Semanario de Prensa Libre • No. 141 • 18 de Marzo de 2007

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Punto final

Mujeres de consuelo
contra el primer ministro japonés

Esclavas sexuales exigen una disculpa por los abusos cometidos

Por Norimitsu Onishi

Wu Hsiu-mei narró que tenía 23 años de edad y trabajaba como mucama de un hotel en 1940, cuando su jefe taiwanés la entregó a oficiales japoneses. Ella y aproximadamente otras 15 mujeres fueron enviadas a la provincia de Guangdong, en el sur de China, para ser convertidas en esclavas sexuales.

En un hotel había una denominada “estación de consuelo”, administrada por un taiwanés, pero que servía exclusivamente a militares nipones, contó Wu. Obligada a tener relaciones sexuales con más de 20 hombres japoneses al día durante casi todo un año, contó, tuvo múltiples abortos y quedó estéril. El tema de las esclavas sexuales de la era bélica de Japón, en efervescencia desde hace largo tiempo, ha cobrado nueva prominencia desde hace dos semanas, cuando el Primer Ministro Shinzo Abe negó la participación de las fuerzas armadas en medidas coercitivas para obligar a las mujeres a convertirse en prostitutas. La negativa por parte de Abe, el primer premier nipón nacido después de la II Guerra, atrajo protestas oficiales de China, Taiwán, Corea del Sur y las Filipinas, algunos de los países de los que se llevaron a las esclavas sexuales.

La polémica también ya atrajo a Estados Unidos, que se ha resistido vigorosamente a entrar en discusiones sobre historia que han envuelto al este de Asia en años recientes.

Wu relató su historia este miércoles 7 de marzo afuera del Consulado de Japón en Australia, donde ella y otras dos que habían sido esclavas sexuales, conocidas con el eufemismo de “mujeres de consuelo”, estuvieron protestando por la negativa de Tokio a reconocer su responsabilidad por el abuso que, afirman historiadores, sufrieron ellas y casi 200 mil féminas más. Las tres —Wu, quien actualmente tiene 90 años de edad; una mujer surcoreana de Seúl, de 78 años; y una holandesa-australiana de Adelaida, de 84 años— ya habían participado anteriormente en conferencias internacionales por las ex esclavas sexuales de Japón. Ahora, justo unos cuantos días después de las declaraciones de Abe, las tres se unieron en su furia.

“Oficiales japoneses me llevaron por la fuerza, y un médico militar de ellos me obligó a desnudarme para someterme a un examen antes de que me arrastraran con ellos”, relató Wu, cuyo avión aterrizó en Australia la noche del martes 6, después de un vuelo de todo un día de duración desde Taipei. “¿Cómo puede Abe mentirle al mundo de esa manera?”

Abe, quien es nacionalista y había erigido su carrera, en parte, con base en restarle importancia al pasado de Japón en tiempos de guerra, vertió sus comentarios en respuesta a una confluencia de sucesos, que empiezan con la victoria de los demócratas en las elecciones para el Congreso de Estados Unidos, efectuadas en el otoño pasado, lo cual le dio ímpetu a una resolución en la Cámara Baja, sin carácter obligatorio, que haría un llamamiento sobre Japón para que reconozca inequívocamente y ofrezca disculpas por su brutal maltrato hacia las mujeres.

Incluso, al tiempo que los aliados más cercanos de Abe lo presionaron para que suavizara una declaración del gobierno que se remontaba a 1993, la cual reconocía la participación de las fuerzas armadas para obligar a las mujeres a entrar en la esclavitud sexual, tres víctimas rindieron testimonio en el Congreso el mes pasado.

El lunes de hace dos semanas, el Primer Ministro Abe expuso que conservaría la declaración de 1993, pero negó el reconocimiento central de la misma en cuanto a la participación de las fuerzas armadas, pues afirma que “no hubo coerción, como en cuanto a que las autoridades allanaron casas y secuestraron” mujeres. Además, comentó que intermediarios independientes habían forzado a las mujeres, y agrega que la resolución de la Cámara Baja “no se fundamentaba en hechos objetivos” y que Japón no se disculparía, incluso si ésta era aprobada.

Dicha resolución se pronuncia por que Japón “reconozca formalmente, se disculpe y acepte la responsabilidad histórica de un modo claro e inequívoco por la coerción de sus Fuerzas Armadas Imperiales en contra de jovencitas para que se convirtieran en esclavas sexuales”.

“El Primer Ministro Abe está asegurando, en efecto, que las mujeres están mintiendo”, destacó el representante demócrata por California, Mike Honda, quien está encabezando la legislación, en una entrevista telefónica.

Historiadores japoneses, que usan los diarios y testimonios de oficiales militares, así como documentos oficiales de Estados Unidos y otros países, han sido capaces de demostrar que las fuerzas armadas estuvieron directa o indirectamente involucradas en obligar, engañar, atraer y a veces secuestrar a jovencitas a lo largo de las colonias de Japón y territorios ocupados. Ellos estiman que hasta 200 mil mujeres sirvieron en las denominadas “estaciones de consuelo” que, a menudo, eran un componente intrínseco de las operaciones militares.

Si bien Abe reconoció el aspecto de la coerción por parte de corredores de blancas independientes, algunos de sus aliados más cercanos en el gobernante Partido Liberal Democrático han descartado a las mujeres por considerarlas prostitutas, las cuales se ofrecieron como voluntarias. Afirman que ningún documento oficial del Gobierno japonés revela la participación de las fuerzas armadas en el reclutamiento de féminas.

Con base en historiadores, las fuerzas armadas establecieron dichas estaciones para reforzar la moral de la tropa, pero también con el fin de prevenir violaciones de mujeres locales y la diseminación de enfermedades de transmisión sexual entre los soldados. El profundo temor de Japón a que los soldados salieran en accesos destructivos también dio paso al establecimiento de burdeles, con prostitutas a lo largo de Japón para soldados estadounidenses durante los primeros meses de la ocupación posterior a la guerra, hecho que complica la participación estadounidense en el debate actual.

En 1995, se creó un fondo privado para compensar a las mujeres, pero muchas se negaron a recibir el dinero porque consideraron que el fondo era una forma mediante la cual el Gobierno evitaría asumir la responsabilidad directa. Solamente 285 han aceptado dinero del fondo, mismo que será liquidado a finales de este mes.
El testimonio más directo de la participación de las fuerzas armadas ha venido de las mismas víctimas.

"Una disculpa es el aspecto de mayor importancia que nosotros buscamos, debido a que eso nos devolvería nuestra dignidad”, expresó Jan Ruff O’Herne, de 84 años de edad, quien rindió testimonio ante un panel del Congreso estadounidense el mes pasado.

Ruff estaba viviendo con su familia en Java, en lo que en esa época eran las Indias Orientales de los holandeses, cuando Japón invadió la isla en 1942. Ella pasó los primeros dos años en un campo de prisioneros, relató, pero, en un día de 1944, llegaron oficiales japoneses, obligaron a niñas y mujeres a formarse y eligieron a 10 de ellas, incluida Ruff, quien tenía 21 años.

“En la primera noche, fue un oficial de alto rango”, detalló. “Estuvo muy bien organizado. Un médico militar venía de manera regular a nuestra casa para examinarnos y buscar enfermedades venéreas; y les digo, antes de ser examinada, primero el médico me violó. Así de bien organizada estaba la situación”, puntualizó.


   

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