Exposiciones de arte visual
Comentarios sobre el Festival de Escultura entre dibujos mármoles y otras técnicas, y la muestra de artistas universales, exhibidas en Centro de Formación de la Cooperación Española
Por Roberto González Goyri *
En marzo se desarrolló un Festival de Escultura como nunca se había dado en Guatemala. Primero, en el Museo de Arte Moderno un grupo de escultores profesionales de diversos países nos dieron una muestra en vivo de lo que es extraer por medio de la talla directa bellas formas de rocas de mármol en bruto. Tuve oportunidad de conocer personalmente a todos ellos y me admiré de su sencillez y naturalidad. Asimismo, vi la exposición en la galería de Carlos Woods de los mismos maestros, pero en obras de formato pequeño: cada una era como una pequeña joya, tal la maestría con que estaban elaboradas, y todas, en materiales tradicionales como el mármol y el bronce, lo cual nos enseña que se pueden formar cosas nuevas con materiales viejos. Me gustaron mucho, y no por el hecho de ser guatemaltecos, las obras de Max Leiva (quien junto con Claudia
Cirici fueron el alma de este proyecto) y las de Luis Díaz; para mí que ambos estuvieron muy bien representados.
Luego se llevó a cabo una exposición de artistas españoles en el Centro de Formación de la Cooperación Española en la Antigua Guatemala, por cierto, un verdadero oasis de paz y tranquilidad, acogedor; pero, además, un espacio cultural vivo al que asisten personas interesadas de toda escala social, sin discriminación de ninguna especie. La entrada es libre, gratuita. La inauguración oficial con la presencia de los reyes de España le dio gran solemnidad al acto.

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Es una colección itinerante que nos ofrece, según nos dice la Curadoría, “por un lado, una visión complementaria de las relaciones entre dibujo y escultura, del trayecto realizado entre la idea hasta convertirse en objeto tridimensional”. Sin embargo, siento, no siempre es así, a veces se trabaja directamente tanto en la pintura como en la escultura sin tener una idea preconcebida. Pero lo que quiero destacar, en este pequeño comentario, es que esta actividad ha sido sin lugar a dudas un privilegio para Guatemala ya que nunca se había visto una muestra de esa calidad con originales que incluyen nombres que han trascendido internacionalmente: Picasso, Dalí, Miró, Gaudí, Oteiza, Julio González, Chillida; en fin, un enjambre de la plástica española que han dado un nuevo significado a la escultura contemporánea.
Voy a tratar de hacer una síntesis muy panorámica de esta exposición que por razones de espacio no me permite extenderme mucho. Como siempre me sucede, hay cosas que me gustan más que otras, cuestión personal, nada más. Así por ejemplo, hay un dibujo estupendo de Eduardo Arroyo (no muy conocido para mí), que lo titula sencillamente, Carmen, muy español y de una gran expresividad. Rentamans y Libres, de Antonio Tápies, sugerente, misteriosa y luego, del mismo autor, un dibujo en técnica mixta sobre papel, de una gran fuerza y espontaneidad. Lo mismo podría decir de una tinta sobre papel de Eduardo Chillida que complementa su presencia con una escultura en hierro forjado. Chillida murió hace poco relativamente (2002) y para mí es uno de los escultores más importantes de su generación: su contribución ha sido fabulosa con piezas de gran formato, espectaculares, hasta épicas diría yo, y es por la integración que logra con la naturaleza entre zonas rocosas frente al mar.
Y que decir de una chimenea en bronce, detalle de los muchos estudios previos que seguramente hizo Gaudí para una de sus máximas obras arquitectónicas: La Pedrera. Además, conocidísimo por su iglesia La Sagrada Familia, proyecto muy ambicioso que hasta la fecha no está terminado. Sus dibujos incluidos en la muestra son para mí extraños, de una gran meticulosidad que afirma la calidad y el oficio de Gaudí. Una figura genial, muy católico y en ese sentido alguien me contó de un proyecto para canonizarlo.
Me llamó la atención que incluyeran a Joaquín Torres García como español, cuando siempre lo he considerado uruguayo, y así es en realidad, de nacimiento. Me imagino que esto sucede, porque el padre era catalán y la familia emigró a Barcelona cuando Torres García era todavía un niño. Lo cierto del caso es que parte de su formación fue en España y posteriormente se mudó a París donde vivió varios años. Torres García regresó definitivamente a su tierra natal donde desarrolló una labor extraordinaria bajo un concepto fundamental para él: el Universalismo Constructivo, basado en la Regla de Oro o Divina Proporción como lo llamaban en la antigüedad. En la muestra hay un pequeño boceto en madera que me gustó muchísimo por su simplicidad, como digo, pequeño, pero concebido en tal forma que está pidiendo a gritos la ampliación a una escala monumental. Demás está decir que Torres García dejó una honda huella en su país de origen.
Por supuesto, no se puede dejar de mencionar a Pablo Ruiz Picasso, el artista español más universal y cuya influencia todavía se mantiene. Él mismo lo afirmaba: “El arte que al producirse sea incapaz de afianzarse nunca será nada. El arte griego y el arte egipcio no son del pasado, hoy tienen más vida que ayer”, y ese es el caso de su obra, cuyos valores nunca pierden actualidad; por el contrario, se agiganta cada vez más, un ejemplo concreto: Guernica. Su inquietud lo llevó a recorrer todas las técnicas, la pintura, la cerámica, la escultura, y el grabado y en cada una de esas ramas se transparenta su recia personalidad. Nunca tuvo un estilo definido, pero en todos sus trabajos, por disímiles que parezcan, siempre aparece su garra, su sello. En la exposición hay un pequeño boceto en lámina de hierro y es de admirar su audacia sin límites, su capacidad de síntesis: al prescindir del concepto tridimensional nos da una imagen encantadora, mágica, un tanto semejante a las pinturas de su época cubista.
Dalí, el gran Salvador Dalí, está presente con una escultura de formato pequeño, como todo lo de él, bien hecha técnicamente y claro, con el soplo poético, el toque surrealista, o sea, es un desnudo femenino, pero con una cabeza como de animal que no corresponde al concepto de apariencia naturalista. Sin embargo, personalmente me interesa más su pintura.
Algo semejante me sucede con Miró, uno de los artistas a quien más admiro por su enorme capacidad inventiva; en realidad es uno de mis favoritos, pero aún así, me gusta más su pintura que su escultura. Lo digo con toda franqueza y respeto al mismo tiempo.
De Jorge Oteiza había oído hablar mucho, pero nunca lo conocí personalmente. Supe de el a través de mi estimado amigo, el escultor colombiano Édgar Negret durante los años que Oteiza vivió en Colombia. Demás está agregar que Oteiza ejerció una influencia considerable en la obra de Negret. Sus conceptos eran profundos, difíciles, pero no se puede negar la belleza de su escultura. En la exposición hay una pieza en lámina de hierro que tituló: Composición de dos diedros. Quizás algunas palabras de él nos allanen el camino para apreciarlo mejor: “Persigo una estatua en su naturaleza experimental, objetiva, fría, impersonal, libre de todo afán espectacular, de toda intención superficial de parecer original y sorprender”.
Otro gran escultor ejemplar que no puedo dejar de mencionar es Julio González. Empezó su carrera como un artista más o menos académico, en realidad fue pintor en sus inicios. Pero sin duda su estancia en París y el entorno artístico de aquella época unido a su estrecha amistad con Picasso hicieron el milagro de cambiar su visión de las cosas. Al mismo tiempo, González sabía mucho del oficio de herrería y esto le abrió un campo experimental hasta entonces desconocido. De manera pues que, trabajando juntos, Picasso y González, con gran entusiasmo, aprendieron a dominar un procedimiento nuevo: la forja en hierro, lo cual redundó en una gran libertad de imaginación y audacia. En la exposición hay tres dibujos de González, muy buenos, y una escultura Mujer frente al espejo, muy emparentada con dos piezas de él que están en el Museo de Arte Moderno de Nueva York: Cabeza y Mujer peinándose el cabello, ambas en hierro forjado.
He dejado por último a un artista que sí conocí personalmente y que incluso fue mi profesor de Historia del Arte, Eugenio Fernández Granell. Fue allá, si mal no recuerdo, en los finales de la década de 1940, en la vieja Academia Nacional de Bellas Artes. Fernández Granell vino a dar a Guatemala junto con otros intelectuales españoles después de finalizada la Guerra Civil, con todo el horror que ello significó para España.
Como artista era decididamente partidario del surrealismo y ahí se mantuvo sin concesiones de ninguna especie. Hace pocos años tuvimos por acá una exposición personal de él, muy completa, y que nos da una idea del mundo onírico y de ensueño en que se movía. En la exposición hay una escultura en madera policromada y tres pinturas de formato pequeño que reafirman su credo estético.
Finalmente el Leit motiv de la exposición, una figura muy graciosa, un arlequín, de Juan Gris, uno de los grandes clásicos del cubismo junto a Bracque y Picasso.
Como dije desde un principio, este es un comentario muy panorámico y me he limitado a los artistas más familiares para mí, sin que ello signifique, de ninguna manera, que no reconozca el valor de los demás artistas en la lista. Por el contrario, todos son muy buenos y de gran calidad.
Es de felicitar y agradecer al mismo tiempo a la Fundación G&T, al Centro de Formación de la Cooperación Española, así como otras entidades y personas que de una forma u otra hicieron posible la organización de estas magníficas muestras de la escultura, porque, de verdad, ha sido un privilegio para nuestro país y además por el hermoso mensaje que conlleva: que el arte en cualesquiera de sus manifestaciones emplea un lenguaje universal y no reconoce fronteras.
Roberto González Goyri (Guatemala, 1924),
destacado pintor y escultor latinoamericano.
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