Semanario de Prensa Libre • No. 141 • 18 de Marzo de 2007

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D atuendo
   > D portafolio
   > D gastronomía
   > D fondo
   > D industria
   > D mundo
   > D cultura
   > D farándula
   > D viaje
   > Punto final

 


D fondo

Una Centroamérica unida
El proceso de integración nació hace casi medio siglo. Desde entonces, se han logrado más avances en lo económico que en lo político

Por Gemma Gil Flores
Fotoarte Billy Melgar

La extensión territorial de los países que integran el Parlamento Centroamericano (Parlacen) —Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá— supone un 0.30 por ciento de la superficie mundial. Mientras, un estudio elaborado en 2002 señalaba que sus exportaciones significaban un 0.000001 por ciento de los intercambios a escala global, un perfil lo suficientemente bajo como para estar dispuesto a construir alianzas estratégicas.

Se dice que la unión hace la fuerza; por eso, Rodolfo Martínez, habitante de Esquipulas, está convencido de que habría que retomar el viejo sueño de la integración centroamericana. “Compartimos la misma cultura de frijoles”, resume, encogiéndose de hombros. En lo alto del cerrito Morolas, acaba de señalarnos el terreno baldío que un día se compró para la edificación del Parlacen. A pesar de que su ciudad sintió un descenso de visitantes salvadoreños, a raíz del asesinato de tres diputados a aquella institución, Martínez, como muchos esquipultecos, recuerda con orgullo que su ciudad fue símbolo y escenario del proceso que logró pacificar la región.

Rodrigo López es uno de ellos. “Yo me siento centroamericano. Aquí tenemos alumnos que vienen del cordón fronterizo o que tienen familia en alguno de los otros países”, explica este director de instituto. En lo personal, López forma parte de una de las asociaciones que trabajan por tender lazos de amistad y convivencia en el trifinio (área de confluencia de las fronteras entre Guatemala, El Salvador y Honduras). Por eso, en las aulas del establecimiento de educación secundaria que dirige, se trabajan conceptos como la hospitalidad y la solidaridad con los vecinos. “Queremos que los jóvenes conozcan las corrientes de integración. No podemos escapar de la globalización y tenemos que ser capaces de responder a mercados más exigentes”, dice el docente.

Lejos de allí, en la Ciudad de Guatemala, Alfredo Trinidad, experto en temas de integración, considera que la cuestión es más que evidente: “¿Cómo no vamos a unirnos, si somos tan pequeños y tenemos los mismos problemas de narcotráfico, inseguridad y amenazas medioambientales? En un mundo que se abre al comercio, ¿cómo no vamos a negociar unidos? Nos integramos para ganar. ¿Por qué no armonizar nuestros programas educativos? ¿O temas de salud, como las vacunas, si hacer compras regionales saldría más barato?”, se pregunta.

La idea de adoptar una sola voz en el escenario internacional no es nueva, pero recupera su actualidad a instancias de la Unión Europea, organización que desea firmar un acuerdo de asociación con Centroamérica siempre y cuando se cumpla una condición: que de Guatemala a Costa Rica —la integración del territorio histórico no incluye a Panamá, aunque este país forme parte del Parlacen— los gobiernos se pongan de acuerdo para designar a un solo interlocutor. El reto no es pequeño.

En un estudio efectuado en mayo de 2006, entre 13 partidos políticos y 22 organizaciones civiles, se llegaba a la conclusión de que más del 90 por ciento de los encuestados estaba de acuerdo con la eliminación de fronteras, la creación de un pasaporte centroamericano, el establecimiento de una moneda única y el libre derecho a trabajar en cualquier país de la región.

Extraoficialmente, la interdependencia es obvia, el contrabando es un fenómeno histórico, las fronteras son porosas y las relaciones familiares entre ciudadanos de distintos países del Istmo son un hecho. En el ámbito oficial, los caminos de la integración, como los del Señor, a veces son inescrutables. Decía Séneca que no hay viento favorable para quien no sabe a dónde va. ¿Lo sabe Centroamérica?

Política a la deriva

A principios de la década de 1960, los estados centroamericanos firmaron las bases para una integración económica y política. Desde entonces, el brazo económico ha sido capaz de tirar del proceso con más fuerza que el político.

Tras la creación del Parlamento y el Sistema de Integración, en 1991, los logros han sido más formales que reales. Por ejemplo, Costa Rica participa de lo económico, pero elige excluirse de lo político, en un claro gesto de falta de confianza en el proceso. Razones tampoco le faltan.

“Todos hemos violado los tratados. Somos poco serios y no sancionamos a quien incumple lo acordado. El problema es la falta de voluntad política”, resume Trinidad.

Una opinión que comparte Roberto Carpio, ex vicepresidente de Guatemala y precursor del Parlacen: “Me pregunto si los políticos entienden la integración o es que no les interesa. Si usted mira nuestra historia, se dará cuenta de que no se trata de integrarse, sino de reintegrarse”, dice, frente a una placa grabada con el credo y el escudo de los Estados Unidos Centroamericanos que adorna la entrada de su casa en la zona 15. “Quisiera que fuéramos una nación. Nací guatemalteco, pero quiero morir centroamericano”, expresa. El ideal del estadista ha sido una constante histórica desde 1821. ¿Qué haría falta esta vez para aprobar la asignatura de la unión?

Un largo proceso
hacia la integración

Bajo tutela mexicana
> Tras la independencia las provincias centroamericanas, se produce la anexión imperio mexicano de Iturbide.

El primer intento
> En 1822, el prócer José Cecilio del Valle publicaba en el periódico El amigo de la Patria la siguiente visión del continente de habla hispana: “Separadas unas de otras siendo colocadas en un mismo hemisferio, el mediodía no existe para el norte, y el centro parece extranjero para el sur”. Un año más tarde, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costar Rica crean la República Federal Centroamericana.

Fracaso de la Federación
> En 1829, Costa Rica es la primera en abandonar la Federación. Hacia 1840, tras una guerra civil, no quedaba nada del intento de unión.

Las aspiraciones de Morazán
> En 1842, el hondureño Francisco Morazán, quien había sido presidente de la Federación, se lanza a la conquista de las antiguas provincias para resucitar la República Centroamericana. Ese mismo año es derrocado y fusilado en Costa Rica. En respuesta, los otros países crean una Confederación que duró hasta 1844.

Y las de Justo Rufino Barrios
> En 1884, el presidente de Guatemala, apoyado por Honduras, intentó resucitar la unión, con la fuerza de las armas. Muere un año más tarde, mientras luchaba contra tropas salvadoreñas.

Un intento sin Guatemala
> Antes de que finalizara el siglo, Honduras, Nicaragua y El Salvador volverían a intentar crear una república federal, entre 1896 y 1898.

La idea de una
integración gradual

> En 1951, se creó la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca), para promover los desarrollos económico, social y cultural de la región. La institución no pudo evitar enfrentamientos, como la llamada Guerra del Futbol, entre Honduras y el Salvador, en 1969.

Hacia una unión económica
> En 1960 se firmó el tratado de creación del Mercado Común Centroamericano, con vistas a sentar las bases para una Unión Económica.

Se impulsa
la integración política

> En 1991, se crea el Sistema de Integración Centroamericana (Sica), cuyo órgano principal es la reunión de presidentes. Nació también el Parlacen.

“Es importante que los negociadores tengan capacidad técnica, que se fortalezcan las instituciones y que los ciudadanos crean en el sistema”, explica Claudia Escobar, de la asociación Fiddi, entidad dedicada a fomentar la integración, la institucionalidad democrática y el estado de Derecho.

Aunque, quizá, lo más importante es que la clase política esté dispuesta a ejercer colectivamente la soberanía, lo que implicaría, por ejemplo, otorgar poderes vinculantes al Parlacen —hasta ahora limitado a hacer recomendaciones—, para convertirlo en un órgano legislativo.

Pero, ¿serán capaces de crear un organismo supranacional eficiente los mismos estados que no han podido satisfacer necesidades básicas de su población? Una duda que Roberto Carpio responde con otras interrogantes. “¿Cómo atacar problemas regionales como el crimen organizado, si Centroamérica no actúa como nación? ¿Cómo beneficiarnos cuando cada país compite con el vecino para dar facilidades a los inversionistas, y no actuamos en forma común?”, cuestiona el político, con la convicción de que la integración no debe confundirse con un tratado de libre comercio.

Un comercio floreciente

En lo concerniente a lo económico, la integración ha dado pasos más firmes. Las cifras hablan por sí solas. Según datos del Sistema de Integración Económica Centroamericana, en 1985, el comercio interregional no alcanzaba los US$500 millones. El año último, el valor de las exportaciones dentro del mercado común alcanzó los US$4 mil 427 millones. No sólo eso; con el 35.7 por ciento de las exportaciones, Guatemala fue el principal vendedor de la región, seguido de Costa Rica (24.4 por ciento) y El Salvador (23.2 por ciento).

En la actualidad, la producción local de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica circula con libertad por el territorio, a excepción de productos sensibles como el azúcar, el café y algunos derivados del alcohol y del petróleo. En marzo del año recién pasado, los presidentes acordaron dar el último paso hacia la unión aduanera. Esto significa que se liberalizará el mercado para los productos protegidos y que se permitirá a las mercancías procedentes de terceros países circular sin restricciones.

“Los países pequeños son inviables en la globalización. Si nos integramos, seremos un mercado más apetecible para las transnacionales, generaremos más economías de escalas y lograremos más inversiones centroamericanas, lo que repercutirá en crear más puestos de trabajo y ofrecer mejores productos a mejores precios”, afirma Enrique Rivera Ortiz, secretario de la Federación de Cámaras y Asociaciones Industriales Centroamericanas y de República Dominicana.

El modelo europeo

En la región, el sector privado ha sido uno de los precursores de la integración, atraído por un mercado de 37 millones de consumidores. Sin embargo, la expansión comercial no ha implicado desarrollo humano. A la hora de ilustrar sobre los beneficios de una integración regional se suele señalar el caso de la Unión Europea, pero pocas veces se recuerda que el acelerado desarrollo de países como Portugal, España, Irlanda o Grecia se debió, en buena medida, a las ayudas proporcionadas por naciones más ricas, como Alemania o Francia, para que modernizaran sus sectores productivos y mejoraran sus infraestructuras.

En Centroamérica, el comercio intrarregional ha crecido de manera ininterrumpida en los últimos 20 años, pero, si atendemos a los datos del Banco Centroamericano de Integración, la mitad de sus habitantes vive en condiciones de extrema pobreza, y el 10 por ciento de la población con ingresos más elevados se beneficia de entre 30 y 40 por ciento del ingreso nacional. Es decir, el crecimiento comercial, aunque saludable, no ha logrado solventar las cuentas pendientes en cuestiones como la pobreza o la inequidad. Por eso, grupos civiles se muestran preocupados por qué tipo de integración se debe construir.

“Tenemos que hablar de justicia social, de medio ambiente, de una política agrícola común que salvaguarde la seguridad alimentaria, y eso pasa por la democratización de la tierra y de los medios productivos. Muy probablemente habrá gente que esté cansada de escuchar las mismas cosas, pero es lo que sigue faltando”, explica Guillermo Barrios, de Coordinación de Organizaciones no Gubernamentales y Cooperativas.

El debate está servido: la integración puede traer grandes beneficios, pero lo que está por resolverse es cómo conseguir que tales beneficios sean para todos.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com