Rafael Hernández
"Confieso que he vivido"
Velorio, cómico internacional, ha sido
el portador del folclor guatemalteco en varios países
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
Para Rafael Hernández las “malas palabras” no existen, lo único
que hay son palabras mal dichas o pronunciadas. De lo que está seguro
este cómico guatemalteco es que su éxito radica en el uso del lenguaje
vulgar, que la mayoría de los guatemaltecos habla cotidianamente. “De
esto, no cabe duda”, señala quien desde hace 52 años se dedica
a hacer reír y lleva 34 de encarnar al cómico Velorio. ¿Por qué el seudónimo
de Velorio?
Nací en el barrio de Gerona, en donde, por la década
de 1940 y 1950, a los muertos los velaban en sus casas y era una
verdadera fiesta donde regalaban licor, se jugaba cartas y contaban
chistes. Yo quise dejar una remembranza de esa época, por
eso elegí el nombre artístico de Velorio. Eso sucedió cuando
vivía en Los Ángeles y vine a grabar mi primer disco,
el cual tuvo como portada la fotografía de un velatorio.

"Si Dios me dijera:
Vaya a aquel lado a hacer reír a las almas, yo iría,
con mucho gusto, eso sí, sin ganar nada".
Rafael Hernández |
¿Qué tanto han
cambiado los velatorios?
La gente ya no amanece en las capillas; ahora, a las 10 de la noche,
las funerarias ya están vacías. Se van porque son
muy aburridos, y quienes asisten pasan el tiempo para verse la
cara unos con otros y hablan tonterías de la vida cotidiana.
Antes, la gente se distraía, inclusive, muchas parejas se
conocieron en un funeral y al final resultaron siendo esposos.
Antes de Velorio le decían Gorilita, ¿por qué? Los apodos, en los barrios, siempre son divertidos y no sé por
qué me pusieron así. Algunos amigos de mi infancia
aún me dicen Gorilita y yo les digo: No me digas así,
mejor decime Velorio y me contestan: No puedo, yo te conocí como
Gorilita. Los apodos son un sello para toda la vida, no hay para
dónde. Que le dejen de decir Conejo al presidente es imposible.
Hay personas que piensan mucho en el nombre que le van a poner
a sus hijos y en la escuela se resultan paseando en ellos con un
apodo. En Gerona, por ejemplo, había un zoológico
pues existía una Lombriz, Gorila, Rana y un montón
de apodos.
¿Existe diferencia entre Rafael
Hernández y Velorio?
Yo veo a Velorio ajeno a Rafael
Hernández. El segundo es el empresario del primero, con quien hay que
hablar para que Velorio vaya a actuar a algún lado. Hernández es
una persona común y corriente a la que le gustan las cosas buenas. Velorio
es el malcriadote que va al escenario a contar chistes. Es la imagen del guatemalteco
vulgar y me refiero a albañiles, abogados, médicos, científicos
e intelectuales... todos son vulgares. Miguel Ángel Asturias era vulgar,
me lo han contado y, si no, veamos la obra El Señor Presidente. He sido
el portador del folclor de Guatemala a través de la palabra.
Para usted, ¿qué es
ser “malcriado”?
Es usar algunas de las expresiones
que más dice el guatemalteco cuando
platica. Para mí, son parte del folclor, porque fueron aceptadas y
están
escritas en el Diccionario de la Real Academia Española; así que
no son malas, sino buenas. No se le puede llamar vino a la cerveza, si es
vino. Esto es lo que hace Velorio, utilizar el lenguaje de los patojos y
viejos de Guatemala.
Entonces, ¿por qué se
escandaliza la gente?
Las religiones se han venido a pasear
en todo; el evangelista no quiere oír “malas
palabras” y los únicos malcriados, escandalosos y borrachos
somos los católicos, pero eso es pura hipocresía, porque en
el fondo todos quieren ser malcriados. Cuando alguna pareja de esposos se
pelea es mejor que se digan malas palabras y no que se golpeen. En la calle
muchos conductores pitan, hace señas
y dice vulgaridades, lo cual es menos grave que si se bajan del automóvil,
porque la cosa se pondría peligrosa. Yo nunca he peleado y el día
que me toque me van a pegar, pero sí he insultado a medio mundo.
“Morir de la risa” ¿es sólo
una hipérbole?
En algunas reuniones he contado chistes que la gente se ha pasado
hasta media hora riéndose y no puedo continuar porque la risa no lo permite. Una vez,
en Los Ángeles, se iba a morir un argentino en una reunión de amigos,
debido a que se ahogó con su propia risa, cayó al piso y comenzamos
todos a darle aire. Hubiera sido algo fenomenal, un titular: Velorio mata de
la risa a una persona. Hubiera sido fantástico.
¿Cómo aprendió a hacer reír?
Cuando tenía 10 años escuchaba los boletines de la Huelga de Dolores
en el parque central y me daba cuenta cómo insultaban a monseñor
y al presidente y veía cómo la gente se mataba de la risa, entonces,
crecí con eso. Yo comencé a conocer a las prostitutas cuando tenía
siete años, en la 17 calle de la zona 1, debido a que era amigo de los
hijos de ellas y espiábamos... entonces, ¿cómo no puede
estar mi mente pícara y putrefacta? Pero así me tocó nacer
y vivir. Yo fui niño de calle, pues lustraba, vendía periódicos
y chicles. El Centro Histórico siempre ha sido mi casa y aquí me
quiero morir, porque en este lugar me gané mis primeros centavos y lo
sigo haciendo de viejo.
¿Cuál es su principal veta de chistes?
A mí me alimenta la gente en la calle, porque saben que vivo de los chistes.
Me los cuentan y si (alguno) es bueno lo apunto y si es malo lo olvido. Lo que
me gusta de un chiste es que tenga actualidad, como el de Álvaro Colom,
que le preguntó a un ciego: ¿Me conoces? (con su característica
vos) y el no vidente le contestó: Vos sos Colom. Verdad que mirás,
hijo de..., le respondió el presidenciable.
¿Cuáles son los chistes que más
fama le han dado?
El éxito de Velorio se debe al personaje Tío Chema Orellana, quien
fue un anciano que nació en Estanzuela, Zacapa, y no conocí; pero
me contaron sus anécdotas y empecé a grabar, hasta que llegó el
momento en que este personaje dejó de ser zacapaneco y se convirtió en
internacional. Cuento chistes de todo tipo de indígenas, negros, gays,
Pepito, turcos, gringos, de todo. He grabado mil 200 chistes.
¿Ha tenido problemas por algunos chistes?
No. A todas las personas que les he hecho chistes, hasta gracias
me han dado. La familia de Tío Chema, cuando me encuentra, me echa bendiciones. Creo
que hacerle chiste a una persona es enaltecerla y debería sentirse
orgullosa. Cuando comencé a actuar era imitador y lo hice con (los presidentes) Kjell
(Laugerud), (Miguel) Ydígoras, Julio César Méndez y (Carlos)
Arana. A Ydígoras es el que más chistes le he hecho, debido a que
tres veces fue candidato a la presidencia y el pueblo lo catalogaba como un personaje
loco; a Méndez, como borracho y Kjell, por trompudo.
"Bien bebido,
pero mal comido"
> Nació en el barrio de Gerona en 1939 y a
los 15 años se trasladó al de La Candelaria, ambos en la
zona 1.
> Su cambio
de residencia coincidió con su inicio
en el mundo del espectáculo, pues durante las
noches actuaba en clubes nocturnos de la capital.
> En 1969 se
fue a vivir a Los Ángeles, California, y en 1973
regresó al país con el único objetivo
de grabar su primer disco de chistes.
> En esa
ciudad vivió hasta 1997 y regresó a
Guatemala debido a su edad. Desde hace 10 años
administra un parqueo.
> Durante
los últimos años ha sido sometido
a varias cirugías de la próstata y el
colon. Al respecto, dice: “Cualquier mal lo acepto
con cariño, porque reconozco que he llevado
una vida muy desordenada, bien fumado, bien bebido
y mal comido”. |
¿Se ha reído de usted mismo?
Sí, cuando estoy en público siempre digo: Yo tengo
sangre de oriente por mi mamá, de la costa sur por mi papá y
de Puerto Barrios por un amigo de mi papá (me imagino el
brinco que ha de dar mi mamá dentro de su tumba).
¿Hacer reír le ha dado fortuna?
Me ha dado para vivir tranquilo. Yo nunca
me he atenido a las actuaciones y por eso siempre he estado en el negocio
(en los 28 años
que estuvo en Estados Unidos, junto a su esposa tuvo un supermercado
y un restaurante y, en la actualidad, administra un parqueo).
Pero me ha dado la fortuna de haber llegado al corazón de los
guatemaltecos. Me voy tranquilo de esta vida, pues siento que hay muchas
personas que me quieren, porque es triste que una persona
se muera y digan: Se murió este hijo
de tantas... creo que el día que yo ya no esté en este
mundo muchas personas van a llorar, pero me voy satisfecho de haberle
dado a Guatemala el personaje Velorio.
Ha pensado alguna vez en la muerte?
No le tengo miedo. La muerte es una transformación a una vida mejor, porque
si uno tiene salud vale la pena vivir, pero si no la tiene, no vale la pena,
porque por más que uno tenga bienes materiales, ya no se puede disfrutar.
Entonces, ¿para qué estar en este mundo robando oxígeno‘?
Yo me he reído de la muerte y no tengo por qué acobardarme a la
hora de cerrar los ojos.
Puede decirle a la vida: “Nada te
debo, nada me debes”.
Cometí muchos errores y el primero
fue haber pasado una etapa de mi juventud en la política, que
es lo más asqueroso que he visto en mi vida.
Muchos años de mi trabajo los dediqué a la vida
nocturna, fui maestro de ceremonia de strip tease, compartí el
escenario con mujeres desnudas en distintos centros de la capital.
Ahora que tengo fama, estoy enfermo y no puedo cumplir con muchos
contratos; pero no protesto porque ya viví... tengo 67
años
de edad y reconozco que he llevado una vida desordenada. Tengo
67, pero vividos 134. Como dijo Pablo Neruda: “Confieso
que he vivido”. Viajé por toda Europa y
América y cuando hice giras en Estados Unidos, volaba
hasta 54 horas en 16 días. Cuando yo no había subido
a un avión, le dije a
Dios: Señor, yo quiero subir en un aparato de esos, y
se le fue la mano, porque cuando subía a las aeronaves
terminaba con el fondillo escaldado.
¿Cree en la vida después de la muerte?
Creo mucho en eso y considero que no estoy por gusto en la Tierra,
sino que alguien me mandó para acá. Cuando morimos nuestro espíritu se da
cuenta de lo que hacen nuestros seres queridos y si uno ha sido una persona buena
tiene un premio y lo mandan a la luz eterna; pero si es malo lo regresan al infierno
que es éste que vivimos en la Tierra.
Y en esa vida ¿va a seguir siendo
cómico?
Si me lo permiten sí, pero como es
en espíritu creo que no nos
vamos a reconocer por allá. Solamente que Dios lo
permitiera y me dijera: Vaya a aquel lado a hacer reír
a las almas, yo iría con mucho gusto,
eso sí, sin ganar nada, porque ahí no hay
dinero. Lo que ha arruinado al mundo es la moneda y la
ambición.
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