Semanario de Prensa Libre • No. 149 • 13 de Mayo de 2007

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D farándula

Semilla urbana
Han llegado para sembrar su aportación en la joven cultura del hip hop guatemalteco. Lo hacen cantando en castellano y kaqchiquel

Por Gemma Gil
Foto Carlos Sebastián

Sueñan con abrir espacio para la cultura del hip hop. En las voces están Lucio y Mario Yaxón Guarcax, de 24 y 19 años respectivamente; al sonido, Byron Vásquez, 28. Todo comenzó en San Pedro Yepocapa (Chimaltenango), donde Lucio y Mario comenzaron a subirse al escenario para expresar sin complejos, en kaqchiquel y a ritmo de rap su punto de vista sobre los problemas estructurales del país.

Más tarde conocieron al DJ Byron Vásquez, en la organización de derechos humanos HIJOS. Juntos decidieron crear Ijatz (Semilla) Urbana, un proyecto musical que desea reconciliar ritmos internacionales con la esencia cultural guatemalteca.

“Estamos en el proceso de añadir a la base musical del hip hop instrumentos como la chirimía, la marimba y el tamborón”.

¿Cómo reaccionó el público de San Pedro Yepocapa la primera vez que se subieron en el escenario para cantarles hip hop?

Lucio: Hubo mucha gente que estaba sorprendida porque las canciones hablaban del mundo que conocen, del Volcán (de Fuego), de la comunidad. También hubo letras que crearon cierta confrontación, especialmente en quienes estuvieron en las patrullas (de Autodefensa Civil). Las canciones hablaban de figuras políticas, de personajes históricos, del militarismo y venían a preguntarnos por qué estábamos escribiendo esas letras, que si se enteraba el Gobierno íbamos a tener problemas. Una señora vino, muy asustada, a decirnos que no habláramos de los militares porque nos iban a matar otra vez. Nuestra comunidad es de desplazados. Mario y yo somos originarios de Sololá.

¿La experiencia del conflicto está reflejada en su música?

Lucio: Hay personas que piensan que somo hijos de unos resentidos sociales, pero lo que queremos es decirle a la gente donde está parada. Los problemas económicos y de clase no han cambiado. Es cierto que hay más espacios, pero, por ejemplo, las ejecuciones extrajudiciales continúan.

Byron: Los jóvenes de antes eran comunistas, los de ahora son mareros. Eso es una lógica estúpida. Hay muchos problemas de raíz y muchos prejuicios. Nuestros padres perdieron la lucha, pero nosotros, como nueva generación, no. Ahora no se agarran los fusiles, pero hay otra forma de cambiar las cosas.

¿La música es su forma de cambiar el sistema?

Lucio: Sí, la música puede ser una herramienta de cambio. No puedo decir que mi familia perdió la guerra, porque yo todavía puedo expresarme. Nuestras letras hablan sobre los problemas que hay en Guatemala: políticos, económicos, sociales y culturales.

Mario: Cada día nos perjudicamos más a nosotros mismos y al mundo en general.

¿Por qué nos estamos matando? ¿Por qué no nos juntamos?

Byron: Si nos damos cuenta todos estamos involucrados. Por ejemplo, ¿desde dónde se produce el problema de las pandillas? Lo que queremos no es sólo subir al escenario, sino levantar a la juventud y decirles que no somos enemigos, que debemos unirnos.

¿Por qué han elegido una expresión musical extranjera?

Byron: Es cierto que viene de Estados Unidos, pero en cada país se le añade la cultura y las raíces propias. Estamos en el proceso de añadir a la base musical del hip hop instrumentos como la chirimía, la marimba y el tamborón e introducir letras en los idiomas nacionales.

De hecho, cantan en kaqchiquel

Lucio: Cada vez que actuamos nos fijamos en el contexto en el que estamos. No hacemos todas las letras en kaqchiquel, porque no queremos parecer folcloristas. Las letras están escritas en castellano y en el escenario añadimos improvisaciones en kaqchiquel. Es divertido estar ante el público diciéndoles lo que sientes, lanzándoles un mensaje.

Aunque no lo entiendan

Lucio: La primera vez que cantamos ante un público que no entendía kaqchiquel la gente lo sentía como un idioma extranjero, como si no fuera guatemalteco, y eso me pareció contradictorio. Lo bueno es que el público también se emocionó al escuchar esos sonidos tan poco comunes en los contextos urbanos.

El hip hop es aún un género con poco público en Guatemala, ¿qué quieren aportar?
Byron: Está surgiendo como forma de expresión. Creo que somos el tercer grupo que se forma. El movimiento empezó en Villa Nueva hace 8 años con gente que bailaba, hacía grafittis y buscaba una expresión artística al margen de las maras. Ahora hay gente que canta, pero que no tiene grupo.

Lucio: El año pasado fuimos a Tecpán con la organización ecologista Madre Selva. Era un encuentro para hablar sobre los transgénicos. La gente no sabía ni lo que era el hip hop, pero cuando se dieron cuenta de que no estábamos cantando, sino hablando de aquel preciso momento, les gustó. Lo que nos sorprende es que esté tipificado como música de pandillas.

¿Dónde les gustaría tocar?

Byron: Mi sueño es llegar a las áreas marginales, barrios como La Limonada, porque ahí está el público que más aprecia este género. Mucha gente escucha reggaetón porque no hay una oferta musical nacional con la que se pueda sentir identificada. Ahora lo que se puede escuchar de hip hop está en inglés y queremos que la gente pueda entender la letra.

Lucio: En realidad, esto es toda una cultura urbana.

Byron: No sólo es la música, están los graffiteros, los MC’s (cantantes) los DJ’s y los Bboy’s (jóvenes que bailan break dance) como los que nos acompañan cuando actuamos. También estamos promoviendo una marca de ropa. Nos gustaría crear un movimiento.

¿Por eso se llaman Ijatz Urbana?

Byron: Queríamos fusionar una palabra en kaqchiquel con otra en castellano. Ijatz Urbana describe justo lo que estamos haciendo: sembrar una semilla para generar una cultura hip hop.


   

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