Semanario de Prensa Libre • No. 142 • 25 de Marzo de 2007

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En primera persona

Yo no pido limosna,
exploto mi talento

Aprendí a tocar el acordeón en la Escuela de no videntes Santa Lucía.

Tengo 45 años de edad. Nací no vidente, en la capital, y llevo 13 años de trabajar en este lugar de la zona 1 (10 calle entre 6 y 7 avenidas). Cuando comencé me daba miedo y vergüenza, la gente cree que esto es denigrante, pues algunos piensan que se está pidiendo limosna, y no es eso. De pedir limosna a trabajar hay mucha diferencia. Yo estoy trabajando, estoy explotando mi arte, mi talento. Cuando “me tiré al agua”, los primeros días me daba vergüenza, porque, me decía: “Qué dirán mis vecinos allá en la colonia”. Vivo en La Limonada. Pero eran tonterías mías pensar en eso, porque los vecinos no le dan a una de comer. Eran complejos que se “me metían” en la cabeza. Logré salir a trabajar gracias a un compañero que también es invidente y trabaja en la calle con su acordeón. Él me dio una luz para que yo lo hiciera, porque mi familia me tenía a mí sumergida, no me dejaba salir.

Mi mamá me cuidaba mucho. Entonces, cuando me dispuse a tocar el acordeón en la calle, no quería que lo hiciera; pero, total, bajo el disgusto de ella empecé a trabajar. Pensé: “No es posible que esté sumergida todo el tiempo, de aquí a mañana me quedo sola y qué voy a hacer”. Entonces me encomendé a Diosito, le pedí que hiciera su voluntad, porque una en la calle se arriesga demasiado. Aquí en el “centro” a cada rato hay manifestaciones, pero, bendito sea Dios, nunca me ha pasado nada.

Aprendí a tocar el acordeón en la Escuela de no Videntes Santa Lucía. Me enseñó el profesor Máximo González, quien también es invidente. Tengo familia, mi esposo y dos hijos ya grandes. Me sé bastantes canciones, más que todo de la época antigua. Pero en este espacio (de la revista) me gustaría decir que yo necesito que una empresa o una persona con posibilidades me ayude mensualmente, porque no paso de ganar Q30 ó Q40 diarios, y eso fajándome todo el santo día. Todo se me va en comida.

El Comité Pro Ciegos no me ha querido ayudar a mí. Todos los no videntes tienen un cheque mensual, pero a mí no me dan porque dicen que no tengo necesidad. Si no tuviera necesidad, no saldría, porque es peligroso. Hay gente abusiva que le da a uno empellones. Ando en camioneta y los choferes, cuando quieren, paran, y cuando no, hasta lo pueden botar. Una pide favor que la dejen en tal calle, y hacen lo que les da la gana, o a veces ni le contestan. Tengo que reconocer que mi vida es, por momentos, bastante frustrante. Hace “poquito” me pasó que, sin querer, “machuqué” a un señor. Me maltrató, me dijo palabras soeces y me gritó mi limitación de una forma bastante grosera. Yo le pedí que me disculpara, que mi intención no había sido machucarlo, pero me siguió maltratando el bendito señor... Me incomodó tanto que ya mero “le metía yo sus sopapos”... Es que me enojé bastante. Mi esposo venía conmigo, él también es no vidente, es hipertenso, tiene diabetes, padece de insuficiencia renal, tiene un catéter en el abdomen; él no se puede enojar con nadie.

A mí me dieron muchas ganas de llorar. Y para más fregar ese día fue increíble, porque sólo hice 10 quetzalitos. Gracias a Dios que tengo buena la concertina, porque cuando se descompone, sólo por medio arreglarle un botón es bien caro, cobran hasta Q300.

Olga Lucy Ramírez,
artista del acordeón.


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