Yevgueni Yevtushenko
"Con muchos gatos,
tú no puedes hacer un león"
Un poeta
que hace énfasis
en la educación
como solución
a los problemas
del mundo
Por Juan Carlos Lemus
Foto Lucía Herrera
Fue miembro del Parlamento ruso. Yevgueni Yevtushenko (Zima, Rusia, 1933) fue el primer poeta ruso que ha leído su poesía ante docenas de miles de personas en lugares públicos como el Madison Square Garden, la Ópera Roma, el Royal Albert Hall, en Londres, en el estadio Caupolicán, en Chile, y otros grandes edificios de todo el mundo. Shostakovich se basó en algunos de sus poemas para componer su décima tercera sinfonía.
Acérrimo crítico del neoestalinismo, ha sido, además, crítico del nuevo capitalismo ruso. Con todo y eso, asegura: “No hago política. Hago poesía”.
Siendo aún joven (en 1961) publicó su famoso poema contra el antisemitismo: Babi Yar. Esto le valió la censura y vivió muchas otras que incluyen quema de libros, negaciones de visa y de pasaporte.
Por estos días, Zhenia, como le gusta que lo llamen, se encontraba en un hotel de esta capital, pues participa en el Festival de Poesía en Quetzaltenango. Sale de su habitación vistiendo una camisa típica del mercado central de la capital de Guatemala. El detalle adquirirá importancia según sea leída esta entrevista.

"No participar en la política es una máscara de cobardía".
Yevgueni Yevtushenko |
El mundo se encuentra atorado de fama y de espectáculos. ¿Cuál cree que es la función de la poesía?
Voy a responder contando algo. Hice una gran antología de 10 siglos de poesía rusa. Son miles de páginas, desde el siglo XI al XXI. Son tres volúmenes, cada uno del tamaño de una Biblia. Hasta ahora lo termino. ¡Fueron 12 años! La hice porque creo en la educación. Son libros que debe tener cada familia en Rusia, porque es mejor estudiar historia a través de la literatura de todos esos siglos. La literatura clásica no le puede mentir a la gente, por eso es importante. La antología incluye a los más importantes escritores de toda la literatura rusa en la que podemos confiar. Rusia está en progreso económico, pero no podemos permitir que no tenga un progreso intelectual. Hay una revolución tecnológica, eso está bien, pero no debemos permitir que se convierta en una contrarrevolución de los ideales. El siglo XX fue la caída de tantas ideologías. Desgraciadamente, cuando caen las ideologías caen muchos ideales. Y los escritores debemos crear nuevos.
¿Por qué pierde terreno la
literatura?
Para mí, el gran problema es que muchos escritores grandes en el mundo murieron en los últimos años. Actualmente hay muchos escritores jóvenes, pero todavía no son poderosos en su patria y por eso no lo son internacionalmente. El escritor no puede ser escritor internacional sin ser antes escritor nacional. En Rusia hay un proverbio: “Con muchos gatos, tú no puedes hacer un león”. Tenemos muchos jóvenes, capaces, poetas, pero necesitamos leones. En mi opinión, muchos jóvenes no entienden del gran poder de la poesía. Muchas veces son rivales entre ellos, usan su sarcasmo, su escepticismo, su ironía y no participan en política. Dicen que ésta engaña, manipula, mata a la gente y que por eso no les interesa, pero eso no es verdad: Esa apatía, esa indiferencia, es una máscara de su cobardía.
A propósito, usted fue miembro del Parlamento ruso.
Para mí, era un sacrificio. Sacrifiqué mi tiempo, porque casi no escribía poesía. Había que cumplir con tantos discursos, con protestas. Cumplí mi papel. Cuando llegó el siguiente Parlamento y se me pidió que fuera de nuevo parlamentario, dije no, yo soy escritor. Como escritor debes ser político, porque tienes que ser la voz de los que no tienen voz, la escritura de los que no escriben. Soy profesor y soy escritor. Tengo muchos estudiantes en todas las universidad de Estados Unidos. Me voy a Italia, a cualquier otro lugar de Europa, pero, te diré algo, admiro más a América Latina. No sé por qué, tal vez la admiro porque de ahí vienen mis raíces. Yo desciendo de los vikingos, y éstos descubrieron América, no fue Colón. Los rusos antiguos, debido a que se mataron unos a otros, debido a que se fueron esparciendo, fueron manejados por los vikingos. Puede ser por eso, no lo sé, pero yo admiro tanto a América Latina, aquí me siento como en mi propio país.
¿Cómo explicaría el problema de la educación?
Te diré algo: He querido venir a este país desde hace muchos años. He comprado muchas camisas (típicas) de Guatemala en los mercados de Nueva York, en otros países. Aunque tengo una colección, porque las telas de Guatemala son estupendas, ayer, lo primero que dije fue: me voy al mercado. Y compré esta camisa.
Inmediatamente, cuando me la probé, se le cayeron dos botones. Yo le dije a la señora (vendedora), ¿qué pasa, por qué se cayeron los botones? Y ella me dijo: “Yo sólo las vendo, otras las hacen”. Entonces, le dije, no debería permitir que las muchachas (que las cosen) sean tan flojas. Mire, señora, yo puedo repararla, he trabajado mucho desde los ocho años en varias cosas, toda mi vida, soy ruso y he aprendido a trabajar mucho, pero otros turistas no pueden. El americano, por ejemplo, ni siquiera sabe cómo coser un botón, no está acostumbrado a hacer nada con los dedos, entonces, nunca van a comprarle más camisas guatemaltecas. Usted destruye su comercio con esa flojera. Y la señora me dijo: “Bueno, yo se los voy a coser”. Ella lo hizo, allí mismo me cosió los botones... ¡Y esta mañana se me cayeron otra vez los dos! Eso no debe ser.
Otra cosa, hace un momento, le pregunté a la mesera de este restaurante: Señora, de estos (postres) que me trajo, ¿cuál tiene azúcar y cuál no? Ella me dijo: “Éste no tiene azúcar”. Después, la llamé y le dije, bajito, con respeto, para que no se enteraran los otros clientes: Todo está bien, el desayuno está bien, la cocinera es muy buena, pero tiene que saber que, actualmente, casi cada uno de tres estadounidenses tiene diabetes. Usted me dijo que este dulce no tiene azúcar y sí tiene. Y me dice: “Es verdad, pero tiene poca...”
Vuelvo a tu pregunta. Yo creo en la educación; y a mí me gusta dar consejos prácticos.
¿Cómo ha sido la censura de su obra literaria?
La censura en Rusia fue como una guerra permanente. Una vez, estuvo en mi casa Arthur Miller y le mostré las pruebas de un nuevo poema mío, era extenso, un poema épico, pero tenía marcas de tinta roja de la censura. Contamos juntos cuántas tenía, y sumaron 517 cambios. Vi en sus ojos las lágrimas y me dijo: “Cómo puede sobrevivir así”. La censura era como una estrategia porque teníamos dos caminos. Uno era salir del país, otro, quedarse. Algunos salieron, publicaron todo, pero la fuerza de publicación desde otro país no es muy grande. Si te quedas, es como en la guerra: puedes perder una batalla, pero ganar una ciudad después. Esa era una lucha agotadora. Cuando mi poema Babi Yar iba a ser publicado en un periódico, el editor sabía que lo iban a despedir de su trabajo. Me dijo: “Esta es una decisión de familia, tengo que llamar a mi esposa y consultarle”. Ella era una mujer rusa muy grande, una enfermera que había salvado a muchos hombres durante la guerra. Así que, después de consultarle, me dijo: “No te preocupes, Zhenia, hemos decidido ser expulsados”. Y a los pocos días lo despidieron.
Mi poema Los herederos de Stalin también fue censurado, pero, un año después de que lo escribí, Jruschov (al morir Stalin en 1953, Nikita Jruschov fue elegido primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética), quien era muy impulsivo, generalmente una buena persona, pero un poco burócrata, medio campesino, algo así como un campesino que odia, me dijo que había mandado mi poema en un avión militar. Cuando salió publicado, un grupo de dogmáticos del partido viejo le escribieron una carta a Jruschov, acusando al editor y a mí de anticomunistas, pero él dijo: “Entonces, yo soy también anticomunista, porque yo lo autoricé”.
El escritor
> Tiene publicados 50 libros de poemas, novelas, ensayos y dos libros de fotografía.
> Rompió la cortina de hierro, leyendo en numerosos países, entre ellos en el Teatro Caupolicán de Chile junto a Pablo Neruda.
> En 1994 rechazó la más alta condecoración civil rusa, la orden de la ‘Amistad entre la Gente’, después del derramamiento de sangre en Chechenia.
> En 1998 presentó en la Feria de Guadalajara el libro Adiós, bandera roja, selección de poesía y prosa (1953-1996. Fondo de Cultura Económica). |
¿Qué pasó después con la censura en nuestro país? Gorbachov generalmente era una buena persona, hasta cierto punto no es culpable de la caída de la Unión Soviética, tal vez no tenía toda la sabiduría de cómo salvarla, pero no era como lo acusan, como si hubiera tenido la intención de destruirla. Gorbachov hizo algo fabuloso cuando estuvo en el poder, estableció una ley en las elecciones, en las cuales cada candidato debía tener iguales derechos de publicidad: el mismo espacio en las páginas de los periódicos, el mismo espacio de televisión. Ahora no hay prohibiciones, hay periódicos que no son censurados, pero a esos mismos no les interesa la crítica. Algunos periódicos tienen la oportunidad de hacer cosas más serias, pero desgraciadamente tratan de sobrevivir mezclando cosas serias con las cosas superficiales que la gente quiere leer, y ese es el problema.
Todo está conectado con el problema de la cultura. Por otra parte, la censura no es siempre mala, es un filtro para muchos males ridículos. Hay programas en Internet y televisión que son una propaganda de la violencia, o esos trhillers baratos, o la música con terrible poesía erótica. Como miembro del parlamento luché contra la censura, pero además para detener la guerra en Afganistán, para transformar nuestro sistema de un partido en un sistema multipartidario. Como muchos, idealizaba el sistema multipartidario, pero así sigo pensando ahora, que es mejor. El problema es que cuando los partidos llegan al poder lo cambian todo, en vez de ayudar pagan por las cuentas que deben y meten a su gente; después de un año, dividen al pueblo; después, quieren salvar su papel y ya no les queda tiempo para cumplir lo que prometieron. Luego, entran otros y cambian lo anterior.
Alguna vez, usted dijo que de los cientos de miles de líneas que ha escrito, 70 por ciento es basura.
Sí, es basura sincera, pero basura. Eso parece una modestia de mi parte, pero no lo es. He publicado tanto que mi 30 por ciento es un libro así (separa bastante las dos manos).
El escritor colombiano Gonzalo Arango decía: “Yevtushenko es un saco lleno de besos y de balas”. Para usted, quién es Yevgueni Yevtushenko?
Soy patriota, aunque muchos me hayan nombrado antipatriota. Soy patriota de la humanidad. Yo quisiera haber nacido en todos los países.
Tal como lo dice en su poema. (Leo parte de “Me gustaría”, de su libro Adiós, Bandera Roja):
Me gustaría/ nacer en todos los países,/ tener un pasaporte/ para todos/ que provoque el pánico de las cancillerías;/ ser cada pez/ en cada océano/ y cada perro/ en las calles del mundo...
(Fin de la lectura).
Ese poema lo escribí una vez que no me permitieron salir del país. Había escrito una carta defendiendo a algunos disidentes rusos, entonces, no me dieron el pasaporte. Cancelaron mi viaje. Me sentí muy mal, porque había mucha gente que lo había organizado.
Las sociedades son cada vez más violentas.
Yo estoy seguro de que el sueño de José Martí puede ser realidad: Estados Unidos de América Latina; pero hay que trabajar, a través de la educación. Es necesario tener más figuras grandes como Neruda, Mistral, Asturias, Rulfo, Cortázar, García Márquez, de quien espero que viva muchos años, porque el pueblo necesita educación. Es doloroso cuando algunos grandes escritores piensan que son rivales. Recuerdo, por ejemplo, las peleas entre Gabo y Mario Vargas Llosa. Es terrible, me da mucho dolor ver a esos grandes escritores en disputa cuando deben estar unidos, pensar juntos en los destinos de sus pueblos, en su cultura.
¿Cuál ha sido el peor día de su vida?
Fue cuando nuestros tanques entraron en Checoslovaquia (1968). ¡Yo no creía que eso pudiera pasar!
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