Semanario de Prensa Libre • No. 150 • 20 de Mayo de 2007

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D conducta

Verdades sobre la mentira
Los hay mentirosos de todo tipo, aunque en distintos niveles

Por Ingrid Roldán Martínez

Un refrán dice: “En boca de mentiroso lo cierto se hace dudoso”. Aunque la mentira no es algo nuevo, en la sociedad moderna sucede con frecuencia. Algunos casos llegan a los medios de comunicación. En mayo de 2005, Enric Marco, de 84 años de edad, reconoció que había pasado los últimos 27 años contando un dramático pasado en un campo de concentración nazi en el que nunca estuvo. En ese momento presidía la Agrupación Amical de Mauthausen, de conciudadanos suyos que fueron capturados y encerrados por los alemanes en la década de 1940. Marco tenía una presencia pública importante, viajó por varios países, recibió homenajes y daba un promedio de mil charlas al año. En declaraciones a los medios de comunicación dijo que sabía que tarde o temprano lo descubrirían, pero que esperaba ganar tiempo para retirarse.

Inventó su relato en 1978 y lo sostuvo porque le parecía que así le prestaban más atención y podía difundir mejor el sufrimiento de las víctimas. Todo iba bien hasta que el historiador Benito Bermejo denunció que su nombre no figuraba en los archivos del campo de concentración donde decía haber estado. La asociación que presidía lo forzó a presentar su renuncia.

“Hay políticos que mienten para generar ilusión en la población sobre proyectos que no van a hacer”.

En una situación igual de difícil se vio Bill Clinton cuando era presidente de Estados Unidos y tuvo amoríos con Mónica Lewinsky, una becaria en la Casa Blanca. Como un Pinocho experto, habló ante las cámaras y dijo, sin titubear, que no había tenido nada que ver con esa señorita. Pero la verdad quedó al descubierto y el tema sigue dando de qué hablar.

Pruebas para mentirosos

Faltar a la verdad puede desencadenar muchas cosas. Comienza como una pequeña bola de nieve que crece cada vez más en la medida que avanza, hasta que se vuelve insostenible. Es una cuestión de ética, pero también puede tener causas psicológicas e incluso implicaciones legales. El rumor, la calumnia, la difamación se cubren con la misma sombrilla.

En la antigüedad, los acusados de delitos eran sometidos a varias pruebas para que dijeran la verdad. Jaime Chiquitó, jefe del laboratorio de poligrafía, de la Dirección de Investigación Criminal (Dinc), de la Policía Nacional Civil, cuenta de métodos como el practicado en India. Al acusado se le decía que debía ponerse un hierro candente en la lengua, y si ésta se ampollaba, la persona era considerada mentirosa. Si la piel sólo se ponía roja era porque decía la verdad. Tal veredicto se basaba en las reacciones del cuerpo al mentir, quien se sentía tranquilo mantenía la salivación adecuada; quien no lo estaba tenía la boca seca.

Otra prueba que se utilizaba en Asia era la de una olla con agua en ebullición y otra con agua fría. La persona tenía que meter los brazos en ambas, en ese orden. Si a los dos días se le ampollaban los brazos era porque había mentido, si su piel no había sufrido lesiones era considerado honesto.

¿Por qué se miente?

La directora del Instituto de Psicología de la Universidad Rafael Landívar, María Elena de Dardón, explica las causas por las cuales el ser humano falsea la realidad. La más grave es la mitomanía o la tendencia a mentir de forma constante que se da por un desorden psicológico. Los mitómanos viven en un mundo alejado de la objetividad. En los casos más graves es una fase previa a la esquizofrenia.

Pero no es necesario padecer este tipo de enfermedad. La mentira acompaña a la persona desde los primeros años de vida. Al principio, los niños no distinguen con claridad cuando algo es verdad y cuando no. Esta etapa no debe sobrepasar los tres o cuatro años de edad.

Más adelante, la persona engaña por temor al castigo o a las consecuencias. Implica a niños y adultos. Una tercera razón es por mecanismo de compensación para ocultar, por ejemplo, situaciones familiares difíciles. También para obtener beneficios y escalar a otra posición. Los fanfarrones inventan todo tipo de situaciones para impresionar a los demás. Suelen ser personas con autoestima muy baja.

Los adultos mayores recurren a ella para llamar la atención, porque se sienten solos o creen que no son queridos.

La verdad, a toda costa

“Para mí no existe la mentira blanca —dice de Dardón—; lo que sí hay son grados de mentira de leves a graves”.

El ejemplo viene de casa. Los niños aprenden a ocultar la verdad cuando sus padres les piden que los nieguen en el momento que alguien llama por teléfono o los busca en casa.

Si alguien miente, se percibe en la reacción de su cuerpo (se muestra intranquilo, esquiva la mirada, lo delatan sus gestos), en lo repetitivo de sus excusas o en la inexactitud de los datos que proporciona, como en el caso de Enric Marco.

Los demás suelen ser implacables, pero perdonan cuando alguien reconoce que ha cometido una falta. Lo positivo de decir siempre la verdad, afirma De Dardón, es que se percibe a la persona como alguien confiable.

 

El polígrafo no miente
Es una herramienta que se usa para procesos legales

Jaime Chiquitó tiene amplia experiencia en el tema. Esta unidad se creó en 1998 y recientemente adquirió nuevo equipo con apoyo del gobierno de Estados Unidos.

Cuenta que los antecedentes de la poligrafía datan del año 900 antes de Cristo cuando se utilizaban objetos y animales para descubrir la verdad. Los chinos se servían del arroz crudo que ponía en la boca del sospechoso, el cual si salía mojado y esponjoso, había dicho la verdad. Se basaban en que a los mentirosos se les seca la boca, y por lo tanto, en este caso los granos no sufrían cambios.

Científicos de distintos lugares empezaron a estudiar las reacciones del cuerpo hasta que en 1840 inventaron el polígrafo, un aparato que mide el ritmo respiratorio, el cardiaco y la actividad eléctrica del cerebro. Éste es considerado hoy un instrumento científico que registra y monitorea cambios psicofisiológicos vinculados con la mentira. Detecta las reacciones físicas que se producen. “Nadie puede engañar al polígrafo”, explica Chiquitó. El cuerpo tiene reacciones que responden a un mecanismo de defensa bajo el control del sistema nervioso involuntario, el mismo que se activa en situaciones de emergencia. El ser humano no puede controlarlo.

Aunque la información que se obtiene no es tomada como concluyente, sí es utilizada como una herramienta en la investigación de actos criminales y, recientemente también en procesos de selección de personal. En ambos casos, dice Chiquitó, la prueba debe ser practicada con el consentimiento de la persona.

 

Punto de vista legal
Las leyes han contemplado qué hacer en estos casos

Emitir acusaciones o declaraciones falsas puede tener consecuencias legales. El abogado y notario Manuel Duarte destaca las implicaciones que se deducen de éstas.

Delito de perjurio es cuando una persona jura decir la verdad ante una autoridad y falta a ella con malicia. Según el Código Penal, la sanción es de prisión de tres meses a tres años y multas de Q50 a Q1 mil.

Se incurre en falso testimonio cuando un testigo, en su declaración ante una autoridad competente, afirma algo que no es cierto, oculta la verdad o se niega declarar aun cuando está obligado a hacerlo. Se aplica no sólo a los testigos, sino otras personas que intervienen en un proceso como el intérprete o traductor de otros idiomas que cambia la versión o un perito que falsea su dictamen o interpretación de las cosas. Se condena con prisión de seis meses a tres años y una multa de Q50 a Q 1 mil. Si se comete en un juicio penal en perjuicio de quien está siendo juzgado, la prisión es de dos a seis años y la multa de Q200 a 2 mil. Si éste se comete mediante soborno, la pena se aumenta en una tercera parte. En esta categoría entran las declaraciones que profieren testigos falsos.

 

Punto de vista ético cristiano
El octavo mandamiento

“No levantarás falsos testimonios ni mentirás”, expresa el octavo mandamiento de las Sagradas Escrituras. Según la teología cristiana, Dios es la fuente de toda verdad. La mentira se rechaza porque es contraria a él, es motivo de falsedad y maldad.

“Ningún ser humano es ajeno al elemento constitutivo de mentir y debe aprender a luchar contra ello”, comenta el sacerdote Marco Tulio Martínez, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Rafael Landívar.

La Biblia contiene pasajes que se refieren a este tema. La serpiente engaña a Adán y Eva para hacerlos caer en pecado. El Apóstol Pedro niega conocer a Jesús, que había sido capturado horas antes; después, se arrepiente.

“La lucha de Jesús es frontal y directa contra Satán, rey de la mentira y del mal”, afirma Martínez. Ésta forma parte de una dinámica que puede ir acompañada de robar y matar. “Estamos generando un sistema de falsedad que está afectando a la sociedad”, agrega, “luchamos contra sistemas que mienten: políticos, económicos, religiosos, pues esto está destruyendo al mundo”.

Hay quienes utilizan la verdad como arma para agredir a los demás, para chantajearlos, burlarse de ellos o desacreditarlos. “Es por esto que la verdad debe ir unida a la bondad, al bien, a la compasión. Hay maneras, momentos y palabras para decirla”.

 

En lo político
Falsas promesas para conseguir el voto del pueblo

“Hay políticos que mienten para generar ilusión en la población sobre proyectos que no van a hacer”, cita Pedro Trujillo, director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín.

Se refiere a los candidatos que prometen cosas, pero no aclaran cómo las van a hacer ni que sólo son posibles bajo ciertas condiciones, por lo que dicen verdades a medias.

“La democracia es una realidad del siglo XX, la percepción de que la política es algo confuso prevalece en todos los países”, comenta.

Cuando los políticos se cambian de un partido por el cual fueron electos a otro, defraudan a los votantes. “En nuestros países, los políticos nos han engañado de manera más directa; la gente se siente frustrada”, advierte.

De quienes nos han gobernado afirma que: “Alfonso Portillo es la negación absoluta de lo que puede ser un político, ha sido la época más desastrosa en engaño y mentira”. Agrega que: “Si el que manda miente, los demás se creen con derecho de hacerlo”.

Un caso reciente es el de tres diputados que viajaron a París con una invitación falsa.

“Hay una crisis de valores en ciertos políticos que creen que en política todo es posible y negociable; sí lo es, pero dentro de un marco de valores”.

El efecto es que la sociedad no confía en ningún político; se desanima, no vota, no se inscribe en partidos políticos, no cree en la democracia. “La propia política termina metida en un pozo sin fondo, no se renueva”, enfatiza Trujillo y destaca que es necesario fortalecer el sistema de valores.


   

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