Semanario de Prensa Libre • No. 142 • 25 de Marzo de 2007

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D fondo

La noche es larga
Algunas personas aman la oscuridad, otras, añoran volver a los horarios comunes, pero, en todo caso, todos aquellos que trabajan de noche aportan beneficios a la sociedad

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Cuando el correteo del día se interrumpe y las lámparas de la ciudad se prenden, el momento se vuelve propicio para el trabajo de miles de personas. Para algunos, este instante comienza en el minuto en que la tarde muta con la noche. Para otros, el inicio de la jornada se produce cuando las agujas del reloj indican la hora de entrada acordada con la empresa.

Más allá de lo anterior, lo cierto es que el ritmo laboral de la capital da un vuelco cuando el Sol ilumina a otro continente. Es en este momento cuando los hombres y mujeres que trabajaron durante las horas de luz natural son sólo un recuerdo, y ahora se disponen a descansar. Sin embargo, un nuevo grupo toma las riendas del desarrollo económico o está atento a los problemas que durante las horas de tiniebla aquejan a la metrópoli. “Es cuando nosotros estamos más despiertos”, dice Carlos Hernández, un agente de seguridad de la zona 9.

Orlando Lobos, jefe cocina de restaurantes Los Cebollines, trabaja los fines de semana hasta la una de la madrugada.

El ajetreo nocturno es diverso. Desde empresas que trabajan las 24 horas para cumplir con sus metas industriales, como las fundidoras de vidrio y metal (tubo y varilla) que no pueden apagar sus hornos durante la semana, hasta personal de logística de empresas repartidoras (alimentos y bebidas) que desde las tres de la mañana cargan los camiones para que, a partir de las cinco, surtan las tiendas de barrio. Cada quien cumple con su tarea, mientras la mayoría duerme.

José Víctor Fuentes es un enderezador y pintor de vehículos que, ante la falta de trabajo en esta profesión, labora desde hace cinco años en una fábrica de varillas de hierro para construcción ubicada en la zona 12. Cuando se le busca por la mañana para un trabajo de enderezado, su esposa sale a la puerta y dice: “Regrese como a las tres (de la tarde) a esa hora ya se ha levantado”. Sucede que Fuentes retorna de su trabajo a las ocho de la mañana. Este enderezador es uno de los aproximadamente 400 guatemaltecos que, según la Gremial de Metalurgia, cumplen jornadas nocturnas (ingresan a las 22 horas y salen a las siete del siguiente día) y trabajan en hornos de mil 600 grados centígrados. Oswaldo Morales, directivo de esta agrupación, explica que los hornos no se detienen durante las 24 horas, para lo cual se requiere tres turnos: “Un grupo lo hace de día, otro, de 15 a 22 horas, y el último, de 22 a 7 de la mañana”, explica.

La mayor incógnita

Aunque el Ministerio de Trabajo (MINTRAB) y el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) no cuentan con estadísticas que indiquen el número de personas que trabajan durante la noche, debido a que la mayoría de empresas únicamente registra la cantidad de empleados, sin detallar la jornada, el censo nacional de empresas locales efectuado por el MINTRAB y el Instituto Nacional de Estadística (INE) contiene alguna información.

El informe señala que en el país operan 209 mil empresas de todo tipo, de las cuales sólo 11 mil 280 están registradas en la cartera de Trabajo. Roberto Cordero, de la Inspección General de esa dependencia, indica que de la cantidad reportada únicamente el siete por ciento informó que labora en jornadas nocturnas. “La mayor cantidad de estas pertenecen al área de seguridad y la industria, porque utilizan maquinaria que no se puede detener”, explica.

El mundo de luto

En esta arbitraria selección de labores nocturnas, el mundo de los empleados funerarios es uno de los que más morbo despierta debido a las historias fantasmagóricas que a su alrededor han existido. En estos centros de velación trabajan personas que cumplen distintas funciones como atención al cliente (sirven bebidas y alimentos), seguridad, preparación de cadáveres y conductores de carrozas fúnebres.

Desde muy joven, Marco Antonio Velásquez (54 años), ha estado cerca de los muertos, porque cuando aún rozaba los 20 años se empleó en Funerales Reforma. Allí, rápido aprendió a cumplir con diferentes menesteres y cuando aprendió a manejar vehículo empezó a recoger muertos en la carroza funeraria. Hoy ya no tiene problemas para hacer ese trabajo, ni mucho menos de pasar toda la noche sin dormir: “Eso de que suceden cosas sobrenaturales nunca lo he vivido, aunque sí lo he escuchado de mis compañeros”, dice.

Velásquez ingresa a las 19 horas y sale a las siete del día siguiente, pero su trabajo no inicia cuando ingresa. A veces puede pasar entre dos y cinco horas sin realizar alguna tarea, pero una llamada telefónica cambia toda la historia, pues su viaje puede ser a alguna morgue o una casa particular de cualquier parte del país. “Junto con otro compañero vamos a donde sea, introducimos al fallecido en un ataúd de metal provisional y lo traemos al laboratorio para su preparación corporal”, relata.

En guardia

Aunque la noche se desplomó sobre la ciudad, a los niños que juguetean frente a la emergencia del Hospital General San Juan de Dios poco parece importarles ese detalle. Los rostros de padres y madres preocupados se multiplican por doquier y parecen buscar alguna respuesta a sus aflicciones con la mirada fija en el sucio piso. Con una sonrisa constante detrás de un tenue bigote, el enfermero Luis Felipe Lucas ingresa a su turno de guardia en el nosocomio.

“La actividad fuerte es hasta la una o las dos de la mañana, pero eso depende de la época y de si es fin de semana, quincena o mes”, explica. Las guardias médicas son de 24 y 12 horas, pero todo depende de los servicios que brinde cada sección. “En la actualidad estoy tratando de alejarme un poco de la vida de la vigilia, porque uno tiene un tiempo de vida útil para esto. Llevo 16 años haciendo turnos y estoy intentando cambiar mi horario. Quiero compartir más tiempo con mi familia”, expresa.

Guardianes del cielo

Al sur de la ciudad, la noche toma otra fisonomía. El cielo parece abrirse como un abanico, y su esplendor sólo es interrumpido por el ruido de las turbinas de los aviones que dirigidos por los controladores del espacio aéreo, de la torre de control del Aeropuerto Internacional La Aurora, aterrizan y levantan vuelo. De las aeronaves desciende la tripulación.

“Nuestro trabajo consiste en brindar toda la información útil a los pilotos. Es como guiarlos para que el viaje sea normal. Los datos que les proporcionamos sirven para que no se acerquen demasiado entre ellos. También para que sepan el parte meteorológico, la dirección y la intensidad del viento cuando llegan y cuando salen; además, la presión atmosférica a nivel medio del mar, temperatura y punto de rocío”, explica un controlador que prefirió no mencionar su nombre.

Del trabajo eficaz de estos profesionales depende el de otros, como el del famoso campeón mundial de tiro Atila Solti, quien es piloto aviador de una aerolínea. Una de las características de este profesional es que sus horarios de trabajo son irregulares, lo cual significa que un día puede volar a las 16 horas y otro a la medianoche o en la madrugada. “No tengo el horario de una oficina, pues depende de los planes operacionales de la aerolínea”, explica.

Solti cuenta que su horario es tan especial que le suceden algunas cosas curiosas que no le pasan a otros profesionales. “La alarma de la mayoría de personas suena a las cinco o seis de la mañana, pero, la mía, a las 21, 24 horas o dos de la mañana. Cuando llego a mi casa, mis hijas, muchas veces, van saliendo para el colegio (antes no lo entendían, pero ahora sí) y para dormir, durante el día debo tener un cuarto oscuro”.

El peligro de la oscuridad

Las reglas
Las horas de trabajo están reguladas en el artículo 116 y 117 del Código de Trabajo:

> La jornada ordinaria de trabajo efectivo diurno no puede ser mayor de ocho horas, ni exceder de un total de 48 horas a la semana. Trabajo diurno es el que se ejecuta entre las seis y las 18 horas de un mismo día.

> La jornada ordinaria de trabajo efectivo nocturno no puede ser mayor de seis horas diarias, ni exceder de un total de 36 horas a la semana. Trabajo nocturno es el que se ejecuta entre las 18 horas de un día y las seis horas del día siguiente.

> Jornada mixta es la que se lleva a cabo durante un tiempo que abarca parte del período diurno y parte del período nocturno. La jornada ordinaria de trabajo efectivo mixto no puede ser mayor de siete horas diarias ni exceder de un total de 42 horas a la semana.

> No obstante, se entiende por jornada nocturna la jornada mixta en que se laboren cuatro o más horas durante el período nocturno.

La noche parece llegar muy temprano para los encargados de la limpieza del Centro Histórico, quienes desde las 16 horas principian a apropiarse de las calles y avenidas inundadas por el bullicio de los vendedores callejeros y promontorios de basura. Así lo demuestra el incesante movimiento de trabajadores con gabachas y gorras verdes fluorescentes de Representaciones M. S., una de las empresas que tienen la concesión para efectuar la tarea de recolección de residuos y que concluye su faena a las 23 horas.

Pablo César López, de 22 años, trabaja para esta empresa desde hace tres años y medio. En la actualidad, su tarea la hace en horarios distintos, pero durante más de dos años la oscuridad fue su acompañante de todos los días, lo que le permitió estudiar y graduarse de bachiller en Ciencias de la Comunicación en el colegio Rotterdam. “El trabajo dignifica y honra y, ahora, mi mayor sueño es seguir estudiando”, relata.

La primera etapa del trabajo de López inicia a las 16 horas cuando recorre la avenida Elena y también la 4ª. avenida de la zona 1 para recoger basura con el picapollo. A las 19 horas se toma unos minutos para cenar, y continúa su trabajo con el barrido profundo, que consiste en extraer la tierra que se acumula bajo las aceras y que sale a luz cuando se marchan los vehículos que ahí se parquean. Durante la jornada, el peligro nunca se aleja, pues los asaltantes acosan y los conductores irresponsables abundan. “Una vez me atropellaron y dos días estuve hospitalizado”, se queja.

A esas horas, las calles lucen casi desiertas y los pocos automóviles que circulan lo hacen a gran velocidad. Se puede avanzar grandes trechos sin encontrar señales de vida y los noctámbulos no existen. Las desparramadas luces intermitentes de los semáforos se ven por todas partes y, a veces, se confunden con la roja o azul de alguna patrulla policíaca o ambulancia y la de los rótulos de los taxis. La ciudad duerme.

 

Es más esfuerzo
El trabajo nocturno incide en la vida cotidiana y el rendimiento laboral

Las alteraciones que enfrentan las personas que trabajan en horarios nocturnos han sido motivo de estudio por parte de algunos especialistas, que han constatado que las jornadas de la noche son desfavorables para el bienestar del trabajador. La mayoría están de acuerdo en que se producen alteraciones en la salud generadas por las perturbaciones del sueño y la alimentación, lo cual repercute en la vida familiar, social y laboral.

Hacen énfasis en que el déficit de sueño condiciona una gran parte de las consecuencias patológicas del trabajador. Arla Stockes, neurofisióloga y especialista en problemas del sueño, dice que cuando no se tiene un sueño de calidad, se refleja en síntomas como poca concentración, dolor de cabeza, susceptibilidad e irritabilidad.

“El sueño activa defensas contra infecciones, favorece la memoria y da la sensación de bienestar durante el día”, explica. El horario afecta a la cantidad, calidad y ritmo de las comidas. En el trabajo nocturno se producen alteraciones en los hábitos alimentarios, la calidad de la comida no es la misma, se come rápidamente y a distintas horas. Además, hay una tendencia al aumento del consumo de café, tabaco y productos excitantes. Las consecuencias más comunes son la dispepsia, gastritis y úlceras.

El horario nocturno imposibilita mantener relaciones familiares y sociales normales. La psicóloga clínica Dora Amalia Alvarado dice: “La vida cotidiana del ser humano está programada para desarrollar las actividades pensando en personas que trabajan de día”. Esta situación provoca que muchos trabajadores tengan la sensación de estar aislados, pues sus actividades no coinciden con las del resto de personas que lo rodean.

Todo lo anterior crea las condiciones necesarias para que el rendimiento del trabajador sea menor y su trabajo menos eficiente, especialmente, en el lapso que va de las tres de la madrugada a las seis de la mañana. Esto se debe a que la capacidad de atención y toma de decisiones, así como la rapidez y precisión de los movimientos, son más reducidos.


   

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