Semanario de Prensa Libre • No. 140 • 11 de Marzo de 2007

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D conicimiento

Habilidad que se pierde
La persona que no practica la escritura y la lectura puede convertirse en “analfabeta por desuso”

Por Julieta Sandoval
Ilustración Billy Melgar

El saber las vocales, el alfabeto o los números no significa que alguien pueda leer o escribir. Hay quienes aprendieron estos signos o quizá algunas palabras, pero al dejar de utilizarlos fueron olvidados. Ellos son llamados analfabetas por desuso.

Una persona que nunca ingresó al sistema educativo y careció de los beneficios de la escuela es analfabeta. Una que su paso por las aulas fue muy breve, por lo que no llegaron a consolidarse los conocimientos recibidos, es quien recae en el analfabetismo.

“Leer y escribir, como cualquier otra actividad, necesita práctica”, dice Ilda Morán de García, secretaria ejecutiva del Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa). Es por ello que dicha entidad extiende su trabajo a aquellas personas que no terminaron la primaria, para que no vuelvan a ser analfabetas.

Virgilio Álvarez, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), explica que a este grupo también se le llama analfabetas funcionales. “Algunos sólo saben escribir su nombre, leen pocas cosas, pero no una nota de periódico”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), reconoce que saber leer y escribir constituye una capacidad necesaria en sí misma, y es la base de otras aptitudes vitales.

Según Morán, en el país se da un fenómeno con el analfabetismo por desuso, existe mayor problema con la escritura que con la lectura. Ésta se domina mejor debido al acceso que se tiene a cualquier texto —una valla publicitaria, un periódico o un volante—. A diferencia de la escritura, no hay programas que la fomenten. “Hasta un profesional que no escribe, pierde la creatividad para hacerlo”, agrega.

 

Las cifras que maneja Conalfa sobre analfabetismo es de un millón 817 mil 596 personas (25.19% de la población). Estos datos corresponden a los habitantes mayores de 15 años, que es la que ingresa en los programas. No existen registros sobre los analfabetas por desuso, según Morán, quienes forman una buena parte de esa cifra. Sin embargo, algunos creen que no lo son, porque recibieron por un tiempo educación y saben las letras, aunque no puedan formar palabras.

Cintia Sáenz de Tejada, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), considera que es importante que los niños estudien, por lo menos, hasta sexto grado de primaria, así será difícil que olviden leer y escribir, y vuelvan a ser analfabetas. “Pero no hay que desatender a los adultos, sólo así disminuirán las estadísticas”, agrega.

Algo más
> Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la lectura debe ser considerada como un indicador del desarrollo humano. La capacidad lectora consiste en la comprensión y la reflexión a partir de textos, con el fin de desarrollar el conocimiento y el potencial personal, lo cual lleva a participar en la sociedad.

> Unesco ha señalado que los libros y el acto de leer constituyen los pilares de la educación y la difusión del conocimiento, la democratización de la cultura y la superación individual y colectiva de los seres humanos.

> Definiciones dadas por Unesco: Completamente analfabeta, quien no sabe nada. Semianalfabetizado: el que medio sabe leer y escribir.
Con competencias básicas: lee y escribe bien, pero con ciertas limitaciones para una expresión espontánea.

> Competencias medias: leer y escribir con alguna fluidez, pero no para hacer comentarios.
El nivel más alto: poseer las competencias que permiten el aprendizaje, con capacidad de análisis.

> Un informe de Unesco señala que en el mundo hay 771 millones de analfabetos, la mayoría en los países pobres, dato que aumentaría si se contara a los analfabetas por desuso.

El dilema

La pobreza es la primera causa de la deserción en las escuelas. Los niños siguen a sus padres a donde van a trabajar, durante varios meses. Muchos han tenido roles sociales a la edad en que deberían haber sido solamente estudiantes de primaria. Esto se convierte en un círculo vicioso, pues al no salir del analfabetismo continúan con una situación precaria. “Los jóvenes que no llegan a la secundaria tienen menos posibilidades de mejorar”, comenta Sáenz.

Otro problema es que en el hogar no existe un ambiente que invite al niño a interesarse por la lectura o la escritura más allá de la escuela, porque los padres tienen una escasa educación. “No se tiene un estímulo hacia la lectura, se aprende lo mínimo y no se es capaz ni de seguir una receta de cocina”, agrega Álvarez.

Aprender lo mínimo tiene consecuencias, como basar las opiniones en lo que otros dicen, al no ser apto de encontrar información por su propia cuenta. No elaboran ni estructuran razonamientos complejos. Ellos son presa fácil del discurso de la agitación.

Otro inconveniente es que la persona, al no leer, no es capaz de ver otras situaciones diferentes a su entorno o imaginar más allá de lo inmediato, “algo que la lectura permite. Abre puertas. Una sociedad que lee no se basa sólo en lo inmediato”, indica Virgilio Álvarez.

Mas no todo es negativo. Al parecer se están produciendo cambios, como lo señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Unesco, el Banco Internacional de Desarrollo y el Banco Mundial, al considerar que en los nuevos escenarios mundiales dominados por la globalización, la competitividad, la alta tecnología y la información, la educación y la lectura se constituyen en los pilares estratégicos del desarrollo de las naciones y sus ciudadanos.

Las personas al llegar a una edad productiva, se dan cuenta de que es necesario leer y escribir, entonces buscan solucionar el problema. Es así como las cifras de participación en los programas de Conalfa han aumentado. De los 220 mil 347 inscritos el año pasado 131 mil 226 fueron promovidos en las tres etapas, que equivale haber llegado al sexto grado de primaria. Existen planes da alfabetización por radio, pero no son a nivel nacional, sino sólo comunitario.

“En los últimos años, la población que asiste a la alfabetización es joven, está entre los 14 y 24 años. Se dan cuenta de que es una exigencia para el trabajo”, comenta Ilda Morán.

La lectura y la escritura son importantes para obtener el desarrollo de una persona y el de su comunidad.


   

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