Oído afinado
En mi experiencia, hasta el piano más
caro da problemas
Ser afinador de pianos me tomó tiempo. Primero
pasé por una etapa de aprendizaje en electrónica,
en equipo de medicina, de medición de caudal de agua. Llegué a
manejar máquinas muy grandes y todas las reparaba, no tenía
problemas.
Pasaron los años y conocí a quien hoy es mi esposa. Ella tocaba
piano, tenía una habilidad muy grande. Obviamente, mi afición de
niño por este instrumento resurgió. Un tío me decía
que tenía un oído increíble.
Cuando el piano no tenía un sonido puro, llegaban afinadores,
pero me daba cuenta de que algo faltaba.
Empecé a investigar, a hacerlo
sonar. Hay libros que dan esta información. Afinaba de forma
intuitiva. Una amiga, Alcira Goycolea, me introdujo a la reparación
de pianos. Compartió conmigo
la literatura que tenía. Ahí se me aclararon ciertos
conceptos que son básicos y el compromiso que existe a la
hora de afinar. Esto me dio seguridad de que podía hacerlo.
Las primeras asignaciones fueron con quien considero una de las
mejores pianistas de Guatemala, Consuelo Medinilla, quien me decía: “Carlos,
no hay afinadores en el país, por favor haga algo por nosotros”.
Al ver esa necesidad me metí más de lleno.
Esto de afinar es de práctica, no existen dos pianos iguales,
eso es lo que lo hace muy complejo. Son 88 teclas, en algunos 85,
pero cada uno presenta su propio problema. Es aquí donde
esa habilidad mecánica y auditiva con la que se nace pesa
mucho. A veces el piano no se deja afinar, porque tiene defectos de fabricación,
de sonido, de diseño. En mi experiencia, hasta el piano más caro
da problemas. Tienen sonidos raros que hay que quitar.
Cualquier piano lo desarmo en un minuto. Hay algunos alemanes con
sistemas muy prácticos. La afinación no requiere demasiado trabajo previo. El
promedio son dos horas, pero depende mucho del estado del piano. Dos veces por
año deberían afinarse.
Algo que es básico y que hay que entender es que el piano es un instrumento
musical, muchos lo ven sólo como un mueble y ponen macetas sobre él.
Estoy seguro que a un violín no le pondrían un retrato encima ni
se sentarían sobre él. Su único mantenimiento es tocarlo
y lo debe hacer sólo aquel que sabe. Los pianos no son juguetes.
Tuve la oportunidad de tener un maestro japonés, un experto, que me certificó como
técnico profesional. En el país la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días tiene unos 500 pianos.
No me puedo dedicar 100 por ciento a esto, porque tengo un negocio
de cielos falsos; mi trabajo es ese.
Carlos Penedo
afinador de pianos
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
Envíela a revistad@prensalibre.com.gt o por correo a 13
calle 9-31 zona 1, 9o. piso.
|