Semanario de Prensa Libre • No. 149 • 13 de Mayo de 2007

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D mundo

De Babel a la hispanofonía
Las lenguas son el espejo del espíritu de los pueblos y el receptáculo más fiel de las culturas. Miles de idiomas y de años han pasado desde el mítico relato de Babel hasta la reciente pujanza del español; y las siguientes líneas, números de por medio, pretenden dar testimonio de eso

Por Ramón Urzúz

Un día, el buen Señor decidió confundir todas las lenguas humanas en la nunca bien ponderada Torre de Babel, esa ciudadela que los descendientes de Noé habían previsto para resguardarse de diluvios por venir, en un intento desesperado por inventar los rascacielos. Ningún tsunami arrasaría después aquellos parajes; en cambio, lo que divinamente se desplomó sobre la tierra fue un torrente de códigos lingüísticos que harían ya imposible la tarea de entenderse los unos con los otros. En otras palabras, si hoy hablamos castellano, mandarín, k'iche', finés o vietnamita se debe a que Dios quiso así castigar la soberbia de los hombres, según el relato bíblico.

Pero aquello no deja de ser un mito moralizador, una metáfora, una parábola, una alegoría y quizás una advertencia. Ya las ciencias, desde sus bostezantes razón y rigidez, nos avisan de otra cosa. El español no descendió de una torre pretenciosa, sino de la familia indoeuropea, por el pavimento del latín; de la misma manera que el mandarín procede de la familia sino-tibetana, o el k'iche', de la penutia (tronco mayense). Y aunque hacer un inventario de los idiomas vivos existentes en el orbe viene a ser algo parecido a intentar domar una manada de elefantes, algunos estudios como el de Ethnologue (Summer Institute of Linguistics, 15a. ed., 2006) se atreven a proponer la frondosa cifra de seis mil 912 lenguas, repartidas en 220 países.

El problema resulta cuando, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el 50 por ciento de idiomas corre el peligro de dejar de existir; y de hecho se calcula que cada dos semanas, en promedio, desaparece uno de ellos (otros análisis afirman la extinción de 10 idiomas por año).

Y he aquí otros datos reveladores: según la Unesco, ocho de cada 10 idiomas africanos carecen de un sistema de escritura, y el 90 por ciento de las lenguas del mundo no tiene representación en Internet (lengua e idioma se manejarán aquí, en adelante, como sinónimos).

Extinción y muerte

Una lengua es declarada oficialmente muerta cuando no le queda ningún hablante nativo, y a esa categoría ha pasado hace siglos el latín clásico, antigua lengua de Roma. Quizá para evitar este fenómeno, y para promover el uso de idiomas minoritarios, la Unesco declaró en 1999 que todos los 21 de febrero se celebre el Día Internacional de la Lengua Materna. Con cada deceso idiomático, la humanidad fallece también un poco, toda vez que las lenguas son vehículos de expresión y de identidad cultural de determinado pueblo o grupo.

Valga decir que un idioma se considera en peligro de desaparecer cuando en él se expresan menos de 100 mil personas, y que, desde que el primer homo sapiens empezó a articular palabras allá en sus prehistóricas cavernas, al menos 30 mil lenguas han sido puestas a dormir el sueño de los justos. En Guatemala, por ejemplo, corren peligro de extinción el itza' y el xinka, que proceden de familias lingüísticas distintas.

Pero otros países del continente no están mejor: a Bolivia se le muere el baure, el itonama, el leco, el pacahuara, el resano y el uru; mientras que en Estados Unidos (que será cualquier cosa, menos un país monolingüe) agonizan más de 60 lenguas autóctonas, como advierte el ya citado Ethnologue.

Cabe asimismo resaltar que el plurilingüismo no es ni mucho menos patrimonio exclusivo de Guatemala. Baste mencionar que Papúa-Nueva Guinea, que ocupa la mitad oriental de la isla de Nueva Guinea en el Pacífico, es el país del mundo con mayor diversidad lingüística, donde sus casi cinco millones de habitantes se reparten un acervo de 832 lenguas vivas. Y está el caso de Indonesia, con sus 731 idiomas; o el de México, con 295. Si sumamos el castellano con los idiomas mayenses, más el garífuna y el xinka, en Guatemala se hablan 24 idiomas. Por otra parte, países como Liechtenstein e Islandia son exclusivamente monolingües.

De exuberancias y artificios

Con aquella exuberancia contrastan las numerosas ocasiones en que se ha querido inventar una lengua universal en favor de supuestas ventajas comunicativas, tales como la obtención de una gramática simplificada o de un idioma culturalmente neutro. El caso del esperanto, creada por el médico políglota ruso Ludwik Zamenhof, en 1887, ha sido sólo uno de tantos. Entre otros ensayos de resolver el problema de la comunicación humana, propósito último de toda lengua artificial o planificada, se encuentran la interlingua y el novial. La primera fue creada por la Asociación de la Lengua Auxiliar Internacional, y su gramática data de 1951. La segunda se debe al lingüista danés Otto Jaspersen, quien la dio a conocer al mundo en 1928.

Apoteosis

Comoquiera que fuere, si una lengua ha asumido de facto el papel de universal es, qué duda cabe ya, el inglés. Este idioma, con un activo de cerca de 550 millones de hablantes (entre quienes lo tienen como lengua materna y quienes se expresan en él como segundo idioma), ocupa el primer lugar en la escala de lenguas occidentales más extendidas. Lo preceden en la cifra el mandarín y el hindi, dos idiomas orientales.

¿Otras curiosidades?
> El primer antecedente de una lengua artificial lo fijó, en el siglo XII, la mística y escritora Hildegarda de Bingen, abadesa de Rupertsberg (Alemania). Bautizó a su creación con el nombre de lingua ignota; tan “ignota”, de hecho, que se ignora el motivo para el cual fue inventada.

> Pero las lenguas artificiales pueden servir incluso a propósitos estéticos. J.R.R. Tolkien, ese genio de Oxford, inventó más de una lengua (sistema de escritura incluido) para poner en boca de elfos y otros seres mágicos de la Tierra Media. Creaciones suyas fueron el sindarin, que hablaba el tercer clan élfico; y la lengua negra de Mordor, en que se expresaban Sauron y los orcos, en la trilogía literaria, que no cinematográfica, de El señor de los anillos.

Pero inmediatamente después de la lengua de Shakespeare, según la mayoría de estudios, se explaya el español como el cuarto idioma más hablado a escala planetaria. Cálculos del Instituto Cervantes fijan en 453 millones el número de hispanoparlantes en 2007, al tiempo que proyectan que, para el año 2050, la suma de hablantes del español habrá superado la barrera del medio millardo. Según la Enciclopedia del español en el mundo (Inst. Cervantes, Plaza & Janés, 2007), la lengua de Castilla es estudiada en la actualidad por 14 millones de personas, lo que la convierte en la más solicitada del orbe, por detrás sólo del inglés.

Según analistas del World Data, de la Encyclopaedia Britannica, dentro de 23 años los hispanohablantes constituirán el 7.5 por ciento de la humanidad, lo que permite suponer que, al concluirse este siglo, uno de cada 10 habitantes de la Tierra se expresarán en español. Con todo, sólo recientemente es que España e Hispanoamérica han comenzado a rescatar el valor económico del idioma común o, lo que es lo mismo, sólo hasta hace muy poco se ha descubierto “el petróleo de la lengua”, para decirlo en la frase del periodista español José Luis Barbería (El País, 24/03/2007). Muy lejos queda, pues, la funesta profecía de Aldous Huxley en su novela de ciencia-ficción Un mundo feliz, en virtud de la cual la lengua de Cervantes sería tan sólo un nostálgico recuerdo en la tecnificadísima sociedad del futuro imaginada por aquel autor inglés.

Discutible primacía

Tal parece que, una vez que se compara con el inglés, el español está condenado a ser segundo en todo lo demás. Pero conviene saber un par de cosas:

  • En Inglaterra, el español ha desplazado al francés y al alemán como primera opción de aprendizaje de lengua extranjera.
  • La primera gramática de una lengua europea moderna fue la de Antonio de Nebrija (Gramática de la lengua castellana), publicada en el controversial 1492.
  • El primer diccionario del español fue el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, dado a la imprenta en 1611. En contraste, el primer diccionario estándar de la lengua inglesa (el Dictionary of the English Language, de Samuel Johnson), apareció en 1755, esto es, 144 años después del Tesoro de Covarrubias.
  • El español es la lengua romance más hablada y de mayor expansión en el planeta.
  • Se creía que la primera documentación del castellano antiguo eran las Glosas Emilianenses, del siglo XI. Hoy existe cierto consenso en considerar que los primeros vestigios escritos en castellano son los Cartularios de Valpuesta, dos siglos más antiguos que las Glosas, y más antiguos aún que los Juramentos de Estrasburgo, primer testimonio del francés.
  • No existen diferencias ortográficas entre el español europeo y el español americano, algo de lo que no puede presumir el mundo anglófono.
  • El inglés ha tomado del español infinidad de préstamos léxicos; basten, a modo de brevísimo ejemplo, las siguientes palabras que aparecen sin ninguna adaptación fonética en el Oxford English Dictionary: armada, embargo, guerrilla, cargo, adobe, hacienda, patio, bonanza, rodeo, siesta, matador o tornado. Esto, sin mencionar topónimos, como Florida, Nevada, Colorado o Montana (originalmente, montaña), ni palabras adaptadas, como lasso (lazo), ranch (rancho), guitar (guitarra), lagoon (laguna), renegade (renegado), stampede (estampida), barricade (barricada) o canyon (cañón).

   

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