Semanario de Prensa Libre • No. 141 • 18 de Marzo de 2007

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D atuendo
   > D portafolio
   > D gastronomía
   > D fondo
   > D industria
   > D mundo
   > D cultura
   > D farándula
   > D viaje
   > Punto final

 


D mundo

Los dayaks
De cortadores de cabezas
a tribu amenazada

Viven en el interior de Borneo, la cuarta isla más grande
del mundo, ubicada entre Indonesia, Malasia y Brunei

Por Redacción Revista D

La fiera tribu de los dayaks, temidos cortadores de cabezas, ha habitado durante siglos a lo largo de los 950 kilómetros del río Mahakam, uno de los más largos de la isla de Borneo. Ahora el clan tiene que adaptarse a los nuevos tiempos y permanecer con amenaza de extinción...

En los márgenes del río Mahakam se alinean incontables pequeñas aldeas flotantes. Las aguas reflejan, como espejos, ropas tendidas al sol, mujeres bañándose, niños jugando e incesantes idas y venidas en barcas. Pocos kilómetros selva adentro se escucha con claridad el canto de pájaros de intensos colores azul eléctrico y amarillo que cruzan como relámpagos el río, una y otra vez.

Desde la atalaya privilegiada de los árboles, monos proboscis o narigudos, endémicos de los bosques tropicales borneos, siguen con curiosidad el paso de los visitantes.

Borneo, la cuarta isla más grande del mundo, ubicada entre Indonesia, Malasia y Brunei, cuenta aún con áreas tan desconocidas que las expediciones biológicas descubren especies nuevas cuando las visitan, como el “carnívoro rojo” fotografiado por WWF el año pasado.
Fuera de la selva, sin embargo, y de vuelta a la arteria fluvial del Mahakam, sus aguas reflejan también la rápida desaparición de los modos tradicionales de vida de los dayaks.

Poderes sobrenaturales

La decapitación de sus enemigos se basaba en la creencia animista de que las cabezas poseían grandes poderes sobrenaturales que serían transferidos al poseedor de las mismas.

La transmisión se efectuaba mediante un elaborado ritual en el que tobillos y muñecas del cazador se marcaban con detallados tatuajes. Más de un siglo después de que estos ritos fueran prohibidos por los colonizadores holandeses, las ceremonias han substituido las cabezas humanas por aquellas de animales, mientras los vistosos tatuajes cumplen ahora tan sólo una función ornamental, tanto en hombres como en mujeres.

El cese de los ataques de tribus rivales ha vaciado también de significado a los lamin, casas de madera tradicionales de los dayaks, en las que vivían juntas varias familias extensas, para buscar protección.

Aún así, muchas de estas viviendas se conservan, como sucede en la pequeña aldea de Eheng, donde viven alrededor de 200 personas en la mayor casa comunal.
Convertida en un centro de artesanía tradicional durante el día, donde se entrelazan a mano bolsos y cestas de mimbre, por la noche su largo comedor acoge cenas, relatos, peleas, danzas y rituales chamánicos cuando alguno de los familiares cae enfermo.

Según las creencias dayaks, la enfermedad aparece porque se ha ofendido a algún espíritu, y el alma ha abandonado el cuerpo.

El ritual está marcado por el sonido de decenas de tambores que resuenan durante 12 horas —desde el atardecer hasta el alba— en la casa del enfermo. Su objetivo es lograr la vuelta del alma y, con ella, la cura del cuerpo.

Durante el día, sólo el chamán y los familiares más directos se pueden acercar al enfermo, y su presencia se marca con la señal de una calavera dibujada con tiza blanca sobre los postes de madera de la casa.

Tradiciones que se pierden

Escondido frente a Eheng, al otro lado de la carretera, hay un cementerio dayak con decorados monumentos funerarios de madera de más de un siglo de antigüedad.
Con la conversión al cristianismo o al islam, estos cementerios han sido abandonados por todos, excepto por los más ancianos, que explican su historia a todo el que quiera sentarse a escucharla.

Particularidades
> La raza dayak es de piel clara (parecidos a los chinos) con caras redondas, de rasgos bien definidos y ojos ligeramente sesgados. Son físicamente imponentes, más altos que la mayoría de los asiáticos, y musculosos.

> Prefieren cazar con cerbatanas y dardos venenosos o lanzas, en lugar de los pedreñales hechos a mano al estilo de Daniel Boone.

> Cada vez más, los jóvenes dayaks dejan sus aldeas para trabajar en empresas de petróleo y de madera, o para tomar trabajos humildes en los pueblos en auge de Kalimantan.

Otras costumbres, como el símbolo de belleza que representaban las orejas largas de las mujeres —estiradas hasta los hombros por el peso de decenas de pendientes— son seguidas por algunas jóvenes, pero ignoradas por muchas otras. Bua Geh, de 83 años (en fotografía), es la última superviviente con largas orejas perforadas de Tering, un pueblo convertido al cristianismo hace 40 años, desde que su hermana, de 81 años, falleció hace unos meses.

Para encontrar comunidades que conserven estas tradiciones centenarias es necesario desplazarse cada vez más y más hacia el interior del río Mahakam, abordando una avioneta hasta Long Ampung o aventurándose más allá de los rápidos de Long Bangun con un guía experto.

Madereras, papeleras, plantaciones de palma de aceite y compañías mineras se multiplican en los kilómetros más cercanos a la desembocadura.

Miles de troncos y toneladas de carbón descienden cada día por el Mahakam hasta Samarinda, la próspera ciudad construida en su delta y cuyos alrededores arden en incendios provocados cada temporada seca.

La rara orquídea negra, la joya del Parque de Orquídeas de Barong Tongkok, podía encontrarse antes de los incendios de 1998 en un territorio que cubría cinco mil hectáreas, pero sólo 17 de ellas sobrevivieron al fuego.

Unos pocos días allí, caminando entre descampados por la tala ilegal o por el fuego, son suficientes para creer las estimaciones que apuntan que en una década habrá desaparecido toda la selva virgen de Borneo y, con ella, gran parte de las tradiciones dayaks.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com