Semanario de Prensa Libre • No. 139 • 4 de Marzo de 2007

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Punto final

Noráfrica campo de batalla
África, con sus vastos tramos de montaña y desierto escasamente gobernados, se podría convertir en una tierra terrorista similar a Afganistán

Por Craig S. Smith

El plan, incubado desde hacía varios meses en las áridas montañas del norte de África, consistía en atacar las embajadas de Estados Unidos y del Reino Unido en la localidad. Todo terminó en una serie de enfrentamientos a balazos en el mes de enero, en la cual una docena de milicianos fueron muertos, así como dos oficiales de seguridad de nacionalidad tunecina.

El aspecto, sin embargo, más perturbador de la violencia en esta nación, que suele ser plácida y amigable con el turismo, es que vino del otro lado de la frontera, de Argelia, donde una organización de terrorismo islámico ha jurado unir a grupos de radicales islámicos a lo largo del norte africano.

Oficiales del área de contraterrorismo en tres continentes afirman que el problema en Túnez es la evidencia más reciente hasta la fecha de que un brutal grupo argelino, con historial de violencia, está cumpliendo su promesa: organizar a extremistas a lo largo de África del norte y unir a los remanentes de la red AlQaeda en una nueva fuerza internacional por la Yihad.

Hace algunas semanas, el grupo se adjudicó la responsabilidad por siete atentados con bombas, casi simultáneos, que destruyeron estaciones de policía en poblados al este de Argel, la capital argelina, matando a seis personas.

El presente artículo fue preparado a partir de entrevistas con funcionarios del Gobierno y oficiales militares de Estados Unidos, oficiales de contraterrorismo en Francia, fiscales de contraterrorismo en Italia, expertos argelinos en terrorismo, funcionarios del gobierno de Túnez y un abogado tunecino que trabaja con islamistas a cargo de actividades terroristas.

Ellos aducen que el norte de África, con sus vastos tramos de montaña y desierto escasamente gobernados, se podría convertir en una tierra terrorista similar a Afganistán, a corta distancia de Europa como para lanzar ataques en su contra. Esto resulta mucho más alarmante debido a las profundas raíces que tienen comunidades del norte africano en el Viejo Continente y la facilidad para efectuar viajes entre las regiones. Para Estados Unidos, la amenaza también es real debido a que la mayoría de los europeos viaja a ciudades estadounidenses sin necesidad de visa.

La violenta agrupación argelina, Grupo Salafí de Prédica y Combate, GSPC, ha estado bajo la vigilancia de la Unión Americana desde hace varios años. “El GSPC se ha convertido en una organización terrorista en la región, al reclutar y operar en todos sus países y más allá”, explicó Henry A. Crumpton, en esa época embajador general de EEUU para contraterrorismo, en una conferencia sobre el mismo tema efectuada en Argel, el año pasado. “Está forjando vínculos con grupos terroristas en Marruecos, Nigeria, Mauritania, Túnez y otros”.

Algunos funcionarios aseguran que el grupo mencionado está canalizando combatientes norafricanos a Irak, pero que, al mismo tiempo, está devolviendo a milicianos a sus países de origen.

Las ambiciones del grupo son inquietantes en particular para oficiales de contraterrorismo que están vigilando, atentados al resurgimiento de redes que fueron interrumpidas en buena medida tras las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Si bien la mayoría de los cálculos sitúan la membresía actual del grupo en los cientos, ha sobrevivido a más de una década de esfuerzos del Gobierno argelino por erradicarlo. Actualmente es el grupo terrorista mejor organizado y financiado en esta región.

El año pasado, cinco años después de los ataques del 11 de septiembre, la red Al Qaeda eligió al GSPC como su representante en el norte de África. En enero, el grupo devolvió el gesto cambiando su nombre a Al Qaeda del Maghreb Islámico, afirmando que su líder, Osama bin Laden, ordenó dicho cambio.

“El enfoque de AlQaeda consiste en que el GSPC se convierta en una fuerza regional, no solamente en una fuerza argelina”, destacó el magistrado francés de contraterrorismo, Jean-Louis Bruguiere, en París.

El GSPC fue creado en 1998 como un brazo derivado del Grupo Islámico Armado, mismo que peleó una brutal guerra civil a lo largo de una década, luego de que las fuerzas armadas de Argelia cancelaran elecciones a principios de 1992 debido a que un partido islamista tenía la certeza de obtener un triunfo.

Escuchas telefónicas, interrogatorios de presuntos terroristas y documentos recuperados dejan entrever que la red tiene miembros en Francia, Italia, Turquía e incluso en Grecia, que es favorecido como un punto de ingreso a Europa debido a sus controles de inmigración relativamente flojos, a decir de oficiales del área de contraterrorismo.

En septiembre, el segundo al mando de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahri, divulgó una videocinta en la que detalló que su red de terrorismo mundial había sumado fuerzas con el GSPC.

A dicho video le siguió un inquietante aumento en los ataques terroristas a lo largo de la región, incluido uno en contra de empleados de Halliburton en Argelia, perpetrado en diciembre, que dejó muerto a un argelino muerto y heridos.

Pero, hasta la fecha, la evidencia más firme de la cooperación entre fronteras del GSPC se produjo en enero, cuando Túnez anunció que había matado a 12 extremistas islámicos y capturado a otros 15. Algunos oficiales declararon que seis de los extremistas habían cruzado al interior del país desde la vecina Argelia.

Su líder, de 36 años de edad, Lassad Sassi, era un agente policial que dirigió una célula terrorista en Milán hasta mayo de 2001, antes de huir a Argelia, según un fiscal italiano, Armando Spataro.

Sassi aún figura como uno de los acusados en el registro del juicio actual, por terrorismo, en Milán, el cual empezó antes de su muerte. Se entablaron cargos en su contra, en ausencia, por suministrarle ropa y dinero al GSPC, así como por financiar y planear ataques suicidas con bomba en Italia.


   

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