar la imagen
de Estados Unidos
Ni siquiera Gran Bretaña aceptaría alinearse a las políticas de un presidente como Bush, cuya impopularidad en el mundo es irreversible, de manera incondicional.
Por Sergio Muñoz Bata
Independientemente de los resultados de la Cumbre del G8, la renovación del liderazgo político de la vieja Europa y la inexorable declinación de la Presidencia de George W. Bush, han dejado entrever la posibilidad de que en un futuro no muy distante se reconstituya la tradicional alianza transatlántica.
Para nadie es un secreto la enorme afinidad del recién electo presidente francés, Nicolas Sarkozy, por Estados Unidos, al que ve como el gran país de las oportunidades para la superación individual y de quien admira su ética de trabajo.
Además de celebrar los centenarios vínculos históricos y los valores compartidos entre ambos, Sarkozy coincide con los estadounidenses en combatir con mano dura el terrorismo y en su defensa del derecho inalienable de Israel a su salvaguardia. También ha hecho pública su admiración por la cultura popular, la prosa de Ernest Hemingway y las películas de Steve McQueen y
Sylvester Stallone.
Lo mismo puede decirse de la actitud de la pragmática canciller alemana, Angela Merkel, para quien Estados Unidos “ha sido la fuerza que le ha dado libertad al mundo”, y quien aspira a que la alianza se convierta en la piedra angular de una política exterior que promueva la democracia, la libertad y la economía de mercado.
Para Merkel no puede haber progreso ni en Europa ni en el Medio Oriente ni en el proceso de globalización en oposición al país de George W. Bush.
De Gran Bretaña, que siempre se ha ufanado de su “relación especial” con Estados Unidos sólo cabe esperar que una vez efectuada la transición de la oficina del primer ministro de Tony Blair a Gordon Brown, el vínculo continuará siendo profundo y poderoso pues se basa, al igual que en los casos de sus contrapartes en Francia y Alemania, en centenarios valores compartidos. La única gran interrogante es hasta donde querrá Brown distanciarse de la conducta de su predecesor que para muchos observadores fue excesivamente obsequiosa. Por lo pronto, Brown ya ha aceptado que la opinión pública en su país se encuentra muy dividida respecto de Irak y ha anunciado que para la próxima fase de la guerra habrá una reducción de tropas británicas.
España merece un capítulo aparte. Pues difícilmente se podría hablar de un reacomodo con Estados Unidos, la breve visita de Condoleezza Rice a Madrid indica que, si bien las relaciones entre ambos países no han entrado en una etapa de normalización después del estrepitoso desencuentro sobre la guerra de Irak, por lo menos han empezado a enderezar el rumbo y que en el caso de un triunfo demócrata en las elecciones de 2008 podrían normalizarse plenamente.
Porque lo que es evidente es que no ha habido vuelta de hoja en el repudio generalizado a la guerra con Irak. En términos generales, la opinión pública europea piensa que el planeta se ha convertido un lugar mucho más peligroso desde que Bush decidió tal acción.
Para los analistas, es evidente que los europeos se identifican filosóficamente con Estados Unidos y trabajarán para establecer una alianza bajo bases firmes, pero ni siquiera Gran Bretaña aceptaría alinearse a las políticas de un presidente como Bush, cuya impopularidad en el mundo es irreversible, de manera incondicional.
Bush y la guerra en Irak fueron también los temas centrales del debate entre los ocho aspirantes a la candidatura presidencial en Manchester, New Hampshire. Y si bien no hubo acuerdo sobre cómo, cuándo y en qué términos un presidente demócrata terminaría la guerra, en lo que todos coincidieron fue en señalar que ha sido la ineptitud del actual presidente, George W. Bush, la que ha hundido el país en una guerra que cada día es más impopular dentro y fuera del país.
La centralidad de la guerra en Irak en el debate presidencial no significa que la política exterior será el factor determinante en la elección presidencial de 2008. En Estados Unidos, esta guerra es más un problema doméstico que internacional, porque lo que le importa sobremanera a la mayoría de los estadounidenses es que sus hijos regresen a casa sanos y salvos.
También les preocupa la amenazada seguridad nacional y, por asociación, el marcado deterioro que ha sufrido la imagen del país durante los seis años de gobierno de Bush. Tanto es así que durante el debate presidencial la mayoría de los candidatos demócratas reveló que, de lograr la Presidencia, una de sus primeras acciones de gobierno sería pedirle al ex presidente Bill Clinton que encabece una misión diplomática para reparar la dañada imagen del país por todo el mundo.
A pesar de mi profunda admiración por Clinton, mi reconocimiento a los logros de su gobierno y mi convicción de que sería un estupendo embajador, yo creo que lo verdaderamente indispensable para reconstituir la imagen de la Unión Americana en el mundo sería que Estados Unidos dejara de sentirse excepcional y aceptara comportarse como el resto de los países democráticos del mundo, con apego a las leyes y reglas de convivencia internacional. |