A propósito
Ecosistemas
Por Viviana Ruiz
Editora Revista D
La tala inmoderada de bosques y manglares, la pesca sin control y desmedida,
la recolección de moluscos y crutáceos, el cambio de uso del suelo
al convertirlo en agrícola o ganadero, así como la contaminación
con desechos sólidos y líquidos son algunos de los factores que
alteran el desarrollo de los humedales de nuestro país.
A estos hábitat se les identifica como áreas que se inundan de
forma temporal, donde la capa freática aflora en la superficie o en suelos
de baja permeabilidad cubiertos por aguas poco profundas.
También son fuente del llamado líquido vital para el consumo humano
y valiosos para actividades agrícolas, pecuarias, energéticas,
industriales, incluso, ayudan a minimizar el impacto de los cambios climáticos
debido a su alta productividad.
Guatemala ha perdido, según la investigación de la periodista Julieta
Sandoval para el tema Dfondo de esta edición, una gran cantidad de humedales,
pero aún existen zonas que los tienen, tal es el caso de Laguna del Tigre
y Yaxhá-Nakúm-Naranjo, en Petén. En Alta Verapaz, Laguna
Lachuá. Bocas del Polochic y Punta de Manabique, en Izabal. Y Manchón
Guachumal, en San Marcos y Retalhuleu.
En estas áreas, grupos ambientalistas trabajan para ratificar la Convención
sobre los Humedales, un tratado intergubernamental aprobado el 2 de febrero de
1971 en la ciudad iraní de Ramsar, relativo a la conservación y
el uso racional de esto sitos. Además de implementar proyectos, los ambientalistas
hacen conciencia en quienes viven a sus alrededores para conservarlos y transformarlos
en áreas ecoturísticas, pues de esa manera todos saldrán
beneficiados: los pobladores podrán obtener ingresos económicos
y los humedales continuarán sus procesos hidrológicos y ecológicos.
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