Yo no pido limosna,
exploto mi talento
Aprendí a tocar el acordeón
en la Escuela de no videntes Santa Lucía.
Tengo 45 años de edad. Nací no vidente,
en la capital, y llevo 13 años de trabajar en este lugar
de la zona 1 (10 calle entre 6 y 7 avenidas). Cuando comencé me
daba miedo y vergüenza, la gente cree que esto es denigrante,
pues algunos piensan que se está pidiendo limosna, y no
es eso. De pedir limosna a trabajar hay mucha diferencia. Yo estoy
trabajando, estoy explotando mi arte, mi talento. Cuando “me
tiré al agua”, los primeros días me daba vergüenza,
porque, me decía: “Qué dirán mis vecinos
allá en la colonia”. Vivo en La Limonada. Pero eran
tonterías mías pensar en eso, porque los vecinos
no le dan a una de comer. Eran complejos que se “me metían” en
la cabeza. Logré salir a trabajar gracias a un compañero
que también es invidente y trabaja en la calle con su acordeón. Él
me dio una luz para que yo lo hiciera, porque mi familia me tenía
a mí sumergida, no me dejaba salir.

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Mi mamá me cuidaba mucho. Entonces, cuando me dispuse a tocar el acordeón
en la calle, no quería que lo hiciera; pero, total, bajo el disgusto de
ella empecé a trabajar. Pensé: “No es posible que esté sumergida
todo el tiempo, de aquí a mañana me quedo sola y qué voy
a hacer”. Entonces me encomendé a Diosito, le pedí que hiciera
su voluntad, porque una en la calle se arriesga demasiado. Aquí en el “centro” a
cada rato hay manifestaciones, pero, bendito sea Dios, nunca me ha pasado nada.
Aprendí a tocar el acordeón en la Escuela de no Videntes Santa
Lucía. Me enseñó el profesor Máximo González,
quien también es invidente. Tengo familia, mi esposo y dos hijos ya grandes.
Me sé bastantes canciones, más que todo de la época antigua.
Pero en este espacio (de la revista) me gustaría decir que yo necesito
que una empresa o una persona con posibilidades me ayude mensualmente, porque
no paso de ganar Q30 ó Q40 diarios, y eso fajándome todo el santo
día. Todo se me va en comida.
El Comité Pro Ciegos no me ha querido ayudar a mí. Todos los no
videntes tienen un cheque mensual, pero a mí no me dan porque dicen que
no tengo necesidad. Si no tuviera necesidad, no saldría, porque es peligroso.
Hay gente abusiva que le da a uno empellones. Ando en camioneta y los choferes,
cuando quieren, paran, y cuando no, hasta lo pueden botar. Una pide favor que
la dejen en tal calle, y hacen lo que les da la gana, o a veces ni le contestan.
Tengo que reconocer que mi vida es, por momentos, bastante frustrante. Hace “poquito” me
pasó que, sin querer, “machuqué” a un señor.
Me maltrató, me dijo palabras soeces y me gritó mi limitación
de una forma bastante grosera. Yo le pedí que me disculpara, que mi intención
no había sido machucarlo, pero me siguió maltratando el bendito
señor... Me incomodó tanto que ya mero “le metía yo
sus sopapos”... Es que me enojé bastante. Mi esposo venía
conmigo, él también es no vidente, es hipertenso, tiene diabetes,
padece de insuficiencia renal, tiene un catéter en el abdomen; él
no se puede enojar con nadie.
A mí me dieron muchas ganas de llorar. Y
para más fregar ese día fue increíble, porque sólo
hice 10 quetzalitos. Gracias a Dios que tengo buena la concertina, porque cuando
se descompone, sólo por medio arreglarle un botón es bien caro,
cobran hasta Q300.
Olga Lucy Ramírez,
artista del acordeón.
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
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