Seres de sangre fría
Leyendas y desconocimiento hacen tenerle miedo a las serpientes, ellas no atacan;
se defienden del peligro, porque tratan de sobrevivir
Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián
Son odiadas pero también veneradas. La Biblia y el Corán identifican
a la serpiente como un símbolo del mal, del demonio, como un animal maldito.
Mientras que en lugares como China las consideran un símbolo de protección
contra energías negativas. En América han figurado en las religiones
de los nativos, como Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, deidad de Mesoamérica.
La mayoría de personas tiene la idea de
que no hay que fiarse de estos animales, lo que provoca poca investigación
sobre su aporte al equilibrio a la naturaleza y su caza. Carlos
Eduardo Patzán, encargado del serpentario del parque zoológico
La Aurora, asegura que “éstos no atacan, sólo
se defienden, ante un peligro, para su supervivencia”. Los
reptiles son conocidos como de sangre fría, pues sus cuerpos
no producen calor, lo adquieren del aire y de la tierra.

Víbora azulada de árbol.
Biothriechis thalassinus. |
En el mundo hay cerca de tres mil especies de serpientes,
de las cuales 532 son venenosas. De éstas últimas Guatemala tiene 21, de ellas
13 son víboras, siete de coral y una marina. Las víboras o serpientes
son llamadas también, en el país, cantiles o tamagases, explica
Lester Meléndez, quien está a cargo de la sección de reptiles
en el Museo Nacional de Historia Natural Jorge Ibarra.
La más mortífera es la barba amarilla, que también es
la más grande, llega a medir hasta 2.50 metros. No posee colores llamativos
para confundirse con la vegetación y así cazar. Esta propiedad
de tomar el aspecto de su entorno es conocida como mimetismo. Las falsas corales
llamadas así porque aunque son inofensivas sus colores las hacen parecerse
a las mortales, los tienen a la inversa, para ahuyentar a sus enemigos.
Patzán cuenta que al formar la palabra “rana” con los colores,
se sabe que es un coral, el orden es: rojo, amarillo, negro, amarillo. Lester
Meléndez explica que estos tonos llamativos les sirven para escapar
de sus enemigos.
La cascabel, también venenosa, puede llegar a medir hasta 1.80 metros.
Su peculiar característica es emitir un sonido por medio del cascabel
que tiene en la cola. “Para advertir que está ahí y que
no debe ser molestada”, agrega el experto del zoológico La Aurora. Una especie singular es la víbora de árbol azulada, cuyo nombre
científico es Biothriechis thalassinus. De pequeña es verde,
al crecer la tonalidad cambia al azul, esto provoca ser buscada por coleccionistas,
lo que la hace estar en peligro de extinción. Otro factor que influye
en su subsistencia es la reducción de los bosques en donde habita, problema
que afecta a la mayoría de estos reptiles.
Todas las serpientes venenosas de Guatemala no nacen
por huevos, sino directamente de la madre, y vienen envueltas en
membranas, indica Meléndez. Un arma letal
Cuando una serpiente abre su boca
para atacar lo puede hacer por dos razones: advertir y matar. “A
ellas no les gusta desperdiciar su veneno. Para producirlo ponen
a trabajar muchas partes de su organismo, además, le
sirve como predigestivo”, explica Carlos Eduardo Patzán. Hay cuatro
tipos de mordeduras: seca, leve, moderada y severa.
Los venenos se clasifican en dos grandes categorías: neurotóxicos,
que dañan el sistema nervioso, y hemotóxicos, que afectan el
sistema circulatorio.
Las serpientes sacan la lengua de forma constante, para recoger
olores que transportan al paladar. Las de América tienen la característica
especial de poseer unos sensores de calor entre los ojos y la boca, pues con
ellos saben en dónde se encuentra la presa o el peligro.
Sus hábitos carnívoros hacen que desempeñen un papel importante
en el equilibrio natural, en especial en el control de plagas como las de roedores,
y limitan el crecimiento de especies dañinas.
Leyendas
Manuel Acevedo, quien escribió sobre los anfibios y reptiles en el libro
Biodiversidad de Guatemala, describe algunos relatos sobre estos animales.
Está el que habla de la sierpe. Según la tradición, es
una serpiente de gran tamaño, protectora o guardiana de los manantiales
perennes, y debido a su presencia el agua nunca dejará de brotar (Historias
de Quiché y Huehuetenango). Está la creencia de que la serpiente
coral vuelve a unir sus partes o segmentos luego de que alguna persona la haya
cortado en pedazos (relatos de la costa sur).
La mayoría de personas le da
un trato despreciable, cita Acevedo, por lo que se prefiere eliminar
sin cuestionamientos antes de detenerse a contemplar la forma de
sus escamas, su tamaño o coloración, y menos aún
a pensar en su importancia dentro del ecosistema.
Las especies
venenosas del país
- Agkistrodon bilineatus. Costa sur, Petén, el valle
seco del río Chixoy y probablemente en Zacapa e Izabal.
- Antropides mexicanum. Tierras bajas, a elevaciones moderadas
y bosques nubosos del norte del país.
- Atropoides occiduus. Cadena volcánica del Pacífico.
- Atropoides olmec. Montañas del centro de Baja Verapaz.
- Bothriechis aurifer. Montañas de las Verapaces y el norte
de Huehuetenango.
- Bothriechis bicolor. Bocacosta del Pacífico.
- Bothriechis schlegelii. Tierras bajas de Petén y el Caribe
de Guatemala.
- Bothriechis thalassinus. Sierra del Merendón y montañas
de La Unión, Zacapa.
- Bothriechis asper. Tierras bajas y elevaciones moderadas del
norte y sur del país hasta los mil metros.
- Cerrophidion godmani. Tierras altas de toda la república.
- Crotalus simus simus. Tierras bajas y elevaciones moderadas
de la costa sur, valle de Salamá, valle del Motagua, río
Lagartero en Nentón, Huehuetenango, zona seca del sur del
lago de Atitlán, valle del río Chixoy y zonas
secas al norte de la capital.
- Crotalus simus tzabcan. Bosques secos del norte de Petén.
- Porthidium nasutum. Centro oeste de la costa sur y el valle
del Motagua.
De las familias de los corales
- Micrurus browni. Bosques secos de Huehuetenango.
- Micrurus diastema. Tierras bajas de Petén y el Caribe.
- Micrurus elegans. Bosques nubosos del norte de Huehuetenango y las Verapaces.
- Micrurus hippocrepis. Caribe de Guatemala.
- Micrurus latifasciatus. Centro oeste de la bocacosta del Pacífico.
- Micrurus nigrocinctus. Costa y bocacosta del Pacífico y valle del
río Motagua.
- Micrurus stuarti. Conocida sólo en el oeste de la bocacosta del Pacífico.
- Pelamis platurus. Especie marina, en la costa sur.
- Fuente: libro Biodiversidad de Guatemala, volumen I.
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