Donde nace el río
La conservación de la naturaleza es el corazón
y vida de Ercho Park, en Chiquimulilla
Por Ingrid
Roldán Martínez
Foto Emerson Díaz
Cuando se visita Chiquimulilla se sabe que el calor será el compañero
inseparable. Pero en Ercho Park La Aventura la vegetación y el agua se
convierten en un manto que refresca el ambiente. El sonido del líquido
al caer y la tierra húmeda invitan a dejar atrás el estrés
y la sensación de haber estado un par de horas antes atrapados en el tránsito
de la ciudad.
El recorrido se puede hacer a pie o en carro de
doble tracción.
Desde la entrada se ven las vacas que pastan bajo el intenso Sol.
En el establo quedan remanentes de que fueron ordeñadas
en la madrugada.
Pocos metros más adelante, un riachuelo da
la bienvenida, justo al lado del área de juegos para niños,
con columpios y escaleras. Pero lo más interesante viene
después.
El guía José Manuel Gaytán, vicepresidente
de la Fundación Ecológica del Sur (Funesur) cuenta
que en el área se ubican 14 nacimientos que dan origen al
río Ixcatuna (“donde bebe el venado”, en idioma
xinca) o también conocido como Grande, que provee a las
comunidades vecinas.
La entidad ve la importancia de su trabajo
en la conservación de la naturaleza, sobre todo cuando compara
lo que ha pasado en zonas cercanas que, debido a la deforestación,
se han secado muchos manantiales. “Esto del agua es nuestro
aporte más significativo para el pueblo de Chiquimulilla”,
dice Gaytán. Su caudal es su tesoro.
Ubicación
> Ercho Park La Aventura se ubica en el kilómetro 99 hacia Chiquimulilla,
Santa Rosa. Se puede tomar la ruta hacia
Cuilapa y cruzar en El Boquerón, en ésta el tránsito
es menos denso. La otra opción es llegar por Escuintla y seguir
el trayecto hacia Taxisco, Guazacapán y se atraviesa el área
urbana de
Chiquimulilla, el parque queda a dos kilómetros de la población.
Pertenece a la Fundación Ecológica del Sur, que preside
Edwin Monterroso.
> El lugar
tiene abundante vegetación, 14 nacimientos de agua y
varias especies animales. Tiene algunas plantas silvestres
como la caña de Cristo y el
guarumo, ambas medicinales, utilizadas tradicionalmente para enfermedades
renales.
> También
cuenta con especies frutales como mango, guayaba, naranja,
plátano,
banano, majunche, limón y manzana de agua.
> La admisión para entrar al parque es de Q20 adultos, Q15 niños.
> Por Q15 se puede
alquilar un caballo para cabalgar; por Q10, un anzuelo
para practicar la pesca, aunque se debe pagar por aparte
los pescados que sean atrapados o comprar a Q20 la libra
de tilapia.
> Tienen cabañas para cuatro personas, a Q200 la noche. |
El terreno comprende 40 manzanas, está reconocida como zona
protegida. Funesur la compró hace 10 años y hace
cinco decidió convertirla en parque. Conservaron lo que
había de bosque y reforestaron otro sector. Para esto han
invertido sus propios recursos, no cuentan con financiamiento de
entidades privadas ni gubernamentales. Su esperanza es que al aumentar
el número de visitantes sus ingresos mejoren.
Por ahora, han recibido a personas de distintas
regiones del país y algunos
extranjeros que llegan durante el día o se quedan a dormir en las cabañas
o en una carpa. El recorrido en la oscuridad permite ver la vida silvestre
a la luz de una linterna o dejar que transcurra la noche al lado de una fogata. El agua que nace terreno arriba llega a unos estanques donde cultivan
tilapia. Los peces grandes llegan a pesar siete libras. Además, dos piletas han
sido dispuestas para que niños y adultos disfruten de un refrescante baño.
El ambiente en el restaurante se siente
como en casa. Si las personas se quedan a almorzar, Elidia Monterroso,
Rosa Elidia de Monterroso y Rosario de Saquil preparan el menú.
Una de las opciones es el pescado frito o al vapor.
Este último
lo condimentan con plantas y lo envuelven en una hoja propia de
la región, denominada Santa María, un plato exquisito
que merece la pena probar. También ofrecen el tradicional
caldo de gallina, de las aves de su corral. Para reponerse de la caminata —y del almuerzo— es conveniente tomar
unos minutos de descanso en las hamacas dispuestas en una galera.
Con las energías renovadas, es posible recorrer la finca a caballo y adentrarse
en senderos aún más lejanos o visitar la laguna artificial donde
habitan varias especies.
El día parece interminable, pero hay que tomar el camino de regreso. Los ánimos
renovados invitan a visitar en otro momento este paraíso cercano a la
ciudad. |