Semanario de Prensa Libre • No. 142 • 25 de Marzo de 2007

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D frente

Wendy de Berger
"Este trabajo es una obligación moral"
Bajo su dirección, la SOSEP se ha revitalizado. No le gusta el protagonismo y afirma que los logros son resultado del trabajo en equipo

Por Gemma Gil Flores
Foto Carlos Sebastián

Las fotos no le hacen justicia: es más cálida y bien parecida que sus imágenes. Todo el mundo en la Secretaría de Obras Públicas de la Esposa del Presidente (SOSEP), donde nos recibe, parece adorarla. Dicen que nunca tiene un mal gesto con nadie y que posee una gran capacidad de empatía, hasta el punto de que rechaza que la llamen Primera Dama, porque todas las mujeres son damas dignas de respeto.

Wendy Widmann de Berger es una de esas personas de ademanes dulces y, en cada uno de sus movimientos, trasluce el barniz de una educación tradicional: ese saber estar de las mujeres de clase acomodada de su generación. Sin embargo, ni siquiera las bien aprendidas convenciones sociales consiguen impedir que se emocione al hablar de sus vivencias y de su trabajo al frente de la secretaría.

"Falta una visión de país en la que estemos todos involucrados y nos pongamos de acuerdo".

Wendy de Berger

Mientras el actual mandato de la Gana llega a su fin, la esposa del presidente nos recibe para hacer balance de los últimos tres años.

¿A qué se dedica cuando no está trabajando ni en un acto oficial?

Soy ama de casa, miro el correo, hablo con mis hijos, con mi mamá o mi suegra, que vive con nosotros, y comparto con mis amigas. También me gusta leer y acompañar a Óscar. Naturalmente, intercambiamos nuestras inquietudes y nuestros sueños de futuro. Ya llevamos 40 años de casados.

¿Hablan de política?

Vengo de una generación en la que lo que dice el hombre vale mucho, pero yo siempre le doy mi opinión, la acepte o no. Ahí está la libertad de cada quien de decir lo que cree conveniente. Le doy mi punto de vista como mujer.

En casa, ¿quién lleva los pantalones?

Óscar, definitivamente.

¿Qué significó para usted convertirse en figura pública?

Haber podido dedicarme a tiempo completo al trabajo en la campaña y en la SOSEP fue un cambio total. Nunca creí que me iba a absorber e involucrar de tal manera, ni que me iba a gustar tanto.

A la Primera Dama no se la elige. ¿Por qué tiene que desempeñar un cargo público?

No todas tienen una oficina central con personal y presupuesto para poder ejecutar, pero creo que los problemas que atañen al presidente los lleva también su esposa. Yo veo este trabajo como una obligación moral. En nuestros países te involucras o dejas pasar una ocasión en la que podías haber hecho mucho por tu país. Hay oportunidades para hacer cosas con otras instituciones y organismos internacionales que están muy deseosos de dar apoyo técnico y financiero para proyectos. La ayuda llega de acuerdo a la capacidad e involucramiento que tiene cada quien.

¿Le hubiera gustado participar desde las filas de un partido político?

No, estoy muy contenta con ser la esposa del presidente. Me gusta el trabajo y mucho se debe a que, al estar en este cargo, tengo a mi alcance la posibilidad de incidir, lo que no podría hacer como una ciudadana normal y corriente.

¿De qué manera le ha cambiado la visión del país en estos últimos años?

Llevo tiempo de desarrollar trabajo social, sobre todo con mujeres; pero ahora que estoy en la SOSEP me doy cuenta de que sí es factible hacer los cambios. Muchos tienen que ver con la actitud y la mentalidad. Lo veo con el programa Creciendo Bien. No llevamos regalos a la población. La gente se siente atraída porque les estamos dando su lugar a las mujeres, estamos reconociendo su valor y su dignidad como personas, les hacemos ver que pueden generar actividades para mejorar su situación. Ese es un despertar que creo que no se había dado antes.

¿Qué es lo que más le gusta de su labor al frente de la SOSEP?

Poder diseñar programas para responder a las necesidades del país. Me gusta trabajar en equipo y salir al campo. Ese trato es el que hace que el trabajo sea vivo.

En esos viajes habrá conocido muchas historias. ¿Recuerda alguna que le haya conmovido de forma especial?

Con cada viaje traigo memorias de gente.... Recuerdo a unas mujeres de Huehuetenango, en una comunidad lejana que no tiene agua potable. Allí hay una lideresa que reúne a los grupos de mujeres y todas las semanas llaman a las puertas de la SOSEP para preguntar en qué otros temas podemos capacitarlas. Están dispuestas a aprender. Han hecho un tanque para agua de lluvia y tienen un hogar comunitario. Cuando ves mujeres excepcionales que están dispuestas a hacer cualquier cosa para sacar adelante a su comunidad, te preguntas ¿cómo no voy a trabajar todo lo que sea posible para apoyarlas y buscar alianzas que puedan llevarlas a una vida mejor?

Cuando va a una comunidad, la gente siente esperanzas de cambios ¿Cómo se siente esa responsabilidad?

Para mí es conocer la otra cara de Guatemala. Esa cara que está esperando cambios del Gobierno. El capital social es lo más valioso e importante que puede tener un país.

Si tuviera que identificar los tres principales problemas de Guatemala, ¿cuáles señalaría?

La falta de una visión de Guatemala para sacar adelante al país, la pobreza y la violencia.

En lo referente a la SOSEP, ¿qué le preocupa?

Hubiera querido dejar la SOSEP con tres actividades: donaciones, voluntariado y servicio social para atender a la población que no tiene a dónde acudir para cubrir sus necesidades urgentes, y por otro lado, la Secretaría de Bienestar Social para todos los temas que tienen que ver con el desarrollo de una familia: desnutrición, abandono de niños, violencia intrafamiliar, adultos mayores, hogares y participación comunitaria.

¿Por qué no salió este plan adelante?

Hubiera querido que el Congreso pasara una ley para reformar Bienestar Social, que fue siempre una de las secretarías más olvidadas, a pesar de que tiene temas como la niñez; pero me enfrasqué en sacar de la capital los programas de SOSEP y llevarlos a las comunidades más alejadas y pobres.

Hablábamos antes de la parte buena de su trabajo, ¿qué es lo que menos le gusta?

Los compromisos sociales y que las cosas no caminen cuando podrían funcionar mucho mejor. No me gusta que las instituciones no podamos trabajar y que, con todas las necesidades a la vista, no podamos conjugar esfuerzos para salir adelante.

Hoja de vida
> Wendy Widmann nació en la ciudad de Guatemala en 1946.

> Estudió Sociología en el Trinity College de Washington DC. En 1967 se casó con Óscar Berger, con quien tiene cinco hijos.

> En 1991, cuando su esposo fue electo alcalde de la capital, se puso al frente de la Secretaría de Asuntos Sociales de la Municipalidad.

> Impulsó la creación del centro escolar Francisco Col, en el Relleno Sanitario de la zona 3, y colabora desde 1996 con el programa Eduquemos a la Niña.

> En 2004, se puso al frente de la SOSEP, secretaría que ha descentralizado.

> Implementó el programa Creciendo Bien, que brinda capacitación en temas como salud, nutrición, autoestima, higiene y productividad. El programa atiende a 90 mil mujeres y monitorea a 86 mil niños menores de cinco años.

> Inició el programa Amigos de la Escuela para buscar patrocinadores que financien mejoras en las condiciones de higiene de baños y cocinas escolares.

> Ha desarrollado una red de voluntariado con más de 25 mil mujeres en todo el país.

¿Cuál es el problema para que las cosas no terminen de encajar?

Falta una visión de país en la que estemos todos involucrados y nos pongamos de acuerdo. En tiempos de crisis se unen esfuerzos, se trabaja con un mismo fin y nos unimos sin importar en qué equipo estemos y creo que esto es algo que podríamos haber hecho mejor. No digo que la culpa la tengan ellos o nosotros; pero no debiéramos estar separados por ideologías políticas, porque al fin y al cabo lo que se requiere es dar soluciones y las soluciones se miden en tiempo y dinero. El pueblo espera soluciones de las personas que están gobernando, legislando e impartiendo justicia.

Decía que no le gustan los compromisos sociales, ¿es una persona tímida?

No soy tímida, pero me gusta pasar inadvertida. Formo parte de un equipo y los logros que hemos alcanzado no se deben sólo a Wendy de Berger.

Antes de que se termine el período, ¿qué le gustaría hacer?

Fortalecer el programa Creciendo Bien y trasladar a la próxima esposa del presidente la visión de que, desde la propia comunidad, se puede tejer un sistema que brinde oportunidades para el desarrollo y la vida digna. Las mujeres que participan en Creciendo Bien piden que llevemos programas como Conalfa, para capacitarse y emprender proyectos productivos para generar ingresos, o Foguavi para mejorar sus hogares. Son mujeres que quieren aportar y piden capacitarse, quieren becas para sus hijos, quieren seguridad, quieren saber de sus derechos y de cómo funcionan los entes del Estado para poder llevar sus inquietudes.

¿Algún consejo concreto para su sucesora?

Cada una tiene su sello, pero los problemas no van a variar y son el poco acceso de las mujeres a los servicios del Estado y las oportunidades que no llegan. El cargo es honorífico y cada quien tiene que decidir lo que quiere dar; pero lo importante es que se transmita la visión y el compromiso moral de continuar con programas asentados como los Hogares Comunitarios, que llevan más de 15 años.

¿Qué va a hacer a partir de 2008?

Regresaré a casa, aunque el tema de trabajar con niños y mujeres no se olvida tan fácilmente. De alguna forma me veré involucrada. Tenemos una fundación que podría apoyar algunos proyectos. Pero hay suficiente trabajo, y sobre todo, suficiente necesidad para involucrarse.

¿Cuál es la crítica más injusta que le han hecho?

Han sido muy benévolos conmigo, pero cuando algo me puede haber enojado, siempre digo: el paso siguiente. No me quedo deprimida. En algunos casos he cometido errores, y reflexiono sobre lo ocurrido; pero por lo general las decisiones las he tomado con asesoría de muchas personas y tras mucha reflexión. Cuando creo que hay algo que se debe sacar adelante, como la ley de adopciones, sigo adelante a pesar de las críticas.

¿Y en lo que se refiere a las críticas a Óscar Berger?

Te confieso que me duelen. ¿A quién no le va a doler cuando le faltan el respeto a su marido? Más que críticas constructivas, son burlas. Eso es parte del cambio de mentalidad que necesita el guatemalteco. La crítica y el consejo son necesarios; pero, naturalmente, como presidente no puedes estar congraciándote con toda Guatemala. Si tienes en mente hacia dónde vas, debes mantenerte firme en tu postura. Es imposible hacer todos los cambios en cuatro años, porque muchos son cambios en el sistema que tienen que ver con el trabajo en equipo de todo el Estado.


   

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