Fuentes de vida en peligro
Los humedales están llenos
de riqueza natural, diversidad de flora y fauna, pero el hombre está acabando con ellos
Por: Inés Benítez
Fotos: Ricardo Mata / Archivo
Entre las raíces de los árboles que
crecen dentro del agua habitan seres significativos para la vida
de miles de especies. Se les llama guarderías de peces y
crustáceos, que a la vez son fuente de alimento para aves
y mamíferos. A simple vista, desde una lancha, es difícil
observar la actividad que existe abajo de las corrientes y la importancia
que tienen estos sitios.
El agua es el elemento común de estos lugares. Esa particularidad hace
que los humedales (hábitats interiores y marinos que se inundan temporalmente)
tengan características diferentes a los ecosistemas terrestres, esenciales
para la conservación de la biodiversidad.
En Guatemala son fuente de agua para consumo humano y valiosos
para actividades agrícolas, pecuarias, energéticas, industriales y hábitat
silvestre, por su alta productividad. Mas esos beneficios son desconocidos o
ignorados, y por ello son destruidos.

Los humedales son sistemas
cuyas características están determinadas
por la presencia de agua dulce, salada o mixta |
En riesgo
Jorge Ruiz, director del Centro de Estudios Conservacionistas (Cecon)
de la Universidad de San Carlos de Guatemala, explica que los
humedales, además de purificar
las aguas antes de que ingresen al mar, almacenan el vital líquido. De
ahí proviene su nombre.
También ayudan a minimizar el impacto de los cambios climáticos,
tan frecuentes en estos tiempos, pues funcionan como amortiguadores.
“En Guatemala se ha perdido una gran cantidad de humedales”, indica
Hugo Hidalgo, de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación
(Fundaeco). Los daños ecológicos han sido provocados por el cambio
de uso del suelo, al convertirlo en agrícola o ganadero; la contaminación
con desechos sólidos y líquidos y las irracionales o malas prácticas,
como la pesca.
Un estudio del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) señala
la necesidad de establecer políticas que ayuden a proteger, utilizar sosteniblemente
y recuperar los humedales.
Hidalgo expone que esto último es más difícil. Eso lo pueden
poner en práctica países desarrollados como Japón; en Guatemala,
lo mejor es la conservación. “Otro factor dañino ha sido
la tala de mangle del Pacífico, para la instalación de camaroneras
o la utilización de este vegetal en viviendas”, agrega.
Desde la adhesión a la Convención Ramsar (nombre dado por la ciudad
iraní en donde se aprobó el primer tratado, en 1971) a través
del decreto legislativo 4-88, se han declarado seis zonas de humedales nacionales:
en Petén, Laguna del Tigre y Yaxhá-Nakum-Naranjo. En Alta Verapaz,
Laguna Lachuá. Bocas del Polochic y Punta de Manabique, en Izabal. Y Manchón
Guachumal, en San Marcos y Retalhuleu.
Ahora se trabaja para incluir en el listado al río Sarstún. Éste
comprende un área de 34 mil 964 hectáreas. Se extiende desde el
río Quehueche, por la ribera de la Bahía Amatique y del río
Sarstún, hasta Modesto Méndez.
Fundaeco, que trabaja en el proyecto, tiene registrado que en el
lugar se protege una combinación única de ecosistemas, que incluye bosques inundados,
tropicales húmedos, manglares, pastos marinos y lagunas salobres.
Además de estos sitios, en el inventario nacional existen unos 200 humedales
de diversos tamaños.
En armonía
con la naturaleza
El hombre altera de forma constante su entorno físico, como lo hace cualquier
ser vivo; la diferencia es que los cambios del humano destruyen, al evitar la
reproducción de la vegetación natural, por medio de la agricultura
y la ganadería. Por ello, los ecólogos afirman que debe aprenderse
a vivir en armonía con la naturaleza.
En Izabal, uno de los departamentos en donde hay más humedales, se ha
puesto en marcha un programa en las comunidades que han vivido por largo tiempo
dentro de las áreas protegidas.
Dentro de los corredores biológicos
se ha empezado a apoyar, con subsidios controlados, a diferentes
grupos organizados que les permiten ejecutar proyectos productivos,
como ecoturismo. “Al declarar las áreas protegidas
no se pensó en las personas que viven adentro, y eso es lo que se trata
de hacer ahora, para convivir con el entorno natural sin llegar a la destrucción”,
indican integrantes de Jade, una de las organizaciones que trabaja con las
poblaciones. Los proyectos van desde la elaboración de carbón hasta la venta
de artesanías. En la comunidad de Santa Isabel, 20 familias producen y
subsisten de la venta de hulla. Eustaquio Ochoa, presidente del Consejo de Desarrollo
del lugar, dice que dicha labor la hacen con un manejo adecuado del bosque. Esto
significa el uso racional de los árboles; cortan sólo aquellos
que son permitidos por los guardarrecursos. Los pobladores cuidan que el bosque
se regenere.
Para Jorge Ruiz, del Cecon, esta práctica es más por idiosincrasia
que por beneficios económicos. “Lo positivo es que ahora aceptan
la supervisión para proteger el lugar”, comenta.
En la comunidad Estero Lagarto, en Punta de Manabique, llamada
así porque
antes había abundancia de estos animales que desaparecieron, los pobladores
son parte de pescadores organizados para que esta actividad sea controlada.
“Hacemos conciencia de no atrapar peces pequeños para no interrumpir
su desarrollo”, indica Angélica Méndez, presidenta de la
Red de pescadores, que agrupa a 17 organizaciones con mil 200 integrantes de
los más de cinco mil que laboran en el Caribe. Dos años atrás,
una embarcación pequeña pescaba 40 libras de camarón diarias;
en la actualidad, obtienen entre 20 a 25 libras.
El ecoturismo es otro plan con el que se involucra a los habitantes. “Los
suelos en Izabal, como en muchos lugares del país, no son aptos para el
cultivo, la mejor actividad para obtener ingresos y conservar el entorno es el
turismo”, expresa Jorge Ruiz.
En la comunidad Salvador Lagunita, en Lívingston, funciona un hotel construido
con características propias del lugar para que el visitante se integre
por completo a la naturaleza; es administrado y atendido por las 19 familias
que habitan la región. Luis Xol, presidente de la asociación, explica
que las ganancias son repartidas entre todos. “En la actualidad aún
son pocos los que se hospedan, pero esperamos que el número aumente para
que nuestra vida cambie”, comenta. Además, producen artesanías
que venden a los turistas. Pobladores y organizaciones trabajan
para aprender a convivir con la riqueza natural y aprovechar sus
beneficios sin destruirla, en especial los humedales.
Humedales con protección nacional
Estos lugares son algunos de los muchos que tiene el país
con diversidad de ecosistemas.
Laguna Lachuá
En el municipio de Cobán, Alta Verapaz,
está situado
este parque Nacional, de 53 mil 523 hectáreas.
Según informe del Conap, en este lugar habita, aproximadamente,
la quinta parte de los mamíferos silvestres de Guatemala,
como el jaguar, el tapir, el mono saraguate y 35 especies de peces.
Se ha localizado cuatro sitios arque lógicos: Atzam, Cuevas
Hirsh, Nuevo León y Salinas Nueve Cerros.
Este humedal proporciona beneficios como la pesca artesanal en
los ríos Chixoy, Icbolay, Tzetoc y otros cuerpos de agua.
Algo más
> La Convención Ramsar
sobre los Humedales es un tratado internacional suscrito
en Irán en 1971, que define estos ecosistemas
como áreas donde existe agua en forma permanente
o temporal, con una profundidad menor a seis metros.
> Dicha Convención tiene
136 adherentes, que albergan en sus territorios mil 284
humedales, equivalentes a 108 millones de hectáreas,
señala el sitio web de Ramsar. Se estima que cubre
seis por ciento de la superficie terrestre.
> Desde 1997 se
celebra el Día Mundial de los Humedales el 2 de
febrero de cada año, para generar conciencia sobre
la importancia de estos ecosistemas.
> Los humedales son
uno de los ecosistemas más productivos del mundo,
mantienen 40 por ciento de las especies de peces y de
otras muchas, incluso las aves acuáticas. Junto
con los bosques lluviosos, éstos son de los ecosistemas
más amenazados, debido a su transformación,
desarrollo y contaminación. |
Bocas del Polochic
Es considerado un refugio de vida silvestre porque tiene una
gran variedad de plantas y animales, es un hábitat para
especies como el manatí, tapir, cocodrilos, monos saraguates
y una diversidad de aves acuáticas y peces como el sábalo.
Está ubicado en el departamento de
Izabal, cerca de los ríos.
Polochic y el Río Oscuro. Tiene una extensión de
21 mil 227 hectáreas.
Su función es mantener los ciclos reproductivos de los peces, que son
significativos para la economía de la región.
Punta de Manabique
Tiene pantanos, áreas inundadas y una zona marina.
Resguarda una gran cantidad de plantas y animales. Algunas partes
cuentan con palmeras, mangle rojo y pastos marinos en donde se
crían camarones y peces.
También es importante debido a que alberga aves acuáticas
(se registran al menos unas 342 especies) y es el único
lugar en donde anida el loro cabeza amarilla. Cada año,
tortugas marinas, como la carey, llegan a desovar a sus playas.
Está situado en Izabal. Con una extensión de 132
mil 900 hectáreas, la mitad de esta superficie es agua.
Manchón
Guamuchal
Esta área de protección especial cuenta con
manglares, plantas acuáticas y palmas. Según reportes
del Conap, todos los años es visitado por una gran cantidad
de aves migratorias que vienen desde Canadá y Estados Unidos
para alimentarse, por lo que funciona como observatorio.
Se encuentra ubicada entre los departamentos de San Marcos y
Retalhuleu. Tiene una extensión de 13 mil 500 hectáreas.
Laguna del Tigre
Este parque Nacional y biotopo está ubicado en el departamento
de Petén, dentro de la Reserva de
Biosfera Maya. Cuenta con una
extensión de 335 mil hectáreas y es el parque nacional
y humedal más grande de Guatemala.
Posee gran cantidad de ríos,
lagos, lagunas permanentes y bosques inundados. En el lugar
viven jaguares, tapires, monos y cocodrilos.
Es uno de los últimos refugios de
la guacamaya roja. También
cuenta con plantas acuáticas, árboles de cedro y caoba.
Yaxhá-Nakúm-Naranjo
Está ubicado dentro de la reserva de la Biosfera Maya,
en Petén. Tiene una extensión de 37 mil 160 hectáreas.
El 97 por ciento de este humedal está cubierto por áreas
boscosas, como el bosque alto o bajo inundable.
Varios ríos, aguas naturales y cinco lagunas y lagunetas:
Yaxhá, Sacnab, Juleque, Lancjá y Champoxté lo
conforman. Dentro de las especies presentes destacan el cocodrilo
de pantano, el pez blanco, la totuga blanca y el mono araña.
Este humedal tiene sitios arqueológicos
importantes como Yaxhá, Nakúm, Naranjo y la Isla de
Topoxte. |