En tu memoria
Siento el dolor de todos los padres que han perdido a un hijo
El 5 de marzo del año pasado mi hijo Dennis
fue atropellado por un picop conducido por un piloto en estado
de ebriedad; Dennis falleció al día siguiente. Durante
sus horas finales, fue desgarrador verlo partir y sentir cómo
el calor de su cuerpo poco a poco se agotaba. Este suceso amargó completamente
nuestras vidas, y cómo no, a Dennis (20 años) le
sobraban energías, intenciones y voluntad para forjarse
un excelente futuro. Ahora, a casi un año de su partida,
en nuestro corazón, en nuestra casa, sólo hay vacíos.

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En las épocas buenas, creemos en todos y en todas las instituciones; en
el párroco de la iglesia, en los servicios médicos y hasta en la
justicia, pero al estar afectados en forma directa, nos damos cuenta de que el
dolor no importa, ni siquiera a los médicos, mucho menos a quienes se
hacen cargo de la justicia, que con su lentitud e inoperancia pareciera ser que
siempre están en contra de las víctimas; es difícil sufrir
la pena y soportar el trato de algunas personas a las que debemos recurrir por
los trámites legales.
Cada vez que paso por el fatídico lugar, veo hacia el cielo en espera
de ubicar el rostro de mi hijo detrás de las nubes, y al final siento
y creo que allí está y que es otro medio más para comunicarnos.
Recuerdo la vez que me dijo: “Papá sin usted no sé qué haría”,
y hoy quisiera saber qué hago yo sin él.
Sé que todos tenemos penas y aflicciones, máxime en este nuestro
país tan agobiado por la violencia y crisis de justicia, pero cuando nos
arrebatan un hijo, nos quitan lo más preciado de nuestro ser, y se llevan
la alegría familiar y un sinfín de ilusiones.
El anhelo por compartir mi tragedia no tiene otro sentido que intentar
hacer reflexionar a los que beben y manejan para que no lo hagan,
pues pueden causar pérdidas irreparables, dolores, angustias e injustos arroyos de lágrimas;
si lo hacen, están a tiempo de cambiar, después será tarde
y con seguridad no se tendrá el valor para afrontar los errores; las leyes
terrenales posiblemente nos cobijarán, pero la divina nos alcanzará a
través del tiempo.
Oswaldo Samayoa
Malacatancito, Huehuetenango
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
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