Semanario de Prensa Libre • No. 140 • 11 de Marzo de 2007

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D mundo

El tiempo pone a cada uno en su lugar
Revolucionarios inventos que no fueron entendidos, talentos que no fueron valorados, hombres a los que el paso de la historia otorgó o quitó la razón

Por Gemma Gil

Quién lo iba a decir,
pero cambiaron el mundo

- “Una máquina más pesada que el aire nunca podrá volar”. Al menos eso es lo que pensaba el físico y matemático William Thomson a finales del siglo XIX. Este prestigioso científico es conocido por sus aportaciones al terreno de la termodinámica y por realizar los estudios necesarios para instalar el primer cable transatlántico. Sin embargo, cometió dos errores importantes: el primero, determinar que la Tierra sólo tenía cuarenta millones de años, lo que dado su buena reputación fue utilizado por los detractores de la teoría de la evolución de Charles Darwin, y segundo, no creer en las posibilidades de la recién nacida aeronáutica.

- “Este llamado teléfono tiene demasiadas limitaciones como para ser considerado un medio de comunicación”, rezaba un memorándum de la compañía Western Union, en 1876, año en que Alexander Graham Bell patentó el primer aparato. Si los directivos de la empresa de telégrafos levantaran hoy la cabeza…

El primer avión

- David Sarnoff fue un pionero en el campo de las telecomunicaciones. Llegó a dirigir la RCA (Radio Corporation of America), sin embargo, empezó desde abajo y sus socios no siempre compartieron sus pronósticos visionarios. De hecho, cuando en los años 20 solicitó a la compañía que aumentara su inversión en el desarrollo de la radio, le contestaron que no entendían cuál podía ser el valor comercial de esa tecnología, porque “¿Quién pagaría por enviar un mensaje que no recibe nadie en particular?”

 

Cría cuervos y te sacarán los ojos

- “Los talibanes son unos heroicos luchadores por la libertad”, dijo Rambo. Los guionistas pusieron la frase en boca del bueno de Sylvester Stallone en la tercera cinta de la serie. Visto con perspectiva histórica no parece que Rambo fuera un visionario de las relaciones internacionales. Claro que cuando el ex combatiente de Vietnam elogiaba a los afganos corría el año 1988, así que la Guerra Fría aún no había llegado a su fin y la estructura de las Torres Gemelas gozaba de muy buena salud.

- Tampoco es la primera vez en la historia que se confunde al lobo por su piel de cordero. En 1938, la prestigiosa revista Time distinguió al canciller alemán, a la sazón Adolf Hitler, como hombre del año. De hecho, el primer ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, llegó a afirmar ese año que si hubiera más hombres como el pequeño germano la paz estaría garantizada en Europa. Tan convencido parecía estar Chamberlain que incluso se mostró favorable a cierta expansión alemana hacia la región de los Sudetes. La situación cambió cuando, un año más tarde, Hitler mandó a sus tropas pasearse por Polonia como si fuera el patio de su casa. Por cierto que en 1939, el destacado por Time como hombre del año fue Joseph Stalin, quien repitió elección en 1942.

 

El que tiene boca, se equivoca

- “Las matemáticas auténticas no tienen efectos sobre la guerra. Nadie ha descubierto todavía ninguna aplicación militar de la teoría de números y de la relatividad, y no parece probable que nadie lo haga en muchos años”, así opinaba el prestigioso matemático británico Godfrey Harold Hardy. Dos años antes de su muerte, ocurrida en 1947, uno de los capítulos más negros de la historia bélica le contradecía. La teoría de la relatividad revolucionó la ciencia, pero también hizo posible la creación de las bombas atómicas.

- A finales del siglo XIX, el especialista en anatomía Theodor von Bischoff se dedicó a investigar el peso del cerebro humano. Al hallar que el de la mujer pesaba como promedio 100 gramos menos que la media masculina, concluyó que esta diferencia demostraba científicamente la inferioridad intelectual femenina. Utilizó sus investigaciones para oponerse a que las mujeres accedieran a estudiar medicina. Años más tarde quedó demostrado que no existe relación entre el peso del cerebro y la inteligencia, por ejemplo, el de Albert Einstein pesaba mil 230 gramos, sólo 5 gramos más que el de una mujer.

 

El aplauso tardío

- “Y sin embargo, se mueve”. La leyenda cuenta que estas son las palabras pronunciadas por Galileo Galiei, en 1633, cuando fue condenado por la inquisición a permanecer bajo arresto domiciliario hasta su muerte, en 1642. ¿La razón? enseñar las teorías copernicanas, es decir, defender que la Tierra se mueve y gira alrededor del Sol (y no viceversa). En 1992, la Iglesia Católica admitió formalmente que las opiniones de Galileo eran correctas y que su juicio había sido injusto.

- Van Gogh, el famoso pintor holandés, nunca triunfó en vida. De hecho, adquirió popularidad después de su muerte. El primer gran éxito de su legado se produjo 11 años después de su fallecimiento cuando se organizó en París una muestra con 71 de sus obras. Uno de sus cuadros, Retrato del Doctor Gachet (en fotografía), figura entre los 10 más caros de la historia.


   

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