Cayos Cochinos
El archipiélago, acunado por arrecifes de coral, es uno de los rincones más bellos del Caribe hondureño
Por Gemma Gil Flores
Nuestro destino es la costa norte de Honduras, quizá uno de los principales atractivos turísticos del país vecino. En concreto, nos dirigimos a su paraíso marino mejor preservado: Los Cayos Cochinos, un conjunto conformado por dos islas mayores y 13 menores que flotan sobre las aguas cristalinas del Caribe, a 29 kilómetros de La Ceiba.
La festiva ciudad costera, con sus tradicionales y coloridas casas de madera, puede ser un buen punto de partida para contratar una excursión al archipiélago —el precio por persona asciende a unos US$35— aunque también se puede negociar un transporte en lancha con los pescadores de las cercanas poblaciones de Corozal o Sambo Creek (a 15 y 21 kilómetros de La Ceiba, respectivamente). Ambos son puntos idóneos para contemplar la puesta de Sol, platicar con la amable población garífuna y sentarse frente al mar a degustar una sabrosa cena a base de camarones, langosta o pescado fresco con ensalada y patacones (plátano verde frito).
Lunares en el océano
La excursión del día siguiente bien vale la madrugada. Como las malas pulgas de Poseidón se dejan notar a primera hora de la tarde, las lanchas parten temprano. De este modo, los visitantes que quieren regresar a tierra firme ese mismo día pueden aprovechar la jornada.
Si la mañana está despejada, el perfil de los cayos se puede distinguir desde la costa, emergiendo del mar, como si fuera el penacho de una montaña sobreviviente tras el Diluvio Universal.
El trayecto es de una hora y, mientras dejamos atrás la cordillera, en el horizonte comienzan a recortarse las palmeras curvadas por la brisa. Después aparece la silueta de las islas más pequeñas, que se dibujan como lunares de arena blanca sobre la tela azul del mar.
A medida que nos aproximamos a la orilla el agua adquiere un color más traslúcido e intenso y, allá donde crece el coral, el brillo se oscurece en ronchas turquesas. Se dice que los cayos tienen el arrecife más virgen de la zona. Cierto o no, el espectáculo submarino es de gran belleza. Para contemplarlo ni siquiera es necesario contar con una licencia para bucear; basta con ponerse unas gafas de snorkel para entrar por la puerta grande al parque temático de la vida acuática.
No es de extrañar que el lugar fuera declarado como Reserva Biológica en 1993 y monumento natural marino en 2003, aunque el amparo de la ley no ha impedido que algunas de las islas sean propiedad privada. Tendremos que conformarnos con verlas desde la lancha. Al igual que Cayo Paloma, donde en la actualidad se ruedan las versiones italiana y española de Survivor, una intromisión que las organizaciones ecologistas consideran imperdonable. La isla es un santuario para el desove de tortugas y hasta hace poco estaba prohibida cualquier forma de intervención humana, lo que había permitido su buena conservación.
A tener en cuenta
> La forma más rápida de llegar desde Guatemala es tomar un vuelo hasta La Ceiba, vía Tegucigalpa o San Pedro Sula.
> Por tierra, la compañía Hedman Alas tiene un servicio diario entre la capital de Guatemala y La Ceiba, con salida a las 5 de la mañana (www.hedmanalas.com)
> En La Ceiba hay numerosas agencias de viajes que organizan excursiones al archipiélago, una de las más conocidas es Garífuna Tours, que ofrece completos paquetes a todo el litoral hondureño (www.garifunatours.com). Si se desea ir de forma independiente se pueden contratar los servicios de un lanchero en alguna de las poblaciones cercanas. La más próxima a los cayos es Nueva Armenia. El precio por persona suele ser de US$35 (esta tarifa incluye los US$10 de ingreso que deben pagar los extranjeros).
Si se desea contribuir a la conservación de la reserva o trabajar como voluntario se debe contactar con Coral Reef Found (www.cayoscochinos.org) |
Afortunadamente, el resto de opciones no tiene nada que envidiar al vergel donde los concursantes del Reality show se debaten por convertirse en el Robinson Crusoe ganador de la edición televisiva correspondiente. Así, la exuberante belleza del trópico cubre la superficie de Cochino Pequeño, donde se encuentra el centro de investigación del Parque Nacional Marino.
Lo mismo ocurre con los islotes más pequeños, como el Chachauate, donde habita una pequeña comunidad garífuna que ha denunciado en repetidas ocasiones el acoso del que es objeto. Desde su punto de vista, el plan de manejo de los recursos marinos elaborado por la Fundación Cayos Cochinos, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) y Avina no tiene en cuenta sus necesidades de seguridad alimentaria. Asimismo, los garinagu locales denuncian los abusos cometidos por parte del destacamento militar que vigila la zona.
Una forma de apoyar el desarrollo económico de estas poblaciones tan limitadas por la regulación que protege su hábitat puede ser quedarse a almorzar con ellos. El menú es sencillo, pero agradable: pescado frito, patacones y arroz con leche de coco. Si se desea, también es posible pernoctar en Chachauate, aunque el lugar carece de electricidad y agua potable.
Para aquellos a quienes no les gusta emular las aventuras del personaje de Daniel Defoe, el Cayo Cochino Grande alberga al Plantation Beach Resort. Este hotel está pensado para dar servicio a los amantes del buceo. No obstante, ofrece otras actividades como paseos en canoa y senderismo, incluido el ascenso a un faro ubicado en la parte más alta de la isla desde donde se contemplan unas vistas inigualables. Casi, como si pudiéramos viajar atrás en el tiempo y, encaramados al palo mayor de un bucanero, nos convirtiéramos en vigías a la espera de otear las geografías del paraíso.
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