Habilidad que se pierde
La persona que no practica la escritura y la lectura
puede convertirse en “analfabeta por desuso”
Por Julieta Sandoval
Ilustración
Billy Melgar
El saber las vocales, el alfabeto o los números no significa que alguien
pueda leer o escribir. Hay quienes aprendieron estos signos o quizá algunas
palabras, pero al dejar de utilizarlos fueron olvidados. Ellos son llamados analfabetas
por desuso.
Una persona que nunca ingresó al sistema educativo y careció de
los beneficios de la escuela es analfabeta. Una que su paso por las aulas fue
muy breve, por lo que no llegaron a consolidarse los conocimientos recibidos,
es quien recae en el analfabetismo. “Leer y escribir, como cualquier otra actividad, necesita práctica”,
dice Ilda Morán de García, secretaria ejecutiva del Comité Nacional
de Alfabetización (Conalfa). Es por ello que dicha entidad extiende su
trabajo a aquellas personas que no terminaron la primaria, para que no vuelvan
a ser analfabetas.
Virgilio Álvarez, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(Flacso), explica que a este grupo también se le llama analfabetas funcionales. “Algunos
sólo saben escribir su nombre, leen pocas cosas, pero no una nota de periódico”.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia
y la Cultura (Unesco), reconoce que saber leer y escribir constituye una capacidad
necesaria en sí misma, y es la base de otras aptitudes vitales.
Según Morán, en el país se da un fenómeno con el
analfabetismo por desuso, existe mayor problema con la escritura que con la lectura. Ésta
se domina mejor debido al acceso que se tiene a cualquier texto —una valla
publicitaria, un periódico o un volante—. A diferencia de la escritura,
no hay programas que la fomenten. “Hasta un profesional que no escribe,
pierde la creatividad para hacerlo”, agrega.
Las cifras que maneja Conalfa sobre analfabetismo
es de un millón 817
mil 596 personas (25.19% de la población). Estos datos corresponden a
los habitantes mayores de 15 años, que es la que ingresa en los programas.
No existen registros sobre los analfabetas por desuso, según Morán,
quienes forman una buena parte de esa cifra. Sin embargo, algunos creen que no
lo son, porque recibieron por un tiempo educación y saben las letras,
aunque no puedan formar palabras. Cintia Sáenz de Tejada, de la Asociación de Investigación
y Estudios Sociales (Asies), considera que es importante que los niños
estudien, por lo menos, hasta sexto grado de primaria, así será difícil
que olviden leer y escribir, y vuelvan a ser analfabetas. “Pero no hay
que desatender a los adultos, sólo así disminuirán las estadísticas”,
agrega.
Algo más
> Para la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE), la lectura debe ser considerada como un indicador
del desarrollo humano. La capacidad lectora consiste
en la comprensión y la reflexión a partir
de textos, con el fin de desarrollar el conocimiento
y el potencial personal, lo cual lleva a participar en
la sociedad.
> Unesco ha señalado que
los libros y el acto de leer constituyen los pilares
de la educación y la difusión del conocimiento,
la democratización de la cultura y la superación
individual y colectiva de los seres humanos.
> Definiciones dadas por
Unesco: Completamente analfabeta, quien no sabe nada.
Semianalfabetizado: el que medio sabe leer y escribir.
Con competencias básicas: lee y escribe bien, pero con ciertas
limitaciones para una expresión espontánea.
> Competencias medias:
leer y escribir con alguna fluidez, pero no para hacer
comentarios.
El nivel más alto: poseer las competencias que permiten el aprendizaje,
con capacidad de análisis.
> Un informe de
Unesco señala que en el mundo hay 771 millones
de analfabetos, la mayoría en los países
pobres, dato que aumentaría si se contara a los
analfabetas por desuso. |
El dilema La pobreza es la primera causa de la deserción en las escuelas. Los niños
siguen a sus padres a donde van a trabajar, durante varios meses. Muchos han
tenido roles sociales a la edad en que deberían haber sido solamente estudiantes
de primaria. Esto se convierte en un círculo vicioso, pues al no salir
del analfabetismo continúan con una situación precaria. “Los
jóvenes que no llegan a la secundaria tienen menos posibilidades de mejorar”,
comenta Sáenz.
Otro problema es que en el hogar no existe un ambiente
que invite al niño
a interesarse por la lectura o la escritura más allá de la escuela,
porque los padres tienen una escasa educación. “No se tiene un estímulo
hacia la lectura, se aprende lo mínimo y no se es capaz ni de seguir una
receta de cocina”, agrega Álvarez. Aprender lo mínimo tiene consecuencias, como basar las opiniones en lo
que otros dicen, al no ser apto de encontrar información por su propia
cuenta. No elaboran ni estructuran razonamientos complejos. Ellos son presa fácil
del discurso de la agitación.
Otro inconveniente es que la persona, al no leer, no es capaz de
ver otras situaciones diferentes a su entorno o imaginar más allá de lo inmediato, “algo
que la lectura permite. Abre puertas. Una sociedad que lee no se basa sólo
en lo inmediato”, indica Virgilio Álvarez.
Mas no todo es negativo. Al parecer se están produciendo cambios, como
lo señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico, Unesco, el Banco Internacional de Desarrollo y el Banco Mundial,
al considerar que en los nuevos escenarios mundiales dominados por la globalización,
la competitividad, la alta tecnología y la información, la educación
y la lectura se constituyen en los pilares estratégicos del desarrollo
de las naciones y sus ciudadanos.
Las personas al llegar a una edad productiva, se dan cuenta de
que es necesario leer y escribir, entonces buscan solucionar
el problema. Es así como las
cifras de participación en los programas de Conalfa han aumentado. De
los 220 mil 347 inscritos el año pasado 131 mil 226 fueron promovidos
en las tres etapas, que equivale haber llegado al sexto grado de primaria. Existen
planes da alfabetización por radio, pero no son a nivel nacional, sino
sólo comunitario.
“En los últimos años, la población que asiste a la
alfabetización es joven, está entre los 14 y 24 años. Se
dan cuenta de que es una exigencia para el trabajo”, comenta Ilda Morán.
La lectura y la escritura son importantes
para obtener el desarrollo de una persona y el de su comunidad.
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