A la vanguardia
En busca de una arquitectura de diseño con sabor autóctono
Por Gemma Gil Flores
Foto Áxel Paredes
¿Se imagina un centro de visitantes
e investigación ecológica
en alguno de los barrancos de la ciudad? ¿Y se imagina que la construcción
conjugara la estética del diseño contemporáneo con estructuras
de materiales tradicionales? Pues ese es el propósito del arquitecto Áxel
Paredes, docente de la Universidad Francisco Marroquín. “Mi propuesta
quiere salir del lenguaje vernáculo y del cliché de lo típico
para participar en el discurso de la vanguardia arquitectónica mundial,
pero a partir de los métodos, materiales y técnicas locales”,
explica. Es decir, se trata de sugerir un modelo de arquitectura para la Guatemala
contemporánea, sin importar lenguajes occidentales.

La construcción podría
albergar una biblioteca, un auditorio, un invernadero y un
jardín botánico, de manera que pudiera ser un espacio de
divulgación y ocio.
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Para llevar a cabo su propuesta, Paredes ha empleado lo último
en tecnología digital para explorar las posibilidades del
bambú, la madera, el plástico y las fibras naturales,
a fin de crear una estructura de formas orgánicas inspirada
en los textiles y en el trenzado de la cestería.
De momento, el proyecto es sólo una idea sobre papel, pero de concretarse
podría ser una oportunidad para reivindicar el valor bioecológico
de los barrancos. “Son pulmones con un gran potencial para convertirse
en parques; pero la ciudad vive de espaldas a ellos. Se ven como un problema
o como espacios para crear viviendas improvisadas”, afirma el arquitecto.
Además, de salir adelante este
proyecto —que ha sido seleccionado
para ser incluido en el nuevo libro de proyectos del Instituto Tecnológico
de Massachusetts— abriría la exploración de nuevas soluciones
habitacionales. “Se pueden edificar casas populares sin caer en las cuatro
paredes y el techo de lámina, que cuando hace calor te ahoga y cuando
hace frío no te protege.
Y es posible lograr algo estéticamente
agradable con materiales como el PVC o el bambú, que son reciclables y
más económicos que el cemento, el ladrillo y el vidrio”,
agrega. Claro que, como apunta Paredes, para eso hace falta incentivar a la iniciativa
pública y privada y lograr que se interesen por nuevas formas constructivas. |