Semanario de Prensa Libre • No. 140 • 11 de Marzo de 2007

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D viaje

Donde nace el río
La conservación de la naturaleza es el corazón y vida de Ercho Park, en Chiquimulilla

Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Emerson Díaz

Cuando se visita Chiquimulilla se sabe que el calor será el compañero inseparable. Pero en Ercho Park La Aventura la vegetación y el agua se convierten en un manto que refresca el ambiente. El sonido del líquido al caer y la tierra húmeda invitan a dejar atrás el estrés y la sensación de haber estado un par de horas antes atrapados en el tránsito de la ciudad.

El recorrido se puede hacer a pie o en carro de doble tracción. Desde la entrada se ven las vacas que pastan bajo el intenso Sol. En el establo quedan remanentes de que fueron ordeñadas en la madrugada.

Pocos metros más adelante, un riachuelo da la bienvenida, justo al lado del área de juegos para niños, con columpios y escaleras. Pero lo más interesante viene después. El guía José Manuel Gaytán, vicepresidente de la Fundación Ecológica del Sur (Funesur) cuenta que en el área se ubican 14 nacimientos que dan origen al río Ixcatuna (“donde bebe el venado”, en idioma xinca) o también conocido como Grande, que provee a las comunidades vecinas.

La entidad ve la importancia de su trabajo en la conservación de la naturaleza, sobre todo cuando compara lo que ha pasado en zonas cercanas que, debido a la deforestación, se han secado muchos manantiales. “Esto del agua es nuestro aporte más significativo para el pueblo de Chiquimulilla”, dice Gaytán. Su caudal es su tesoro.

Ubicación
> Ercho Park La Aventura se ubica en el kilómetro 99 hacia Chiquimulilla, Santa Rosa. Se puede tomar la ruta hacia
Cuilapa y cruzar en El Boquerón, en ésta el tránsito es menos denso. La otra opción es llegar por Escuintla y seguir el trayecto hacia Taxisco, Guazacapán y se atraviesa el área urbana de
Chiquimulilla, el parque queda a dos kilómetros de la población.
Pertenece a la Fundación Ecológica del Sur, que preside Edwin Monterroso.

> El lugar tiene abundante vegetación, 14 nacimientos de agua y varias especies animales. Tiene algunas plantas silvestres como la caña de Cristo y el
guarumo, ambas medicinales, utilizadas tradicionalmente para enfermedades renales.

> También cuenta con especies frutales como mango, guayaba, naranja, plátano, banano, majunche, limón y manzana de agua.

> La admisión para entrar al parque es de Q20 adultos, Q15 niños.

> Por Q15 se puede alquilar un caballo para cabalgar; por Q10, un anzuelo para practicar la pesca, aunque se debe pagar por aparte los pescados que sean atrapados o comprar a Q20 la libra de tilapia.

> Tienen cabañas para cuatro personas, a Q200 la noche.

El terreno comprende 40 manzanas, está reconocida como zona protegida. Funesur la compró hace 10 años y hace cinco decidió convertirla en parque. Conservaron lo que había de bosque y reforestaron otro sector. Para esto han invertido sus propios recursos, no cuentan con financiamiento de entidades privadas ni gubernamentales. Su esperanza es que al aumentar el número de visitantes sus ingresos mejoren.

Por ahora, han recibido a personas de distintas regiones del país y algunos extranjeros que llegan durante el día o se quedan a dormir en las cabañas o en una carpa. El recorrido en la oscuridad permite ver la vida silvestre a la luz de una linterna o dejar que transcurra la noche al lado de una fogata.

El agua que nace terreno arriba llega a unos estanques donde cultivan tilapia. Los peces grandes llegan a pesar siete libras. Además, dos piletas han sido dispuestas para que niños y adultos disfruten de un refrescante baño.

El ambiente en el restaurante se siente como en casa. Si las personas se quedan a almorzar, Elidia Monterroso, Rosa Elidia de Monterroso y Rosario de Saquil preparan el menú. Una de las opciones es el pescado frito o al vapor.

Este último lo condimentan con plantas y lo envuelven en una hoja propia de la región, denominada Santa María, un plato exquisito que merece la pena probar. También ofrecen el tradicional caldo de gallina, de las aves de su corral.

Para reponerse de la caminata —y del almuerzo— es conveniente tomar unos minutos de descanso en las hamacas dispuestas en una galera.

Con las energías renovadas, es posible recorrer la finca a caballo y adentrarse en senderos aún más lejanos o visitar la laguna artificial donde habitan varias especies.

El día parece interminable, pero hay que tomar el camino de regreso. Los ánimos renovados invitan a visitar en otro momento este paraíso cercano a la ciudad.


   

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