La noche es larga
Algunas personas aman la oscuridad, otras,
añoran volver a los horarios comunes, pero, en todo caso,
todos aquellos que trabajan de noche aportan beneficios a la sociedad
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
Cuando el correteo del día se interrumpe
y las lámparas de la ciudad se prenden, el momento se vuelve
propicio para el trabajo de miles de personas. Para algunos, este
instante comienza en el minuto en que la tarde muta con la noche.
Para otros, el inicio de la jornada se produce cuando las agujas
del reloj indican la hora de entrada acordada con la empresa.
Más allá de lo anterior, lo cierto es que el ritmo laboral de la
capital da un vuelco cuando el Sol ilumina a otro continente. Es en este momento
cuando los hombres y mujeres que trabajaron durante las horas de luz natural
son sólo un recuerdo, y ahora se disponen a descansar. Sin embargo, un
nuevo grupo toma las riendas del desarrollo económico o está atento
a los problemas que durante las horas de tiniebla aquejan a la metrópoli. “Es
cuando nosotros estamos más despiertos”, dice Carlos Hernández,
un agente de seguridad de la zona 9.

Orlando Lobos, jefe cocina
de restaurantes Los Cebollines, trabaja los fines de semana
hasta la una de la madrugada. |
El ajetreo nocturno es diverso. Desde empresas que trabajan las
24 horas para cumplir con sus metas industriales, como las fundidoras
de vidrio y metal (tubo y varilla) que no pueden apagar sus hornos
durante la semana, hasta personal de logística de empresas
repartidoras (alimentos y bebidas) que desde las tres de la mañana
cargan los camiones para que, a partir de las cinco, surtan las
tiendas de barrio. Cada quien cumple con su tarea, mientras la
mayoría duerme.
José Víctor Fuentes es un enderezador y pintor de
vehículos que, ante la falta de trabajo en esta profesión,
labora desde hace cinco años en una fábrica de varillas
de hierro para construcción ubicada en la zona 12. Cuando
se le busca por la mañana para un trabajo de enderezado,
su esposa sale a la puerta y dice: “Regrese como a las tres
(de la tarde) a esa hora ya se ha levantado”. Sucede que
Fuentes retorna de su trabajo a las ocho de la mañana. Este
enderezador es uno de los aproximadamente 400 guatemaltecos que,
según la Gremial de Metalurgia, cumplen jornadas nocturnas
(ingresan a las 22 horas y salen a las siete del siguiente día)
y trabajan en hornos de mil 600 grados centígrados. Oswaldo
Morales, directivo de esta agrupación, explica que los hornos
no se detienen durante las 24 horas, para lo cual se requiere tres
turnos: “Un grupo lo hace de día, otro, de 15 a 22
horas, y el último, de 22 a 7 de la mañana”,
explica.
La mayor incógnita
Aunque el Ministerio de Trabajo (MINTRAB) y el
Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) no cuentan con
estadísticas
que indiquen el número de personas que trabajan durante
la noche, debido a que la mayoría de empresas únicamente
registra la cantidad de empleados, sin detallar la jornada, el
censo nacional de empresas locales efectuado por el MINTRAB y
el Instituto Nacional de Estadística (INE) contiene alguna
información.
El informe señala que en el país
operan 209 mil empresas de todo tipo, de las cuales sólo
11 mil 280 están
registradas en la cartera de Trabajo. Roberto Cordero, de la Inspección
General de esa dependencia, indica que de la cantidad reportada únicamente
el siete por ciento informó que labora en jornadas nocturnas. “La
mayor cantidad de estas pertenecen al área de seguridad
y la industria, porque utilizan maquinaria que no se puede detener”,
explica.
El mundo de luto
En esta arbitraria selección de labores nocturnas, el mundo de los empleados
funerarios es uno de los que más morbo despierta debido a las historias
fantasmagóricas que a su alrededor han existido. En estos centros de velación
trabajan personas que cumplen distintas funciones como atención al cliente
(sirven bebidas y alimentos), seguridad, preparación de cadáveres
y conductores de carrozas fúnebres.
Desde muy joven, Marco Antonio Velásquez (54 años), ha estado cerca
de los muertos, porque cuando aún rozaba los 20 años se empleó en
Funerales Reforma. Allí, rápido aprendió a cumplir con diferentes
menesteres y cuando aprendió a manejar vehículo empezó a
recoger muertos en la carroza funeraria. Hoy ya no tiene problemas para hacer
ese trabajo, ni mucho menos de pasar toda la noche sin dormir: “Eso de
que suceden cosas sobrenaturales nunca lo he vivido, aunque sí lo he escuchado
de mis compañeros”, dice.
Velásquez ingresa a las 19 horas y sale a las siete del día siguiente,
pero su trabajo no inicia cuando ingresa. A veces puede pasar entre dos y cinco
horas sin realizar alguna tarea, pero una llamada telefónica cambia toda
la historia, pues su viaje puede ser a alguna morgue o una casa particular de
cualquier parte del país. “Junto con otro compañero vamos
a donde sea, introducimos al fallecido en un ataúd de metal provisional
y lo traemos al laboratorio para su preparación corporal”, relata.
En guardia
Aunque la noche se desplomó sobre la ciudad, a los niños que juguetean
frente a la emergencia del Hospital General San Juan de Dios poco parece importarles
ese detalle. Los rostros de padres y madres preocupados se multiplican por doquier
y parecen buscar alguna respuesta a sus aflicciones con la mirada fija en el
sucio piso. Con una sonrisa constante detrás de un tenue bigote, el enfermero
Luis Felipe Lucas ingresa a su turno de guardia en el nosocomio.
“La actividad fuerte es hasta la una o las dos de la mañana, pero
eso depende de la época y de si es fin de semana, quincena o mes”,
explica. Las guardias médicas son de 24 y 12 horas, pero todo depende
de los servicios que brinde cada sección. “En la actualidad estoy
tratando de alejarme un poco de la vida de la vigilia, porque uno tiene un tiempo
de vida útil para esto. Llevo 16 años haciendo turnos y estoy intentando
cambiar mi horario. Quiero compartir más tiempo con mi familia”,
expresa.
Guardianes del cielo
Al sur de la ciudad, la noche toma otra fisonomía. El cielo parece abrirse
como un abanico, y su esplendor sólo es interrumpido por el ruido de las
turbinas de los aviones que dirigidos por los controladores del espacio aéreo,
de la torre de control del Aeropuerto Internacional La Aurora, aterrizan y levantan
vuelo. De las aeronaves desciende la tripulación.
“Nuestro trabajo consiste en brindar toda la información útil
a los pilotos. Es como guiarlos para que el viaje sea normal. Los datos que les
proporcionamos sirven para que no se acerquen demasiado entre ellos. También
para que sepan el parte meteorológico, la dirección y la intensidad
del viento cuando llegan y cuando salen; además, la presión atmosférica
a nivel medio del mar, temperatura y punto de rocío”, explica un
controlador que prefirió no mencionar su nombre.
Del trabajo eficaz de estos profesionales depende el de otros,
como el del famoso campeón mundial de tiro Atila Solti, quien es piloto aviador de una aerolínea.
Una de las características de este profesional es que sus horarios de
trabajo son irregulares, lo cual significa que un día puede volar a las
16 horas y otro a la medianoche o en la madrugada. “No tengo el horario
de una oficina, pues depende de los planes operacionales de la aerolínea”,
explica.
Solti cuenta que su horario es tan especial que
le suceden algunas cosas curiosas que no le pasan a otros profesionales. “La alarma de la mayoría
de personas suena a las cinco o seis de la mañana, pero, la mía,
a las 21, 24 horas o dos de la mañana. Cuando llego a mi casa, mis hijas,
muchas veces, van saliendo para el colegio (antes no lo entendían, pero
ahora sí) y para dormir, durante el día debo tener un cuarto oscuro”. El peligro de la oscuridad
Las reglas
Las horas de trabajo están
reguladas en el artículo 116 y 117 del Código
de Trabajo:
> La jornada ordinaria
de trabajo efectivo diurno no puede ser mayor de ocho
horas, ni exceder de un total de 48 horas a la semana.
Trabajo diurno es el que se ejecuta entre las seis y
las 18 horas de un mismo día.
> La jornada ordinaria de
trabajo efectivo nocturno no puede ser mayor
de seis horas diarias, ni exceder de un total
de 36 horas a la semana. Trabajo nocturno es
el que se ejecuta entre las 18 horas de un día
y las seis horas del día siguiente.
> Jornada mixta es
la que se lleva a cabo durante un tiempo que abarca parte
del período diurno y parte del período
nocturno. La jornada ordinaria de trabajo efectivo mixto
no puede ser mayor de siete horas diarias ni exceder
de un total de 42 horas a la semana.
> No obstante,
se entiende por jornada nocturna la jornada mixta en
que se laboren cuatro o más horas durante el período
nocturno. |
La noche parece llegar muy temprano para los encargados
de la limpieza del Centro Histórico, quienes desde las 16 horas principian a apropiarse de las calles
y avenidas inundadas por el bullicio de los vendedores callejeros y promontorios
de basura. Así lo demuestra el incesante movimiento de trabajadores con
gabachas y gorras verdes fluorescentes de Representaciones M. S., una de las
empresas que tienen la concesión para efectuar la tarea de recolección
de residuos y que concluye su faena a las 23 horas. Pablo César López, de 22 años, trabaja para esta empresa
desde hace tres años y medio. En la actualidad, su tarea la hace en horarios
distintos, pero durante más de dos años la oscuridad fue su acompañante
de todos los días, lo que le permitió estudiar y graduarse de bachiller
en Ciencias de la Comunicación en el colegio Rotterdam. “El trabajo
dignifica y honra y, ahora, mi mayor sueño es seguir estudiando”,
relata.
La primera etapa del trabajo de López inicia a las 16 horas cuando recorre
la avenida Elena y también la 4ª. avenida de la zona 1 para recoger
basura con el picapollo. A las 19 horas se toma unos minutos para cenar, y continúa
su trabajo con el barrido profundo, que consiste en extraer la tierra que se
acumula bajo las aceras y que sale a luz cuando se marchan los vehículos
que ahí se parquean. Durante la jornada, el peligro nunca se aleja, pues
los asaltantes acosan y los conductores irresponsables abundan. “Una vez
me atropellaron y dos días estuve hospitalizado”, se queja. A esas horas, las calles lucen casi desiertas y los pocos automóviles
que circulan lo hacen a gran velocidad. Se puede avanzar grandes trechos sin
encontrar señales de vida y los noctámbulos no existen. Las desparramadas
luces intermitentes de los semáforos se ven por todas partes y, a veces,
se confunden con la roja o azul de alguna patrulla policíaca o ambulancia
y la de los rótulos de los taxis. La ciudad duerme.
Es más esfuerzo
El trabajo nocturno incide en la vida cotidiana y el rendimiento
laboral
Las alteraciones que enfrentan las personas que trabajan en horarios
nocturnos han sido motivo de estudio por parte de algunos especialistas,
que han constatado que las jornadas de la noche son desfavorables
para el bienestar del trabajador. La mayoría están
de acuerdo en que se producen alteraciones en la salud generadas
por las perturbaciones del sueño y la alimentación,
lo cual repercute en la vida familiar, social y laboral.
Hacen énfasis en que el déficit de sueño condiciona
una gran parte de las consecuencias patológicas del trabajador.
Arla Stockes, neurofisióloga y especialista en problemas
del sueño, dice que cuando no se tiene un sueño de
calidad, se refleja en síntomas como poca concentración,
dolor de cabeza, susceptibilidad e irritabilidad.
“El sueño
activa defensas contra infecciones, favorece la memoria y da la
sensación de bienestar durante el día”, explica.
El horario afecta a la cantidad, calidad y ritmo de las comidas.
En el trabajo nocturno se producen alteraciones en los hábitos
alimentarios, la calidad de la comida no es la misma, se come rápidamente
y a distintas horas. Además, hay una tendencia al aumento
del consumo de café, tabaco y productos excitantes. Las
consecuencias más comunes son la dispepsia, gastritis y úlceras.
El horario nocturno imposibilita mantener relaciones familiares
y sociales normales. La psicóloga clínica Dora Amalia
Alvarado dice: “La vida cotidiana del ser humano está programada
para desarrollar las actividades pensando en personas que trabajan
de día”. Esta situación provoca que muchos
trabajadores tengan la sensación de estar aislados, pues
sus actividades no coinciden con las del resto de personas que
lo rodean.
Todo lo anterior crea las condiciones
necesarias para que el rendimiento del trabajador sea menor y su
trabajo menos eficiente, especialmente, en el lapso que va de las
tres de la madrugada a las seis de la mañana. Esto se debe
a que la capacidad de atención y toma de decisiones, así como la
rapidez y precisión de los movimientos, son más reducidos.
|