Semanario de Prensa Libre • No. 154• 17 de Junio de 2007

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D fondo

En busca de una vida mejor
Las áreas urbanas son focos de concentración de
personas provenientes de distintas regiones del paísmejor

Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Carlos Sebastián

Es viernes. En un pequeño puesto de frutas, cerca del campo de futbol del asentamiento Mario Alioto López Sánchez, en Villa Nueva, dos hombres mayores conversan. Uno de ellos viste sombrero y morral al hombro; el otro, pantalón de vestir y camisa blanca. Aunque nacieron en lugares distintos, guardan el recuerdo de su permanencia en el campo. Cada quien reside en casa de uno de sus hijos. Establecieron su amistad en este lugar al que la vida los llevó.

Nicomedes Rivera López tiene 61 años de edad. Hasta hace unos ocho años vivía en Jalpatagua, Jutiapa. Allá se dedicaba a actividades agrícolas. Su esposa, Albertina González de Rivera, además de las labores domésticas, criaba gallinas —dice que llegó a poseer cien—. Tuvieron siete hijos, seis están vivos.

Para el año 2005, la
Municipalidad de Guatemala había registrado 245 asentamientos, formados por 27 mil 420 familias y 136 mil 870
personas.

La mayoría de ellos dejó su lugar de origen para buscar trabajo en la capital; dos fueron meseros durante mucho tiempo. Ahorraron y hoy son dueños del lote donde viven, en el Mario Alioto; una más tiene casa en Ciudad Peronia. Sus nietos han nacido aquí.

Los señores Rivera González accedieron a las múltiples peticiones de sus hijos y dejaron su casa. Aunque lograron asimilar el cambio, aún extrañan la amplitud de los espacios en que vivían, sus cultivos, los árboles frutales y sus gallinas.

Abraham Solano es el hombre de sombrero. Nació en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, hace 74 años, 60 de los cuales ha vivido en el área metropolitana.

Era apenas un adolescente cuando su madre dejó el pueblo para radicar en la ciudad. Al principio se hospedaron en casa de una tía en la colonia La Florida. Eran cuatro hermanos. Solano comenzó a trabajar como ayudante de albañil y después, se dedicó a vender de helados. En la capital conoció a su esposa, una mujer procedente de Granados, Baja Verapaz. Al inicio vivieron en la colonia Santa Marta, cerca de La Florida; después en la colonia Belén, donde fue guardián, y en Mixco. Hace 11 años habita en el Mario Alioto. Tienen seis hijas, una de ellas vive en Estados Unidos y una nieta también emigró a ese país hace poco.

Fenómeno de siempre

Guatemala se mueve con una dinámica particular. Durante décadas, principalmente a partir de los años 1950, las migraciones temporales y permanentes en el territorio nacional tienen un flujo constante. Se ha incrementado la cantidad de pobladores que dejan el área rural para incorporarse a la vida en los sectores urbanos o en los de producción agrícola para exportación (café, algodón, banano y azúcar).

El área metropolitana es un foco receptor de muchas de esas migraciones y, en consecuencia, ha tenido un amplio crecimiento. Para el año 2005, la Municipalidad de Guatemala había registrado 245 asentamientos, formados por 27 mil 420 familias y 136 mil 870 personas. Esto no excluye que otras áreas del mencionado departamento reciban a personas procedentes de otras regiones.

La licenciada en Geografía Humana, Gisela Gellert, ha estudiado el tema. Afirma: “En cualquier país del mundo ocurren constantemente migraciones internas. La gran diferencia consiste en el hecho de si éstas son por motivos individuales o suceden de forma masiva como estrategias de sobrevivencia. Son estas últimas las que predominan en el caso de Guatemala”.

¿Por qué se emigra?

Las causas varían: económicas, por motivos laborales, políticos, y desastres naturales, entre otras.

Según el economista y doctor en Sociología Eduardo Velásquez, director del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR), de la Universidad de San Carlos, entre las décadas de 1940 y 1960 se daban migraciones en busca de una mejor instrucción escolar a lugares como la ciudad de Guatemala, Chiquimula, Quetzaltenango y Antigua Guatemala. También en busca de empleo. “Bastantes trabajadores de la frutera procedían de Zacapa e Izabal”, comenta.

En los años recientes se dio otro fenómeno, la expulsión provocada por el conflicto armado. Muchas comunidades buscaron lugares más seguros, incluso en los países vecinos.

Los censos levantados antes de 2002 permitían establecer las migraciones entre departamentos, no así entre municipios.

“El Área Metropolitana de la ciudad de Guatemala (AMCG) ha sido el lugar de destino más importante; le han seguido los departamentos de Izabal y Petén”, escribe el economista Florentín Martínez en el libro El proceso de urbanización en Guatemala /Un enfoque demográfico 1950-2002, publicado por el CEUR.

También se está dando un desplazamiento de la capital a los municipios vecinos como Mixco, Villa Nueva, San José Pinula, Santa Catarina Pinula y, más recientemente, Fraijanes, Villa Canales y Petapa. Según María José Salas, relacionista pública de esta comuna, en la ciudad capital vive un millón 500 mil personas, pero estiman que una cantidad igual llega todos los días por distintos motivos, principalmente laborales. Además, se ha dado un alto crecimiento de la economía informal.

Hay mucha gente que viene del interior y se integra a este sector de la economía”, expone. Según Martínez, la capital es 12 veces mayor que Quetzaltenango, donde se está dando un fenómeno similar con el municipio de La Esperanza.

Otro foco de atracción es el departamento de Petén, donde 30 de cada 100 habitantes son inmigrantes. De éste sale sólo el 5 por ciento.

Los departamentos de los que salen más migrantes son Jutiapa (que sólo recibió 5 por ciento y de él salió 27 por ciento) y Santa Rosa (recibió el 10 por ciento y salió el 28 por ciento).

El Censo de Población 2002, desarrollado por el Instituto Nacional de Estadística, registró que el 11 por ciento de los censados a nivel nacional (un millón 236 mil 620 personas) estaba en un departamento distinto al de su nacimiento. Al compararlo con el Censo de 1994 los datos evidenciaron que los departamentos de atracción son los mismos.

Los migrantes temporales, agrega Martínez, son en su mayoría, personas extremadamente pobres y de baja escolaridad que desempeñan duras faenas agrícolas. Su destino es la Costa Sur (durante la cosecha de caña y café) y el sur de México.

Dinámica de
las migraciones

> Según el economista Eduardo Velásquez, hay varios tipos de migraciones internas: rural-rural, rural-urbana, urbana-urbana y urbana-rural (esta última es la menos frecuente).

>En el libro Desarrollo Capitalista, crecimiento urbano y urbanización en Guatemala 1940-1984, Velásquez cita a Claude Bataillon e Ivon Lebot, quienes afirman que para estudiar las migraciones internas en Guatemala es necesario dividirlas en temporales y definitivas.

>Gisela Gellert, en su investigación especifica que desde finales del siglo XIX muchas migraciones se daban a fincas de café.

> Durante el régimen de Jorge Ubico se restringía la libre locomoción en el territorio por medio de la Ley contra la Vagancia y sólo se permitía como mano de obra para trabajar con terratenientes o el Estado.

> A partir de la Revolución de 1944 se dieron mayores flujos migratorios.

> En las décadas de 1950 y 1960 se consolidó un patrón de migración interna permanente que sufrió cambios a partir de la década de 1980 probablemente por dos causas graves: el terremoto de 1976 y el conflicto armado interno.

> Gellert cita el estudio Mujeres migrantes por pobreza en la Ciudad de Guatemala (Ceur-Digi, 2000) que refleja que el 56.8 por ciento de la población migrante para ese año eran mujeres, de las cuales el 22 por ciento enfrentaba la sobrevivencia en asentamientos precarios sin apoyo del marido y un 16 por ciento de viudas.

El sociólogo Álvaro Caballeros y el doctor Jorge Lorenzana elaboraron el estudio Herederos de pobreza, publicado por la Mesa Nacional para las Migraciones en Guatemala, Menamig, acerca este fenómeno en Rabinal, Baja Verapaz y Zacualpa, Quiché. Escogieron estos municipios porque en ambos las poblaciones de las que emigran más habitantes son las más pobres y lejanas.

En Zacualpa, por ejemplo, familias completas viajan para trabajar en fincas de café, no así para el corte de caña en el que sólo son aceptados hombres de 16 a 35 años de edad, afirma Caballeros. En casa se queda la esposa a cargo de los niños. Además de los quehaceres domésticos, efectúan también labores agrícolas. Un fenómeno que se suscita es que los niños abandonan la escuela y, cuando vuelve su padre, el ciclo escolar ha avanzado tanto que ya no pueden reincorporarse a las clases.

Demandas y soluciones

El impacto de la migración interna permanente es muy fuerte para el área que la recibe. Necesitan un lugar en el cual vivir, requieren puestos de trabajo, servicios de salud, educación, transporte. El comercio se activa, porque hay más consumo. Una vez establecidos, forman nuevos hogares o se reúnen con la familia que habían dejado. Las demandas de todos son mayores.

Martínez afirma que la migración interna no tiene una única solución. Se puede contrarrestar con planes económicos, más áreas de desarrollo. Es necesaria, dice, la desconcentración de la actividad económica en el departamento de Guatemala. Por eso es urgente implementar una política de desarrollo rural que tenga como componentes la generación de empleo, estimulo a otras actividades productivas y mejorar las condiciones de vida de las comunidades. Si la pobreza es el elemento impulsor de migración, es lo que habría que combatir.

Migraciones en la última década

La licenciada en Geografía Humana Gisela Gellert efectuó un estudio sobre este tema a finales de la década de 1990, para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que después fue publicado también por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en 2000, en el libro Guatemala: exclusión social y estrategias para enfrentarla, junto a un ensayo de Víctor Gálvez Borrel. En éste afirma que: “Las causas para las migraciones masivas como estrategias de sobrevivencia son estructuralmente determinadas y consecuencias del modelo económico imperante en Guatemala, así como de sus expresiones territoriales. En este sentido, se puede hablar de ‘migraciones forzadas’. En parte, como es el caso de los migrantes agrícolas temporales, también son una necesidad del sistema económico”.

En su investigación sostiene que “en términos generales, se puede señalar que es a partir de la década de 1980, en el contexto de la aguda crisis política y socioeconómica que azotó a Guatemala en forma específica, que la migración, como estrategia de sobrevivencia, creció en volumen y complejidad”.

Hace falta estudios

La socióloga Margarita Hurtado, investigadora de Flacso, quiere atraer de nuevo la atención hacia este tema que fue ampliamente estudiado hasta 2000. En los últimos años, la atención se ha centrado a las emigraciones al extranjero, particularmente a Estados Unidos. Si bien ésta es ahora más fuerte que en las décadas de 1970 y 1980, Guatemala tiene todavía un amplio porcentaje de población rural, la tierra se sigue conservando en pocas manos y las pequeñas propiedades se fragmentan para dársela a los hijos.

En la recolección preliminar de datos evidenció la poca atención que se le ha dado al fenómeno en la última década y media. Intuye que hay una gran movilidad temporal, pero ya no es en las épocas y las direcciones tradicionales. También se ha dado lo que Hurtado describe como una “feminización del trabajo” en el cultivo de productos como el brócoli y la arveja china. Otras mujeres se han insertado al mercado laboral en las maquilas. “La gente busca cómo pasar la vida. Se van cerrando las posibilidades de vivir en un lugar y no hay más opción que migrar”, puntualiza.

Otros datos

El Informe Nacional de Desarrollo Humano 2005, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, dice que: “Los desplazamientos territoriales de la población en Guatemala han constituido uno de los fenómenos sociales más importantes a lo largo de su historia”.

La emigración temporal laboral indígena ha sido un componente sustantivo del modelo económico, pero esto no ha significado necesariamente cambios substantivos en sus condiciones de vida y oportunidades de desarrollo.

El informe de PNUD registra datos del Censo de Población 2002 en el que se evidencia que entre 1996 y 2002, un 24 por ciento de la población cambió su lugar de residencia dentro del territorio nacional (dos millones 600 mil personas, aproximadamente).

Del total de emigrantes recientes, 70 por ciento fueron personas no indígenas, nacidas en los departamentos de Guatemala, San Marcos, Escuintla, Quetzaltenango y Jutiapa.

De la población indígena emigrante, 30 por ciento provenían, en su mayoría, de Quiché, Huehuetenango, Alta Verapaz, Totonicapán, Chimaltenango y Sololá.

Años de recorrido

Para 1950, los departamentos que recibieron más migración fueron Guatemala, Escuintla, Izabal, Suchitepéquez y Retalhuleu.

En 1964, el Censo registró más cantidad de migrantes en estos cinco departamentos en comparación con el resto del país. Los que más “expulsaron” población fueron El Quiché, Huehuetenango, Santa Rosa, Totonicapán, Alta Verapaz, Baja Verapaz y Zacapa.

En 1973, los datos reportan mayor flujo migratorio hacia Guatemala, Escuintla, Izabal, Retalhuleu y Petén. Nuevamente figuran como departamentos expulsores El Quiché, Huehuetenango, Santa Rosa, Totonicapán, Alta Verapaz, Baja Verapaz y Zacapa.

El Censo de 1981 registró cambios con respecto a los departamento receptores: Guatemala, Escuintla, Petén, Sacatepéquez y Alta Verapaz.
En 1994, el Censo evidenció que el 24.6 por ciento de la población migró en alguna época de su vida.


   

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