Semanario de Prensa Libre • No. 142 • 25 de Marzo de 2007

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D zoología

Seres de sangre fría
Leyendas y desconocimiento hacen tenerle miedo a las serpientes, ellas no atacan; se defienden del peligro, porque tratan de sobrevivir

Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián

Son odiadas pero también veneradas. La Biblia y el Corán identifican a la serpiente como un símbolo del mal, del demonio, como un animal maldito. Mientras que en lugares como China las consideran un símbolo de protección contra energías negativas. En América han figurado en las religiones de los nativos, como Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, deidad de Mesoamérica.

La mayoría de personas tiene la idea de que no hay que fiarse de estos animales, lo que provoca poca investigación sobre su aporte al equilibrio a la naturaleza y su caza. Carlos Eduardo Patzán, encargado del serpentario del parque zoológico La Aurora, asegura que “éstos no atacan, sólo se defienden, ante un peligro, para su supervivencia”. Los reptiles son conocidos como de sangre fría, pues sus cuerpos no producen calor, lo adquieren del aire y de la tierra.

Víbora azulada de árbol. Biothriechis thalassinus.

En el mundo hay cerca de tres mil especies de serpientes, de las cuales 532 son venenosas. De éstas últimas Guatemala tiene 21, de ellas 13 son víboras, siete de coral y una marina. Las víboras o serpientes son llamadas también, en el país, cantiles o tamagases, explica Lester Meléndez, quien está a cargo de la sección de reptiles en el Museo Nacional de Historia Natural Jorge Ibarra.

La más mortífera es la barba amarilla, que también es la más grande, llega a medir hasta 2.50 metros. No posee colores llamativos para confundirse con la vegetación y así cazar. Esta propiedad de tomar el aspecto de su entorno es conocida como mimetismo. Las falsas corales llamadas así porque aunque son inofensivas sus colores las hacen parecerse a las mortales, los tienen a la inversa, para ahuyentar a sus enemigos.

Patzán cuenta que al formar la palabra “rana” con los colores, se sabe que es un coral, el orden es: rojo, amarillo, negro, amarillo. Lester Meléndez explica que estos tonos llamativos les sirven para escapar de sus enemigos.

La cascabel, también venenosa, puede llegar a medir hasta 1.80 metros. Su peculiar característica es emitir un sonido por medio del cascabel que tiene en la cola. “Para advertir que está ahí y que no debe ser molestada”, agrega el experto del zoológico La Aurora.

Una especie singular es la víbora de árbol azulada, cuyo nombre científico es Biothriechis thalassinus. De pequeña es verde, al crecer la tonalidad cambia al azul, esto provoca ser buscada por coleccionistas, lo que la hace estar en peligro de extinción. Otro factor que influye en su subsistencia es la reducción de los bosques en donde habita, problema que afecta a la mayoría de estos reptiles.

 

Todas las serpientes venenosas de Guatemala no nacen por huevos, sino directamente de la madre, y vienen envueltas en membranas, indica Meléndez.

Un arma letal

Cuando una serpiente abre su boca para atacar lo puede hacer por dos razones: advertir y matar. “A ellas no les gusta desperdiciar su veneno. Para producirlo ponen a trabajar muchas partes de su organismo, además, le sirve como predigestivo”, explica Carlos Eduardo Patzán. Hay cuatro tipos de mordeduras: seca, leve, moderada y severa.

Los venenos se clasifican en dos grandes categorías: neurotóxicos, que dañan el sistema nervioso, y hemotóxicos, que afectan el sistema circulatorio.

Las serpientes sacan la lengua de forma constante, para recoger olores que transportan al paladar. Las de América tienen la característica especial de poseer unos sensores de calor entre los ojos y la boca, pues con ellos saben en dónde se encuentra la presa o el peligro.

Sus hábitos carnívoros hacen que desempeñen un papel importante en el equilibrio natural, en especial en el control de plagas como las de roedores, y limitan el crecimiento de especies dañinas.

Leyendas

Manuel Acevedo, quien escribió sobre los anfibios y reptiles en el libro Biodiversidad de Guatemala, describe algunos relatos sobre estos animales. Está el que habla de la sierpe. Según la tradición, es una serpiente de gran tamaño, protectora o guardiana de los manantiales perennes, y debido a su presencia el agua nunca dejará de brotar (Historias de Quiché y Huehuetenango). Está la creencia de que la serpiente coral vuelve a unir sus partes o segmentos luego de que alguna persona la haya cortado en pedazos (relatos de la costa sur).

La mayoría de personas le da un trato despreciable, cita Acevedo, por lo que se prefiere eliminar sin cuestionamientos antes de detenerse a contemplar la forma de sus escamas, su tamaño o coloración, y menos aún a pensar en su importancia dentro del ecosistema.

Las especies venenosas del país

  • Agkistrodon bilineatus. Costa sur, Petén, el valle seco del río Chixoy y probablemente en Zacapa e Izabal.
  • Antropides mexicanum. Tierras bajas, a elevaciones moderadas y bosques nubosos del norte del país.
  • Atropoides occiduus. Cadena volcánica del Pacífico.
  • Atropoides olmec. Montañas del centro de Baja Verapaz.
  • Bothriechis aurifer. Montañas de las Verapaces y el norte de Huehuetenango.
  • Bothriechis bicolor. Bocacosta del Pacífico.
  • Bothriechis schlegelii. Tierras bajas de Petén y el Caribe de Guatemala.
  • Bothriechis thalassinus. Sierra del Merendón y montañas de La Unión, Zacapa.
  • Bothriechis asper. Tierras bajas y elevaciones moderadas del norte y sur del país hasta los mil metros.
  • Cerrophidion godmani. Tierras altas de toda la república.
  • Crotalus simus simus. Tierras bajas y elevaciones moderadas de la costa sur, valle de Salamá, valle del Motagua, río Lagartero en Nentón, Huehuetenango, zona seca del sur del lago de Atitlán, valle del río Chixoy y zonas secas al norte de la capital.
  • Crotalus simus tzabcan. Bosques secos del norte de Petén.
  • Porthidium nasutum. Centro oeste de la costa sur y el valle del Motagua.

De las familias de los corales

  • Micrurus browni. Bosques secos de Huehuetenango.
  • Micrurus diastema. Tierras bajas de Petén y el Caribe.
  • Micrurus elegans. Bosques nubosos del norte de Huehuetenango y las Verapaces.
  • Micrurus hippocrepis. Caribe de Guatemala.
  • Micrurus latifasciatus. Centro oeste de la bocacosta del Pacífico.
  • Micrurus nigrocinctus. Costa y bocacosta del Pacífico y valle del río Motagua.
  • Micrurus stuarti. Conocida sólo en el oeste de la bocacosta del Pacífico.
  • Pelamis platurus. Especie marina, en la costa sur.
  • Fuente: libro Biodiversidad de Guatemala, volumen I.

   

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