Semanario de Prensa Libre • No. 155• 24 de Junio de 2007

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D educación
   > D portafolio
   > D tradición
   > D fondo
   > D ciudad
   > D mundo
   > D farándula
   > D viaje
   > Punto final

 


D ciudad

Oriente en Guatemala
Un Chinos, coreanos y japoneses integran las principales comunidades asiáticas del país

PorGemma Gil
Foto Carlos Sebastián

“Hace un año que los idiomas asiáticos han multiplicado la demanda de estudiantes en las aulas de Calusac. Actualmente, 124 alumnos siguen el curso de chino mandarín, 61 de japonés y 18 de coreano. Tres idiomas de tres países que para el común de los guatemaltecos son difíciles de distinguir, sin embargo la historia de la llegada de las comunidades asiáticas a América es muy distinta.

En el supermercado Agrochina la oferta es amplia e incluye productos alimenticios, vajilla de cerámica y muebles labrados.


“¿China o chapina? No es fácil responder a esa pregunta, porque nací en Guatemala, pero trato de mantener las tradiciones de mis ancestros”, dice Gloria Campang, integrante de la colonia china y coautora de un estudio sobre la migración de esta comunidad hacia el país.

“Las principales migraciones llegaron a finales del siglo XIX, aunque Mayra Fernández de Schäfer encontró que durante el periodo colonial hubo una china que vivía como esclava en Antigua y que estuvo tratando de conseguir su libertad”, explica Campang.

Aquella era la época en que América
Latina proveía al mundo de materias primas
y la mano de obra era necesaria. El tráfico de coolíes sustituyó en buena medida a la trata de población africana, de modo que muchos chinos llegaron al continente tanto de forma voluntaria como en régimen de semiesclavitud. Con el tiempo consiguieron hacerse su propio espacio y convertirse en prósperos comerciantes, un proceso que no iba a ser ajeno a la comunidad llegada a Guatemala.

Hacia 1940, la colonia contaba con 809 familias repartidas por todo el país (fundamentalmente, en Guatemala, Izabal, Santa Rosa, Suchitepéquez y San Marcos). Casi siete décadas más tarde, el consulado de Taiwán estima que la comunidad asciende, al menos, a 15 mil personas, una cifra que incluye a segundas y terceras generaciones.

A la hora de destacar la huella cultural dejada por estos migrantes habría que señalar el campo culinario — ¿quién no ha comido wan tan o chao mein?— y el comercial. Su actividad es palpable en numerosos establecimientos de la zona uno, algunos tan tradicionales como Chang y Compañía (8a. calle y 9a. avenida), los restaurantes de la 6a. calle, entre 4a. y 3a. avenidas, o el interesante supermercado Agrochina (11 avenida 20-80, zona 1), local de más reciente creación.

Su larga presencia en la vida nacional los ha convertido en un rostro más del paisaje multicultural guatemalteco. La china es la comunidad asiática que se ha asimilado más profundamente, circunstancia que se evidencia de forma especial si se les compara con sus vecinos coreanos, grupo este que se caracteriza por el celo con el que conserva su privacidad.

Los más desconocidos

De acuerdo con el libro Cuando Oriente llegó a América, coordinado por Amelia Morimoto, la emigración coreana comenzó en 1905 dirigida a México, pero no fue hasta finales del siglo XX que se hizo númericamente notoria. Se estima que en la década de 1980 llegaron 100 mil coreanos a la región latinoamericana.

En Guatemala, esta población asciende a 12 mil personas que se dedican, fundamentalmente, a actividades industriales. De hecho, en el país funcionan 150 empresas coreanas, de las cuales una parte importante se dedica al sector textil (esta comunidad maneja 45 por ciento del negocio de las maquilas).

La pujante actividad comercial explica por qué en la capital circulan tres periódicos escritos íntegramente en su idioma nativo y que se distribuyen por suscripción en los negocios de la comunidad.

Su presencia se ha hecho cotidiana en espacios como El Pueblito (3a. avenida y 19 calle de la zona uno), la colonia Monte María (zona 12), Korea Center (zona 11) o la calzada Mateo Flores (zona 7), donde es común ver supermercados y restaurantes con carteles escritos en alfabeto hangul.

En algunos de estos establecimientos, el temor a la delincuencia ha llevado a adoptar estrictas políticas de admisión, al punto de que no se permite el acceso a la población guatemalteca o sólo se puede entrar si se va acompañado de un coreano. Estas medidas han contribuido a crear una imagen de hermetismo en torno a esta comunidad.

Desde el país del sol naciente

La inmigración japonesa goza de una larga tradición en el continente americano. A finales del siglo XIX, California se convirtió en un anhelado destino para muchos campesinos y trabajadores nipones, pero Estados Unidos no fue el único receptor. Las investigaciones de Morimoto señalan que hasta la Segunda Guerra Mundial llegaron más de 245 mil japoneses a América Latina (principalmente a Brasil, Perú, México y Argentina).

Paradójicamente, aunque hace un siglo Japón era un país emisor de emigrantes, en la actualidad es uno de los principales proveedores de cooperación al desarrollo. En Guatemala, esta colonia se caracteriza tanto por la legendaria diligencia y amabilidad que se suele atribuir a este pueblo, como por su reducido tamaño. Según datos proporcionados por la embajada, son apenas 348 personas, 40 de las cuales son jóvenes voluntarios.

Pese a ser un grupo minoritario su influencia se deja sentir en las academias de idiomas —además de la Calusac se puede estudiar japonés en las academias CEDS y Oxford (zona 10)— y en la presencia de un puñado de restaurantes genuinamente fieles a la gastronomía del lejano oriente: además del tradicional Ran (zona 13), la comunidad japonesa suele degustar los sabores de su tierra en Edoya (zona 9), cuyo chef es coreano, y Tanoshii (zona 10).

En círculos privados, este grupo mantiene festividades propias, como por ejemplo el natsumatsuri, celebrado en junio o julio con comidas tradicionales y danzas conocidas como bonodori, o la mañana deportiva undokai, que se celebrada en noviembre. De cara al público general, su folclor se aprecia en espacios como la Asociación Centroamericana de Matemática y Papiroflexia (zona 5) o la Asociación de Kendo, arte marcial que se desarrolla con armadura y espada (Santa Catarina Pinula).


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com