Semanario de Prensa Libre • No. 148 • 6 de Mayo de 2007

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D frente

"No renunciamos
a la maternidad espiritual"

Decidieron abrazar la vida religiosa, pero eso no significa que no ejerzan maternalmente como consejeras, educadoras y guías

Por Gemma Gil
Foto Carlos Sebastián

Cada una, en su esfera, se siente madre, por eso, aunque no tengan hijos, el próximo 10 de mayo también se celebra su día. En el caso de Sor Miriam Asabá es comprensible: cuando tenía 23 años comenzó a trabajar en una guardería y 29 años más tarde sigue vinculada al cuidado de niñas y adolescentes desde su posición como Madre Superiora de Mater Orphanorum, una congregación que tiene un colegio con más de mil alumnas en la zona 3 de Mixco y un internado que en la actualidad alberga a 45 jóvenes sin familia.

Por su parte, Sor Marta Ramos acaba de llegar a Guatemala desde su Honduras natal. Después de trabajar al frente de una pastoral con jóvenes y familias en la región de La Moskitia, se ha puesto al frente de una guardería que acoge a 50 pequeños y que es administrada por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul,
Por último, Sor Catalina Alvizúrez, de la congregación Marta y María, trabaja como secretaria del nuncio, pero ni siquiera este desempeño administrativo evita que brinde un trato maternal en el lugar en que se desenvuelve.

"Las adolescentes tienen un proceso más complicado, pero se abren conforme una las deja hablar. Muchas veces, lo único que quieren es ser escuchadas".

¿De qué manera se sienten madres?

Sor Miriam Asabá: La misión de nuestra congregación es específicamente ser mamás para los huérfanos o abandonados. Yo sí me siento mamá. Hace poco vino a vernos una de nuestras niñas, que ya es una señora casada. Llegó desde Estados Unidos para pasar cinco días. Lloraba cuando vio todo lo que había crecido la institución y nos dijo: “Esta fue mi casa, ustedes fueron mis mamás”.

Sor Marta Ramos: Creo que por ser mujeres todas somos madres, aunque no hayamos tenido hijos. Tenemos la ternura, el cariño y el amor. Allá en la pastoral, en La Moskitia, nosotros les decíamos “somos Hermanas”, pero se empeñaban en llamarnos madres y no sólo los niños, también los adultos.

Sor Catalina Alvizúrez: Cuando dije que quería ser religiosa, una persona me dijo que no iba a poder tener hijos y recuerdo que le contesté espontáneamente: “Hay tantos niños que ya nacieron y no tienen madre”. Es cierto que renunciamos a ser madres biológicas, pero en nuestro ser de mujer no renunciamos a la maternidad espiritual.

¿Qué ha significado para ustedes ese papel?

S. Miriam: Yo empecé con las niñas cuando tenía 23. Entonces sentía que me faltaba formación, me encontré con 20 niños chiquitos luego de haber estado seis años cuidando ancianas, y cuando sentía que no sabía lo que tenía que hacer, el padre me respondía: “Lo que hace una mamá. Arrúllalos, ámalos y no sólo a uno, sino a todos y al que más predilección debes tener es a aquél que más lo necesita, aquél que más fastidio dé, porque es más inquieto o no está integrado al grupo”.

S. Marta: En la pastoral, trabajábamos mucho con madres solteras, con adolescentes que tenían muchos problemas de identidad y que te decían “la vida no vale nada y lo que queremos es desaparecer”. Son jóvenes que no se sienten escuchados, ni acogidos en su propia casa. Así que el trabajo fuerte era con los padres de familia. Muchas veces ellos mismos no habían recibido una buena formación y no sabían cómo educar a sus hijos.

S. Catalina: Yo trabajé con niños en Italia y también pude ver cómo nosotras llenábamos vacíos que tenían en su hogar. Allí pude tratar, por ejemplo, con bastantes casos de niños adoptados. Ellos sufrían porque se veían de diferente raza que sus padres. Otro caso común era el de los niños que se esforzaban mucho por llamar la atención. Recuerdo que una vez le pregunté a uno por qué lo hacía, y me dijo: “Cuando hago eso, a veces, consigo que al menos mi mamá se fije en mí”.

¿Qué retos y satisfacciones destacarían en su quehacer?

S. Miriam: El amor que prodigas a las niñas, inmediatamente lo devuelven. Las adolescentes tienen un proceso más complicado, pero se abren conforme una las deja hablar. Muchas veces, lo único que quieren es ser escuchadas.

S. Marta: A mí me preocupa pensar que algo que yo les diga pueda herirlos. Cuando ves la falta de cariño en el hogar, te das cuenta de que a veces sólo les hace falta que los abracen o les den un beso.

¿Se han sentido con ganas de tirar la toalla?

S. Miriam: Hay momentos de desánimo, pero una busca medios espirituales y la ayuda de sicólogos. Tuvimos el caso de una niña de la calle que había sido lastimada y que intentó lastimar a otra, pero se abrió a contárnoslo porque encontró con nosotras un ambiente en el que podía sacarlo.

S. Catalina: Lo bueno es que no estás solo, sino que somos una comunidad.
Dicen que la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo. ¿Están de acuerdo?

S. Catalina: Si todas las madres que mecen la cuna supieran cómo hacerlo, el mundo sería distinto.

Así que se puede hablar de crisis de la familia sin caer en un tópico

S. Miriam: Hay una tremenda crisis, especialmente en las familias de padres separados y madres solteras, porque cuando encuentran una nueva pareja se dan muchos problemas de aceptación. Hemos visto muchos casos en los que el nuevo padre trata de abusar de las niñas. En estas ocasiones hay que hacer mucho trabajo sicológico con niños y padres, aunque no es fácil, porque las madres a veces no quieren llegar a estas terapias y prefieren a la nueva pareja antes que a sus hijas.

S. Marta: Yo también siento que hay mucha desintegración familiar y nuestra tarea es educar a los papás en el oficio de ser padres y madres.

S. Catalina: Si ellos no tuvieron una familia integrada, deben darse cuenta de que no tienen que ofrecer lo mismo a sus hijos. La desintegración es, en buena parte, causa de la situación de violencia del país. Aquí en Guatemala el caso típico es que el padre se va a Estados Unidos buscando mejorar la vida, pasan los años y se busca una nueva pareja. La mamá sale a trabajar y el niño se queda encerrado en la casa o en la calle donde termina vinculado a las pandillas.

Pero eso, más que una cuestión familiar, es un problema de oportunidades

S. Catalina: Sí, pero las relaciones familiares se han materializado mucho. En las clases populares, al tratar de superarse, dan a los niños cosas, en vez de su presencia y su amor. En la alta sociedad, pasa lo mismo, los padres se preocupan por dar a sus hijos un carro, una casa, estudios en una universidad prestigiosa, pero ¿dónde está el amor? Un niño, cuyos padres estaban trabajando en Estados Unidos, me dijo en una ocasión: “Mi papá dice que nunca tuvo una bicicleta y a mí me ha regalado dos. Yo tengo todas las cosas que puedo desear, porque ellos me mandan todo lo que no tuvieron, pero lo que no se dan cuenta es que ellos tuvieron el amor de mi abuelita y yo no tengo el de ellos”. Me contaba la de veces que había llorado porque quería dormirse con un beso de su madre. Tenía 11 años y hacía cinco que no la veía.

Cada congregación
> Oblatas de la Mater Orphanorum nació en Italia, en 1945. El propósito de su fundador, Giovanni Antonio Rocco, era acoger a las niñas huérfanas dejadas en la Europa de la posguerra. La congregación llegó a Guatemala en 1964.

> Hijas de la Caridad fue fundada en Francia, en 1633, por San Vicente de Paul, Santa Luisa de Marillac y Margarita Naseau. Casi cuatro siglos más tarde cuentan con 23 mil hermanas repartidas por todo el mundo. Su carisma es la ayuda a los más necesitados.

> Marta y María es una congregación misionera nacida en Guatemala en 1979. Sus fundadores fueron el obispo de Japala, Miguel Ángel García Arauz, y la religiosa colombiana Madre Ángela Silva Sánchez. Actualmente, tienen 600 hermanas repartidas por España, Venezuela, Argentina, Honduras, Italia y Etiopía. Su carisma es el de servir a la Iglesia según las necesidades de la época y el lugar.

Están acostumbradas a ver situaciones sociales duras. ¿Qué hay de la percepción de que las religiosas están ajenas a la realidad?

S. Miriam: La enseñanza está en la transfiguración. Estar con el Señor es maravilloso, pero tenemos que poner los pies en el suelo.

S. Catalina: Incluso las religiosas de clausura están enteradas de la actualidad porque rezan por la realidad. El hecho de que no estemos en el mundo no quiere decir que ignoremos lo que pasa en la sociedad. Estamos informadas porque la gente nos busca para pedir consejo. Por ejemplo, a veces uno sabe conociendo problemas que se dan en el matrimonio sin haberlo vivido.

¿Y cómo ven a esa sociedad?

S. Miriam: Yo siento que se ha perdido el temor a Dios, y no me refiero al miedo al infierno, sino el temor a ofenderlo. Es más importante tener que ser, y eso implica que ni nos respetamos a nosotros mismos, ni respetamos a los demás.

S. Marta: Hay mucha pérdida de valores y la clave sigue siendo la familia. Sin familias ¿qué clase de sociedad vamos a tener?

S. Catalina: Los valores, como la verdad o la honestidad, se han ido perdiendo porque se consideran anticuados. Si usted habla a la juventud de la pureza, les cerraron los oídos. Ya no escuchan más. Piensan que eso es para monjas. Por ejemplo, el matrimonio se considera desechable. No se quiere asumir responsabilidades ni compromisos. Se prefiere ir probando parejas y en el camino van dejando niños.

En su papel de madres ¿Cuál es la enseñanza que más difícil les resulta transmitir?

S. Marta: El compromiso que implica la entrega a Dios.

S. Catalina: Hablar de Dios es hablar de algo que está fuera de onda. Hay una renuencia a abrazar la religión porque creen que priva de libertad. Si entendiéramos que la verdad y la libertad están en el cumplimiento de la voluntad de Dios, qué distinto sería. Muchas veces, a Dios se le tiene en la esquina y hasta nos hace estorbo y no nos damos cuenta de que el sentido de nuestra vida está en ese estorbo del cual no queremos ni que nos hablen.

¿Qué opinan de la celebración del 10 de Mayo?

S. Miriam: Habría que darles gracias todos los días. La mamá lo sigue siendo siempre. Aunque es lindo que se reconozca el amor hacia ellas en un día especial.

S. Marta: Estoy de acuerdo, pero se aprovecha ese día para vender mucha tontería. A mí me gusta decirle al niño, haga usted lo que quiere regalar. Aunque sea una tarjeta pequeña, porque es algo que lleva su cariño, su dedicación, sus manos.

¿Algún mensaje que quieran mandar para ese día?

S. Miriam: Que sepan transmitir el amor desde que llevan a sus bebés en las entrañas y a los hombres les diría que respeten a la mujer porque también ellos nacieron de una.

S. Catalina: Que pongamos nuestra mirada en María Santísima y que, a imitación de ella, guiemos nuestra vida.

S. Marta: Que las mamás no tengan miedo a sentirse verdaderamente madres y que sigan el ejemplo de María. En mi país hay un himno dedicado a la madre y el corito dice así: “En el nombre de Madre se encierra la más alta expresión del amor, porque no puede haber en la tierra una imagen más clara de Dios”.


   

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