Semanario de Prensa Libre • No. 139 • 4 de Marzo de 2007

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D viaje

Lima
Testimonio de exuberancia colonial

Un amplio conjunto de iglesias, monasterios, basílicas y conventos se erigen por todo el Centro Histórico de esta ciudad

Por Angels Masó
Foto EFE

A orillas del río Rímac, entre la tradición y la modernidad, se alza el Centro Histórico de Lima. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, convertido en una de las mejores muestras de arquitectura colonial en Latinoamérica. Este “casco viejo” alberga más de 600 monumentos.

Fundada por Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535 con el nombre de Ciudad de los Reyes, Lima fue el corazón de la Corona española en Sudamérica y ejerció un papel hegemónico sobre toda la región desde el siglo XVI hasta principios del XIX. La presencia española fue determinante en la definición de su arquitectura inicial, de la que hoy se conserva poco, ya que en 1746 un gran terremoto sacudió la tierra de la entonces capital del Virreinato de Perú.

Panoramica de la Plaza de Armas.

Reconstruido después de la catástrofe, el actual Centro Histórico, también conocido como “Cercado de Lima”, recuperó su esplendor y en 1988 la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad por su originalidad y abundancia de monumentos hispánicos. La zona acoge muestras de arquitectura religiosa, como la Catedral, la Iglesia de San Francisco o el Monasterio de Santo Domingo, que se alzan junto a otras distinguidas construcciones civiles, como el Palacio de Gobierno o el Congreso Nacional.

La impresionante Plaza de Armas, conocida por su vibrante vida nocturna, reúne un elenco de edificios neocoloniales. Fue renovada por completo en 1997 y acoge una fuente de bronce de 1650. Por sus dimensiones y situación, esta plaza es punto de encuentro de niños y adultos que la frecuentan sobre todo los fines de semana para disfrutar del bullicio. Pero su mejor imagen llega con la caída del Sol. Es, entonces, cuando la luz de las primeras farolas se mezcla con los tonos rosados del atardecer.

En contraste con las amarillentas fachadas de la Plaza Mayor, se levanta imponente la Catedral. Se trata de un edificio de estilo barroco, restaurado por última vez en 1940, que destaca por su austera fachada blanca y una portada tallada íntegramente en piedra. En su interior cuenta con altares de diferentes estilos —barroco, rococó y neoclásico—, así como con una amplia variedad de esculturas y pinturas. Su hermosa sillería del coro del altar mayor y la capilla que acoge los restos de Francisco Pizarro, cuyos huesos se descubrieron en la cripta en 1980, son algunos de sus principales atractivos.

Casonas y balcones

Una de las más gratas sorpresas que ofrece el Centro Histórico de Lima, más allá de sus plazas y edificios, son los balcones de madera que adornan las fachadas de muchas casonas coloniales. Aunque con dificultades, estas joyas de la época hispánica han superado el paso del tiempo y las inclemencias. Se cifran en más de mil 600 los balcones repartidos por la vieja ciudad. Un paseo por la Plaza de Armas da muestra de la proliferación de este tipo de arquitectura, que embriaga al viajero especialmente cuando se detiene ante la impresionante fachada barroca del Palacio Arzobispal. Allí, en este edificio ubicado junto a la Catedral, se aprecia la multitud de detalles de estas joyas al aire libre.

Frente al Palacio Arzobispal se alza la Casa del Oidor, uno de los edificios más antiguos de la capital peruana y que era habitado en la época colonial por el Oidor, una figura creada por la Corona para escuchar las quejas del pueblo. Sus balcones se integran a los restantes de la Plaza de Armas formando un bello conjunto.

No lejos de la Casa del Oidor, al final del Jirón de La Unión, se erige la Casa de Aliaga, construida en 1535 sobre un santuario prehispánico. Ha sido habitada desde la fundación de Lima por la misma familia y sus imponentes balcones miran al Rímac, que limita con el barrio que lleva el mismo nombre.

Este suburbio, que antaño acogía las viviendas de la aristocracia española, ofrece actualmente una imagen deteriorada y figura entre las zonas más pobres e incluso inseguras de la capital. Una mirada a sus viviendas, construidas con material endeble, recuerda que Perú es un país con la mitad de la población sumida en la pobreza. A pocos metros, entre las callejuelas que rodean la Plaza de Armas, se alcanza la Casa Osambela, levantada en 1807. Este edificio, que se halla entre pequeños talleres artesanales, cuenta con cinco balcones, que lucen de nuevo tras un período de restauración.

Para muchos la mejor muestra de balcones, y por extensión de arquitectura colonial, se encuentra en el Palacio de Torre Tagle, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue edificado por el marqués de Torre Tagle, tesorero de la Armada Real Española, en 1735, y destaca por su gran originalidad debido a la confluencia de diversos estilos (barroco, mudéjar y criollo).

Estas casonas, auténticos testimonios de la exuberancia virreinal, se debaten entre la belleza y la supervivencia, al encontrarse algunas en pésimas condiciones de conservación. Para garantizarles un futuro mejor y evitar que la magnificencia de antaño pase a la historia, la Municipalidad de Lima ha decidido invertir una destacada partida para recuperar al menos 25 de estos inmuebles.

 

Religiosidad en el virreinato

Uno de los monumentos más significativos en Lima es la Iglesia y Monasterio de San Francisco, conocido por sus claustrofóbicas catacumbas. Se estima que unas 25 mil personas fueron enterradas en ellas en la época colonial. Las tumbas tienen cuatro metros de profundidad y acogían los cuerpos de los fallecidos unos encima de otros cubiertos de cal viva.

Su iglesia tiene además un gran valor artístico, con capillas laterales de estilo mudéjar, estatuas barrocas de madera policromada, retratos de los grandes doctores y filósofos de la orden franciscana en la sala capitular y un hermoso claustro cubierto de azulejos sevillanos del siglo XVII.

El Monasterio y Claustro de Santo Domingo, una de las primeras construcciones edificadas por los españoles en Perú, es el siguiente edificio religioso en importancia. En su interior descansan los restos de Santa Rosa, patrona de Lima, y San Martín de Porres. La ruta religiosa incluye San Pedro y La Merced. La primera destaca por su rica ornamentación interior, sobre todo los azulejos policromos, mientras que la segunda sorprende por la decoración exterior, y en concreto por la confluencia de diferentes tonos en su fachada.

La Merced se levanta sobre el Jirón de La Unión, una popular calle peatonal en la que se dan cita los más característicos elementos de la vida limeña: comercios, cines, tiendas, niños mendigos y limpiabotas, quioscos ambulantes, cambistas de divisas y algún que otro estafador dispuesto a sacar partido de las visitas turísticas.

Al final de tanto bullicio, la Plaza de San Martín, inaugurada el 27 de julio de 1921 con motivo del centenario de la independencia de Perú y renovada en 1997. En el centro se levanta una estatua ecuestre del Libertador y a un lateral el mítico Gran Hotel Bolívar, antaño el más elegante de Lima, pero hoy abandonado a manos de los empleados que, amenazados con el despido, optaron por hacerse cargo de la gestión.

Merece la pena un descanso, disfrutar de un “pisco sour” y tomar fuerzas en el Gran Hotel Bolívar para terminar de divisar esta mítica plaza, flanqueada por el grupo escultórico de Las Tres Gracias y el Teatro Colón, y que el escritor Mario Vargas Llosa logró llenar en cada uno de sus recordados mítines de campaña a la presidencia, en 1990.


   

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