Wendy de Berger
"Este trabajo es una obligación moral"
Bajo su dirección, la SOSEP se ha revitalizado. No le gusta el protagonismo y afirma que los logros son resultado del trabajo en equipo
Por Gemma Gil Flores
Foto Carlos Sebastián
Las fotos no le hacen justicia: es
más cálida y bien parecida
que sus imágenes. Todo el mundo en la Secretaría de Obras Públicas
de la Esposa del Presidente (SOSEP), donde nos recibe, parece adorarla. Dicen
que nunca tiene un mal gesto con nadie y que posee una gran capacidad de empatía,
hasta el punto de que rechaza que la llamen Primera Dama, porque todas las mujeres
son damas dignas de respeto.
Wendy Widmann de Berger es una de esas personas
de ademanes dulces y, en cada uno de sus movimientos, trasluce
el barniz de una educación tradicional: ese saber estar
de las mujeres de clase acomodada de su generación. Sin
embargo, ni siquiera las bien aprendidas convenciones sociales
consiguen impedir que se emocione al hablar de sus vivencias y
de su trabajo al frente de la secretaría.

"Falta una
visión de país en la que estemos todos involucrados
y nos pongamos de acuerdo".
Wendy de Berger |
Mientras
el actual mandato de la Gana llega a su fin, la esposa del presidente
nos recibe para hacer balance de los últimos tres años.
¿A qué se dedica cuando no está trabajando ni en un acto
oficial?
Soy ama de casa, miro el correo, hablo
con mis hijos, con mi mamá o mi
suegra, que vive con nosotros, y comparto con mis amigas. También me
gusta leer y acompañar a Óscar. Naturalmente, intercambiamos
nuestras inquietudes y nuestros sueños de futuro. Ya llevamos 40 años
de casados.
¿Hablan de política?
Vengo de una generación en la que lo que dice el hombre
vale mucho, pero yo siempre le doy mi opinión, la acepte
o no. Ahí está la libertad de cada quien de decir
lo que cree conveniente. Le doy mi punto de vista como mujer.
En casa, ¿quién lleva los
pantalones?
Óscar, definitivamente.
¿Qué significó para usted convertirse en figura
pública?
Haber podido dedicarme a tiempo completo al trabajo en la campaña
y en la SOSEP fue un cambio total. Nunca creí que me iba
a absorber e involucrar de tal manera, ni que me iba a gustar tanto.
A la Primera Dama no se la elige. ¿Por qué tiene
que desempeñar un cargo público?
No todas tienen una oficina central con personal y presupuesto
para poder ejecutar, pero creo que los problemas que atañen
al presidente los lleva también su esposa. Yo veo este trabajo
como una obligación moral. En nuestros países te
involucras o dejas pasar una ocasión en la que podías
haber hecho mucho por tu país. Hay oportunidades para hacer
cosas con otras instituciones y organismos internacionales que
están muy deseosos de dar apoyo técnico y financiero
para proyectos. La ayuda llega de acuerdo a la capacidad e involucramiento
que tiene cada quien.
¿Le hubiera gustado participar desde las filas de un partido
político?
No, estoy muy contenta con ser la esposa del presidente. Me
gusta el trabajo y mucho se debe a que, al estar en este cargo,
tengo a mi alcance la posibilidad de incidir, lo que no podría
hacer como una ciudadana normal y corriente.
¿De qué manera le ha cambiado la visión del
país en estos últimos años?
Llevo tiempo de desarrollar trabajo social, sobre todo con
mujeres; pero ahora que estoy en la SOSEP me doy cuenta de
que sí es
factible hacer los cambios. Muchos tienen que ver con la actitud
y la mentalidad. Lo veo con el programa Creciendo Bien. No llevamos
regalos a la población. La gente se siente atraída
porque les estamos dando su lugar a las mujeres, estamos reconociendo
su valor y su dignidad como personas, les hacemos ver que pueden
generar actividades para mejorar su situación. Ese es un
despertar que creo que no se había dado antes.
¿Qué es lo que más
le gusta de su labor al frente de la SOSEP?
Poder diseñar programas para responder a las necesidades
del país. Me gusta trabajar en equipo y salir al campo.
Ese trato es el que hace que el trabajo sea vivo.
En esos viajes habrá conocido muchas historias. ¿Recuerda
alguna que le haya conmovido de forma especial?
Con cada viaje traigo memorias de gente.... Recuerdo
a unas mujeres de Huehuetenango, en una comunidad lejana
que no tiene agua potable. Allí hay una lideresa que reúne a los grupos de mujeres
y todas las semanas llaman a las puertas de la SOSEP para preguntar
en qué otros temas podemos capacitarlas. Están dispuestas
a aprender. Han hecho un tanque para agua de lluvia y tienen un
hogar comunitario. Cuando ves mujeres excepcionales que están
dispuestas a hacer cualquier cosa para sacar adelante a su comunidad,
te preguntas ¿cómo no voy a trabajar todo lo que
sea posible para apoyarlas y buscar alianzas que puedan llevarlas
a una vida mejor?
Cuando va a una comunidad, la gente siente
esperanzas de cambios ¿Cómo
se siente esa responsabilidad?
Para mí es conocer la otra cara de Guatemala. Esa cara que
está esperando cambios del Gobierno. El capital social es
lo más valioso e importante que puede tener un país.
Si tuviera que identificar los tres principales
problemas de Guatemala, ¿cuáles
señalaría?
La falta de una visión de Guatemala
para sacar adelante al país, la pobreza y la violencia.
En lo referente a la SOSEP, ¿qué le
preocupa?
Hubiera querido dejar la SOSEP con tres actividades:
donaciones, voluntariado y servicio social para atender
a la población
que no tiene a dónde acudir para cubrir sus necesidades
urgentes, y por otro lado, la Secretaría de Bienestar Social
para todos los temas que tienen que ver con el desarrollo de una
familia: desnutrición, abandono de niños, violencia
intrafamiliar, adultos mayores, hogares y participación
comunitaria.
¿Por qué no salió este
plan adelante?
Hubiera querido que el Congreso pasara una ley para reformar Bienestar
Social, que fue siempre una de las secretarías más
olvidadas, a pesar de que tiene temas como la niñez; pero
me enfrasqué en sacar de la capital los programas de SOSEP
y llevarlos a las comunidades más alejadas y pobres.
Hablábamos antes de la parte
buena de su trabajo, ¿qué es
lo que menos le gusta?
Los compromisos sociales y que
las cosas no caminen cuando podrían
funcionar mucho mejor. No me gusta que las instituciones no podamos
trabajar y que, con todas las necesidades a la vista, no podamos
conjugar esfuerzos para salir adelante.
Hoja de vida
> Wendy Widmann nació en
la ciudad de Guatemala en 1946.
> Estudió Sociología en
el Trinity College de Washington DC. En 1967 se casó con Óscar
Berger, con quien tiene cinco hijos.
> En 1991,
cuando su esposo fue electo alcalde de la capital, se
puso al frente de la Secretaría de Asuntos Sociales
de la Municipalidad.
> Impulsó la
creación del centro escolar Francisco
Col, en el Relleno Sanitario de la zona 3, y colabora
desde 1996 con el programa Eduquemos a la Niña.
> En 2004,
se puso al frente de la SOSEP, secretaría que
ha descentralizado.
> Implementó el
programa Creciendo Bien, que brinda capacitación
en temas como salud, nutrición, autoestima,
higiene y productividad. El programa atiende a 90 mil
mujeres y monitorea a 86 mil niños menores de
cinco años.
> Inició el
programa Amigos de la Escuela para buscar
patrocinadores que financien mejoras en las condiciones
de higiene de baños y cocinas escolares.
> Ha desarrollado una
red de voluntariado con más de 25 mil mujeres
en todo el país. |
¿Cuál es el problema para
que las cosas no terminen de encajar?
Falta una visión de país en la que estemos todos
involucrados y nos pongamos de acuerdo. En tiempos de crisis se
unen esfuerzos, se trabaja con un mismo fin y nos unimos sin importar
en qué equipo estemos y creo que esto es algo que podríamos
haber hecho mejor. No digo que la culpa la tengan ellos o nosotros;
pero no debiéramos estar separados por ideologías
políticas, porque al fin y al cabo lo que se requiere es
dar soluciones y las soluciones se miden en tiempo y dinero. El
pueblo espera soluciones de las personas que están gobernando,
legislando e impartiendo justicia.
Decía que no le gustan los compromisos sociales, ¿es
una persona tímida?
No soy tímida, pero me gusta
pasar inadvertida. Formo parte de un equipo y los logros que hemos
alcanzado no se deben sólo
a Wendy de Berger.
Antes de que se termine el período, ¿qué le
gustaría hacer?
Fortalecer el programa Creciendo Bien
y trasladar a la próxima
esposa del presidente la visión de que, desde la propia
comunidad, se puede tejer un sistema que brinde oportunidades
para el desarrollo y la vida digna. Las mujeres que participan
en Creciendo Bien piden que llevemos programas como Conalfa,
para capacitarse y emprender proyectos productivos para generar
ingresos, o Foguavi para mejorar sus hogares. Son mujeres que
quieren aportar y piden capacitarse, quieren becas para sus hijos,
quieren seguridad, quieren saber de sus derechos y de cómo
funcionan los entes del Estado para poder llevar sus inquietudes.
¿Algún
consejo concreto para su sucesora?
Cada una tiene su sello, pero los problemas no van a variar y
son el poco acceso de las mujeres a los servicios del Estado
y las oportunidades que no llegan. El cargo es honorífico y
cada quien tiene que decidir lo que quiere dar; pero lo importante
es que se transmita la visión y el compromiso moral de
continuar con programas asentados como los Hogares Comunitarios,
que llevan más de 15 años.
¿Qué va a hacer a partir de
2008?
Regresaré a casa, aunque el tema de trabajar con niños
y mujeres no se olvida tan fácilmente. De alguna forma me
veré involucrada. Tenemos una fundación que podría
apoyar algunos proyectos. Pero hay suficiente trabajo, y sobre
todo, suficiente necesidad para involucrarse.
¿Cuál es la crítica más
injusta que le han hecho?
Han sido muy benévolos conmigo, pero cuando algo me puede
haber enojado, siempre digo: el paso siguiente. No me quedo deprimida.
En algunos casos he cometido errores, y reflexiono sobre lo ocurrido;
pero por lo general las decisiones las he tomado con asesoría
de muchas personas y tras mucha reflexión. Cuando creo que
hay algo que se debe sacar adelante, como la ley de adopciones,
sigo adelante a pesar de las críticas.
¿Y en lo que se refiere a las críticas a Óscar
Berger?
Te confieso que me duelen. ¿A
quién no le va a doler
cuando le faltan el respeto a su marido? Más que críticas
constructivas, son burlas. Eso es parte del cambio de mentalidad
que necesita el guatemalteco. La crítica y el consejo
son necesarios; pero, naturalmente, como presidente no puedes
estar congraciándote con toda Guatemala. Si tienes
en mente hacia dónde vas, debes mantenerte firme en
tu postura. Es imposible hacer todos los cambios en cuatro
años, porque muchos son
cambios en el sistema que tienen que ver con el trabajo en
equipo de todo el Estado.
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